Grabar en formato PDF
Irán
Represión sindical, elecciones y “apertura” hacia Occidente
18/06/2013 | Mansour Osanloo

[La victoria electoral de Hasan Rohaní -en la primera vuelta ha obtenido el 50% de los votos- es en primer lugar un signo en dirección a las potencias imperialistas. Hasan Rohaní fue miembro del Consejo Supremo de Defensa Nacional durante dos años, luego fue apartado de él por Ahmadineyad. Era también responsable “dossier nuclear” antes de ser apartado de él.

El candidato Said Jalili, de los más “conservadores”, era considerado como intransigente sobre el dossier nuclear y muy “fiel” al guía supremo Ali Jamenei. En el contexto político actual de Irán, Rohaní es considerado como un “religioso moderado”. Su portavoz Said Reza Salehí declaraba el 10 de junio de este año: “Hasan Rohaní ha redactado un programa preciso sobre el tema nuclear. Su estrategia principal preservar las relaciones con Occidente y disminuir las tensiones, para arreglar esta cuestión y encontrar una solución mediante la discusión”.

Salir del llamado punto muerto nuclear implica levantar las sanciones económicas que repercuten, de una parte, sobre el margen de maniobra de los actores económicos dominantes y, de otra, sobre la vida cotidiana, cada vez más difícil, de las masas trabajadoras iraníes, ya tengan trabajo, estén en el paro o trabajen de forma precaria. Es lo que explica en el artículo que publicamos a continuación Mansour Osanloo, expresidente de los sindicatos de conductores de autobús, detenido y torturado de forma terrorífica por haber actuado en defensa de los trabajadores. Para las fracciones en el poder, islamistas, la prohibición de una actividad sindical independiente forma parte de su planteamiento neoliberal en el plano económico.

Esta represión antisindical y política se inscribe también en los artículos de la Constitución, dos de los cuales tienen una importancia relevante. El artículo 12 que afirma: “La religión oficial de Irán es el islam según la escuela jurídica jaffarita duodecimana [la escuela jaffarita -chiíta duodecimana- es una escuela jurídica islámica. Hay otras escuelas: malekita, hannafita, chafiita y hanbalita]. Este principio no será jamás susceptible de modificación”. El artículo 115 dice: “El presidente debe ser elegido entre los hombres [la palabra utilizada en el texto original es Rejal] versados en la religión y la política y que posean las siguientes calificaciones: iraní de origen, nacionalidad iraní, capacidad para dirigir, con conocimientos, con un pasado probado sin tacha, honrado y piadoso, creyente y adherente a los fundamentos de la República islámica de Irán así como a la religión oficial del país”. Es sobre esta base sobre la que han sido seleccionados los candidatos, 686, que se inscribieron para suceder a Mahmud Ahmadineyad. ¿Van a echar de menos algunos “antiimperialistas” a Ahmadineyad y su orientación porque aparecía como más “firme” frente a “Occidente” que Rohaní? Cuando se leen las tonterías de ciertos “antiimperialistas” que apoyan al régimen de Assad en Siria -apoyo de hecho o implícito- uno puede pensar que tales “elaboraciones” añorando a Ahmadineyad no dejarán de aparecer en la red. Como decía Einstein: “Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana. Pero en lo que concierne al Universo, no tengo aún la certeza absoluta”.

El cuerpo de la guardia revolucionaria islámica defiende sus intereses políticos, económicos y militares con una autoridad tan grande como la de Jamenei. De hecho constituyen un cerrojo para la situación política e institucional interior. En una palabra: si las elecciones representan un mensaje en dirección a “Occidente” también se puede decir que el régimen y sus reglas en pie siguen anclados en una continuidad. Salvo que imaginemos, lo que no es imposible, una crisis social de mayor amplitud con expresiones políticas masivas, ciertamente diversificadas, contra el poder actual, lo que confirman quizá las manifestaciones actuales en la calle -Redacción de A l´encontre].

Las elecciones presidenciales iraníes no serán ni libres ni justas. Los candidatos presentados han sido seleccionados de antemano a través de una investigación en profundidad, políticamente motivada, que no tiene otro objetivo que asegurar la elección de un presidente dócil, que será leal al jefe supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei. Independientemente del resultado de la votación, el desafío más urgente tanto del próximo presidente como del ayatolá Jamenei va a ser hacer frente a una marea en ascenso resultante del descontento por la rápida degradación de la situación económica.

El mundo exterior se interesa fundamentalmente por saber si la elección marcará un cambio de la posición del régimen iraní sobre la cuestión nuclear. Sin embargo, para el iraní y la iraní “corrientes”, la cuestión más importante es lo que repercutirán estas elecciones en su bolsillo; en concfreto, el efecto que tendrá sobre las masas que trabajan en condiciones duras, cuyo poder de compra ha disminuido drásticamente mientras luchan por asegurar las necesidades más elementales de sus familias.

Los trabajadores de la industria, los enseñantes, las enfermeras, los empleados y empleadas del Estado y del sector servicios han sido golpeados duramente. La deficiente gestión económica del gobierno del presidente Mahmud Ahmadineyad, conjugada con las drásticas sanciones internacionales, han hecho del futuro de esos trabajadores y trabajadoras el aspecto más importante de la política interna de Irán.

La situación en el interior del país puede parecer tranquila dada la brutal represión gubernamental, pero existen amplias protestas obreras. Disidentes de todo tipo de origen social, incluyendo jóvenes formados pero sin empleo así como mujeres, aprovechan la mínima oportunidad para expresar pacíficamente sus quejas. La semana pasada en Ispahán, durante los funerales (el 4 de junio) del ayatolá Jalaledin Taheri, célebre miembro del clero disidente, miles de personas gritaron “¡Muerte al dictador!” y “¡Todos los presos políticos deben ser liberados!”.

Las autoridades son conscientes de la bomba de relojería que alimenta el empobrecimiento de amplias capas de la población. Durante una reciente reunión del Consejo Nacional de Seguridad de Irán, oficiales de alto rango expresaron sus preocupaciones en torno a posibles “motines del hambre”.

Sé hasta donde pueden llegar las autoridades. He pasado más de cinco años en prisión debido a mis actividades en favor de la organización de los trabajadores. He sido torturado física y psicológicamente; he sido amenazado con ser violado. Mis interrogadores me amenazaron a menudo con encarcelar, torturar y violar a mi mujer y mis hijos.

Puyesh, mi hijo, fue encarcelado y torturado brutalmente. Las autoridades expulsaron de la universidad a mi otro hijo, Sahesh,. Los servicios secretos detuvieron a su esposa, Zoya, en tres ocasiones. Ha sido golpeada y amenazada. Ha tenido un aborto en una de esas detenciones ilegales. Saeed Mortazavi, el famoso fiscal de Teherán, amenazó en varias ocasiones a mi esposa por proseguir el procedimiento de mi defensa ante la justicia. Mis interrogadores también la han acosado a menudo con llamadas telefónicas amenazadoras y SMS indecentes.

Me encerraban en una celda de aislamiento por la más pequeña protesta contra el trato que se me infligía. Una vez, estuve en una de ellas durante 7 meses y 23 días. Los interrogadores me amenazaron a menudo con matarme, diciéndome: “Nadie sabe que estás aquí, podemos matarte fácilmente, con total impunidad”. En numerosas ocasiones m recordaron las masacres de presos políticos de los años 1980 y la cantidad de personas muertas en durante el período de detención desde entonces.

Sin embargo, he tenido la suficiente suerte como para gozar de un amplio apoyo, en particular por parte de los sindicatos internacionales y de las organizaciones de derechos humanos. La difusión de las noticias sobre mi situación repercutió en mi relación con los guardianes. Conocieron, a través de las cadenas de TV por satélite y der Internet, las informaciones sobre mi actividad sindical y las razones que llevaron a mi encarcelamiento. Esto hizo que, con el tiempo, su comportamiento cambiara. Incluso llegué a tejer relaciones amistosas con algunos de los guardias de la prisión, procedentes de familias obreras, explicándoles cómo llevar a cabo sus reivindicaciones laborales ante sus jefes.

Recientemente he abandonado el país porque estaba amenazado de muerte. Trabajadoras y trabajadores iraníes de numerosos sectores continúan sin embargo organizándose, algunos de forma pública y otros clandestinamente, para evitar la represión. Las intimidaciones, las persecuciones judiciales y el encarcelamiento de los militantes sindicales aumentan, pero los sindicatos no han podido ser totalmente reducidos al silencio y algunos han conseguido incluso algunos éxitos limitados. Mis colegas del sindicato de conductores de autobús de Teherán han logrado una subida salarial del 18% a pesar de las detenciones y del despido de numerosos de sus miembros. El enorme paro, la inflación galopante, la falta de bienes elementales así como un declive abrupto de la tasa de cambio de la moneda iraní [que repercute sobre los precios de los bienes importados] tienen un impacto tan negativo sobre la vida de los trabajadores y asalariados, que no pueden permitirse quedarse en silencio e indiferentes.

Frente a esta crisis económica, ninguno de los actuales candidatos en las elecciones ha planteado ningún programa económico concreto y creíble para hacer frente a las preocupaciones de las trabajadoras y los trabajadores. Han hecho referencia a algunos problemas y criticado la gestión deficiente, así como la corrupción del gobierno Ahmadineyad, pero no han propuesto o discutido soluciones para mejorar la suerte de los trabajadores y trabajadoras.

Recibimos el apoyo internacional de todos y todas las que se preocupan por nuestra lucha. La izquierda americana se ha opuesto con razón a un aventurerismo militar contra Irán, pero debe también oponerse a las sanciones que golpean a la gente corriente en Irán. Igualmente, debe apoyar nuestras luchas por la libertad de expresión y de asociación así como el derecho a la negociación colectiva y a defender las mejoras en los centros de trabajo. Esas libertades elementales son esenciales para nuestra dignidad así como para el futuro de un Irán realmente democrático.

15/06/2013

Tribuna de opinión publicada en la edición International Herald Tribune.

Mansour Oslandoo es antiguo presidente del sindicato de chóferes de autobús de Teherán. Estuvo encarcelado por el gobierno iraní entre 2006 y 2011.

http://alencontre.org/moyenorient/Irán/Irán-repression-des-activites-syndicales-election-et-ouverture-vers-loccident.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons