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Túnez
La dinámica del voto islamista
28/10/2011 | Pierre Puchot (enviado especial de Médiapart en Túnez)

Después de la histórica votación del pasado domingo, los tunecinos tienen ahora la mirada puesta en la ISIE, la Instancia Superior Independiente de las Elecciones, que el martes por la tarde anunció los resultados, aunque todavía parciales. La participación se cifra en el 70 % por lo menos. El partido Ennahda, calificado por los observadores de “islamista moderado” (y que nosotros preferimos definir como partido musulmán conservador), es de lejos el más votado. Le siguen dos formaciones de izquierda: el Congreso por la República (CPR), el partido nacionalista de izquierdas de Monsef Marzuki, y el partido socialdemócrata Ettakatol, de Mustafá Ben Yaafar.

De acuerdo con los resultados parciales anunciados el martes, Ennahda ha sido el partido más votado en nueve de las 27 circunscripciones del país, en particular en la metrópolis económica de Sfax (Centro-Este). En el conjunto de estas nueve circunscripciones, a Ennahda le sigue el Congreso por la República, y el partido Ettakatol consigue en ellas cuatro escaños, al igual que el Partido Democrático Progresista (PDP, de centro). La Alternativa Revolucionaria, apoyada por el PCOT (comunistas), y Afek Tunes (liberal) obtienen un escaño cada uno. Sin esperar los resultados definitivos, ya han comenzado las discusiones sobre la formación de una coalición. Según Nuredin Biri, dirigente de Ennahda, las negociaciones “ya están en marcha y tienen por objeto la formación de un gobierno de amplia unidad, donde nadie estará excluido, salvo los que no deseen participar”.

Se han señalado numerosas irregularidades. Según nuestras informaciones, obtenidas de la red de observadores tunecinos Murakibun (4.000 voluntarios), aparte de algunos casos de compra de votos se mencionan irregularidades debidas a la falta de experiencia y de formación de los miembros de la ISIE y del personal de los colegios electorales. Murakibun, que solamente cubría una cuarta parte de los centros de votación, considera a fin de cuentas que las infracciones no falsearán significativamente el resultado. La ISIE ha aplazado la proclamación oficial de los resultados hasta el 9 de noviembre. Todo el mundo se pregunta por los votos obtenidos por el candidato Hachemi el Hamdi, quien hizo campaña desde Londres, y todo indica que ha conseguido 20 escaños. La ISIE había manifestado reservas por el hecho de que Hachemi el Hamdi utilizara su propia cadena de televisión para hacer campaña, pero sin llegar a descalificar la lista del candidato.

Sin embargo, lo que más intriga en estos momentos es la composición de la futura coalición que se formará en la Asamblea Constituyente. Nadie pone en duda la victoria del partido Ennahda. Los nahdauis han hecho una demostración de fuerza con su presencia en el conjunto del territorio, casi siempre con un observador en cada uno de los colegios electorales, mientras que los otros “grandes” partidos –el PDP, Ettakatol, el Polo Democrático Modernista (PDM) y el conjunto de organizaciones agrupadas en torno al partido de oposición durante el régimen de Ben Alí, Etaydid, excomunista–tuvieron dificultad para enviar a un observador a cada centro. Este fue el caso en particular en Ariana, la circunscripción del área metropolitana de Túnez. Esta fuerte presencia refleja su arraigo militante. Sin embargo, la victoria de Ennahda no solo se explica por su campaña y ni siquiera por los numerosos tunecinos que el partido de Rashid Ganuchi a logrado organizar en torno a su programa o de sus ideas.


“Acoso mediático y sectario”


A sus 43 años, Samia Tuati reside en Túnez desde 1985. Cercana entonces al movimiento juvenil del Partido Comunista Obrero Tunecino (PCOT), pensaba votar en blanco en estas elecciones a la Asamblea Constituyente. Divorciada, profesora de inglés en una escuela francesa a la que van sus dos hijos, decidió apoyar a Ennahda cuando se percató del “acoso mediático y sectario” que se desencadenó contra este partido.


“Los partidos políticos como el PDM o el PDP (Partido Democrático Progresista de Ahmed Neyib, uno de los favoritos de los sondeos que al final no ha obtenido más que un puñado de escaños) han hecho una campaña sistemática contra Ennahda –afirma–, autoproclamándose progresistas cuando no representan a nadie más que a ellos mismos, es decir, a una burguesía acomodada muy alejada del corazón del país y de la revolución.”
Si Samia y tantos otros tunecinos metieron una papeleta de Ennahda en la urna, fue porque quisieron protestar contra el espíritu de una campaña electoral que a menudo no pretendía otra cosa que excluir al partido Ennhada y, de este modo, marginar a una parte importante del pueblo tunecino. En el transcurso de todos estos meses, varios miembros del PDM y del PDP expresaron públicamente su deseo de que el partido “islamista” fuera excluido del escrutinio.

La dinámica de campaña de los últimos días también ha repercutido plenamente, al igual que las condiciones en que los tunecinos han acudido masivamente a votar. Fuera de la capital, la escasez de efectivos de la ISIE impidió sensibilizar a la población para que participara en la elección y desmentir efectivamente los numerosos rumores, como el que afirmaba que se podía saber por qué partido había votado cada ciudadano a través de su número de documento de identidad.

En los mercados, muchos electores interrogados la última semana declaraban que votarían simplemente “por el camino recto”, léase el camino de Dios, o sea, Ennahda. “En muchos casos, los tunecinos han votado por Ennahda porque no conocían otra cosa y porque se han desorientado ante las decenas de listas propuestas,” considera Muna Ben Halima, animadora de la iniciativa Bus Ciudadano, que ha recorrido el país durante cinco semanas para sensibilizar a la población por la importancia del voto. “Los partidos políticos no han hecho ningún verdadero trabajo eficaz sobre el terreno, no se les ha visto.”


“Dinero negro, relaciones sospechosas con potencias extranjeras, discursos que no dicen nada, ceguera criminal frente a las oleadas represivas del poder policial, reclutamiento dudoso de antiguos miembros del partido del régimen…”
En su análisis del martes después de las elecciones, la web tunecina Nawaat, que se sitúa muy lejos de Ennahda, enumera todas las pegas de los partidos supuestamente “progresistas”, como el PDP, y que acabaron asqueando a los electores. El episodio de Nessma TV también tuvo una gran influencia: dos semanas antes de la votación, cincuenta salafistas se manifestaron delante de Nessma TV, cadena privada cuyo presidente simpatizaba con el antiguo régimen. Protestaban por la emisión de la película Persépolis –donde aparece Dios como personaje, cosa que está prohibida por el islam suní– traducida al árabe dialectal tunecino. Fue una manifestación de la que se hizo eco toda la prensa, que informó de que los manifestantes pretendieron quemar la sede de Nessma TV lanzando bombas incendiarias (cosa que no es verdad)… La fuerte polémica que siguió dejó en segundo plano todos los demás temas y, paradójicamente, hizo pensar a muchos tunecinos que el islam estaba realmente en peligro.

La asimilación de Ennahda a los salafistas es de hecho un sinsentido.
• Partido conservador, Ennahda nunca ha reivindicado la sharía. Su programa no la menciona y además se compromete a defender tanto los “derechos de la mujer” como “los de la familia”.
• A imagen de otras organizaciones de influencia islámica, como el AKP turco, su programa económico se ajusta al liberalismo más puro y propugna el crecimiento económico y la reducción de impuestos a las empresas para reabsorber el paro.
• Los dirigentes de Ennahda no practican un doble discurso, como afirman constantemente sus detractores, sino que más bien mantienen multitud de discursos y argumentos, a veces contradictorios, que reflejan todas las tendencias de un partido que no es uniforme. La cabeza de lista de Túnez 1 de Ennahda es una abogada que no lleva velo. Hemadi Yebali, secretario general del partido, ya nos confió en enero, tras el triunfo de la revolución, que estaba “totalmente a favor de la separación de Iglesia y Estado”.
• La base del partido no está tan clara, pero Ennahda siempre se ha comprometido, por boca de sus dirigentes, a respetar el juego democrático y a buscar el consenso con las demás tendencias de la Asamblea Constituyente, inclusive en el marco de un gobierno de unión nacional.

Para la bloguera Emna Ben Yemaa, cercana al Polo Democrático Modernista, los islamistas no son una amenaza “para hoy, sino para dentro de diez años, cuando ya no queden personas como Yebali, sino auténticos radicales, que están llevando a cabo un verdadero trabajo de captación” sobre el terreno.


Ettakatol y CPR, dos estrategias contrapuestas, pero eficaces


De hecho, los otros dos partidos políticos más votados (el CPR y Ettakatol) son los que rechazaron lo que podría haber parecido una unión sagrada contra Ennahda, que el PDP y el PDM intentaron crear. Ettakatol incluso se ha acercado en ocasiones a Ennahda con vistas a establecer una alianza después del periodo constituyente. Ettakatol ha construido por tanto su éxito electoral creándose una imagen de partido centrista, situado en el cruce de caminos de la vida política tunecina.

La estrategia del Congreso por la República, de Monsef Marzuki, exiliado en Francia, ha sido muy distinta desde la caída de Ben Alí. Después de declararse muy pronto, al igual de Ahmed Neyib Chebi del PDP, candidato a la presidencia de la República, Marzuki tuvo una acogida más bien templada al volver del exilio. Fue sin duda este hecho el que le obligó a abrirse a todos los componentes de la sociedad tunecina, incluido Ennahda, con el que de hecho no comparte ni las orientaciones económicas ni la religiosidad. Si Marzuki sorprendió a los observadores (al parecer ha obtenido el 15 % de los votos), es, entre otras cosas, porque fue la única figura del tablero político tunecino que apoyó desde muy temprano a los manifestantes de “Casba 3”, que lucharon en la primavera por el cese del primer ministro Beyi Caid Esebi, un personaje sumamente impopular; denunció la detención del comisario Samir Feriani –encarcelado por haber protestado contra la promoción de agentes implicados en la represión en el Ministerio del Interior– y denunció la falta de justicia en un momento en que la inmensa mayoría de la administración de Ben Alí seguía en sus puestos.

El CPR también hizo campaña contra la “deuda odiosa”, denunciando que el gobierno siguiera negociando con el G-8 y pagando a toca teja los plazos de la deuda. Con ello, el CPR atrajo a sus filas a Fati Chamji, histórico militante de la rama tunecina de ATTAC. Monsef Marzuki supo finalmente remediar su falta de carisma retirándose un poco a un segundo plano y después mofándose de sí mismo, como cuando hizo imprimir un gran número de carteles y pegatinas en donde no figuraba más que un par de gafas, que así se convirtieron en el símbolo del CPR conocido en todo Túnez. El CPR agrupa además a muchos blogueros, como Olfa Riahi, quien predijo un resultado de más del 10 % para el partido de Marzuki en el último mes antes de las elecciones, y a numerosos jóvenes tunecinos que participaron activamente en la revolución.

“El último mitin de campaña fue magnífico”, recuerda Olfa Riahi. “Este partido ha conseguido reunir a todos los componentes de la sociedad tunecina”. Varios simpatizantes de Ennahda, muy activos en Facebook, como “Refuse/Resist”, incluso han votado por este partido, considerado “un verdadero partido revolucionario”. “Lo que me habría gustado para esta Constituyente es que Ennahda, el CPR y el PCOT estuvieran presentes masivamente”, explica Samia Tuati. “Porque son los partidos de la revolución, los que agrupan al mayor número de revolucionarios y de tunecinos que sufrieron bajo el régimen de Ben Alí. El PCOT no lo ha logrado, y es una lástima. Quedan los otros dos. Hoy, el pueblo tunecino y los revolucionarios se sienten representados. Esto es lo que importa.”


“Yo no habría votado a Ennahda si este partido no hubiera sido hasta tal punto objeto de críticas y calumnias constantes”,
cuenta a su vez Náser, estudiante de la universidad de Manuba. “Pero quería que la Constituyente reuniera a lo que es el Túnez de hoy. Lo cierto es que una gran parte de la población es conservadora. No somos un país laico como Francia, no sirve de nada ocultarlo. Es preciso que esta parte del pueblo para la que el islam es importante, porque es lo único que tienen, pueda estar representada democráticamente. Después podremos discutir tranquilamente de todo, del artículo 1, de la inclusión o no de una referencia al islam en la Constitución.”

En el CPR, varios militantes formulan la ecuación del modo siguiente: el voto a la Constituyente tunecina es un voto de clase, entre una burguesía de la capital que se calló con Ben Alí y sigue aferrada a la defensa de la laicidad, y un pueblo que sufrió mucho bajo el antiguo régimen y que por fin puede manifestar su cultura, su religiosidad y su rechazo de esta élite tunecina.


Un nuevo gobierno


¿Y ahora? Los partidos han entablado negociaciones con vistas a formar un gobierno de unión nacional. Parece que cuaja la alianza de Ennahda, el CPR y Ettakatol, aunque nadie sabe todavía cuáles son los términos precisos del acuerdo. Desde Canadá, Husein Ben Amer, “miembro del Congreso por la República” y “totalmente contrario a las ideas transmitidas por Ennahda”, explica en su blog por qué “no tiene miedo de Ennahda”. Porque este partido no dispondrá de la mayoría absoluta, sino que se acercará más, según las estimaciones, al 40 %, dice. Porque “lo que nos espera es tan complejo que Ennahda no tiene ningún interés en afrontarlo solo”. Según varios analistas tunecinos, Ennahda aspira a ocupar el puesto de primer ministro, mientras que el del presidente de la República y el de la Asamblea Constituyente recaerían en el CPR y Ettakatol.

Muchos tunecinos desearían que los cargos ministeriales considerados «sensibles» estuvieran ocupados por «tecnócratas» neutrales. Hoy, el principal temor de tunecinos como Adel, de 29 años, votante del PDM, no es que Ennahda aplique la sharía, cosa que nunca ha preconizado, sino que se haga cargo del ministerio de Educación y de Asuntos Sociales, “lo que no sería de recibo, pues no se puede tolerar que la educación de nuestros hijos se supedite a cualquier principio religioso”.

En cuanto a la futura Constitución, algunos ya reclaman que sea ratificada en referéndum, como el cabeza de lista de Dusturna, una agrupación de independientes. El día siguiente de la votación, Yauher Ben Mbarek opinaba que Túnez está ahora dividida en «dos corrientes, progresistas y conservadores». Un análisis controvertido, pues no permite captar la complejidad del voto a favor de Ennahda ni la particularidad de un programa económico de inspiración altermundista como el propuesto por el CPR.

Para Samia, lo que toca ahora, por tanto, es tomar nota del voto de los tunecinos y confiar en ellos: "A todos aquellos que están inquietos por el resultado de Ennahda –dice–, conviene recordarles que no se trata de un vampiro, sino de un partido como los demás. Hemos elegido una Asamblea Constituyente, no han sido elecciones legislativas. Y si la Asamblea o el gobierno se desentienden de su tarea, ya estaremos allí para hacernos oír.”

Traducción: VIENTO SUR



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