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Egipto
Un presidente de poderes limitados
24/06/2012 | Samar Al-Gamal (Al-Ahram)

Según los primeros resultados no oficiales, Mohamad Morsi, candidato de los Hermanos Musulmanes, ha triunfado frente a Chafiq, candidato del antiguo régimen. Pero los militares no sueltan la presa dotándose de amplias prerrogativas.

De un dictador que acumulaba casi todas las prerrogativas, el presidente egipcio que sucederá a Mubarak a fin de mes puede quedar limitado a funciones honoríficas. Los egipcios, que han acudido a las urnas el sábado y domingo pasados con la esperanza de elegir un nuevo jefe de estado 16 meses después de la revolución, se siguen encontrando en una transición sin fin, dirigida por los militares, aún si el candidato de los Hermanos Musulmanes reivindica ya su victoria antes del anuncio de los resultados oficiales. Eran aún las 5 de la mañana, con los colegios electorales que habían cerrado sus puertas 8 horas antes, cuando Mohamad Morsi acababa su oración del alba en su cuartel general y subía a la escena rodeado por los dirigentes de la hermandad y de su partido Libertad y Justicia para anunciar su victoria sobre su oponente y hombre fuerte del régimen de Mubarak, Ahmad Chafiq.

La batalla había sido cerrada. Morsi, que había recogido alrededor de 6 millones en la primera vuelta, dobla su resultado tras haber sido apoyado por los revolucionarios que esperan impedir una vuelta al antiguo régimen con Chafiq. Éste dobla también su resultado y la diferencia entre ellos está, oficiosamente, alrededor del 1,5%. Ciertamente, los resultados oficiales no serán conocidos más que el jueves (se ha retrasado su publicación oficial a este fin de semana ndt), pero el recuento provisional no deja prever una salida diferente, salvo algún golpe teatral de última hora. Un resultado que constituye una victoria simbólica sobre los militares y la policía que han puesto todo el aparato del estado al servicio del heredero de Mubarak. Chafiq proclama sin embargo su victoria y se niega a reconocer esta derrota que se añade a su caída precedente en marzo del año pasado, cuando manifestaciones masivas reclamaban su dimisión del puesto de primer ministro.

Los egipcios estaban por otra parte ante una elección difícil, entre “lo malo y lo peor”, entre un islamista cuya hegemonía absoluta temen en el país, y un general del régimen corrupto que reconducirá el régimen de Mubarak. Un dilema que ha llevado a un cierto número de electores a votar en blanco escribiendo en la papeleta de voto “la revolución continúa”. Otros han optado por el boicot, y se puede decir ya que la participación ronda alrededor del 40% de los electores inscritos, es decir un cuarto de una población de 82 millones de habitantes.

El malestar se exacerba

El malestar alimentado por la disolución, dos días antes del escrutinio, de la primera Cámara del Parlamento, elegida en las primeras elecciones legislativas libres de la historia del país, se ha acentuado aún más al día siguiente de la votación.

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que se ha atribuido las prerrogativas legislativas con la disolución del Parlamento, tiene dificultades en ver un islamista por primera vez a la cabeza del país. Por ello, se ha inmiscuido en los poderes del próximo presidente. Una “Declaración constitucional complementaria” que hace que el presidente no tendrá como única prerrogativa más que la de nombrar un gobierno cada una de cuyas leyes deberá ser validada por los militares. Las fuerzas armadas y su presupuesto escaparán a su poder. No será ya el jefe supremo de las fuerzas armadas, como sus predecesores. Según el texto, “el control completo de los asuntos internos del ejército, particularmente los nombramientos y las destituciones del personal militar y el presupuesto de Defensa, corresponderán al CSFA”.

El presidente tampoco podrá tomar la decisión de la guerra sin el aval del CSFA y participará en un consejo de “defensa nacional” al lado de 11 militares y 4 ministros, pero cuyas decisiones deben ser tomadas por unanimidad.

Los militares conservan también el control del presupuesto, fijan “la política general del país” y se apropian del monopolio de formar una nueva constituyente para la redacción de la futura Constitución con un veto sobre todo artículo que estimarían “contrario a los intereses supremos del país”, para proteger entre otras cosas sus intereses económicos. Y para desarmar más aún al futuro presidente, el jefe del ejército ha decidido nombrar al gabinete presidencial que estará en adelante dirigido por un militar y un antiguo colaborador de Mubarak con otros cuatro miembros del gabinete disuelto cuyo jefe Zakariya Azmi está hoy encarcelado.

Un golpe de estado según algunos

Por resumir, un golpe de estado. Y como si no hubiera habido revolución. Que da motivos para temer un aumento de la tensión. Las fuerzas políticas, y a su cabeza los Hermanos, vencedores de las presidenciales, han anunciado ya su rechazo a este texto adoptado por los militares y han llamado a una concentración masiva el martes en la plaza Tahrir (concentraciones que prosiguen tres días después ndt) para reclamar la entrega del poder al próximo presidente.

Conforme al calendario, los militares deberían volver a sus cuarteles y entregar el poder a los civiles a finales del mes de junio. Pero parece que los militares han decidido finalmente no dejar el poder sin preservar una “inmunidad”. Así, se guardan el poder legislativo y controlan las llaves del país en nombre del “equilibrio de poderes”. Se esfuerzan también por reducir la crisis a diferencias con los Hermanos, bastante poderosos por otra parte, pero omiten que otros pesos se les enfrentan también. Es lo que demuestran los resultados de la primera vuelta en la que dos candidatos, salidos de la revolución, Hamdine Sabbahi y Abdel-Moneim Abul-Futuh, obtuvieron respectivamente el 20% y el 17,5% mientras que Morsi, el Hermano, no obtuvo más que el 25% de los votos.

La próxima fase será una confrontación con los militares, no hay duda alguna. Los Hermanos han reaccionado ya anunciado que no respetarán la decisión del Tribunal Supremo Constitucional de disolver la Asamblea del Pueblo que dominaban. “El Parlamento sigue siendo válido”, afirman, así como muchos juristas. Pero, ¿se atreverán a desafiar a los militares?

Los partidos salidos de las filas revolucionarias y la Coalición de los Jóvenes de la Revolución, en el origen de la revuelta contra Mubarak, han respondido, por su parte, por un si. Han denunciado este “putsch constitucional” y han anunciado la prosecución de su lucha en favor de un estado “civil”. La plaza Tahrir sigue al acecho.



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