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Egipto
Duro golpe para los revolucionarios
05/06/2012 | Romain Hingant

El lunes 28 de mayo, miles de personas salieron a la calle para manifestar su cólera ante el anuncio de los resultados de una primera vuelta muy apretada sobre la que pesan fuertes sospechas de fraude. Pero, aunque divididas, las fuerzas revolucionarias obtienen cerca de la mitad de los votos.

Serán pues el Hermano y el militar. Tras una campaña histórica marcada por múltiples acontecimientos, la llegada en cabeza del candidato de la poderosa hermandad y del último primer ministro del dictador derrocado parece marcar la vuelta a un esquema ya visto: los islamistas contra el ejército. Los Hermanos Musulmanes (HM), principal organización política del país, contra el enésimo avatar del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), componente esencial del poder desde hace más de 50 años. De hecho, la segunda vuelta de las primeras elecciones presidenciales libres de la historia de Egipto será el nuevo terreno de la batalla que libran las dos principales fuerzas organizadas del país por el control de las instituciones.

Algunos verán en este resultado la aspiración del pueblo egipcio a una vuelta al orden, religioso y social de un lado, securitario y económico del otro, en un contexto de desorganización y de crisis económica profunda, y de transición democrática incierta. Pero las apariencias del proceso institucional no deben engañar sobre el progreso del proceso revolucionario. El que Morsy, al que llaman la “rueda de repuesto” de la Hermandad /1, esté a la cabeza, ha sido presentado como una sorpresa por numerosos observadores. Es de hecho la demostración del poder del aparato de los HM. Pero una de las principales lecciones de esta primera vuelta es que este poder está en clara pérdida de velocidad: si los HM habían obtenido casi la mayoría absoluta en las legislativas, esta vez no han conseguido más que el 25%. Lo que significa que, fuera de las zonas en las que son hegemónicos, su influencia ha retrocedido significativamente, en particular en las grandes ciudades obreras. Su descrédito es el fruto de agravios cuya acumulación se ha acentuado desde su acercamiento al poder: de sus negociaciones con el CSFA en pleno levantamiento revolucionario, hasta sus groseras tentativas de acaparar el proceso constitucional –que se suponía estaría acabado en junio pero que sigue bloqueado-, se encuentra como hilo conductor su incapacidad profunda para responder a las expectativas tanto sociales como democráticas del movimiento revolucionario.

Frente a él, Ahmed Shafiq, el “fulul”, el residuo más odiado por los revolucionarios, ha sabido reagrupar, apoyándose en las redes del antiguo régimen, los votos de las capas favorecidas de la sociedad egipcia que sienten su posición amenazada por la revolución, así como los de una parte de la comunidad copta, inquieta por el ascenso de los islamistas. En detrimento de Amr Mussa, antiguo presidente de la Liga Árabe, favorito en todos los sondeos, y que intentando hacer compatible el agua con el fuego (enarbolando la vuelta al orden frente al peligro islamista, a la vez que rendía homenaje a los mártires de la revolución), no obtiene finalmente más que el 10% de los votos. La victoria de Shafiq significaría un retroceso considerable para las conquistas aún frágiles de la revolución y una amenaza directa para los revolucionarios.

Bloque revolucionario

La gran sorpresa de este escrutinio viene del nasserista de izquierdas Hamdeen Sabbahi, histórico opositor a Mubarak (que le encarceló numerosas veces), que con el 23% de los votos viene a situarse justo detrás de Shafiq /2. Poniendo como eje de su discurso la justicia social y la profundización de las conquistas democráticas de la revolución Sabbahi ha suplantado la influencia de los islamistas en una parte significativa de las capas populares, terminando en cabeza en El Cairo, Alejandría, Suez, etc. Abul Fotuh ha obtenido el 17% de los votos, acabando 4º. Antiguo dirigente de los HM, de donde fue expulsado en 2011, antes de ser apoyado públicamente por El-Baradei, es presentado como un islamista moderado y ha ganado el apoyo tanto de liberales, de militantes de izquierda (algunos camaradas de la Alianza Popular entre ellos), de figuras de la revolución como el bloguero Wael Ghonim, como de salafistas (Al-Nur).

Estos dos últimos constituyen lo esencial de un “bloque revolucionario” /3 que representa casi la mitad de los votos. Sabbahi, que ha montado su campaña sobre la puesta en primer plano de las cuestiones sociales, asumiendo la representación de la vía “ni fulul, ni islamista”, se encuentra ahora investido de una misión por muchos de sus votantes: debería jugar un papel no despreciable en un campo político en formación, cuando la expresión política de los revolucionarios sigue estando cruelmente ausente. Los numerosos movimientos de huelga que atraviesan el país y las movilizaciones que no dejarán de aparecer hasta la segunda vuelta prevista para los días 16 y 17 de junio muestran que la revolución no está dispuesta a aceptar las instituciones aún bajo el control del CSFA.

Notas

1/ La candidatura de Khairat El-Shater, líder carismático y estratega de la organización, fue anulada.

2/ Hay sospechas de fraude sobre 900.000 votantes, soldados y militares (que normalmente no tienen derecho a voto). Muy favorables a Shafiq, han tenido ciertamente un papel decisivo en detrimento de Sabbahi.

3/ Al que hay que añadir Abu Ezz El-Hariri, el candidato de la Alianza Popular, así como Khaled Ali, el abogado especializado en la defensa de los derechos de los trabajadores.


1/05/2012
http://www.npa2009.org/content/%C3%A9gypte-coup-dur-pour-les-r%C3%A9volutionnaires

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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