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Tribuna VIENTO SUR
Políticas feministas desobedientes
26/04/2014 | Begoña Zabala

“Esta rebeldía explícita ha sacudido las raíces mismas

de la organización social.

Si la viejas normas no sólo no se cumplen, sino que se cuestionan,

si la mitad de la humanidad, dice “no obedeceré”,

como los ángeles que se rebelaron contra dios,

entonces es imposible mantener las viejas estructuras”.

Dolores Juliano/1

Dentro del movimiento feminista se está debatiendo ya un plante frontal y una desobediencia generalizada frente a las formas más extremas del mandato patriarcal. Es en este caso el tema del aborto y de los derechos sexuales y reproductivos el asunto que nos reúne a las feministas.

¿Qué hacer si realmente, y por fin, la derecha cavernícola logra imponer la nueva ley de re-penalización del aborto? Ya está en boca de todas la respuesta radical: desobedecer. Es decir, seguir la libre decisión, decidir libremente y autonomizar el deseo.

Haciendo recuento de las campañas y las tareas del movimiento feminista me viene a la memoria aquel eslogan que enlazaba con la campaña de la insumisión a la mili de los 90: “Insumisión al servicio familiar obligatorio”. Eran los primeros avances de la crítica a las políticas de cuidados. Desde el feminismo radical se empezaba a cuestionar, desde nuevas perspectivas, la asunción naturalizada de las tareas domésticas y de cuidados. Sobre todo se empezaba a poner en cuestión el cuidado como obligación y se lanzaba una campaña interesante: la desobediencia al mandato heteropatriarcal. Levantó ampollas, ya que tocaba el núcleo de la opresión familiar: el cuidado por amor.

La reflexión de Dolores Juliano que encabeza el título es interesante, pues mantiene que las mujeres desobedecen. Que son más Lilith que Eva, como tantas veces se ha dicho. Volviendo a citarla, en el mismo texto, dice que se ha construido “una sociedad asimétrica, en la que el poder, el prestigio, la fuerza, la riqueza se conjugaban en masculino, y dejaba a las mujeres los ámbitos considerados “complementarios”, tales como el cuidado, la ternura, el servicio, el don de sí, la docilidad, la obediencia. De más está decir que esta asignación de tareas nunca se cumplió en la práctica, que ni los hombres han sido fuertes ni las mujeres obedientes”.

Y así, pretende ahora el discurso tradicional y conservador, a través de la propuesta legal del PP, en relación a los derechos sexuales y reproductivos, no solamente repenalizar el derecho al aborto y liquidar de un plumazo la limitada legislación sobre estos derechos, sino reforzar e imprimir en el marco legal la imagen de la mujer-madre. Es decir, lo que consideran “sagrado” en términos religiosos e ideológicos, naturalizarlo e imponerlo mediante el mandato legal. Así, la desobediencia pasa de ser pecado a configurarse como delito. Y es ante este mandato frente al que se plantea la insumisión y la desobediencia. No es la limitada práctica de la Interrupciones Voluntarias del Embarazo (IVE) la que se está poniendo en cuestión, sino la soberanía de los cuerpos de las mujeres y el libre derecho a decidir en materia de sexualidad y reproducción.

La insumisión a esta norma está por ello cantada. Llevamos años, desde el movimiento feminista, desobedeciendo a esta imposición. Se trata una vez más de construir un sujeto, individual y colectivo, “empoderado”. Es decir, un sujeto, que además de decidir libremente y desmarcarse del rol asignado, pone en cuestión y desmonta la dominación patriarcal.

Ahora se trata de plantarse frente a esta imposición. Desde todos los ámbitos y con todos los medios. Si nos quieren madres, embarazadas sin deseos, casadas por amores románticos, dedicadas a cuidar y a “amar” en familia, la rebelión debe ser total frente a este modelo. También en las prácticas concretas, no nos engañemos. Si la imposición es tan brutal, que se llega hasta el extremo de un embarazo no deseado, impuesto, obligado, por una sexualidad no libre y violada, entonces la desobediencia será frente a la imposición legal, que penaliza el derecho a decidir.

También se lucha, en este camino de desobediencia, por el derecho a ser madre, libremente. Siempre hay que recalcar, que la lucha por los derechos sexuales y reproductivos, en su totalidad, no es únicamente la consecución del derecho al aborto libre, aunque lo contenga. Es principalmente la libre decisión de las mujeres, y solo de ellas, con respecto a su sexualidad y su reproducción lo que se reivindica. No está de sobra decir, que el mandato patriarcal, no solamente quiere mujeres-madres; quiere mujeres-esposas-madres. Por eso niega y trata de impedir maternidades queridas fuera del ámbito de la familia nuclear.

Siempre hemos pensado que la desobediencia en el ámbito del feminismo es muy practicable. Porque impugnamos los mandatos impuestos por el control informal del patriarcado y de la dominación masculina. Tan seguro está el poder de que se van a obedecer sus designios que desiste de regularlos, sólo lo hace en sus formas más extremas y brutales. Los elementos más sutiles de la dominación y del rol se imponen mediante el control informal: la costumbre, la religión, la moda, la política de corrección, la superstición, el tabú, la ideología, la violencia simbólica,... son los medios que se utilizan para naturalizar el rol de las mujeres. Como se puede ver, frente a estas imposiciones, desobedecer es relativamente fácil. De más está decir que no conlleva la pena de cárcel. Y no porque se nos considere víctimas, al estilo Gallardón, sino porque nos construimos como sujeto libre.

Esta desobediencia no delictiva en términos legales tiene su recorrido y su práctica, digamos que vital. No excluye por supuesto, la otra desobediencia, la enfrentada a las leyes. Y también de esa tenemos que hablar y la tenemos que practicar. Nadie piense que es esto un ejercicio de escaqueo. Además, para ello, y si la inevitable derechona sigue mandando y nos imponen la ley, se requieren articulaciones de solidaridad y movimiento organizado. Nosotras sabemos, por experiencia y por lucha, que en estos casos de represión brutal contra las mujeres, caen los sectores más frágiles. El embarazo no deseado y la falta de libertad y autonomía sexual toca fundamentalmente a mujeres que el poder patriarcal margina en extremo. Las aleja y las excluye de los servicios públicos y de los itinerarios de asistencia que pueden “solucionar” la violación de su libre derecho a decidir. Para la práctica de esta desobediencia se requiere, y de forma muy activa, la colaboración de todos los sectores implicados. Es este el momentazo de esas “nuevas masculinidades” que algunos dicen que se están recreando. Se puede recordar, aunque resulta obvio, que las mujeres que se quedan embarazadas sin quererlo, han tenido en un muy amplio número de casos una relación sexual que cuenta con la complicidad o con la imposición de un varón. Complicidad o imposición en el sentido de no poner mediaciones para evitar el embarazo. Desde ahí debe empezar ese ejercicio de solidaridad. Y debe llegar, desde luego, a las prácticas concretas de IVEs a petición de las mujeres. Esto, como se ve, es un llamado general a la desobediencia que desde el movimiento feminista se está perfilando. En ello estamos y seguiremos informando.

26/04/2014

Notas

1/ Dolores Juliano. Prólogo, en ZABALA GONZALEZ, Begoña: (2008) “Movimiento de mujeres, Mujeres en Movimiento”. Txalaparta. Tafalla.





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