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Elección de Michele Bachelet (Chile)
La presión de las luchas impulsa un gobierno social-liberal
02/01/2014 | Franck Gaudichaud

Domingo, 15 de diciembre, la victoria electoral de la "socialista" Michelle Bachelet confirmó la tendencia de la primera vuelta de las presidenciales, después de cuatro años de gobierno de Sebastián Piñera (derecha neoliberal).

El regreso de Bachelet…

Frente a Evelyn Matthei (derecha, 37,8% de los votos), Michelle Bachelet será la próxima presidenta con más del 62,2% de los votos. Esta clara victoria electoral revalida los resultados de las primarias y de la primera vuelta para quien se anunció con meses de antelación como la ganadora de este ciclo político institucional. Bachelet ya fue presidenta de la República entre 2005 y 2010 por la Concertación, coalición que agrupaba el Partido Socialista, pequeñas agrupaciones social-liberales y los demócrata-cristianos (DC) una coalición que ha dominado la vida política durante 20 años (1990-2010) después de la dictadura militar (1973-1989) Esta misma Concertación dirigida por algunos ex-militantes de la Unidad Popular del gobierno de Salvador Allende (1970-1973) aliados con la DC (que había apoyado el golpe de Estado) ha sido un actor central en la continuidad del capitalismo neoliberal en ese país. Un modelo de acumulación implantado por Pinochet y sus esbirros gracias a la dictadura y perfeccionado después durante la "democracia". Una "democracia" que no respeta las normas mínimas de representación liberal, puesto que sigue en vigor la Constitución autoritaria de 1980, reformada y legitimada por el socialista Ricardo Lagos en 2005. Al regreso de Nueva York , después de haber dirigido el programa de "mujeres" de la ONU, Bachelet consiguió preservar su popularidad, simbolizando una figura maternal, de consenso e infantiloide y buscando también borrar la memoria de la represión de su gobierno, especialmente contra el pueblo mapuche. Hija de un general muerto a consecuencia de las torturas, ella misma víctima de la dictadura, siempre ha sabido mantenerse en la ambigüedad de su programa presentado como reformista progresista y a la vez claramente neoliberal en el plano económico. También se ha beneficiado de una enorme maquinaria de marketing de comunicación, de un equipo de campaña de 500 personas y del apoyo financiero de una parte de la patronal: en la primera vuelta, algunos grandes empresarios no dudaron en dar su apoyo a la ex-presidenta. Globalmente, las aportaciones de las grandes empresas a la campaña de la pediatra socialista representaron el triple de las cantidades logradas por la candidata de la derecha, Evelyn Mathei…

Abstención y crisis del sistema político de clases dominante

Pero el dato más relevante de estas elecciones ha sido la abstención. Son las sextas elecciones presidenciales desde el final de la dictadura y las primeras que se han desarrollado sobre la base del voto voluntario (con inscripción automática en las listas: después de la reforma del sistema electoral, las y los electores no están obligados a votar bajo pena de multa (como es el caso de varios países de América Latina). Las elecciones municipales de 2012 ya se realizaron siguiendo las nuevas reglas y la abstención alcanzó el 60%, provocando un sudor frío en los políticos. En la primera vuelta de las presidenciales y a pesar de la presencia de al menos de 9 candidatos, menos de la mitad de los 13 millones de electores de desplazaron para expresar sus preferencias. Al final de la jornada electoral del 15 de diciembre Bachelet resultó ganadora, pero con 255.000 votos menos que en su primer mandato. Solo un 41% del electorado fue a votar, la cifra más baja de la era post-dictadura. Un dato al que habría que añadir la exclusión del derecho a votar de más de 850.000 chilenos que viven en el extranjero como herencia del régimen militar (1973-1989). La mayoría de las clases populares no se sienten representadas por estos políticos. Incluso si algunos sectores militantes radicales han llamado conscientemente a la "huelga electoral", son, sobre todo, la apatía, el consumismo y el desencanto los que dominan aún una sociedad marcada por la atomización neoliberal.

No obstante, el sistema de "transición pactada" creado por las clases dominantes desde 1990 parece agotarse: para la burguesía, esta crisis de legitimidad podría transformarse en una crisis de hegemonía sin la organización de cortafuegos y de algunas reformas parciales. En un contexto en el que 2011 y 2012 han sido los de las grandes luchas sociales, la figura de Bachelet representa sobre todo los cambios limitados en el marco del sistema creado con la finalidad de canalizar las movilizaciones sociales y evitar cualquier radicalización política. Es así como caracterizaba el periódico conservador El Mercurio la victoria de la presidenta al día siguiente de las elecciones.

Programa social-liberal e integración de los comunistas

Aunque la derecha está en el poder desde 2010, la campaña de Matthei ha sido un gran fiasco y el balance de Piñera era muy negaivo incluso entre sus propios partidarios. Después de varios errores de "castings" en la selección de candidatos, finalmente esta ex ministra de trabajo, hija de un general de la dictadura, es quien ha estado bajo el foco de las cámaras. Candidata mediocre como oradora, desplegando un discurso ultraconservador y prometiendo gobernar con la "biblia en la mano" ha mostrado la verdadera cara reaccionaria de la derecha chilena. Enfrente, Bachelet ha podido aparecer tranquilamente y con poco coste como progresista. Sobre todo, se ha beneficiado de la muy importante ayuda del Partido Comunista que forma parte de la coalición (rebautizada como Nueva Mayoría para la ocasión). El PC concluye así un giro hacia la institucionalización creciente y la integración en una coalición de clase subordinada a los social-liberales y democratacristianos. A cambio de estos leales servicios, los comunistas han podido beneficiarse de algunas circunscripciones de más, que les ha permitido doblar el número de diputados (6 escaños). Entre ellos, el ex dirigente de las juventudes comunistas, Karol Cariola o también la líder Camila Vallejo, que pasa directamente de la dirección del sindicalismo estudiantil al parlamento. El partido, formado hace cien años por Luis Emilio Recabarren, da nuevo brillo a la Concertación en nombre de la "gran mayoría de reformas" … provocando de paso malestar y descontento en numerosos militantes de base. La guinda del pastel ha sido que la CUT, dirigida por Francisca Figueroa (miembro del Comité Central del PC), llamó también a votar a Bachelet, que no pedía tanto, destruyendo así cualquier ilusión de autonomía de la central sindical.

Las principales promesas de campaña de la nueva presidenta buscaban responder en parte a los movimientos sociales, muestra de su impacto a pesar de la falta de salidas políticas. Las "50 reformas en 100 días" prometidas por Bachelet son fácilmente realizables porque la coalición es mayoritaria en el Parlamento (21 de 38 escaños en el Senado, y 68 de 120 en la Cámara de Diputdos). Reformas sí pero sin cuestionar los grandes equilibrios del sistema de dominación: de entrada, la promesa de una reforma constitucional "participativa, democrática e institucional". Este último punto deja entrever la voluntad de encontrar un acuerdo con la derecha en el parlamento (para obtener el quorum de dos tercios) cerrando la puerta a una verdadera Asamblea Constituyente popular como demandan numerosos colectivos. La siguiente promesa de reforma fiscal equivalente al 3% del PIB, destinada a aumentar, moderadamente, los enormes beneficios de las principales empresas del país. Y finalmente, la reforma de la educación que responda en parte a las grandes movilizaciones de la juventud durante 2011-2012 con la creación en 6 años "de un sistema educativo público, gratuito y de calidad". Mientras que numerosos responsables de la Concertación se aprovechan de este jugoso negocio caben dudas del alcance de tales declaraciones, incluso si la idea es subvencionar el sistema creado, no de acabar con la hegemonía de las universidades privadas y de los colegios privados subvencionados.

Un gobierno bajo la presión de las luchas

Chile vive todavía dramáticamente las consecuencias de la dictadura y la ausencia de una herramienta política anticapitalista amplia, independiente, capaz de proponer una alternativa radical al neoliberalismo mientras que lo que queda de la izquierda revolucionaria se encuentra muy fragmentada y a menudo encerrada en luchas intestinas. Entre los candidatos de la primera vuelta, dos han intentado promover un discurso diferente: antineoliberal con Marcel Claude, economista presentado por el Partido Humanista y apoyado por pequeños colectivos salidos de la extrema izquierda (como Libres del Sur o Unión Nacional de Estudiantes); popular y radical con Roxana Miranda, del Partido Igualdad, organización arraigada en los barrios pobres. Sin embargo, los flojos resultados (2,8% y 1,2%) no permiten a ninguna de estas dos fuerzas retomar la iniciativa a corto plazo para empezar a reagruparse más ampliamente mientras que muchos trabajadores, estudiantes, habitantes de los barrios pobres se quedan huérfanos de una organización que pueda serles útil en sus luchas del día a día.

No obstante, la coyuntura en los próximos meses podría ser agitada para Bachelet. Los años precedentes han sido los de las grandes luchas: movilizaciones masivas de estudiantes, huelgas de trabajadores de varios sectores (entre ellos los portuarios y los del cobre), luchas ecologistas y regionalistas. A 40 años del golpe de Estado, hay un despertar de las y los de «abajo». El día de la primera vuelta , los jóvenes de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes de Secundaria (ACES) han ocupado el local de la campaña de Bachelet afirmando que: Hoy, la antigua Concertación se disfraza de Nueva Mayoría y ha retomado nuestras reivindicaciones integrándolas en su programa pero sabemos que no las aplicarán, deformándolas y transformándolas en propuestas para la patronal y alejándolas de su origen: el movimiento social» y concluyen: Trabajaremos incansablemente por la articulación transversal de las luchas de hoy y de mañana».

16/12/2013

Traducción: VIENTO SUR



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