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El recorte del Estatut y el descrédito del federalismo
Cuándo se jodió el PSC, contado por Pascual Maragall
29/11/2012 | Martí Caussa

En las recientes elecciones catalanas el PSC ha sacado el peor resultado de su historia y el único consuelo que parece encontrar es que ha sido menor que el predicho por la encuestas y que CiU se ha dado también un gran batacazo (aunque ha sido el partido ganador y le dobla sobradamente en diputados, porcentaje de votos y votantes). Todos los analistas coinciden en que este partido sufre una crisis profunda, que viene de lejos y para la cual no se vislumbra una salida. En este artículo se pretende analizar sólo uno de los elementos estructurales de esta crisis: su proyecto para resolver el problema nacional catalán.

La crisis del PSC no tiene un solo elemento estructural sino al menos dos, dos grandes boquetes por donde se escapan sus votos y sus apoyos sociales. Uno es el mismo que el del PSOE: la falta de voluntad política para defender a la mayoría de la población frente a los ataques del capitalismo en crisis; el haber aplicado las mismas recetas de austeridad que la derecha cuando estaba en el gobierno y no tener alternativas claramente diferentes cuando está en la oposición. El otro es carecer de un proyecto para Catalunya en el terreno nacional capaz de llegar a aglutinar a una mayoría social; sin este proyecto quizá algún día pueda volver a ser el primer partido de la oposición, pero es prácticamente imposible que llegue a liderar un gobierno.

El primer boquete de la crisis del PSC se abrió (igual que en el PSOE) con el inicio de la actual crisis económica. Ya ha sido muy analizado y no vamos a insistir en él. El segundo boquete de la crisis se había abierto antes, el día que la mayoría del aparato del PSC se puso al lado de Rodríguez Zapatero y del PSOE para recortar el Estatut que había aprobado el Parlament de Catalunya. Como resultado de aquella decisión algo vital se rompió en el PSC y algo importante empezó a cambiar en su relación con los sectores sociales que le habían llevado a la presidencia de la Generalitat. Por supuesto que las cosas se agravaron con la sentencia del Tribunal Constitucional, pero el PSC ya se había jodido antes. Cuando en la noche electoral Pere Navarro reconocía que su mensaje federalista no había llegado a los ciudadanos debería haber añadido que los culpables eran los dirigentes del PSOE, con ZP y Rubalcaba a la cabeza, y los dirigentes del PSC que se aliaron con ellos y que estaban en la sala apoyándole: José Montilla, Celestino Corbacho, Carme Chacón y otros muchos.

La crónica de esta autodestrucción se puede hacer fácilmente recurriendo a la hemeroteca. Pero hemos preferido dar la palabra a una de sus víctimas, el ex presidente de la Generalitat Pascual Maragall, que la explica en sus memorias. Nos ha parecido que el carácter impreciso, autojustificativo e incluso novelesco de todas las memorias quedaba compensado con creces por la fuerza del testimonio y por los detalles que sólo un protagonista puede aportar.

Como el PSOE y los primeros espadas del PSC se cargaron el Estatut

Cuenta Maragall que en 1998 Felipe González fue a visitarle a Roma para convencerlo de que se presentara como candidato a la presidencia de la Generalitat:

Puse como condición el contenido del documento de un decálogo federal que ya tenía escrito y que le di en mano allí mismo. Él enseguida me dijo: “Federalismo cooperativo [se refiere al modelo alemán], supongo…”Le contesté: “No, diferencial” (p.233). /1

En este contexto se comprenden las esperanzas que suscitó la elección de Rodríguez Zapatero como secretario general del PSOE el año 2000:

El secretario general hablaba ahora de “nuevo federalismo”…y esto era muy esperanzador para los socialistas catalanes y particularmente para mi, que hacía años que esperaba la aparición de un dirigente del PSOE dispuesto a ir un poco más allá del estricto Estado de las autonomías (p. 253)

Pero las promesas no se concretaban y los recelos aumentaban.

Madrid, como fórum del poder político y económico del Estado español, es especialista en entender sólo lo que le interesa…

Repasando mis discursos en el Parlamento, el Senado, el Club Siglo XXI…encuentro perfectamente recogida la idea argumental de la propuesta catalana que discutían las fuerzas mayoritarias del país. Eso me dificulta entender la apelación a la sorpresa como argumento del rechazo que el Estatuto del 30 de septiembre de 2005 suscitó entre determinados ambientes de mi propio espacio político. Sorpresa, cuando no atribución de cierto grado de traición por mi parte (pp. 272-273)…

El 26 de mayo de 2004 dije en el Club Siglo XXI “El Estatuto que queremos es, en todo caso, una declaración de interdependencia…

A continuación, les resumí lo que Catalunya proponía en tres frases muy cortas y comprensibles: “Una España plural…basada en un trato fiscal justo…que defienda y promueva como una riqueza irrenunciable todas sus lenguas y culturas…

Lo que proponía era demasiado, decían. En realidad, me parece evidente que lo que pretendían es que no hubiera nada…

Y no estaban dispuestos a aceptar un cambio en la vigente idea de España, formulada por una transición y convertida ahora en intocable. Y eso es cierto para buena parte de la clase política madrileña, incluyendo a la socialista…(pp.274-275)

Hasta que los recelos se convirtieron en aislamiento y hostilidad.

Esos días de otoño [de 2005] la soledad se había convertido ya en alejamiento manifiesto y crítica abierta por parte de muchos dirigentes el PSOE, que no dudaban en presentarme como nacionalista insolidario. Podía palpar la incomodidad política y física que les ocasionaba mi presencia, de la misma forma que sufría su agresividad verbal en los encuentros a puerta cerrada. (p.275)

El aislamiento no tenía lugar sólo en el PSOE:

Naturalmente, conocía de primera mano las reticencias al proyecto de un grupo destacado de dirigentes el PSC, con sus primeras espadas al frente, en sintonía con la lista de aspectos “inaceptables” que empuñaba el Gobierno español. (p.279)

Cuando el Estatut es finalmente recortado Maragall saca las consecuencias obvias, de las cuales las pasadas elecciones sólo son una muestra:

No fue a mí a quien defraudó [Rodríguez Zapatero], sino a todos los catalanes que creyeron en su promesa de respetar lo que Catalunya decidiera.

Esta decepción…me temo que lo ha dejado marcado en el estado de ánimo de los catalanes y que lo expresarán en forma de desafección a España. (p.283)

Una vez desnaturalizado el Estatut aprobado por el Parlament era necesario apartar del poder al padre del mismo y poner en su lugar a un primer espada fiel al aparato del PSOE:

Hacía más de un año que Rodríguez Zapatero me había avanzado el nombre del sustituto, en el momento de sugerirme la retirada una vez aprobado el Estatuto. En cambio Montilla no me lo había planteado abiertamente nunca…

Sólo deseo que el partido no le abandone como hizo en mi caso. (p.286)

El partido no le abandonó, pero sí los votantes y los aliados del tripartito; Montilla dimitió como primer secretario y el PSC empezó a constatar que se hundía en una crisis de grandes dimensiones. Ninguna valoración autocrítica de su actitud ante el Estatut ha visto la luz hasta la fecha. Pese a los reconocimientos públicos, Maragall y lo que había representado continuaron siendo una referencia a evitar:

Desde ese día del mes de junio [de 2006, cuando anunció que no se presentaría a la reelección] hasta el día de Todos los Santos en que se celebraron las elecciones autonómicas, sobreviví al desdén de muchos compañeros de partido, hasta el punto de dar un paso más en mi distanciamiento [en las elecciones generales de 2008 Pascual Maragall votó en blanco y más tarde abandonó el PSC].

¿Hay federalistas más allá del Ebro?

Los primeros espadas del PSC que se aliaron con el PSOE para recortar el Estatut salido del Parlament siguen en el partido. Pere Navarro no representa ninguna ruptura con su actuación. Rodríguez Zapatero dimitió como secretario general del PSOE, pero ahora este puesto lo detenta su fiel escudero Alfredo Pérez Rubalcaba.

El PSC de Navarro,viendo el boquete por el que se le escapaban votos a raudales ha intentando taparlo con humo, diciendo que apoyaría una consulta sobre el futuro de Catalunya sólo si era legal (es decir, consentida por el PP) y que su alternativa era el federalismo. Pero consciente de que no puede haber federalismo sin que alguien lo defienda en el resto del Estado, ha implorado apoyo a Rubalcaba, el cual lo ha regateado hasta el momento del mitin de l’Hospitalet. Allí Núria Parlon, alcaldesa de Santa Coloma de Gramanet suplicó: “Alfredo, ayúdanos a hacer posible esta segunda transición en España y a callar la boca a los que dicen que no hay federalistas más allá del Ebro”. Y Alfredo prometió “no avanzar por aventuras inciertas, sino por caminos conocidos como Alemania o Estados Unidos y se llama federalismo” /2.

¿Qué probabilidades había que la gente comprara este viejo coche a este viejo trilero, después de haber sido víctima de una estafa colosal con el coche nuevo que prometió Rodríguez Zapatero en el Palau Sant Jordi el 13 de noviembre de 2003: “Aprobaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”? /3 Las elecciones del 25N han mostrado que pocas. La traición a esta promesa ha acumulado enormes dosis de descrédito sobre el federalismo realmente posible y es uno de los pilares de la crisis del PSC.

28/11/2012

Notas

/1 Todas las citas son de: Maragall, P. (2008) Oda Inacabada (memorias). Barcelona: RBA.

/2 Ríos, P. “Rubalcaba da aire a Navarro al abrazar la vía federalista”. El País, 23/11/2012, p.14

/3 http://elpais.com/diario/2003/11/14/espana/1068764421_850215.html



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