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Irán
Golpe electoral en Irán: ¿cómo ha ganado Ahmadinejad?
24/06/2009 | Safed Rahenma

Choque, incredulidad, desesperación, rabia, disturbios, disparos y enfrentamientos con la brutalidad policial han ensombrecido Irán, tras las elecciones presidenciales que han reinstalado (al presidente) Mahmud Ahmadineyad, desde la primera vuelta, como consecuencia de un proclamado maremoto electoral. Todo el mundo había predicho que se asistiría al menos a una final, a una segunda vuelta. Muchos pensaban incluso que con la participación electoral masiva de alrededor del 82%, Mir Hosein Musaví (el candidato presentado como “reformador”) sería eventualmente el vencedor.
¿Cómo ha hecho Mahmud Ahmadineyad hecho para ganar estas elecciones?. En primer lugar, es el Guía Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, y el círculo alrededor de él quienes han concluido que Ahmadineyad debía permanecer en el puesto de la presidencia. Ahmadineyad ha probado que como lacayo del Guía Supremo, ejecutaría sin plantear preguntas las órdenes de este último. En signo de apoyo a Ahmadineyad, el semanario Sobh-e Sadeq, el órgano oficial del Representante del Guía Supremo ante el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica (en persa: Sepah-e Pasdaran-e Enghelab-e Islami) anunciaba el 8 de junio de 2009: “Nos aseguraremos de que los individuos que quieren someterse al Oeste no serán elegidos”.
Sobre la base de la decisión del Guía, la máquina electoral del régimen, las mezquitas, las fundaciones religiosas, la milicia (los basiyís, voluntarios islámicos) y los Guardianes de la Revolución Islámica han comenzado a movilizar sus bases electorales. Estas instituciones religiosas tienen millones de personas en sus fichas de salario mensual y el régimen ha contado siempre con sus votos.
Mahmud Ahmadineyad era también capaz de contar con su propia “máquina” fiable. Entre las primeras decisiones que tomó cuando se convirtió en Presidente en 2005, estaban el reemplazo de gobernadores de provincias y de departamentos, de alcaldes e incluso de jefes de aldea por sus acólitos, provenientes en lo esencial de las estructuras militares y de la seguridad (diversos tipos de cuerpos policiales). Ha viajado regularmente a diferentes ciudades y pueblos con maletas llenas de dinero, distribuidas luego a sus partidarios.
El aumento masivo de los precios del petróleo durante su presidencia le ha ofrecido más posibilidades de gastar con largueza. Durante los días que precedieron a las elecciones, el Tribunal de Cuentas del Parlamento reveló que más de mil millones de dólares estaban previstos para ello. Disfrutando de estas ayudas “gratuitas”, notables locales y mulás de las zonas rurales y de las pequeñas ciudades han podido fácilmente movilizar votantes a favor de Ahmadinejad.
A pesar de todos estos preparativos y colectas de votos, Ahmadineyad y el poder establecido militaro-securitario así como el clero conservador han sido sorprendidos por la movilización de masas de las clases medias urbanas con alto nivel de educación (que han seguido una formación post-obligatoria), sobre todo las mujeres y la juventud, que en ausencia de un mejor candidato, se han unido a Mir Hosein Musaví. Cuando la fecha de las elecciones se acercaba, el movimiento anti-Ahmadineyad se ha hecho más amplio y audaz en su reivindicación de cambio.
En muchos mitines, particularmente en las universidades (en cuyo seno las estudiantes son muy numerosas), Ahmadinejad ha sido abucheado, le han silbado y se ha visto enfrentado a grupos de personas que le repetían “mentiroso, mentiroso”. Ha tenido que anular varios de sus discursos y en algunos casos ha tenido que subirse rápidamente al coche para escapar de los manifestantes.
El ascenso del movimiento pro-Musaví ha sido tan fuerte y ha ganado tanta amplitud que el establishment ha tomado conciencia de que en caso de que hubiera una segunda vuelta, Ahmadineyad perdería con seguridad y que la sociedad civil ganaría entonces más terreno y plantearía reivindicaciones más radicales.
Alarmado por la probabilidad de perder una inmensa parte de los votos en los grandes centros urbanos, el campo de Ahmadineyad ha comenzado a preparar el trucaje y la “construcción” del voto. A este fin, la maquinaria principal se encontraba en el Ministerio del Interior, con Sadeq Mahsooli a la cabeza, su compadre y su confidente. En ausencia de observadores independientes, la Oficina electoral ha podido manipular fácilmente los votos /1. Ha decidido que Mahmud Ahmadineyad debería ser declarado vencedor en la primera vuelta, con un margen de maniobra suficientemente amplio como para eliminar toda duda; ¡cuanto más grande es una mentira, más creíble resulta!
El poder establecido se ha preparado igualmente para la represión de eventuales revueltas. Algunos días antes de las elecciones, la dirección del Departamento Político de los Guardianes de la Revolución anunció que “aplastarían toda tentativa de revolución de terciopelo”. Además del despliegue ya masivo de dispositivos represivos –los Guardianes de la Revolución, el ejército y la policía regulares, la milicia basiyí /2 y las Fuerzas Especiales- el régimen ha reclutado también un número bastante importante de jóvenes por medio de centros de reclutamiento en las grandes ciudades, procurándoles motos y teléfonos móviles. Estas bandas trabajan cuando se les llama y cada vez que hay una manifestación o concentración antirégimen, son enviados contra los manifestantes. Algunas de las motos quemadas por los partidarios de Hosein Musaví en las manifestaciones pertenecen a estas bandas.
Lo que el régimen no había previsto, era la reacción masiva de los votantes tras la publicación absolutamente manipulada de los resultados de estas elecciones. Hay que señalar igualmente que las confrontaciones continuas entre las dos facciones principales del régimen han alcanzado un punto crítico cuando en el curso de debates, los candidatos (los cuatro seleccionados inicialmente por el poder) han expuesto imprudentemente las desviaciones de fondos de unos y otros, las corrupciones y los falsos diplomas. Esto ha contribuido a aumentar la bipolarización en el seno mismo del régimen clerical (teocrático) y el conflicto abierto entre las dos facciones principales en el interior de este último. El apoyo de una facción del bloque en el poder ha hecho que haya sido difícil evitar la revuelta del electorado descontento y de los contestatarios.
Las dos facciones se encuentran actualmente en un callejón sin salida: si Musaví renuncia a sus pretensiones, será un suicidio político para él, haciendo de él otra figura de compromiso, como el Presidente anterior Muhammad Jatami (presidente de 1997 a 2005, reelegido en 2001; apoyaba a Hosein Musaví, tras haberse retirado de la carrera presidencial en febrero de 2009). Si es Ahmadineyad el que cede, la legitimidad del poder establecido militaro-seguritario y del Guía Supremo recibirán por ello un golpe suplementario (y casi irreparable).
Hay cuestiones cruciales y complicadas que se plantean en este momento político crítico. ¿Qué facción va a ceder? Si el campo “reformista” persiste y las revueltas toman amplitud, ¿va a recurrir el régimen a una represión aún más sangrienta y brutal?. En esta hipótesis, ¿se transformarán las manifestaciones en un movimiento revolucionario que aspire a derrocar el sistema del régimen islámico, o bien este movimiento decaerá?
En el supuesto de que el movimiento “reformista” ceda, ¿va a morir también la revuelta de la calle, o bien algunos elementos se separarán del resto y seguirán una trayectoria independiente y más radical de enfrentamiento con el régimen?
Hay que subrayar que las dos facciones del régimen tienen miedo de una escalada no controlada de las tensiones y de la desobediencia civil. Y es completamente posible que lleguen, de una forma o de otra, a concesiones mutuas. Si esto se produce, tendrá sin duda un impacto negativo sobre los movimientos en el interior de la sociedad civil. Algunos grupos aceptarán los compromisos; algunos se verán decepcionados y se despolitizarán; otros continuarán su resistencia de forma independiente. De todas formas, incluso si los acontecimientos post-electorales pueden tener el aire de una nueva revolución, el movimiento de protesta no está en una posición favorable y no tiene los medios organizativos que le permitan desafiar el sistema de la República islámica en su conjunto, por medio de un asalto directo.
Sin embargo, cualesquiera que sean los resultados de estas elecciones y de los conflictos entre facciones en el seno mismo del sistema, asistimos al momento más crítico de los treinta años de la República Islámica (en febrero de 1979, el Ayatolá Jomeini se instaló oficialmente en el poder y, entonces, Mehdi Bazarga, ligado al bazar, fue su primer ministro).
La sociedad civil, que está notablemente animada y conducida por el movimiento de las mujeres, la juventud, los enseñantes y los trabajadores, ha actuado con prudencia y perspicacia. Todas estas personas han entrado en el proceso electoral con reivindicaciones específicas y han expresado su sufragio contra el candidato que tiene los favores del poder establecido.
Si hubieran boicoteado las elecciones, por temor a boicotear el estatu quo ex ante, el régimen no estaría en el desastroso desbarajuste en que se encuentra ahora. Con una tasa de participación más baja, Mahmud Ahmadineyad habría recibido la mayoría de los votos y el régimen no habría tenido necesidad de recurrir al vergonzoso trucaje. No estaría haciendo frente al descontento y a los disturbios en la calle, y el régimen no tendría que prohibir brutalmente pacíficas manifestaciones de calle (y que multiplicar las detenciones nocturnas, en los domicilios), cayendo aún más en desgracia ante los ojos de los iraníes y del resto del mundo. Declarando vencedor a su candidato favorito, el régimen ha triunfado en cierto sentido, pero él mismo se ha convertido en el perdedor en el curso de este proceso. La sociedad civil iraní está yendo, paso a paso, hacia el establecimiento de su contra-hegemonía democrática y laica.
Safed Rahenma es profesor de ciencias políticas en la Universidad de York. Este artículo ha sido publicado en su versión inglesa el 15/6/2009.

Traducción de Alberto Nadal para VIENTo SUR a partir de la edición francesa de a l´encontre

Notas

1/ Un código cifrado era atribuido a cada candidato. El conteo por ordenador tenía en cuenta estos números y no el nombre de los candidatos al que estaba asignado el código cifrado. Según los candidatos derrotados, el código ausente de numerosos boletines ha sido inscrito por quienes controlaban las oficinas electorales (Red).
2/ La milicia basiyí es una milicia que actúa bajo la dirección y la supervisión de los guardianes de la Revolución (Red.)



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