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Portugal, Italia…
Señales desde Europa
27/02/2013 | Miguel Romero

Portugal. Grandoladas

1. Leí hace poco en Diagonal que “además del eje izquierda-derecha, además del eje arriba-abajo, podría haber un eje memoria-imaginación” /1. No le habría prestado mucha atención, si no fuera porque aprecio mucho las ideas del autor.

¿Qué necesidad tenemos de construir disyuntivas artificiales cuando nos enfrentamos a tantas inevitables y complejas? ¿Por qué no pueden y deben convivir y realimentarse memoria e imaginación? ¿Acaso no es una muestra de esta convivencia, por ejemplo, las CUP, una de las iniciativa político-sociales más interesantes que han surgido en los últimos años?

Estos días nos ha llegado de Portugal una formidable muestra de esa convivencia. El pasado viernes 15, un grupo de personas interrumpió un discurso en el Parlamento del primer ministro Passos Coelho cantando Grândola, Vila Morena, la bellísima canción de Zeca Afonso que fue la señal del comienzo de la revolución del 25 de abril de 1974 y es desde entonces su símbolo más popular y más querido. La policía les dejó acabar: no es fácil acallar en Portugal a quienes cantan Grândola. Passos Coelho trató de salir del paso con un chiste de salón diciendo: “Es la mejor manera de ser interrumpido”. Ya no lo debe tener tan claro. Porque desde entonces, varios de sus ministros han sido interrumpidos de la misma manera. Y más lo serán en los próximos días.

¿Quién imaginó esta idea genial? ¿Quién entendió que Grândola podía representar, cerca de 40 años después, la dignidad y la rebeldía del pueblo portugués, ahora contra la troika, como antes contra la dictadura? Siempre o casi siempre estas ideas sencillas y directas, que irrumpen en los grandes conflictos sociales para expresar en actos y símbolos antagonismos profundos que no encuentran expresión por los cauces habituales de opinión y organización, son de autor anónimo.

Pero en este caso, hay una organización que ha impulsado la iniciativa. Lo cual es una muy buena noticia porque puede favorecer su extensión y duración. Se trata de una plataforma unitaria, integrada por personas de diferentes procedencias y militancias, que se llama: “Que se lixe a troika. O povo é quem mais ordena!” (Que se joda la troika. ¡El pueblo es el que manda más!; la segunda frase viene también de Grândola. La primera puede admitir otras traducciones, pero la que utilizan los medios: “Que le den a la troika” suena demasiado flojo). En su manifiesto fundacional, concluyen: “Resistimos porque esta es la única forma de preservar la dignidad y la vida. Resistimos porque sabemos que hay alternativas y porque sabemos que lo que nos presentan como inevitable es en verdad inviable y por tanto inaceptable. Resistimos porque creemos en una sociedad más justa. Unidos como nunca diremos ¡basta!”.

El próximo día 2 de marzo convocan una manifestación (“A esta ola que todo lo destruye vamos a oponer la ola gigante de nuestra indignación”). Se sitúan en la continuidad con las movilizaciones que el 15 de septiembre del año pasado rodearon el Parlamento, una idea que repercutió aquí unos días después, como las mareas de aquí están teniendo su réplica allí.

Esta implícita solidaridad ibérica, que apenas logró expresarse en la huelga general del 14N, podría tener y ojalá tenga iniciativas futuras que la vayan concretando. Con imaginación y con memoria. Sin teorizar demasiado. Dejando que el movimiento real abra cauces nuevos y comunes. Nos ayude a entender el significado de lo que estamos haciendo.

Italia. ¿Fin de época?

Los artículos que publicamos en la web de Andrea Martini y, especialmente, de Salvatore Cannavó sobre las elecciones italianas van a levantar sin duda mucha polémica. Hay en ellos, por ejemplo, una visión del significado de la candidatura de Beppe Grillo muy diferente a la que encontramos en los medios, y también, en la prensa alternativa, contagiada a veces de las descalificaciones “populistas” y de los pretendidos insultos tipo “payaso” (¿por qué se utiliza de forma insultante una profesión dedicada a transmitir alegría?). Habrá que pensárselo, teniendo en cuenta cómo va a enfocar Grillo la complejísima situación post-electoral y también la experiencia que ya están realizando en municipios de Sicilia y en ciudades tan importantes como Parma. Proponer como presidente de la República a Darío Fo, otro “payaso”, es una idea simpática. Pero será bastante más significativo conocer cómo votan los diputados y senadores del Movimiento Cinco Estrellas en la investidura de Bersani. En todo caso, es una experiencia que merece mucha atención, sobre todo por la originalidad de las formas de ruptura con la política profesional.

En los artículos de Martini y Cannavó se plantean problemas muy importantes para la izquierda italiana, algunos de los cuales creo que interesan especialmente más allá de Italia. Como los siguientes, que comento muy brevemente:

-¿Cómo es posible que, con lo que ha caído y está cayendo, Berlusconi en unas pocas semanas de campaña haya obtenido cerca de diez millones de votos, un 29,18%, apenas cien mil votos menos que Bersani? El poder mediático que ha acumulado y la capacidad de manipulación que le otorga es, sin duda, un factor fundamental, pero insuficiente. Parece contar con una base social inmune a las pruebas manifiestas de delitos de toda naturaleza que il Cavaliere viene sorteando sin mayores problemas desde hace años. Está claro que la relación del Berlusconi con esa base social no tiene nada que ver con la legitimidad. Ni siquiera con el clientelismo, porque los beneficios materiales que una gran parte de esos diez millones de votantes han podido obtener en el pasado de los gobierno de Berlusconi han sido ínfimos. Dice Cannavó que ha tenido la habilidad de separarse a tiempo de la “austeridad” y enarbolar promesas muy improbables de reparar algunas de sus consecuencias sociales. De acuerdo, pero debe haber algo más. Una dirigente del Partido Democrático considera que la explicación de ese voto masivo, y al parecer, inquebrantable está en la conexión de Berlusconi con la “Italia profunda”. Si así fuera, no estaríamos ante un simple problema de sociología electoral, sino de una, otra, batalla perdida por la izquierda italiana, y particularmente por la corriente que encarnó el PCI. Porque en la tradición político cultural del PCI, empezando por el legado de Gramsci, hay una atención fundamental a la “Italia profunda”, es decir, a las clases populares normalmente desatendidas por los poderes establecidos, que desarrollan códigos propios de valoración y comportamiento, en las que se libra, o debería librarse, una batalla permanente entre, digamos para simplificar, “derecha” e “izquierda”. El PCI consiguió frente a la Democracia Cristiana y la Mafia, una influencia importante en esa “Italia profunda”. La perdió, junto con todo lo demás, cuando decidió ser un “partido de Estado” en vez de un “partido de clase”. Ahora puede ser que esa “Italia profunda” sea un coto de Berlusconi. Si es así, se trata de un desafío de la mayor importancia para las alternativas críticas y antagonistas. No se puede imaginar un proceso constituyente que deje a esos “países profundos” a merced de la derecha.

-La izquierda no ha presentado candidatura en las elecciones. Por supuesto, no hay que tomarse en serio la etiqueta de “candidato de la izquierda” que los medios atribuyen a Bersani, el imprescindible colaborador de Monti durante la etapa del “gobierno técnico” que ha terminado en este fiasco para sus protagonistas y sus inventores. Rifondazione Comunista ha llamado a votar por la “Revoluzione civile” del fiscal Ingroia, que ha obtenido el 2,2% en las elecciones al Parlamento (algo menos al Senado) y ningún elegido. Probablemente, Cannavó se refiere a esto cuando critica los proyectos “improvisados en dos meses” en torno a un “deux ex machina”.

La tentación de buscar soluciones milagrosas, e instantáneas, a la crisis de la izquierda en torno a un liderazgo de ambición carismática, con un perfil que “supere” las distinciones entre izquierda y derecha, no es solo italiana. Me parece un camino que no lleva a ninguna parte. En los movimientos antagonistas, cada cual puede calificarse como estime oportuno; no cabe duda que el concepto de “izquierda” requiere adjetivos, sobreentendidos y explicaciones para resultar aceptable, pero la decisión de usarlo o no corresponde a la organización o persona que lo considere, y el debate sobre ello no tiene mucho interés. Lo fundamental es que la propuesta o programa que aspire a ser común se base en los conflictos y necesidades fundamentales de la gente de abajo, no en un diseño preconcebido de “amplitud ciudadana” que elimina objetivos y reivindicaciones que pudieran crear problemas a supuestos aliados de aquí o allá. Lo fundamental es eso y manejar bien el tiempo: también Cannavó recuerda que el movimiento de Grillo no nació ayer, sino que lleva seis años acumulando fuerzas. El tiempo de los proyectos alternativos es el medio plazo. Y por tanto, necesita la convivencia y el aprendizaje, probablemente conflictivo pero estable, durante ese período.

-La provocativa fórmula que utiliza Cannavó (una “situación a la griega”, pero con el movimiento de Grillo ocupando en lugar de Syriza) da que pensar no sólo sobre la crisis catastrófica de la izquierda tradicional en Italia, sino también en las dificultades para encontrarle un reemplazo con capacidad para expresar el rechazo social al sistema (o sea, a lo que Grillo llama “la casta” y a las políticas de “rigor y austeridad” con las que desangran a los pueblos) pero también una alternativa política en términos actuales. Eso es en definitiva lo que ha conseguido representar Syriza y no está claro que represente, o pueda representar, el movimiento de Grillo. En todo caso, la comparación entre estas dos muy diferentes respuestas políticas y organizativas frente a los desmanes de la ortodoxia capitalista dominante puede ser muy instructiva. Una comparación que incluya, por supuesto, la práctica social e institucional, que tiene aspectos muy problemáticos, especialmente en el caso del Movimiento Cinco Estrellas.

No hay que considerar necesariamente estas experiencias como alternativas. Pero probablemente si hubiera una Syriza en Italia no existiría el Movimiento Cinco Estrellas, al menos con la fuerza que ha adquirido, y podríamos mover las fichas y adaptarlas a la situación griega. Donde no existe ni Syriza, ni el M5E, conviene prestar atención y tratar de aprender de los dos, sin que eso signifique considerarlos equivalentes. A mi parecer, Syriza sigue siendo una referencia antagonista fundamental en la Unión Europea.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR




1/ Guillermo Zapata. “Partido X. Regreso al futuro”. Diagonal nº 191. 7/02/2013.





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