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Paraguay
¿Fin de reinado?
16/04/2008 | Pablo Stefanoni

Un monumento y una avenida en honor al líder anticomunista taiwanés Chiang Kai-Shek en plena Asunción son algunas de las huellas que conducen al Paraguay de Alfredo Stroessner, el dictador que gobernó con mano de hierro durante 35 años y albergó a criminales tan resonantes y oscuros como el médico nazi Josef Mengele o el dictador nicaragüense Anastasio Somoza. Pero desde antes, esta "isla rodeada de tierra", como la llamó Roa Bastos, estaba en la mira de otros fanáticos: ya en el siglo XIX, Bernhard Förster, cuñado del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, intentó construir una colonia aria para hacer realidad sus tesis racistas. Y allí se asentó el primer partido nazi fuera de Alemania.
En 1989, la caída de Stroessner a manos de su consuegro, el general Andrés Rodríguez abrió una transición en la que poco cambió. La "democracia" mantuvo las riendas del poder en manos de los ex stronistas nucleados en el partido Colorado, que gobierna ininterrumpidamente desde hace 60 años.
Sin embargo, ahora esta hegemonía comienza a erosionarse y, detrás de la calma de Asunción, puede percibirse el nerviosismo de unos y la expectativa de otros ante la nueva realidad: las encuestas dicen que los colorados pueden perder las elecciones del próximo 20 de abril y que el candidato para concretar esa hazaña es Fernando Lugo, ex “obispo de los pobres” de la región campesina de San Pedro, quien dejó los hábitos en diciembre de 2006 para saltar a la arena política. Pero Lugo aún es una incógnita: si para unos es el “Evo paraguayo” –con un fuerte apoyo en el campo y los barrios populares de las ciudades– para otros es un pragmático moderado cuyas ansias de cambio serán fagocitadas por el “tradicional” partido Liberal que sostiene su candidatura. “Mbytetépe, poncho yurúicha” (Estoy en el centro mismo, como la boca del poncho) dijo en una ocasión.
Desde hace décadas, Paraguay es un aliado clave de EEUU en Sudamérica y en 2005 generó preocupación regional la ampliación de la pista de aterrizaje en la localidad de Mariscal Estigarribia, a 250 Km. de la frontera con Bolivia: sus 3.800 metros permiten el aterrizaje de los aviones más grandes del stock bélico estadounidense, como los bombarderos B-52 o los Galaxy, de transporte de tropas y material de guerra. La excusa de EE.UU. es la supuesta presencia de terroristas de Al Qaeda en la denominada Triple Frontera.
Pero Paraguay –durante Stroessner y sus sucesores– se sometió también a Brasilia, a donde se exilió el dictador en 1989. “Por fin alguien le hace doler la cabeza a Brasil”, dijo Lugo en relación a su reclamo de renegociar la distribución del producto de la gigantesca hidroeléctrica binacional de Itaipú. Y los brasileños “invadieron” también los campos paraguayos para sembrar soya, anexando de hecho zonas fronterizas.
Hoy Paraguay mira con atención los cambios continentales, especialmente los procesos de cambio en Bolivia, Venezuela y Ecuador. Pero el continente –incluyendo los países vecinos– aún no mira a esta nación que trata de dejar atrás el patético “realismo mágico” construido por uno de los dictadores más corruptos, longevos y desconocidos de América Latina y ser un país en serio.


Tal Cual
, La Paz, abril, 2008



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