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Nota sobre el 25-M
Misterios de Andalucía
26/03/2012 | Miguel Romero


1. La mejor noticia del 25-M en Andalucía es lo que no ha sucedido. La anunciada victoria del PP por mayoría absoluta habría sido interpretada como una ratificación de la política del gobierno Rajoy, un aval para las sucesivas “reformas” que irán asociadas a los presupuestos que se presentan el día 30. Un gobierno de Javier Arenas habría arrasado con los precarios mecanismos de sobrevivencia con los que tiene que buscarse la vida la mayoría de la población andaluza, incluyendo una parte de votantes del PP que parecen haber visto a tiempo las orejas al lobo; por otra parte, la debilísima red de servicios públicos que ha aguantado a la corrupción y la incompetencia de las tres décadas “socialistas” se habría desmoronado ante el “cambio” del PP. Conocemos bien las consecuencias de la ortodoxia de la Troika en los países más pobres de Europa, como Grecia o Portugal: ese sería el horizonte de Andalucía bajo un gobierno de Arenas.

Así que en la noche del domingo tuvo su gracia el patético espectáculo de la plana mayor del PP andaluz, enmarcado por la sonrisa-máscara de la ministra de Trabajo y la cara de rabia mal contenida del ministro de Hacienda, intentando aparecer como portadores de una “victoria histórica” ante una reducida audiencia, equipada con tres bandera viudas del PP y una “constitucional”, en la que algunos sonaos gritaban de vez en cuando: “¡Presidente, presidente!”. Precisamente, no ser “presidente” es una derrota política no sólo para el candidato, sino para su partido y para el gobierno español. Cosa bien distinta es que esta derrota marque una tendencia. Eso no se juega en elecciones. Sabremos mucho más sobre las tendencias políticas de fondo después del 29-M.

2. La peor noticia es que en las condiciones de bipartidismo imperante, la derrota del PP significa una victoria para el PSOE en Andalucía, con algún efecto estatal, que más allá de las declaraciones eufóricas de Rubalcaba y Valenciano, no está nada claro.
La verdad es que daba un poco de vergüenza ir viendo los avances de resultados electorales y alegrarse de que el PSOE no retrocediera demasiado. El reinado “socialista” ininterrumpido ha creado un aparato político que trata a la administración pública como un cortijo: el expolio de los EREs es el último episodio de una historia que tiene antecedentes de similar perfil delincuente, como el “caso Guerra” a finales de los años 80, o las operaciones apenas desveladas en torno a la Exposición Universal de 1992, en este caso acompañadas de una incompetencia y un despilfarro clamoroso, cuyo mejor símbolo es el “cementerio” de costosísimas instalaciones muertas en la Isla de la Cartuja.

¿Alguien cree seriamente que algún tipo de pacto entre Griñán y Rubalcaba puede regenerar esta situación? Aquí, como en Europa, se ha establecido un social-liberalismo de segunda mano, que más allá de la palabrería “contra los ricos” y de promesas inciertas de reformas fiscales de alcance muy limitado, sigue siendo parte, y parte necesaria, del consenso de las “reformas” instaurado en la Unión Europea. No es éste el lugar para desarrollar este tema como merece, pero hay que recordar hechos significativos, como el viaje a la City londinense de François Hollande, estandarte del anunciado “renacimiento socialdemócrata”, para dar garantías a los “mercados” sobre cuál sería su política económica real si llega a la presidencia de la República francesa; también que uno de los puntos de consenso reconocidos por Rajoy y Rubalcaba sea la política de la UE sobre Grecia.

3. ¿Cuáles pueden ser las razones de la sorpresa andaluza? ¿El ambiente creado por la convocatoria de HG? Me parece una idea muy aventurada. Alguna relación puede haber tenido y, lo que es más importante, es probable que el resultado del 25-M dé un impulso al 29-M en Andalucía. Pero la precampaña de CC OO y UGT ha sido tan débil y tardía, que es muy dudoso que haya influido significativamente en la votación.

Creo que es más consistente explicar los resultados del PP y el PSOE como consecuencias simétricas de una reacción de temor ante las consecuencias sociales de una versión andaluza de la política del gobierno Rajoy. Por eso, una parte considerable de votantes potenciales del PP antes de las “reformas” se han quedado en casa, y una parte de los votantes del PSOE que iban a quedarse, se han decidido a salir a votar; sólo una parte, por cierto, porque con tanta celebración y tanta autoafirmación sobre la “fortaleza” del PSOE, se esconde bajo la alfombra la pérdida de 9 diputados, cerca de 800.000 votos y 9 puntos porcentuales respecto a las autonómica del 2008. Y sobre todo, los fastos post-electorales no toman en consideración un dato electoral fundamental: un abstención superior al 37%, diez puntos más que el año 2008, que no es un asunto circunstancial sino la expresión de una desconfianza creciente hacia la utilidad de los medios institucionales del sistema, particularmente las elecciones, para afrontar los problemas de la sociedad.

4. IU ha obtenido un buen resultado (12 diputados, 437.445 votos, 11,34%), el mejor relativamente entre los tres partidos que estarán en el Parlamento y el que va a permitir a Griñán formar gobierno. Es un éxito para la organización, más allá de que el resultado esté lejos de su máximo histórico en Andalucía (19,14% en 1994) y sólo haya recogido seis de los nueve diputados perdidos por el PSOE.
¿Cómo gestionará IU este éxito? Éste es uno de los misterios que deja el 25-M, el más interesante para la “izquierda alternativa”.

En este sentido, el tema que va a ocupar la atención mediática las próximas semanas, salvo que el 29-M, ojalá, cambie el guión, es la formación o no de una coalición de gobierno PSOE-IU. No cabe duda que ésta es una prioridad para Griñán (por cierto, ¡qué indecente esa imagen puño en alto en la portada del lunes 26 de El País!), que desde su discurso en la noche electoral ha proclamado como objetivo la “estabilidad”, lo que debe entenderse como formar gobierno con IU. Se comprende fácilmente la preocupación de Griñán: con un partido en el que estallarán navajazos en cuanto se empiece a hablar de sillones y un margen de maniobra político estrechísimo por la catastrófica situación social andaluza y el cerco al que le someterá el gobierno central, necesita desactivar la oposición de IU y para ello nada mejor que compartir la complicidad en una política que se desviará muy poco de las orientaciones que ha seguido en los últimos años. Así que probablemente las ofertas institucionales a IU serán importantes.

¿Las terminará aceptando IU o se limitará a "prestar" a Griñán los necesarios para la investidura? La experiencia demuestra que en los pronósticos sobre la política en Andalucía se equivoca hasta el más pintado. Consciente ese riesgo, me parece muy improbable que en el período inmediato, IU cometa el error tan visible y tan descomunal de participar en un gobierno que no realizaría ni las medidas más modestas de su programa electoral y del que sería corresponsable.

Dicho esto, IU de Andalucía, y el PCA que es su columna vertebral, tiene una larga tradición en la que los intereses del aparato se han impuesto siempre a cualquier otro, y por procedimientos despóticos cuando ha sido necesario. Estos intereses incluyen, en lugar muy destacado, formar parte de gobiernos siempre que es posible. Cuando no existe un referente sociopolítico no institucional, cuya fuerza esté en la organización y movilización social, la experiencia demuestra que se paga un precio relativamente bajo por la participación subalterna en gobiernos de orientación socioliberal. Así que la tentación de “tocar poder” en Andalucía será muy fuerte, aún a costa de renuncias programáticas sustanciales. No cabe duda que en IU de Andalucía hay militantes que no están dispuestos a hundirse en este pantano; su influencia está por ver.

Lo que sí parece cierto es que el éxito electoral tenderá a la autoafirmación de la organización y de su dirección y hará muy difícil una reflexión autocrítica imprescindible si IU quiere llegar a ser algo más que un aliado circunstancial del PSOE en las instituciones.

Y lo único seguro es que la resistencia a la política del gobierno Rajoy no estaba en juego el 25-M. Se juega el 29-M.

Miguel Romero es editor de VIENTO SUR



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