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Elecciones gallegas
Galicia antes del 21-O: un análisis previo
19/10/2012 | Brais Fernandez y Xaquín Pastoriza

Las elecciones en Galiza se presentan como un reto tanto para los partidos del régimen como para la izquierda reformista y antineoliberal. Las encuestas parecen otorgar una sólida mayoría absoluta al Partido Popular, pero la experiencia andaluza nos indica que quizas nos encontremos con un escenario mas abierto después del 21-O. Para comprender en qué situación política llegamos a estas elecciones es necesario un análisis que recoja tanto la situación estructural (aunque sea someramente) como la coyuntural, tanto a nivel socioeconómico como en el plano de las organizaciones politicas que compiten estas elecciones.

El gobierno de Feijoo: un breve balance.

La derrota del bipartito PSOE-BNG en las elecciones de 2009 reabrió las puertas de la Xunta al Partido Popular. Este nuevo gobierno liderado por el antiguo delfín de Fraga, Alberto Núñez Feijoó, tenia como objetivo demoler las escasas reformas llevadas a cabo por el anterior gobierno (reformas orientadas sobre todo a la cuestión lingüística) así como implementar en un contexto de crisis el programa neoliberal, consistente en acelerar la privatización/precarización de las conquistas históricas del movimiento obrero , tanto a nivel de derechos laborales como en plano de los servicios públicos. A punto de finalizar su mandato, podemos afirmar que lo ha conseguido o que, por lo menos, esta a punto de alcanzar sus objetivos.

La tasa oficial de paro alcanza ya el 21% , creciendo esta legislatura en 70.000 personas y alcanzando los 300.000 en un territorio con 2,7 millones de habitantes. Se ha conformado así un numeroso ejército de reserva de mano de obra que contribuye decisivamente a presionar a la baja los salarios de la clase trabajadora gallega, ya históricamente mermados por el papel de “productor a bajo coste” de la economia gallega. No ha sido sólo la sobredimensionada construcción, producto de un modelo productivo derrochador y especulativo, la causante de ese elevado porcentaje de asalariados expulsados del mercado de trabajo. Durante el gobierno Feijoó se ha acelerado el desmantelamiento del sector industrial gallego, antaño poderoso y dinámico. Las “islas fordistas”, como por ejemplo Vigo y comarca, se parecen a día de hoy más a una isla de náufragos que a una ciudad de productores. Comercios vacios, miles de trabajadores en paro… “El planeta de ciudades miseria” del que nos hablaba Mike Davis parece haberse instalado tambien en la geografía urbana gallega.

Algunos ejemplos no dan una dimensión completa del proceso, pero pueden ayudarnos a ser más precisos. En Citroen, la célebre planta de producción automóviles viguesa, se han perdido más de 1.000 puestos de trabajo durante el último año. En el sector naval (fundamental en Ferrol y Vigo) los empleos han pasado de 16.500 a menos de 5.000. En el sector terciario los datos no son mucho más positivos: el auge y caída de los centros comerciales (calificado como “El crac de la burbuja comercial” por el diario El Pais) en A Coruña son la consecuencia directa de la incapacidad de la lumpenburguesía gallega de ver más allá de la especulación, el consumismo cortoplacista y el despilfarro.

En el sector público, la estrategia neoliberal se ha implementado al ritmo de la austeridad europea. La tarjeta sanitaria dejó de ser gratuita para costar 10 euros, los padres mileuristas empezaron a pagar libros de texto que antes financiaba la Xunta y las ayudas a la dependencia se reservaron a los casos más graves, todo ello combinado con la paralización de obras como el hospital de Vigo. Estos recortes tienen su correlación en la falta de medios disponibles en hacer frentes a desastres ecológicos como el incendio de las Fragas do Eume, una muestra más del desprecio constante de la derecha por los bienes naturales.

El gobierno Feijoó opera mediante unas estructuras y prácticas políticas profundamente corruptas, si no en un sentido legal del termino, sí en un sentido real, pues sus políticas públicas están orientadas hacia la preservación de los privilegios de la oligarquía vinculada a su régimen. La Ciudad de la Cultura de Santiago es un buen ejemplo de ello: centenares de millones de euros invertidos en un proyecto que todavía no tiene un fin ni uso concreto. La fusión de las cajas Caixanova y CaixaGalicia (ejecutada por el PP pero apoyada por el BNG) se saldó con un agujero de mas de 7.000 millones de euros, el escándalo de las preferentes (miles de pequeños ahorradores, incluidos analfabetos, han perdido sus ahorros) e indemnizaciones multimillonarias para sus antiguos directivos: la Xunta tiene bloqueada la financiación interna, teniendo que recurrir a mecanismos externos. Para maquillar el deficit (obsesión de todo buen cacique neoliberal) , el gobierno Feijoo manipuló las cuentas, trasladando de año más de 500 millones de euros del balance presupuestario.

En las causas de esta desastrosa situación se relacionan tres niveles. Por una parte , la crisis capitalista global, que condiciona todo proceso económico actual. El capital, busca reproducirse desesperadamente y traslada de forma flexible sus flujos inversores de un lugar a otro en busca de mayor rentabilidad: abre nuevos campos anteriormente a salvo de la lógica del beneficio (el sector público), pero tambíén “emigra” a otros lugares con mayor rentabilidad, siendo su lealtad a un territorio algo meramente funcional. Todo ello combinado con la estrategia neoliberal europea, consistente en atacar los salarios para recuperar la competitividad en un mercado mundial que ya no domina. Resaltamos esto para señalar la imposibilidad de construir un capitalismo al margen de las estructuras que suponen la misma sustancia del sistema: es decir, incluso un gobierno que no acepta la doctrina neoliberal , si no es un gobierno de ruptura (e incluso si lo es), se vera sometido a esta misma lógica.

En segundo lugar, es importante señalar el lugar que ocupa Galiza en la división del trabajo a nivel estatal y europeo. Galiza , desde el punto de vista aquí expuesto, es una nación dependiente: depende tanto de la inversión extranjera, pues no posee un sistema económico propio, como políticamente, estando sometidas sus posibilidades a las estrategias de la burguesía española (la burguesía gallega, al contrario que la vasca o catalana, no tiene “intereses propios o contradictorios “ con la oligarquía española) y tambien europea. Las relaciones con la UE dan una muestra de ese papel parasitario de la burguesía gallega: las subvenciones para infraestructuras (negocios rapidos y rentables a corto plazo como pocos) se intercambiaron por limitaciones en las tasas de producción de el sector agricola y ganadero o por restricciones en la financiación industrial como el caso del Tax Lease del naval. No es difícil imaginar lo que pensó la burguesia gallega: menudo negocio, ¡dinero a cambio de dejar de producir!, reflejando así la dinamica de infradesarrollo a la que esta sometida una economía periferica vinculada a un centro.

En último lugar, las políticas neoliberales del gobierno Feijoó han mostrado cómo los partidos del régimen conciben el estado como un organo de reproducción de capital a traves de privatizaciones y como un instrumento para acelerar los planes de descomposición/recomposición de clase trabajadora, trazando un plan de ajuste estructural que permita retomar y aumentar las tasas ganaciales a la casta empresarial. Como veremos más abajo, los ataques contra sectores estratégicos de la clase trabajadora no son una casualidad: atomizando a los obreros organizados del sector metalúrgico, cerrando empresas y debilitando el poder productivo de la clase trabajadora, el gobierno Feijoó ataca a los sectores sociales que más han resistido a los planes de reorganización del capital, aunque la crisis afecte por igual a la mayoria de la población trabajadora.

La oposición política y parlamentaria: entre la crisis post-gestión del régimen y los reagrupamientos.

La oposición al gobierno Feijoó ha sufrido una profunda crisis desde las últimas elecciones en 2009. La derrota del gobierno bipartido desencadenó batallas internas tanto en el PSOE (que podemos calificar como burocráticas) como en el BNG (en donde la lucha por parcelas de poder se entremezclaba con diferencias ideológicas).

Un hecho fundamental en estas crisis fue la profunda decepción provocada por el gobierno bipartito PSOE-BNG, ajustada pero inesperada. El bipartito se constituyó tras años de acumulación de fuerzas y movilizaciones contra PP, como Nunca Máis, el No a la Guerra o las potentes huelgas estudiantiles contra la LOU. La gestión socialiberal del bipartito (combinar reformas sociales de carácter democrático, como el tema de la lengua, con una política económica indistinguible de la del resto del estado y de la UE) fue la causa principal de la derrota. Pero hay más, sobre todo en el caso del BNG.

El BNG inició sus senda política en los oscuros años 80, cuando la izquierda tradicional comunista y la izquierda radical iniciaban sus descomposición. Un periodo de auge y conformación como sujeto político que duró todos los 80, los 90 y principios del siglo XXI. Esta paradoja se fundamentó en la hábil interpretación del BNG de la realidad gallega, una interpretación “nacionalista” en el mejor sentido del termino: capacidad de arraigo en la sociedad y generación de estructuras propias vinculadas a lo cotidiano, así como una gestión de lo “nacional” que vinculaba la identidad cultural con la liberación social.

Esta referencialidad hegemónica se fundamentó en las luchas y realidades concretas del pueblo gallego, hábilmente utilizadas por el BNG para crear un imaginario colectivo propio. En el terreno del movimiento sindical, el BNG, partiendo de una escasa implantación en relación a CCOO, fue capaz de crear la central sindical mas potente desde un punto de vista social de Galiza, la CIG (Confederación Intersindical Galega). Este sindicato se contruyó en base de una lectura de las luchas orientada hacia los sectores estratégicos de la clase obrera, como los obreros del Naval: de hecho, podemos considerar que su génesis como organización de masas se da en los 80, en las luchas en defensa del sector naval. Su discurso hábil, vinculando territorio con producción, le convirtió en el referente sindical en los sectores fordistas, que veian como CCOO o UGT se transformaba en un sindicato de servicios ajeno a su intereses como colectivo.

Otras de las claves del desarrollo del nacionalismo gallego (hasta hoy, nacionalismo gallego con influencia de masas y BNG eran sinónimos) fue su defensa de la tierra o su antagonismo con el caciquismo: ser del BNG era trabajar contra las estructuras arcaicas de la estructura política. Cuando Beiras se peleaba con Fraga era la batalla del ciudadano indignado contra el cacique arrogante. Así el BNG paso de ser una simple organización política a una parte de la realidad política, la némesis de la derecha que históricamente había despreciado la dignidad del pueblo gallego.

Este proceso no estuvo exento de contradicciones. La más relevante, una profunda tendencia a buscar la alianza patriótica con la burguesía gallega, sin llegar a comprender que la burguesía gallega, además de tener intereses de clase contradictorios a los que el bloque (movimiento nacional-popular por excelencia) representaba, no tenia intereses nacionales autónomos y diferenciados de la burguesía española,.

Esta contradicción esencial estalló durante el gobierno bipartito: el Bloque sufrió un proceso acelerado de institucionalización, simbolizado por Anxo Quintana, vicepresidente de la Xunta, vinculado a empresarios de dudosa reputación y actualmente hombre de negocios en Latinoamérica. Obviamente, este giro hacia la integración en el régimen tuvo profundas repercusiones por abajo. En primer lugar, una desafección de sus bases, que abandonaron masivamente el activismo o se retiraron a segunda línea. El caso más escandaloso se dio quizás en el ámbito de la juventud, donde sus organizaciones estudiantiles (CAEF) desaparecieron de las movilizaciones y llegaron a negociar la aplicación del Plan Bolonia en la USC (Universidad de santiago de Compostela). En segundo lugar, una decepción silenciosa de la ciudadanía con respecto al BNG, que se tradujo en pérdidas en los porcentajes de votos y en una menor credibilidad en el BNG como alternativa al sistema. Por último, la derrota del bipartito desencadenó fuertes dinámicas centrifugas que han culminado con la escisión de Beiras y su Encontro Irmandiño por un lado y de Compromiso por Galicia por otro.

Las tensiones comenzaron en los sectores sindicales próximos a la UPG (partido de tradición comunista, dominante en el BNG), con la desafección de destacados dirigentes ante las posturas ambiguas del bipartito ante luchas obreras concretas, un reflejo más de las contradicciones interclasistas del BNG.

La derrota del bipartido en 2009 provoco que hasta la última asamblea de este año la situación haya sido de reagrupamientos internos. A la asamblea de este año se llegó con 4 posiciones diferentes, pero divididas en dos bloques, que hay que ser bastante cuidadosos a la hora de caracterizar.

En el bloque mayoritario se encuentra la UPG (Unión do Pobo Galego) organización de tradición comunista hoy fusionada con el aparato del BNG y de la CIG, a la que podríamos calificar como heterogénea pero no plural. Cohesionada antes por sus intereses burocráticos (la mayoría de cargos públicos están vinculados a la UPG) que por razones ideológicas o de clase, mantiene una posición dominante debido a que todos los intereses de aparato confluyen en ella. Aún así, es necesario destacar su orientación sindical, que nunca ha caído en el pactismo o en una integración en el aparato del estado como la de CCOO o UGT.

Apoyando a la UPG se encontraban Movemento Galego o Socialismo, un pequeño grupo escindido del anterior, que representa la tradición comunista ortodoxa en el seno del Bloque. Cuentan con cierta influencia sindical y juvenil (a traves de la Liga Estudantil Galega). A pesar de un perfil mas nítido de izquierdas, su estrategia parece mas orientado hacia un pacto que presione a la UPG que hacia la construcción de una corriente de masas en el seno del nacionalismo.

En la candidatura alternativa a la mayoritaria se encontraban aliados los que posteriormente darían lugar a las dos escisiones post-asamblea. Por un lado Beiras y su Encontro Irmandiño, que podriamos encuadrar en el llamado movimiento altermundialista, con fuertes influencias de la izquierda radical europea. Por otro lado, Mais Galiza, el ala derecha del BNG, con planteamientos próximos al liberalismo democrático. Esta curiosa alianza demostró ser totalmente antinatural , pues ambos agrupamientos se escindieron después de la asamblea dando lugar a dos formaciones diferentes que no han sido capaz de coaligarse fuera del BNG. Así pues, podemos deducir que algunas diferencias eran políticas (mayor implicación en los movimientos sociales, mayor democracia interna, un BNG unitario en las movilizaciones) pero otras de carácter más confuso, fundamentalmente basadas en la oposición a la UPG.

El agrupamiento de Mais Galiza ha dado lugar a una nueva formación llamada Compromiso por Galicia, de corte liberal-demócrata y absolutamente irrelevante, pues la mayoría de sus cuadros y cargos electos permanecen en el BNG.

El caso de Beiras ha dado lugar a un proyecto más interesante. Su Encontro Irmandiño ha dado lugar a ANOVA, una formación nueva con unos cuantos centenares de militantes que ha conseguido sumar a algunos colectivos del independentismo gallego, como la FPG del escritor Méndez Ferrin. Es un proyecto todavía incipiente y sin definir, al que las elecciones le cogieron por sorpresa. La coalición con IU responde en buena medida a esa necesidad marcada por el adelanto electoral.

Así pues, de cara a las elecciones gallegas la izquierda anti neoliberal ha quedado dividida en dos bandos. Por una parte, el BNG, que se presenta con un discurso programático marcadamente nacionalista, haciendo hincapié en la necesidad de recuperar la producción en Galiza. Un discurso desarrollista en lo económico, que entronca con sus bases fordistas, muy orientado a montar un frente parlamentario anti-PP, que busca el apoyo de sectores de trabajadores golpeados por la crisis que buscan salidas a corto plazo. Propone una batería de medidas defensivas de corte reformista, como una banca pública gallega (pero no habla en ningún momento de nacionalización o socialización de la banca privada), así como una reedición de un bipartito que no aplique recortes.

ANOVA e IU han conformado una coalición que concurrirá bajo el nombre Alternativa Galega de Esquerdas (AGE). IU siempre ha sido una fuerza casi marginal en Galiza, con fuertes pulsiones españolistas y nula influencia social, si bien es cierto que, últimamente, aprovechando la subida electoral del IU en el resto del estado, había cogido cierto impulso. Además, el proceso de institucionalización del BNG le proporcionó un espacio político con el que antes no contaba. No obstante, allí donde ha tenido representación municipal (Vilagarcia y Ferrol) ha gobernado con el PSOE, abandonando posteriormente los gobiernos pero perdiendo votos y credibilidad. También el proceso globalizador de los movimientos sociales ha ayudado a crear un espacio socio-político anteriormente copado por el nacionalismo, que se traduce en una mayor visibilidad de opciones de izquierda no nacionalistas.

Quizás un hecho determinante para la irrupción de AGE como la alternativa al establishment haya sido su capacidad para recoger el lenguaje de los movimientos sociales y de la izquierda radical (términos como anticapitalismo, somos el 99% etc.. no forman parte del lenguaje habitual de esa izquierda tradicional), así como reformular el nacionalismo en términos más universalistas. Hay que sumar a ello que el hecho de contar con un candidato tan brillante como Beiras también ha tenido su peso. Beiras es un político único, brillante como pocos, carismático, un intelectual que es capaz de conectar con el gallego de a pie como pocos. Este economista formado en la Sorbona ha dado varios giros en su vida política: de ser el sector más socialdemócrata del BNG, a defender la alianza con PNV y CIU en las elecciones europeas, a encabezar, finalmente a sus 76 años, un nuevo proyecto político que se define como anticapitalista.

La crisis de liderazgo en el PSdG-PSOE tiene características comunes con la crisis de la socialdemocracia en todo el Estado, y por extensión en Europa: la pérdida de peso de sus bases sociales tradicionales, giro hacia el socialiberalismo, desconexión con los movimientos sociales. Además, en Galiza, la pérdida del Gobierno de la Xunta desató una crisis de liderazgo, con el nombramiento de un Secretario General provisional en la figura de Pachi Vázquez. El PSdeG se estructura en Galiza en torno a redes clientelares locales, especialmente en las ciudades gobernadas por el partido: Vigo, Lugo, Ourense. Estas baronías territoriales, que basan su fuerza en el acceso al poder municipal y la distribución de rentas y privilegios que de él se derivan, cuestionaron desde el principio este liderazgo. Esto ha generado una dirección débil y transitoria, que tenía que ir superando los obstáculos puestos por barones como Abel Caballero, alcalde de Vigo, que llegó a promover a la exministra Elena Espinosa como candidata alternativa a Pachi Vázquez en el último congreso del PSdeG. De hecho, la candidatura de éste a la Xunta de Galiza vino como resultado de la casualidad, ya que sólo el adelanto electoral de Feijoó impidió a Francisco Caamaño y José Blanco disputar la nominación en las primarias. Por lo tanto, la crisis del PSdG, cada vez más desconectado de los movimientos de protesta en la calle se caracteriza por un liderazgo débil, la falta de debates ideológicos, cuando por no los personalismos, la distribución del poder, el burocratismo y los localismos exacerbados.

Las resistencias desde abajo.

Precisamente en estos últimos cuatro años se han desarrollado movimientos obreros de resistencia contra las políticas neoliberales desde abajo: tanto huelgas generales nacionales como conflictos sectoriales. Una de las características que diferencia a Galiza del resto del Estado es la presencia de un sindicato nacionalista combativo con fuertes raíces en los sectores industriales fordistas y en el sector público: la CIG. Estos conflictos tienen como rasgo común una participación decisiva de la CIG, que cuenta con los mejores cuadros del movimiento obrero gallego, equipados con una retórica obrerista y un fuerte ascendiente en las fábricas. En los últimos cuatro años, podemos detectar dos líneas. Una línea ascendente en los conflictos laborales hasta 2010, con huelgas del metal en la provincia de Pontevedra (de 26 días), limpieza, instalaciones deportivas, automoción (Treves) y textil (Caramelo). Desde 2010, la incidencia de la crisis se reflejó en un descenso en el número de huelgas. Hay que tener en cuenta el progresivo desmantelamiento del sector naval, después de la huelga de 2009, que significó una derrota para los sectores más combativos de la clase en la provincia de Pontevedra. Una derrota visualizada en la imagen de las direcciones sindicales yendo de la mano con la patronal y cargos del PP en las manifestaciones en defensa del sector.

El aumento del desempleo, el miedo al despido y la erosión de las bases fordistas más sindicalizadas causaron la mayor caída en el número de huelgas desde que se tienen datos (2000). Sin embargo, el seguimiento de las huelgas generales de 2010 y 2012 fue muy importante, sobre todo en la industria. Como contrapunto, la huelga general convocada por la CIG el 27 enero de 2011 significó un fracaso importante que desalentó a su dirección a emprender aventuras en solitario.

La relación de los sindicatos mayoritarios con movimientos sociales como el 15M ha sido tensa, cuando no hostil. La indefinición política de estos movimientos, los elementos españolistas y su falta de diferenciación entre centrales sindicales, considerando a todas parte del régimen, han alimentado esta desconfianza mutua, agudizada en el caso de la CIG. La dificultad de esta relación se ejemplificó en la convocatoria de una manifestación en defensa del naval con el mismo recorrido, fecha y hora que la manifestación de aniversario del 15M en Vigo, el 12 de mayo. La pretensión de cooptación, el sectarismo y modelos de funcionamiento burocráticos imposibilitan una confluencia entre movimiento sindical y movimientos sociales que es imprescindible a la hora de plantar cara en la calle a las políticas neoliberales.

Y después.. qué?

Ante las próximas elecciones, los pronósticos más probables hablan de una repetición de la mayoría absoluta del PP. Este partido cuenta con una sólida implantación en todo el país, cuenta con redes clientelares muy fuertes en torno a las Diputaciones, en particular la de Ourense, y dispone de un ámbito de voto interclasista que abarca desde los españolistas burgueses de A Coruña y Pontevedra hasta el pequeño propietario que sólo sabe hablar gallego. Incluso llega a un sector importante de la clase obrera, el llamado "proletariado simbiótico", trabajadores urbanos que tienen fuertes raíces en el campo, donde tienen propiedades que trabajan el fin de semana y mantienen esa mentalidad de pequeño propietario individualista.

La política del PP al frente de la Xunta puede haber generado un cierto desgaste que, sin embargo, no ha sido explotado por los principales partidos de oposición, PSdG y BNG para crear la ilusión de una alternativa. La crisis experimentada por estas organizaciones, así como el legado del bipartito actúan como un lastre a la hora de canalizar las expectativas de cambio que, según las encuestas, tiene una parte significativa del electorado. Se espera que tanto BNG como, sobre todo, el PSdG, retrocedan en escaños. En este sentido, no hay comparación posible con las elecciones de 2007, donde el lema "Hai que botalos", generó una marea en favor de desalojar al PP de la Xunta que puso su confianza en un gobierno de izquierda PSdG-BNG. Esta confianza se rompió después, por la gestión socialiberal efectuada durante los cuatro años de gobierno conjunto. Sin embargo, ambos partidos parecen decididos a recuperar el bipartito, por lo que tratan de ocultar sus diferencias políticas en público, como quedó demostrado en el debate Jorquera-Vazquez, y centrar todo su arsenal en criticar a Feijoó, difuminando sus propuestas programáticas. El BNG puede mantener una base electoral sólida, con el apoyo de los trabajadores urbanos y villas medias, pero su voto es un voto defensista contra el PP, incapaz de generar entusiasmo en torno a propuestas para romper con los modelos socio-económicos y de Estado. Parece que esta campaña apostaron en por una perspectiva identitaria: la defensa de un soberanismo "light", la defensa de los sectores productivos y de la lengua y cultura propias. En su lugar, AGE sí parece que va a conseguir movilizar un voto antineoliberal, descontento con el PP, pero también desconfiado de BNG y PSdG. En el caso de que Feijoó no repitiera la mayoría absoluta, el panorama se presentaría incierto. AEG no se ha pronunciado sobre las alianzas electorales. A pesar de su retórica, no ha establecido un cortafuegos entre los partidos del régimen (PSdG y PP) y los antineoliberales. Visto el caso de Andalucía, no habría que descartar que un sector de AGE, principalmente IU, abogase por entrar en un gobierno de "progreso", lo que pondría a prueba la escasa solidez de una coalición diseñada para el terreno electoral, pero que carece de estructuras orgánicas que le den continuidad más allá de estas citas.

El reto, pase lo que pase después de las elecciones, seguira siendo construir un bloque histórico, en un sentido gramsciano, plural pero que golpee unitariamente al capital, que sea capaz de entroncar las luchas defensivas con la conformación de una nueva cultura política que se plantee como eje central la toma del poder y la destrucción del sistema capitalista. El camino es largo y duro: la construcción de hegemonías requiere movilizaciones, experiencias, ensayos y errores. El 21-O en Galiza puede ser un paso importante para abrir grietas en el régimen que nos permitan avanzar hacia una vía de ruptura. Después de las elecciones, haremos el balance.

19/10/2012



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