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"Diálogo Nacional" en Túnez
Al rescate del régimen
17/10/2013 | Fathi Chamkhi

El 5 de octubre pasado marcó el inicio del "congreso nacional para el diálogo" sobre la base de una "hoja de ruta" preparada por el "Cuarteto" que apadrina este diálogo. De hecho, se trata de la reanudación del "diálogo nacional" lanzado por el "Cuarteto" en mayo pasado, tras haber sido suspendida a consecuencia del asesinato del diputado y líder del frente popular (FP) Mohamed Brahmi.

Sólo las formaciones políticas representadas en la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) han aceptado este diálogo. Sus tareas son concluir la redacción de la Constitución, promulgar una nueva ley electoral, poner en marcha una Instancia electoral independiente, fijar la fecha de las elecciones y ponerse de acuerdo sobre un nuevo gobierno "provisional" con amplios poderes que debería estar presidido por "una personalidad independiente". Todo ello en el plazo de un mes.

El FP, como tal, ha sido apartado de este diálogo. Solo tres de los 14 partidos que lo componen participan en él junto a otra veintena de partidos. Al final, el objetivo sería sacar a Túnez de la crisis y rematar su "transición democrática".

Este "diálogo" defiende lo contrario que centenas de manifestaciones, sentadas y huelgas que han reunido en el conjunto del país a miles de personas para conseguir la disolución de la asamblea nacional constituyente (ANC) y de todos los poderes que emanan de ella, especialmente el gobierno provisional. Este movimiento revolucionario acusa a los islamistas y a sus aliados de haber traicionado la revolución, de ser responsables del agravamiento de la crisis y de la degradación de la seguridad en el país. Esto significa la anulación pura y simple del mandato electoral de donde deriva el fin de la legitimidad para gobernar.

A lo largo del último cuarto de siglo, la economía local fue desestructurada, centrada en el mercado exterior y sus beneficios fueron ampliamente recogidos por las fuerzas de la globalización capitalista neoliberal.

La consecuencia de este atraco a mano armada fue una enorme extensión de la precariedad, de la exclusión y de la miseria. Este sistema necesitó un poder político represivo para poder mantenerse durante un periodo de tiempo tan amplio.

Al quebrar la relación de fuerzas que permitía a la minoría rica explotar violentamente a la mayoría pobre, las clases oprimidas, gracias a la insurrección revolucionaria, consiguieron expulsar al dictador y crear las condiciones políticas para romper todas las cadenas que les condenaban a la miseria y les sometían a la opresión.

Pero el proceso revolucionario aún tiene que hacer frente a muchos obstáculos. Por una parte, las dudas y ambigüedades, incluso el oportunismo, de los partidos de izquierda, así como la falta de confianza en sí mismos de la clase trabajadora y la juventud. Por otra parte, la adhesión de una parte del movimiento revolucionario al bloque contrarevolucionario. Finalmente, el obstinado rechazo de la minoría dominante, que detenta siempre el poder económico y político, a satisfacer las reivindicaciones más urgentes de las clases trabajadoras, su empecinamiento en la huida hacia adelante capitalista neoliberal, el endurecimiento de su política de austeridad, sus engaños y su ideología reaccionaria en múltiples facetas.

Si añadimos a todo esto las colosales presiones que ejercen las fuerzas imperialistas sobre las principales organizaciones sociales y políticas, nos hacemos una idea de los resortes de la contrarrevolución que intenta cortar el camino de la emancipación y de la libertad a las clases trabajadoras y a la juventud. Esta crisis revolucionaria acelera la transformación de la crisis social en crisis económica, financiera, política, de seguridad y medioambiental.

Siguiendo el camino de Ben Alí, acelerando la liberalización capitalista neoliberal de la economía y endureciendo las medidas de austeridad social, Ennahdha no hace más que serrar el tronco en el que se apoya. La careta religiosa que le facilitó el acceso al poder, se ha caído. Desenmascarado, su naturaleza burguesa, corrupta y reaccionaria se muestra a plena luz.

Para intensificar el proceso revolucionario, es necesario mantener la presión contra Ennahdha continuando con las movilizaciones populares a fin de aislarlo mucho más, de disminuir su daño ideológico, de limitar su nocividad política y social y expulsarlo del poder. Sin embargo, la dirección del FP, que logró colocarse a la cabeza del movimiento revolucionario, se ha dejado arrastrar en la mala dirección por los partidos burgueses que se le han unido en el Frente de Salvación Nacional (FSN): la del "diálogo nacional" que es una verdadera tabla de salvación para Ennahdha, que cae tan bajo que apenas llega a mantener la cabeza fuera del agua.

Ahora bien, salvar el partido islamista es la última preocupación del régimen dominante. ¡El objetivo de la contrarrevolución es hacer fracasar la revolución! Todos los hermosos discursos sobre "el interés supremo de Túnez", la "transición democrática", "la salvación nacional", el "consenso nacional", etc. son retórica pequeñoburguesa que pretende ocultar a las masas este objetivo. En 1987, Ben Alí, sus socios y sus acólitos, ocultaron al pueblo tunecino los pormenores del golpe de Estado bajo un montón de discursos y de eslóganes destinados a calmar a los tunecinos.

La tarea contrarrevolucionaria del partido islamista no ha terminado; el régimen todavía tiene necesidad de su colaboración para acabar con el movimiento revolucionario. Ennahdha sabe que, desgraciadamente, ha fracasado en el poder. No ha podido acallar la contestación social y, al mismo tiempo, hacer reinar nuevamente el orden burgués; Ennahdha ha perdido buena parte de la confianza de la que gozaba entre las capas populares antes de su llegada al poder al traicionar las esperanzas que una parte de la población había puesto en él,.

La legitimidad que estalecieron las elecciones se ha desvanecido y los poderes salidos de ella se han erosionado. La contrarrevolución necesita una nueva situación para acabar con la resistencia social. Los islamistas son conscientes de esto pero están paralizados por el dramático cambio de la situación en Egipto y temen que les espere una suerte semejante en el momento que abandonen el poder.

El asesinato de Belaïd en febrero, más tarde el de Brahmi en julio, provocaron verdaderos electrochoques. Ennahdha, en ausencia de una reacción adecuada del FP, consiguió absorber el impacto del primer asesinato. Pero, en el momento actual, está sufriendo los efectos del asesinato de Brahmi. La crisis política, que es su expresión más evidente, continúa a pesar del arranque del "diálogo nacional". La situación económica y social bastante catastróficas, la degradación de la seguridad en la práctica, especialmente debido a la multiplicación de los grupos jihadistas y terroristas, así como los errores y patinazos de los islamistas en el poder, eran más que suficiente para una parte importante de la población. Pero la enérgica y adecuada reacción de la dirección del FP en respuesta a este asesinato, llamando a la movilización al pueblo tunecino para expulsar a los islamistas del poder, contribuyó también a debilitar y aislar a Ennahdha

El llamamiento del FP fue ampliamente secundado. La movilización tomó un impulso ascendente en Túnez capital así como en todo el país y culminó en las gigantescas movilizaciones el 6 y 13 de agosto en la capital. Paralelamente a la extensión y radicalización del movimiento revolucionario, las presiones de los partidos burgueses, de las cancillerías de los países imperialistas así como las de la dirección de la organización patronal en dirección al FP para llevarle a la vía del "diálogo nacional" se acentuaron. Desde el comienzo, Nida Tounes, principal partido burgués, vino a aferrarse al FP en el marco del FSN, que nació solo unas horas después de que se lanzase el famoso "llamamiento al pueblo".

El objetivo de Nida Tunes, versión modernista de Ennahdha, es claro: por una parte, parar la ascensión del FP, desviarlo de su línea revolucionaria; y, por otra, limar las aristas de Ennahdha para forzarle a normalizar las relaciones con él y crear alrededor de ellos una amplia coalición política que tendrá como tarea principal el apoyo político al nuevo gobierno y como misión aplicar el acuerdo con el FMI establecido el 7 de junio pasado. En cuanto a las elecciones, dependerán de la capacidad del gobierno y de la coalición política que lo sustenta de llevar a cabo la política de austeridad así como preparar el terreno para las elecciones cuya finalidad será consolidar la victoria de la contrarrevolución. ¡Pero todavía no estamos ahí! Falta mucho para eso.

¿Se equivoca de camino la dirección del Frente al aceptar el diálogo con los bandidos cuando desde hace tres años las masas toman una orientación antiimperialista y anticapitalista bastante evidente? ¿Se equivoca de camino también cuando privilegia el diálogo con la degeneración de las clases poseedoras en lugar de la vía de la revolución trazada por la insurrección revolucionaria iniciada el 17 de diciembre de 2010? Poco importa las razones de este giro a la derecha, sus consecuencias serán desastrosas para el proceso revolucionario a menos que no se corrija de dirección rápidamente mientras aún haya tiempo de hacerlo.

¡EL FP tiene trabajo para rato! Hay un proceso revolucionario que debe llevar a buen puerto. Además, debe corregir su orientación actual, emprender sin más tardar la batalla contra el endurecimiento de la política de austeridad y el agravamiento de la liberalización capitalista que está dictada por los acuerdos con la Unión Europea, el FMI y el Banco Mundial. Debe continuar la movilización para barrer del mapa las instituciones y los poderes salidos de las elecciones del 23 de octubre y combatir en defensa de las libertades fundamentales. Debe dotarse de tareas y perspectivas claras y ayudar a las clases trabajadoras a tomar parte de manera consciente en su autoliberación. Para tener más posibilidades de éxito en estas graves tareas, el FP tiene interés en continuar su propia construcción, que tiene abandonada estos últimos meses en beneficio de las demandas del FSN.

13/10/2013

Fathi Chamkhi pertenece a la dirección del Frente Popular y de la Ligue de Gauche Ouvrière





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