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Tribuna VIENTO SUR
Renzi es el último cartucho del sistema
11/04/2014 | Thomas Muntzer (Communia Network)

Gran parte de Europa ya conoce la nueva fase en que ha entrado la política italiana con la formación del gobierno de Matteo Renzi. Elegido secretario del Partido Democrático (PD) al amparo de la decepción por el resultado de las últimas elecciones generales y por la parálisis del viejo grupo dirigente, en tan solo dos meses Renzi ha pasado de la dirección del partido a la cabeza del gobierno. Tras las elecciones de febrero de 2013, marcadas por el gran éxito del Movimento Cinque Stelle (Movimiento 5 Estrellas, M5S) de Beppe Grillo y la derrota del PD, ahora el principal partido italiano dirige finalmente el ejecutivo, aunque ha de hacerlo junto con el grupo de derecha que abandonó a Berlusconi para dar a luz al Nuovo Centrodestra (Nuevo Centroderecha, NCD).

Misterios y complicaciones de la política italiana que pueden resumirse, para uso de los observadores extranjeros, en un concepto más breve y claro: el último cartucho. El último cartucho de un sistema político-social esculpido, articulado y puesto en conserva por la Unión Europea, pero todavía vivo, que trata de no verse arrollado por la única verdadera marea que circula en Europa: la del antieuro, de talante nacionalista o populista, o con características más articuladas como el M5S en Italia. En este sentido, Renzi es la última carta, para todos.

El año pasado, tras las elecciones que sancionaron la parálisis del sistema y dejaron constancia de la novedad del ascenso del movimiento de Beppe Grillo, el establishment italiano –empresas, bancos, sindicatos del régimen, burocracia eurocéntrica, etc.– pensó que podía salvarse poniéndose en manos del presidente de la República, Giorgio Napolitano. De la mano de él nació un gobierno de “amplio consenso”, apoyado por todo un abanico de partidos, desde el PD hasta Berlusconi, y encargado de mantener fuera al M5S. Sin embargo, la condena definitiva de Silvio Berlusconi, en agosto de 2013, precipitó el fracaso del proyecto, impracticable incluso para un PD obligado a tener en cuenta la novedad de Beppe Grillo. Napolitano perdió la apuesta y, con él, el presidente del Consejo de Ministros encargado de pergeñar el amplio consenso.

En este callejón sin salida medró la iniciativa de Renzi, que con un poco de populismo institucional –“acabemos con el despilfarro en la política”, incluyendo en ello el gasto social– se situó en el centro del escenario, presentándose como carta política creíble para el personal político que todavía conserva un mínimo de lucidez y es consciente del grado de descrédito social que ha alcanzado la política. Renzi presidirá el sistema tratando de renovarlo a golpe de shocks permanentes, procurando obtener un respiro por parte de la Unión Europea e intentado introducir una modernización liberal. En suma, pretende proceder a una innovación del sistema que responda a algunos de los impulsos que vienen del exterior.

Desde este punto de vista se trata de un proyecto de transformismo, en versión contemporánea, y un paso que marca una fase nueva. Al desprenderse del traje de dirigente de un partido, el PD, y ponerse el de primer ministro, Renzi será libre de hablar a todo el país y de juntar en torno a su proyecto un nuevo bloque moderado, proveniente de la derecha y de la izquierda, que se configure como guarnición de la “ciudadela” asediada por los “nuevos bárbaros”. En este sentido representa una operación vieja y nueva al mismo tiempo, hábil pero también desesperada. Si el arco parlamentario entero se deja arrastrar por esta fuga adelante, la operación puede tener éxito y rediseñar el marco político. De lo contrario, Renzi no será más que el enésimo líder triturado por la crisis.

Sin embargo, la cuestión que interesa a los movimientos sociales y a la izquierda alternativa es que Renzi se propone blindar la “gobernanza”, reducir los espacios, construir una democracia autoritaria y personalista. Un modelo que no ha conseguido imponer Silvio Berlusconi, pero del que ha sentado las bases durante los veinte años de su “régimen”. Hoy, Renzi es el primer político posberlusconiano que ocupa establemente el escenario, pero también el primero que reinterpreta, para uso de la posteridad, los desperdicios ideológicos de aquella época. Este proyecto es viable entre los escombros de la actual política italiana, en la que aparte de Grillo no existen otros puntos de referencia. La hipótesis de Renzi, por lo demás, radica en quedar como único baluarte capaz de hacer frente al populismo del M5S y de dejar fuera de juego a terceros incómodos.

El proyecto también tiene una vertiente social porque entre los elementos que Renzi quiere frenar también se encuentra el movimiento sindical. La tradicional correa de transmisión entre partido y sindicato que ha sobrevivido a la muerte del viejo PCI podría quedar descartada, en efecto, del experimento de Renzi. El dirigente democrático lo ha anunciado claramente y en el sindicato, particularmente en la CGIL, el temor a que esto suceda realmente es muy fuerte. El choque, sin embargo, no amenaza con traducirse en un conflicto en toda regla, porque la CGIL y los sindicatos en general no tienen ninguna alternativa a la práctica de la “concertación”, es decir, al entendimiento preventivo con los gobiernos y las empresas que desde hace décadas ha dejado fuera de juego al conflicto. A pesar de la divergencia de boquilla, de hecho no se prevé un aumento de la conflictividad social o de las huelgas, sino un intento de negociación continua. El punto muerto es evidente y, si todo sigue igual, también lo es la posibilidad de que triunfe el proyecto de Renzi. Claro que podrían producirse eventuales manifestaciones de descontento y –ojalá, aunque solo fuera para preservar su propio status– el movimiento sindical bien podría impulsar movilizaciones callejeras. De todos modos, serían movimientos contingentes y superficiales, no expresiones de una ruptura más profunda.

En realidad, en Italia está verificándose a todas luces la crisis del viejo movimiento obrero –entendido en su acepción política, cultural y social– que conocimos en el siglo XIX. Una crisis del sistema que produce una transición cuyos resultados son totalmente desconocidos y en la que la dispersión de los conflictos, el aislamiento de las luchas y la fatiga de restablecer redes sociales antagonistas, son los elementos clave que describen la fase actual de los movimientos sociales y de las fuerzas de izquierda, nunca tan dividas, en crisis y atrapadas en un repliegue sin tregua.

En este contexto se ha presentado, con vistas a las elecciones europeas, la lista “L’altra Europa – con Tsipras”, que reúne a los dos principales partidos nacidos de la disgregación de Rifondazione Comunista –el propio PRC y Sinistra, Ecologia e Libertà (SEL) de Nichi Vendola–, además de diversas asociaciones, intelectuales y otras fuerzas menores. El experimento pretende superar la barrera del 4 % que en Italia bloquea el acceso al Parlamento Europeo. Un objetivo no imposible a pesar de que a nuestro juicio parece claro que esta lista no será un estímulo a la recomposición política o social de la izquierda radical. El día después de las elecciones, cualquiera que sea el resultado, cada uno de sus protagonistas se recolocará donde mejor le parezca en el panorama institucional italiano y europeo. El dirigente de SEL, Nichi Vendola, al apoyar la lista ha reivindicado su propósito de hacer de “bisagra” entre las ideas de Tsipras y las de... Martin Schultz.

Diversos sectores que animan importantes movimientos de masas (los “No TAV” contra la alta velocidad ferroviaria o los movimientos por el derecho a la vivienda que saldrán a la calle el 12 de abril) han decidido no apoyar la lista. Lo mismo ha hecho nuestra red nacional, Communia Network, mientras que la otra organización que ha nacido de la disolución de Sinistra Critica, Sinistra Anticapitalista, ha decidido recomendar el voto para algunos candidatos. El motivo fundamental es que esta lista no es expresión de una dinámica de los movimientos y que las distintas candidaturas no han respondido a ningún proceso de movilización ni de elección desde abajo. Nos parece más estimulante la propuesta española de “Podemos”, que se basa en el protagonismo y la construcción de círculos locales, con espacios y tiempos adecuados de participación desde abajo que genera una dinámica no de “apoyo a”, sino de “construcción de”. Obviamente nutriéndose de una dinámica de movilización en el Estado español que en los últimos años se ha mostrado mucho más rica que en nuestro país.

La lista italiana, sin embargo, ha optado una vez más, a nuestro juicio, por un enfoque de arriba abajo. Y todo enfoque de simple “enmienda” de las políticas liberales de los socialistas europeos favorecerá al M5S, que continuará siendo percibido como la única alternativa electoral posible. El problema principal es que nos encontramos en la fase de reconstrucción no solo de la izquierda anticapitalista como tal, sino de sus mismas premisas, de los movimientos y de las ideas que le den fuerza y estabilidad. No será un planteamiento basado en una lógica simplemente electoralista el que permitirá esa reconstrucción, sino la explosión de movimientos de masas y la irrupción de una nueva generación política. En los próximos meses continuaremos empeñados en avanzar hacia este objetivo en el terreno de la práctica social y de la reflexión teórica, participando durante el periodo más intenso de la campaña electoral en las jornadas de movilización europea de mayo lanzadas por los movimientos Blockupy Frankfurt, a fin de presentar los contenido de otra Europa, contra el pago de la deuda y la austeridad, por una renta social europea, contra la precariedad y las privatizaciones, por otra concepción de la política y de la democracia.

5/04/2014

Traducción: VIENTO SUR



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