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Malí
Engaños
26/06/2013 | Paul Martial

Si la historia no se repite, en Malí, balbucea de forma singular. Igual que en abril de 1992, y más recientemente en octubre de 2009, los mismos protagonistas, gobierno maliense y rebeldes armados tuaregs, están negociando un enésimo plan de paz.

¿Qué esperar de estas conversaciones? Se llevan a cabo por un gobierno ilegítimo que debe su poltrona a Francia, y los independentistas del MNLA (Movimiento Nacional de Liberación de Azawad) cuya representatividad de los tuaregs y a fortiori de las demás comunidades que viven en el norte del país es, por lo menos, discutible. Esos dos protagonistas son en gran medida responsables de los sufrimientos de las poblaciones desde la intervención militar francesa.

A costa de las poblaciones

En estas negociaciones, las poblaciones, incluyendo las numerosas y activas organizaciones de la sociedad civil, son las grandes ausentes. Esto también da ventaja a los grupos armados, malienses y rebeldes, que han agredido a los habitantes de las ciudades y de los pueblos del norte debido a sus orígenes étnicos.

Con las mismas reglas de juego y los mismos jugadores, el escenario es conocido de antemano. Los tráficos de todo tipo, enriquecimientos y corrupción, van a desarrollarse de nuevo en detrimento de una población aún más empobrecida y dividida por esos conflictos provocados en su nombre.

Cualquiera que sea su comunidad, los habitantes del norte de Malí tienen necesidad ante todo de servicios públicos, centros de salud, escuelas, infraestructuras agrícolas y viarias. Pero hay un riesgo enorme de que las sumas entregadas para el desarrollo sean de nuevo acaparadas por los dirigentes de los diferentes grupos armados, oficiales u oficiosos.

Para la comunidad internacional, particularmente Francia y Estados Unidos, lo más importante es tener un acuerdo de paz que permita la celebración de las elecciones presidenciales en el conjunto del territorio lo más rápidamente posible, para dar un barniz legal a los caciques del régimen que han conservado el poder. Prerrequisito esencial para fundamentar la legalidad del despliegue de la MINUSMA, la fuerza de las Naciones Unidas en Malí, y permitir a los Estados Unidos poder tratar oficialmente con el recién elegido nuevo gobierno.

Y poco importa si las elecciones previstas para fines de julio son una chapuza. En efecto la período de las lluvias va a hacer difíciles las operaciones electorales, tanto más si se tiene en cuenta que las condiciones técnicas mínimas no están reunidas. Tal falta de preparación no puede sino favorecer los fraudes electorales a los que tan acostumbrado está el poder de Bamako.

Refuerzo del imperialismo en el Sahel

Esta decoración legal permitirá poner en pie el plan previsto por París. Una fuerza militar de las Naciones Unidas dirigida por el general rwandés Jean-Bosco Kazura, asistido por un general nigeriano, y como jefe del estado mayor ¡un general francés! Al lado de los cascos azules, tropas francesas -un millar de hombres- permanecen independientes y están habilitadas para realizar sus propias operaciones ofensivas. Al mismo tiempo, el ejército francés refuerza sus bases en los principales países limítrofes, Burkina Faso, Mauritania y Níger donde los comandos del Mando de Operaciones Especiales están desplegados para proteger las instalaciones de Areva. En Agadés estarán basados los drones americanos para la vigilancia de toda la región saheliana.

Con este dispositivo, las potencias imperialistas, con Francia a la cabeza, ya no tienen necesidad de la ayuda del MNLA para asegurar la región y François Hollande puede declarar ya que no puede haber más que un solo ejército en todo el territorio de Malí. Como ocurre a menudo, los grandes vencedores de esta crisis africana están en París. Hollande ha ganado sus galones de gran comendador de la françafrique, la jerarquía militar ha salvado su presupuesto y reforzado sus bases en el continente. Seguro que las empresas francesas serán designadas para ayudar “al desarrollo y la reconstrucción” de Malí.

Sin embargo, nada está resuelto. La intervención francesa no ha logrado erradicar el terrorismo, objetivo proclamado por Hollande. La dispersión de los yihadistas por los países de la región multiplica así los focos de conflicto. Al norte de Malí, las poblaciones siguen siendo aún víctimas tanto de las fuerzas malienses como de los diferentes grupos armados como el MNLA, los combatientes árabes de Ber o las milicias de Ganda Koy. En este clima, la Comisión Diálogo y Reconciliación no permite un apaciguamiento entre las diferentes comunidades.

20/06/2013

http://www.npa2009.org/node/37801

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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