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Grecia
La izquierda griega parece totalmente desarmada ante el peligro neonazi
04/05/2012 | Yorgos Mitralias

Desprovista de tradiciones y de prácticas antifascistas, la izquierda griega, prácticamente en todas sus tendencias, asiste impotente y desamparada a la repetición en su país del drama de la República de Weimar, no como una farsa sino muy probablemente como una tragedia anunciadora de grandes desgracias europeas. Los hechos recientes dan fe de ello: tras haber depositado, durante estos últimos meses, sus esperanzas en la izquierda que se sitúa a la izquierda de la socialdemocracia neoliberal (PASOK), la pequeña burguesía griega arruinada y desesperada se ha separado de ella y está ahora buscando en el otro extremo del tablero político las soluciones radicales a sus problemas históricos y sus calamidades.

En efecto, ha bastado que las formaciones de izquierda más o menos radical (KKE, Syriza, Antarsya, Izquierda Democrática…) se muestren incapaces de explotar su monopolio de hecho de la oposición al gobierno llamado de Unión Nacional del banquero Lucas Papadimos, para que sectores enteros de la sociedad griega le den, en algunas semanas, la espalda y se orienten hacia formaciones que se sitúan en las antípodas de la izquierda radical, en la extrema derecha ¡incluso la neonazi! Es así como esos partidos y coaliciones a la izquierda del PASOK, ven no solo reducirse más que drásticamente el 50%-54% de las preferencias que recogían todas juntas durante este invierno, sino también que esta reducción se haga en parte en beneficio de una extrema derecha violenta, racista y progromista, que quiere romper con todo lo que es rojo o incluso rosa. Y todo esto en algunas semanas, ¡prácticamente de un día para otro!

En realidad, todo lo que ocurre desde hace meses en Grecia ilustra de una forma sobrecogedora el enorme peso de la pequeña y mediana burguesía en la sociedad griega y la influencia determinante que está llamada a ejercer sobre los acontecimientos por venir. Pero atención, no se trata ya solo de eso. La gran pauperización de esta “sociedad de tenderos” a la que ha conducido la aplicación de planes de austeridad sucesivos, radicaliza al extremo a esta pequeña y mediana burguesía griega ya en harapos, la lleva lejos de sus representantes políticos tradicionales, la transforma en auditorio benevolente de todos los que profesan soluciones radicales a su decadencia social. En suma, desenraizada y desesperada, arruinada y acorralada, esta pequeña burguesía griega encolerizada está ya disponible para apoyar activamente todo proyecto político que le parecería ofrecer soluciones radicales a su problema existencial. Y por ello sigue cada vez más regularmente un movimiento de péndulo, volviéndose de un extremo político al otro en lapsos de tiempo cada vez más cortos…

Todo esto puede parecer evidente e incluso “elemental” pero no en Grecia, pues es, desgraciadamente, un hecho que las clases medias griegas han estado siempre y siguen totalmente ausentes como tales de los análisis, de los proyectos y de las prácticas del conjunto de las formaciones políticas de izquierda de este país! Sin embargo, esta tara que podría pasar casi desapercibida en “tiempo normal”, se vuelve en un momento de la verdad como es el actual momento histórico, un hándicap colosal que puede conducir a un desastre no solo al movimiento obrero sino también a generaciones enteras de asalariados y ciudadanos griegos.

Las consecuencias de esta “especificidad” de la izquierda griega son ya visibles y dramáticas. Haciendo coincidir el pantano pequeñoburgués griego con el “pueblo” mítico y cajón de sastre de sus orígenes (estalinistas) ideológicos, que está –necesariamente- siempre del buen lado, la izquierda griega se descubre ahora totalmente desprovista de medios de comprensión de lo que está ocurriendo en la base de la sociedad griega. Es así como se equivoca profundamente, desde hace algunos meses, al identificar como necesariamente de “izquierdas” las manifestaciones de la cólera pequeñoburguesa cuyo color político no es absolutamente dado por adelantado puesto que es –por excelencia- el más crítico de los retos del enfrentamiento entre el capital y el mundo del trabajo.

Los resultados de esta “incomprensión” preparan ya el camino de esta inversión de tendencia (a costa de la izquierda y en beneficio de la extrema derecha) mencionada al comienzo de este texto. Confundiendo por ejemplo toda crítica virulenta (o incluso violenta) del parlamentarismo burgués con una oposición radical de izquierdas al régimen burgués, la izquierda griega ha abdicado por adelantado de su deber histórico de luchar día tras día por ganar a su proyecto político a esas capas pequeñoburguesas, a las que gusta prometer la horca a los 300 “traidores” del Parlamento griego. Y es así como no ha reconocido ni visto venir competidores políticamente diametralmente opuestos a ella que, por su parte, luchan muy consciente y metódicamente por ganar a su causa a esa pequeña burguesía desesperada…

Esta situación ya muy inquietante se vuelve sin embargo más que alarmante desde el momento en que la fuerza que asciende rápidamente entre esos “competidores políticamente diametralmente opuestos” es un exgrupúsculo ultraviolento de criminales neonazis, llamado “Alba Dorada” (Chryssi Avghi). Hay que confesar que salvo raras excepciones heroicas en el interior de Syriza y de Antarsya, la izquierda griega parece totalmente desarmada ante este peligro neonazi que constituye una novedad absoluta en la historia de la Grecia moderna. En efecto, tanto en el subconsciente colectivo como en la tradición de la izquierda griega, el “fascista” no tiene nada que ver con el miembro del Alba Dorada. Es más bien el eterno “chivato de barrio” legado a la historia del país por tantas dictaduras militares y regimenes policiales de vencedores de guerras civiles.

Sin embargo, el madero o el soplón que no es en último análisis más que un funcionario del Estado, no puede en forma alguna ser asimilado ni a un fascista ni a un neonazi. Y con mayor razón a un movimiento y un partido neonazi. Entonces, habituada como está a llamar “fascistas” a quienes no eran más que simples servidores subalternos de los regímenes fuertes, la izquierda griega parece ahora totalmente impreparada y sin defensas ante un movimiento político neonazi que pretende tener los mismos enemigos que ella (los planes de austeridad, los gobiernos de los partidos neoliberales, la Troika, los burócratas de Bruselas…) y que además les atribuye a menudo los mismos nombres (plutocracia, imperialismo, capitalismo cosmopolita, traidores a la patria…). El resultado de esta “impreparación” es ya trágico. Esta izquierda griega parece incapaz no solo de contrarrestar sino ni siquiera de explicar el ascenso espectacular del Alba Dorada (en 3-4 meses, ha pasado del 1% al 6,5% de las preferencias de los griegos) y todo deja, desgraciadamente, presagiar su desarrollo aún más espectacular en los meses que vienen.

Pero, aún más alarmante que el auge electoral es ya el desarrollo organizativo y sobre todo la extensión de la influencia social y política de los neonazis griegos. Vemos aquí pues un acontecimiento reciente que dice mucho sobre esta “impreparación” de la izquierda griega y que ilustra perfectamente el dramatismo de la situación. Queriendo responder a la agitación que había provocado la buena acogida reservada a una fuerte delegación del Alba Dorada por los obreros huelguistas de las acererías que llevan a cabo una lucha ejemplar desde hace pronto ya 5 meses bajo la dirección exclusiva de los sindicalistas del KKE, la ejecutiva de ese partido ha sacado una declaración fustigando a ¡“los seudorevolucionarios del Alba Dorada y de Syriza”!

Como era de esperar, esta declaración ha provocado un montón de protestas pues, según la vieja costumbre del KKE, ponía en el mismo saco a los neonazis y los militantes de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza). Pero, una vez más ha pasado prácticamente desapercibido el hecho de que para la dirección del PC griego, los neonazis no son finalmente más que “seudorrevolucionarios”! Es decir, casi inofensivos y no una banda armada y violenta que sirve los intereses a largo plazo del capital y que tiene por objetivo principal atomizar la clase obrera destruyendo para mucho tiempo sus organizaciones sindicales así como los partidos políticos de izquierdas.

Un desconocimiento así de la naturaleza de las organizaciones fascistas por parte de la izquierda griega es seguramente anunciador de grandes desgracias en el futuro. Y lo peor es que esas desgracias no se limitarán al nivel electoral. En efecto, tras haber hecho de los inmigrantes el blanco prioritario de sus criminales expediciones militares, y animados por la impunidad escandalosa de la que gozan, los neonazis griegos extienden ya su “campo de acción” a todo lo que se mueve en la izquierda e incluso más allá (incluyendo el PASOK), sin hacer distinción entre radicales y reformistas. Su proyecto está claro: plantearse como alternativa extremista al “sistema” y aterrorizar a las multitudes usando una violencia inaudita. Y todo eso sin jamás ocultar sus referencias hitlerianas. Incluso si es provisional, el balance de su estrategia es evidente: ¡Eso funciona! Atraen gente y tienen el viento en popa…

El por qué de ese éxito de pesadilla no es debido solo a la crisis y a la falta de tradiciones y de cultura antifascistas en la sociedad y la izquierda griega. Ese éxito es también explicable por el hecho de que la extrema derecha griega se aprovecha de las tradiciones racistas, chovinistas, oscurantistas y reaccionarias cultivadas y cuidadosamente mantenidas desde hace decenios por la ideología y sobre todo la práctica “oficial”, la del estado griego y sus partidos dominantes. No es solo que el Estado griego es el único en Europa (y más allá) en no haberse aún separado de la iglesia (ultraconservadora). Es también que los SS griegos del tiempo de la ocupación nazi siguen siendo reconocidos como … resistentes y cobran regularmente su pensión por los servicios prestados a la patria reconocida. Es que los cuadros de los partidos en el gobierno se permiten declarar públicamente que se debería hacer de los inmigrantes de piel oscura “champú” (alusión modernizada a los “judíos transformados en jabón” en Auschwitz) y que personalidades de un partido de izquierda propongan, sin provocar reacciones, resolver la cuestión de la inmigración, ¡colocando a los inmigrantes sin alimentos en “rocas del mar Egeo”! Si se añade a todo esto que, queriendo contrarrestar la influencia en aumento de la extrema derecha racista, los gobernantes juegan cada vez más a aprendices de brujo, lanzando cotidianamente verdaderos pogromos contra los inmigrantes y hablando de ellos en la TV como si fueran menos que bestias salvajes a exterminar, se puede comprender tanto la banalización en curso de los neonazis como su éxito entre multitudes desorientadas y arruinadas a la búsqueda de alternativas radicales y sobre todo vengativas.

Entonces, ¿se debe concluir que Grecia está condenada por adelantado a convertirse en presa fácil de la extrema derecha y a sufrir la “normalización” de su sociedad aún rebelde a los dictados de la Troika? La respuesta es NO. Nada, absolutamente nada está decidido de antemano, todo sigue siendo aún posible y ningún fatalismo está permitido. Pero, con dos condiciones fundamentales: que la izquierda griega a) supere rápidamente su fragmentación y su sectarismo visceral y aprenda con urgencia a unir sus fuerzas ante el enemigo de clase común y b) forme un frente único de lucha antifascista antes de que sea demasiado tarde.

Sin embargo, el tiempo apremia desesperadamente, la sociedad griega –y la clase obrera- se desagrega rápidamente y es tremendamente falso pensar que la profundización de la crisis conducirá fatalmente al hundimiento del régimen y quizás del sistema mismo. Por otra parte, ¡si la actual situación claramente prerrevolucionaria no se transforme en situación revolucionaria (por la actividad de la izquierda radical) entonces es casi fatal que gire hacia la contrarrevolución, que se vuelva contrarrevolucionaria! Y los signos de estas últimas semanas son inquietantes: los dos grandes partidos gubernamentales y neoliberales ve su caída libre detenida y recuperan confianza, mientras que en la derecha aparecen nuevas formaciones políticas que disputan a los partidos de izquierda el monopolio de la oposición a las medidas de austeridad. Es cierto que, por el momento, no se está más que al comienzo de esta inversión de tendencia y que la izquierda griega dispone aún de un cierto capital de confianza popular. Sin embargo, atención: se asiste ya en Grecia a una aceleración excepcional del curso de la historia y los cambios radicales de situación se hacen ya en el espacio de algunas semanas. Quienes no comprenden esta característica fundamental de los períodos “anormales” de la historia, como el que se atraviesa actualmente en Grecia, están condenados no solo a no comprender lo que ocurre en las profundidades de la sociedad sino también a ser cogidos desprevenidos de forma permanente por los acontecimientos sociales y políticos “imprevistos”. En suma, a ser derrotados antes incluso de librar la batalla.

Nos encontramos pues ante otra gran debilidad de la izquierda griega: para ella, el tiempo político y social permanece siempre igual, inmutable e inmóvil, es un tiempo plano en el que toda aceleración de la historia es inconcebible e excluido por adelantado. Es entonces como cuando el momento histórico actual no difiere de cualquier otro, la dirección del KKE (como por otra parte la muy reformista de la Izquierda Democrática) presenta como única solución a la crisis: el refuerzo gradual de ese partido, dando muestras así de ignorar que todo (incluso la suerte del propio KKE) se juega no en un futuro indefinido sino hoy, en los meses que vienen. Igualmente, la coalición de extrema izquierda Antarsya, aunque menos ciega y sectaria que el KKE, no ve como podría aliarse ahora a otras formaciones de izquierdas pues por el momento es demasiado débil para hacer poder influir por ejemplo a Syriza. Aconseja por tanto… paciencia, fingiendo ignorar que la historia no es paciente y nos promete un futuro desastroso si se deja para mañana lo que se debe hace hoy. En fin, la coalición de la Izquierda Radical (Syriza), aunque la más unitaria de todas, se contenta con sus sucesivas proposiciones de alianzas electorales, más que en emplazar a las demás formaciones de izquierda para que trabajen concretamente por la creación de un frente único de izquierdas que reagrupe, organice y coordine, con vistas a hacerlas eficaces, a las amplias y diversas resistencias existentes en la base de la sociedad griega, cuya necesidad es enorme hoy y no mañana….

El hecho es pues que remitir al mañana las decisiones y las opciones que la urgencia social y política nos impone tomar y hacer hoy es dar pruebas de una irresponsabilidad criminal hacia la izquierda griega e internacional, los trabajadores griegos y europeos. Pues es ahora y no “más tarde”, en los combates de hoy y no de un mañana que puede ser que no exista ya, cuando va a jugarse la suerte no solo de nosotros mismos sino de las generaciones futuras. No solo de tal o cual conquista de los asalariados sino de la existencia misma de las organizaciones del mundo del trabajo en su conjunto, de la existencia de la clase obrera en tanto que tal. No comprender todo esto, lo que verdaderamente está en juego en el enfrentamiento en curso es entonces no tener una idea clara, no comprender la profundidad y la intensidad excepcional, las dimensiones verdaderamente históricas de la actual ofensiva del capital contra los trabajadores y las trabajadoras, contra la inmensa mayoría de “los de abajo” de nuestras sociedades. En suma, no comprender que es perfectamente concebible y realista la perspectiva de un mañana que vería nuestra suerte ya sellada, de un mañana que no nos dejaría ya ninguna oportunidad de combatir por los decenios que vienen…

Nuestra conclusión es por tanto categórica: para estar a la altura de las exigencias históricas de la guerra lanzada por la burguesía griega e internacional contra ella y el mundo del trabajo, la izquierda griega debe alejarse de su rutina y de sus costumbres, de su modo tradicional de hacer política, de pensar y de actuar. En consecuencia, debe primero tomar conciencia de que el enfrentamiento actual no es una simple repetición de los precedentes, sino algo nuevo cualitativamente diferente, que está aquí para quedarse, que tendrá una gran duración, y sobre todo que es un combate global que se extiende sobre toda la esfera de las actividades humanas. Si toma conciencia de todo esto, de esta realidad absolutamente nueva, entonces sabrá hacer su combate no solo unitario y radical al máximo sino también enraizado en las profundidades de la sociedad en un movimiento organizado de largo aliento y alrededor de un proyecto alternativo para una Europa de los pueblos y de los trabajadores que sigue por inventar.

Pero atención: Camaradas, el tiempo apremia y lo que es aún posible hoy, no lo será probablemente mañana….

Atenas, 03/05/2012
http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article25077

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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