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Kurdistán
Celebración del Newroz y elecciones municipales
04/04/2014 | Tino Brugos

Cada 21 de marzo buena parte de los pueblos de Oriente medio celebran el Newroz. Esta fecha, que coincide con el equinoccio de primavera, se considera entre los kurdos como el inicio del año nuevo. Se trata de una fiesta tradicional cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Existe la leyenda del héroe Kawa para explicar su origen, pero lo cierto es que para pueblos como el kurdo, que viven en medio de imponentes sistemas montañosos, la llegada del Newroz señala el final del invierno y el reinicio de las actividades tradicionales de pastoreo, paralizadas durante los meses en los que la nieve impide cualquier desplazamiento. Desde Anatolia hasta Tadjikistán los pueblos indoeuropeos de la zona (kurdos, persas, tayicos) se unen en una fiesta que, al decir de algunos, recuerda el final del imperio Asirio y el inicio de la hegemonía de medos y persas.

Así fue el Newroz durante milenios, hasta que en la década de los ochenta del pasado siglo el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) decidió convertir la fecha en una jornada de lucha por los derechos del pueblo kurdo. Asociada al fuego, elemento sagrado en la antigua religión mazdeista, su pervivencia nos recuerda que el Islam se impuso en la región sin poder erradicar algunas prácticas y creencias anteriores. Por eso cada 21 de marzo la gente enciende hogueras, se coge de la mano y baila alrededor de las mismas para luego saltar sobre sus cenizas. De manera simbólica los presos del PKK encarcelados por la dictadura militar encendían cerillas en las cárceles, en una época en la que algunos de ellos morían víctimas de la tortura y los malos tratos.

De aquellos ejemplos se pasó a una nueva etapa en la que la celebración familiar se convirtió en una reivindicación política seguida de forma masiva por la población. Y también la represión se hizo presente. El estado turco comprendió muy pronto el desafío que suponía la conmemoración en las calles, por eso en 1992, en plena Guerra del Golfo, el ejército reprimió la conmemoración en Cizre causando más de doscientos muertes. Desde entonces pasó a ser el Día Nacional Kurdo, celebrado masivamente en todos los rincones de Kurdistán así como entre la diáspora. Turquía acabó poniendo en marcha un intento de asimilación, creando un Nevruz artificial y carente de tradición entre la población de origen turco.

El pasado año 2013, coincidiendo con el desarrollo del proceso de paz, el Newroz kurdo fue reconocido como una actividad legal. Millones de personas se dieron cita en Amed, nombre kurdo de Diyarbakir, para escuchar el mensaje de Abdulá Ocalan, encarcelado desde 1999, en el que anunciaba el inicio de una nueva fase en la lucha del pueblo kurdo a partir de un incierto proceso de paz. Desde entonces ha transcurrido un año en el que las armas han callado para tantear las posibilidades de encontrar una salida pacífica a un conflicto que afecta a un pueblo incrustado en el corazón de Oriente Medio y que se encuentra dividido entre cuatro grandes estados: Turquía, Irak, Irán y Siria.

Este año, como el anterior, la población kurda de Amed se ha reunido en el parque del Newroz con la idea de seguir reivindicando una solución democrática que ponga fin a la situación existente desde que hace casi cien años, cuando al finalizar la I Guerra Mundial las potencias imperialistas se repartieron la región en función de sus intereses, negando el derecho a pronunciarse a quienes allí vivían. Como el pasado año, Ocalan ha enviado a través de sus abogados un mensaje en el que insiste sobre la necesidad de abrir un nuevo escenario, que ponga fin al sacrificio de cientos de hombres y mujeres jóvenes dispuestos a lograr la liberación de Kurdistán. Ha insistido también en la necesidad de una solución democrática que permita renovar los lazos históricos existentes entre kurdos y turcos, pero con igualdad y respeto mutuos.

Marea violeta en Kurdistán

El Newroz ha coincidido este año con la convocatoria de elecciones municipales, que se llevaron a cabo unos días después. En esta ocasión los kurdos han estado representados por el BDP (Partido de la Democracia y la Paz), continuador de otras fuerzas políticas anteriores que han sido ilegalizadas de forma consecutiva por el estado turco (HEP, DEP, HADEP, DEHAP, DTP), aunque esa medida no ha logrado acallar las voces que siguen reclamando desde la legalidad y las instituciones el final del conflicto.

En esta ocasión existía cierto optimismo ante el desgaste del presidente Erdogan y la reanudación de las movilizaciones en las grandes ciudades turcas como Estambul o Ankara. La idea de que se iba a producir un incremento electoral estaba presente en el ambiente. Como en ocasiones anteriores se formó una alianza electoral, el Partido de la Democracia Popular (HDP) en el que estaba presente la izquierda alternativa. Así BDP-HDP se presentaban en alianza con la idea de incrementar la presencia en las instituciones locales y hacer de altavoz de las aspiraciones expresadas por sectores sociales muy amplios: libertades democráticas y rechazo a los intentos de imponer la censura en Internet, condena de la deriva autoritaria de Erdogan, rechazo al proceso de islamización del AKP, etc.

En lo que se refiere al BDP su presencia electoral estuvo marcada por la presentación de unas listas electorales en las que las mujeres tenían un gran protagonismo. En efecto, más de la mitad de las candidatas eran mujeres que, además, estaban situadas en los puestos primero y segundo. Frente al 55% de mujeres en las listas del BDP, otras fuerzas como el islamista AKP presentaban en sus listas a un miserable 2,5% de mujeres, los laicos del CHP un 4% y los ultras del MHP un 1%. En sí misma esta presencia es todo un éxito, ya que sirvió para poner encima de la mesa el debate sobre el papel de la mujer en la sociedad turca, así como el que asignan a las mismas las principales fuerzas parlamentarias. La apuesta de la alianza BDP-HDP era clara al situar en cabeza de lista a mujeres de reconocido prestigio en las grandes ciudades como Amed/Diyarbakir, Estambul, Gaziantep, Urfa y otras de menor entidad.

Esta decisión pretendía fomentar la visión de una fuerza moderna, identificada con sectores sociales emergentes entre los que las mujeres juegan un importante papel. Hay que tener en cuenta que el partido de Erdogan, que se define como islamista moderado, está impulsando un proceso de islamización de la sociedad que supone un reto para las mujeres. Frente a la imagen oficial de un Erdogan que aparece en las fotos con su esposa cubierta con el pañuelo islámico, las candidatas del BDP lo hacían en los carteles electorales vestidas a la europea. De esta forma se ofrecía la imagen de una fuerza capaz de desafiar las tradiciones culturales de la Anatolia profunda que, al mismo tiempo, quería conectar con los sectores urbanos laicos y progresistas. Todo ello en un contexto regional en el que las revueltas árabes han entrado en una fase de estancamiento con el reforzamiento de los sectores islamistas tradicionales. Una vez más, el movimiento kurdo aparece como una fuerza laica y un factor de renovación y progreso en la región

Los resultados electorales

Frente a las previsiones más optimistas, los resultados han significado un relativo desengaño. Erdogan y su AKP aparecen desgastados pero conservan fuerza suficiente para mantenerse en el poder. Aún así cabe destacar que se ha producido un ligero aumento de los votos obtenidos. En las elecciones del año 2009 el BDP obtuvo el 5,2% de los votos y en esta ocasión ha llegado al 6,3%. Entre los datos más significativos habría que señalar la presentación de listas en ciudades como Mardin, Agri o Bitlis, capitales provinciales. En la primera, una lista encabezada por el ex-diputado Ahmed Turk se ha hecho con el 52% de los votos, y se ha obtenido un 44% en Agri y una mayoría más ajustada en Bitlis. A estos datos novedosos habría que añadir el mantenimiento de las alcaldías de Amed/Diyarbakir, donde se pasa del 65% de los votos al 57%; igualmente se mantienen en otras capitales como Batman, Van, Dersim, Siirt, Hakkari, Sirnak e Igdir. En palabras del BDP, se trata de un triunfo claro y de la afirmación de que el movimiento kurdo es una fuerza representativa que será capaz de avanzar hacia una autonomía democrática impuesta desde el poder municipal.

4/04/2014



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