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Grecia
Syriza triunfa y … pierde las elecciones. Pero, quizá, la próxima...
20/06/2012 | Yorgos Mitralis, desde Atenas

Poco ha faltado, un 2,77 de los votos, para que la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) ganara las elecciones griegas y culminara triunfalmente el extraordinario ascenso de su resultado electoral que ha pasado del 4,5% a cerca del 27% ¡en menos de 3 años! Sin embargo, la derecha coaligada de Nueva Democracia y sus acólitos de todo tipo (los viejos social-liberales del PASOK y los aprendices socialdemócratas de la Izquierda Democrática) tienen todo el derecho del mundo a echar un suspiro de alivio: la amenaza de la formación de un gobierno de izquierdas que aboliera las medidas de austeridad acaba de alejarse, al menos por el momento...

El alivio es, por otra parte, general entre los de arriba que nos gobiernan y nos hambrean. El euro sube, los mercados respiran, la señora Merkel exulta y la Internacional llamada “Socialista” de los Papandreu y Hollande se felicita por la “derrota” de esos obstáculos para girar en redondo que son Tsipras&Co. Entonces, ¿final de la pesadilla que ha visto a las cobayas griegas rebelarse y ocupar el “laboratorio Grecia”? La respuesta es un No categórico. La pesadilla está aquí para quedarse y todo indica que el nuevo gobierno griego será frágil y débil, minado por sus contradicciones internas, la crisis que no controla y, sobre todo, por la resistencia en aumento del pueblo griego...

Por otra parte, un análisis un poco más en profundidad de los resultados electorales de Syriza presagia un mal futuro para los partidarios de los planes de austeridad. Syriza triunfa en la franja de edad de 18 a 45 años y se asegura un verdadero triunfo en los grandes centros urbanos como la gran Atenas, el Pireo o Patras donde vive y trabaja más de la mitad de la población griega. En suma, Syriza se asegura el apoyo de la población activa y joven mientras que los partidarios de la Troika y de la austeridad (Nueva Democracia y el PASOK) sobreviven gracias al apoyo de la gran mayoría de la gente mayor (de más de 65 años) y del campo griego. Una realidad social política de muy mal augurio para la reacción griega y sus patronos internacionales si se piensa que son exactamente esas franjas de edad y esas poblaciones urbanas las que tradicionalmente hacen la historia de los países del Norte...

Si hay pues una lección que sacar de estas elecciones, es que Syriza domina ya entre los trabajadores y los parados, la juventud y los barrios populares, los bastiones históricos de la izquierda comunista, allí donde el PC griego (KKE) mantenía hasta hace poco una presencia indiscutible. El cambio es de talla, es histórico, dado que este KKE que dominaba a Syriza hasta hace aún 2-3 meses, está ahora reducido a una influencia electoral marginal (4,5%) tras haber sufrido una verdadera hemorragia de militantes y simpatizantes en beneficio de la Coalición de la Izquierda Radical.

A decir verdad, la recomposición de hecho del paisaje de la izquierda griega es casi total, si se añade otra, y aún mayor, hemorragia: la sufrida por la coalición de las organizaciones de extrema izquierda Antarsya en beneficio igualmente de Syriza. Quedando reducida a un elocuente 0,33% de los votos, Antarsya debe ahora hacer todo lo posible para evitar que su crisis conduzca a un dramático despilfarro de miles de militantes revolucionarios en el momento en que toda la izquierda radical griega tiene más necesidad de ellos.

Sin embargo, sería totalmente falso creer que Syriza tendrá en adelante una vida fácil, que puede gozar de la fidelidad permanente de sus 2 millones de electores. Al menor paso en falso de su dirección, Syriza corre el riesgo de perderlo todo en un tiempo récord pues la aplastante mayoría de sus electores la ha apoyado no por razones “ideológicas” sino para que dé -y aplique- soluciones radicales a problemas vitales. Es la razón por otra parte, de que Syriza haya acelerado enormemente su subida en cuanto puso como objetivo de su campaña ganar las elecciones y formar un gobierno de izquierdas que iba a derogar inmediatamente las medidas de austeridad. Y es, al contrario, la razón por la que Syriza ha perdido, durante los últimos tres días de la campaña, su ventaja -y con ella las elecciones- porque su dirección ha intentado engatusar a sus adversarios haciendo su programa y su discurso menos radical.

Atención pues a los “pasos en falso” pues sus consecuencias serían ahora cataclísmicas: quienes se beneficiarían de ellos no serían los ex-grandes partidos tradicionales, sino los criminales nazis “que están aquí para quedarse”. No solo en las urnas sino sobre todo en las calles en las que multiplican ya las agresiones asesinas contra los inmigrantes y los militantes de izquierdas. Desgraciadamente, la falta de preparación de la izquierda griega ante la peste parda ha permitido que la serpiente neonazi haya salido claramente ya de su huevo. Esta izquierda griega tiene que decidir lo más rápidamente posible enfrentarse al monstruo naciente aunque solo sea para asegurar su propia autodefensa...

Dicho todo lo anterior, quedan por sacar dos o tresgrandes lecciones de la experiencia de esta Syriza formada, hará ya pronto nueve años, de la alianza, o más bien del “matrimonio”, de un partido reformista de izquierdas (Synaspismos) con una docena de organizaciones y de corrientes de extrema izquierda. La primera lección es que la unidad es posible. La segunda que esta unidad paga. Y la tercera, ¡que la unidad es posible y productiva a condición de que sea una unidad fundada en la radicalidad! En los tiempos que corren, una experiencia como la de Syriza merece toda nuestra atención y -evidentemente- nuestra solidaridad internacionalista activa. Pues en Grecia la victoria de la izquierda radical sigue siendo posible, y puede haber sido solo retrasada...

19/06/2012

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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