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Construir una oposición de izquierdas al gobierno Griñán-Valderas
Izquierda Unida y el pacto en Andalucía
24/05/2012 | Jesús Rodríguez

Derrota electoral del PP

A pesar de haber sido la fuerza más votada, el PP no alcanza los resultados previstos por las numerosas encuestas y consigue una pírrica victoria en relación a un PSOE que aguanta bien su crisis en Andalucía, aunque sigue su continua bajada en número de votos. De hecho el PP pierde más de 400.000 votos en relación a las elecciones generales. Los primeros recortes del PP y la pequeña acumulación de un sentido común de izquierdas resultado de estos años de lucha están generando un espacio electoral móvil, que empieza a tener un vínculo más débil con los partidos de los recortes. La huelga general, exitosa a pesar de la desastrosa preparación (las declaraciones públicas de los secretarios generales de CCOO y UGT no ayudaban a tener una línea clara de confrontación) ha ayudado también a desgastar el apoyo social del PP en Andalucía.

Ha sido la abstención el destino de las decepción y del escepticismo social. Pero también es destacable la subida de Izquierda Unida, que aumenta 80.000 votos en relación a las generales y mantiene ese continuado aumento respecto a las municipales. Es sin duda Izquierda Unida la opción política vencedora de las elecciones andaluzas.

Una corriente hacia la izquierda que se despliega con dificultades

En estos años ha habido un rearme y consolidación del Partido Popular, con dinámicas propias de una derecha bien organizada a nivel social y mediático; pero al mismo tiempo, es imposible analizar este fenómeno sin tener en cuenta el papel que el PSOE ha jugado en la desmoralización y desmovilización de un amplio sector de la clase trabajadora. El PSOE ha gobernado contra su base social durante estos tres años, en un momento en el que la crisis pulverizaba los espacios intermedios, ya no había margen para ninguna concesión social. El PSOE que había combinado en años anteriores una política de mantenimiento de las líneas generales neoliberales pero con algunas concesiones en política sociales ahora debía posicionarse y lo hizo contra la clase trabajadora. A la ya comentada desmovilización y desmoralización de un sector importante de los y las trabajadoras, el PSOE avalaba y legitimaba con sus recortes en pensiones, servicios públicos, sueldos de los funcionarios, privatizaciones, reformas laborales, rescates bancarios...toda la política que el PP iba a aplicar después. Legitimaba por tanto el discurso del PP de la inevitabilidad y de la dureza de los ajustes.

Desde la huelga general del 29S se ha abierto un proceso de movilización social continuada (con el intervalo desmovilizador del pacto de pensiones) que ha permitido acumular organización y un cierto sentido común en contra de los recortes. Así mismo se ha extendido en alguna franja la idea de que la clase trabajadora no sea la que pague esta crisis. Eso sí, en este periodo abierto, las direcciones sindicales han ido confundiendo a sectores amplios sobre las tareas y sobre el discurso. El pacto de las pensiones soplaba en contra de las resistencias contra los recortes y su inevitabilidad, pero el último pacto social que ponía sobre la mesa la “moderación salarial” ayudaba además al discurso de culpabilización de los salarios en la crisis y de salidas compartidas de la misma (que al final nunca es compartida). IU ha tenido una relación ambigua y poco clara con esas capitulaciones y ha privilegiado la relación con las direcciones sindicales, que veían a su vez a IU como un aliado capaz de presionar por la izquierda al PSOE. Los pactos y políticas de IU en muchos ayuntamientos o el apoyo al tripartit no ha ayudado a clarificar una línea clara de lucha entre las gentes trabajadoras. Pero a pesar de ello, la calle ha servido para acumular fuerzas por la izquierda en este tiempo y para visibilizar discursos de resistencias, si no anticapitalistas, al menos si antiliberales.


Izquierda Unida y el voto defensivo

El punto de partida de las resistencias sociales no ha podido ser más débil. Venimos de un periodo que ha reforzado la despolitización. El fenómeno de la burbuja inmobiliaria había generado una importante hegemonía de los valores individualistas y de una cierta sensación de vivir en el “capitalismo popular”. Las direcciones sindicales estaban empantanadas en la concertación y en la paz social desde hacía una década y tenía un activo sindical que no estaba ni preparado ni formado en prácticas combativas. El paro y su rápido crecimiento ha generado un enorme miedo y paralización de amplios sectores. La amplitud de los recortes también. La ausencia de una estrategia coherente y sostenida de lucha en el medio plazo y la ausencia también de luchas victoriosas ha reforzado un sentimiento defensivo de los trabajadores y trabajadoras. Izquierda Unida aparecía como la opción más plausible y eficaz para un electorado de izquierdas que no ambiciona todavía cambios radicales ni ve como factible en el medio plazo un cambio de escenario en el que la clase trabajadora pase a la ofensiva. Se trata puramente de resistir. E Izquierda Unida es la opción del mal menor para todo ello. La que pueda dar voz institucional y presionar para, si no parar los recortes, al menos que sean lo menos lesivos posible.

Izquierda Unida, por tanto, aparece como un aglutinador de ese sector móvil que se ha desligado de los partidos de los recortes, pero el vínculo militante con todo ese sector es muy tenue.

A pesar de las contradicciones, y a modo de corolario, ha habido un deslizamiento hacia la izquierda de un sector importante de la clase trabajadora andaluza, que con quien se va a encontrar primero es con la fuerza política de mayor implantación territorial y con mayor aparato, Izquierda Unida. Ahora se abren el juego y las contradicciones.

Una desorientación de partida para alimentar la opción gestionaria. Un referéndum llamativo

IU se presentaba a las elecciones para parar las política de derecha pero con una orientación ambigua de cómo hacerlo. A pesar de ello, unos meses antes el Partido Comunista de Andalucía defendía una orientación de no pacto de gobierno con el PSOE y mantenía un discurso al menos combativo y más orientado a la movilización social como actor fundamental del cambio y lugar de acumulación de fuerzas desde donde vendría una alternativa. Justo después de las elecciones la dirección del Partido Comunista junto a Diego Valderas dan un giro de 180º en su discurso y dan un golpe de timón. Para estos dirigentes el mandato de las elecciones andaluzas ha sido que IU gobierne con un PSOE, que hasta entonces había sido el gestor de las agresiones neoliberales en Andalucía y hasta hace muy poco en el conjunto del estado.

Éste es el mensaje que el PCA mandaba a gran parte de la clase de la trabajadora, cuando ésta sigue necesitando de mensajes claros y coherentes. El PCA junto a Valderas llevan la acumulación de fuerzas en la calle realizada durante estos años a un gobierno con un PSOE que no ha hecho ninguna rectificación del periodo anterior. Cuando es más necesario que nunca decir que los recortes y ajustes son injustos y evitables, la señal que el PCA y Valderas mandan a las gentes trabajadoras es la del mal menor y el posibilismo, con los efectos desmovilizadores y desmoralizadores que eso va a tener. Para ello la dirección de IU convocó un referéndum con el único objetivo de legitimar ese giro brusco en relación a sus bases. Por ello el referéndum no contenía la posibilidad de apoyar sólo la investidura y pasar a la oposición al día siguiente, ni tampoco la posibilidad de no apoyar siquiera a Griñán para la investidura misma. Estas dos últimas propuestas habían sido realizada por sectores críticos con la dirección de IU y del PCA.

Desde mi punto de vista la última opción-no votar a Griñán en la investidura- hubiera sido problemática y poco entendida entre la base social de la izquierda que quiere lejos de San Telmo a alguien tan característico de las clases dominantes andaluzas como es Javier Arenas. Esta opción tiene, por otro lado, una carga especialmente positiva: la de intentar equiparar las políticas neoliberales, las aplique quien las aplique, y la de no comprometerse con la estabilidad de unas instituciones que la crisis ha demostrado que no están hechas para la clase trabajadora. Sin embargo es una posición política que no permite dialogar ni avanzar con un sector amplio de la clase de la trabajadora.

La otra alternativa hubiera sido votar la investidura del PSOE, teniendo en cuenta la diferencia entre la base social de este partido y la del PP, así como su referencia histórica que le hace más (tampoco para tanto) permeable a la presión social, pero pasar al minuto siguiente a la oposición. Esto hubiera permitido dialogar con un sector importante de la izquierda-tanto del electorado del PSOE como de IU- que no quiere al PP en el gobierno, pero dando la señal de que los cambios vendrán de la mano de la construcción de una oposición a cualquier gobierno que aplique políticas neoliberales (tanto a la austeridad de derechas como de “izquierdas) y que dicho cambio debe acumularse a partir de la movilización social. Hubiera sido más útil para dirigirse a los millones de trabajadores y trabajadoras que tienen que construir una línea de movilización social independiente a partir de los ataques que van a suceder estos años. Es para mí una opción que hubiera permitido defender un proyecto política independiente de la clase trabajadora.

El PCA y Valderas sin embargo eludieron esas dos posibles opciones y en el referéndum propuesto a las bases de Izquierda Unida sólo había dos opciones: o gobierno con el PSOE o un acuerdo de apoyo parlamentario desde fuera (acuerdo de legislatura) pero sin consejerías. En cualquiera de los dos casos se renunciaba a una política de independencia de clase y por tanto se renunciaba a ser oposición de izquierdas. El PCA llamó a la disciplina de voto a sus militantes, avalando a los interlocutores con el PSOE, entre los que se encontraba José Luis Centella (secretario general, poco carismático, del PCE) y apostando por entrar en el gobierno. El referéndum certifica un 80% de apoyo a la entrada en el gobierno, lo que demuestra la escasa combatividad de la afiliación del PCA y de IU.

Resulta llamativo como en muy poco tiempo el PCA es capaz de conseguir un apoyo tan masivo. Está claro que a pesar del discurso recurrente a la oposición de las políticas planteadas por el PSOE la práctica cotidiana de gran parte de la militancia haya sido la de mantener acuerdos municipales con ese mismo partido durante muchos años. Pero también recuerda al más viejo estilo del PCE de toda la vida, con una retórica combativa en la que su militancia es capaz de identificarse con el gran partido pero con una práctica oportunista justificada, como en los años 30, años añorados por parte de la dirección del PCA de Sevilla, por la diferencia entre programa de máximo y programa de mínimos. Una base militante cuya experiencia política, cultura democrática y de lucha, no le permite defender una orientación de clase frente a su dirección, entrenada en las maniobras y en los giros permanentes en los discursos en pos de mantener el aparato a toda costa. El secretario general del PCE-JL Centella-afirmaba que los referéndums no se hacen para perderlos. Sobran los comentarios.

El recorrido diario de un acuerdo que desmontará a buena parte de la izquierda

IU lleva así a las gentes que en estos años se movilizaron contra Bolonia, contra la reordenación-privatización encubierta- de la administración andaluza, contra las externalizaciones y privatizaciones en Andalucía...a un gobierno con Griñán. Ya en los primeros días hemos visto las consecuencias de esta orientación nefasta. Así Valderas salía a la palestra anunciado unos recortes sobre los salarios de los empleados públicos que desde su punto de vista eran injustos pero inevitables. El discurso de Valderas desmoviliza y desmoraliza a mucha gente que ha peleado contra los recortes y las políticas de ajustes en estos años. Y también desorienta cuando más hacen falta discursos e ideas que puedan encarar la guerra que tenemos abierta. Sin embargo son palabras que legitiman el discurso de las clases dominantes. Igualmente Valderas e IU salen a defender al gobierno de la Junta afirmando que los recortes vienen impuestos. La misma lógica que cuando ZP y Rubalcaba afirmaban que los recortes venían impuestos desde la Unión Europea.

Pero además de apuntalar las ideas neoliberales, en que en estos primeros días las gentes de IU, con muy escasas excepciones, están intentando cubrir las críticas por la izquierda con movimientos y discursos que van a seguir erosionando la base social del conjunto de la izquierda misma. Se ha abierto la veda para el cinismo y mientras el nuevo gobierno andaluz recortará unos 10.000 empleos en enseñanza, nada más y nada menos, IU juega a decir públicamente que no se recortará empleo público. Las gentes de la enseñanza pueden pasarle por encima muy rápidamente (pero sin una izquierda fuerte quizás lo que se refuercen sean sentimientos corporativistas) y entre bambalinas dirigentes de IU se cuelan en las manifestaciones para intentar señalar a Madrid como el culpable de los recortes evitando sus responsabilidades. Militantes de IU aparecen en las asambleas públicas con el mismo discurso y la presión de IU sobre CCOO y los vasos comunicantes que existen entre ambas organizaciones, meten mucha presión al sindicato, no sin resistencias de direcciones provinciales, para moderar los discursos y señalar otros blancos. Habrá que ver también incluso el impacto que tendrán los recortes en el empleo y las condiciones de trabajo en todos los servicios externalizados que tenía la Junta de Andalucía con el viejo gobierno del PSOE y sobre los que IU no ha dicho nada. Visto lo visto puede ser terrible.

Construir desde ya una oposición de izquierdas al gobierno Griñán-Valderas

IU sigue empeñada en atizar a lo que existe a su izquierda, llamando desleal a quien se opone a este gobierno de continuismo socialiberal. Pero la desmoralización que puede traer un gobierno de este tipo en sectores amplios que han confiado en IU puede suponer tiempos muy duros para la izquierda en Andalucía. Añadir que la despolitización enorme que hizo mella en las respuestas necesarias al principio de la crisis puede acrecentarse con este fenómeno de escepticismo e incredulidad. Por ello es necesario armar una respuesta de izquierda desde el principio, que sea capaz de mantener la llama de la movilización social, pero que al mismo tiempo sea capaz de dar una salida política, de conjunto y de clase, a dicha respuesta social por la izquierda. Es una tarea titánica para la débil acumulación de fuerzas de la izquierda anticapitalista en general. Y para ello habrá que dirigirse directamente a la base social de IU y también del PSOE, con un proyecto político independiente.

Será difícil relacionarse con sectores críticos que estén IU pues en este momento lo más importante es ubicarse no tanto en las disputas internas de IU sino en la claridad política que las batallas que están por venir requieren. Toda ambigüedad en el discurso y en la práctica van a jugar en contra de los combates presentes y venideros.


Jesús Rodríguez es militante de Izquierda Anticapitalista-Andalucía








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