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22-M/15-M
Arriba y abajo
24/05/2011 | Miguel Romero

1. Hace tiempo, con ocasión de unas elecciones presidenciales en México, el subcomandante Marcos sentenció: “No tenemos nada que hacer allá arriba”. Estoy de acuerdo en el fondo, aunque no en la forma. Algo tendremos que hacer “allá arriba” para obstaculizar que sea un cuartel desde el que nos ataquen impunemente a quienes estamos abajo. Pero no es esto lo más importante. Lo más importante es ser conscientes de que hay un “ arriba” y un “abajo”, enfrentados radicalmente y que no comparten nada que tenga importancia: ni la democracia, ni la moral, ni la solidaridad, ni por supuesto la política para hacer frente a la crisis capitalista defendiendo el bienestar de las clases trabajadoras. Si hay consenso en esto, podemos seguir discutiendo todo lo que haga falta sobre lo que hay que hacer o no hacer en el territorio hostil que está “allá arriba”.

2. La coincidencia entre las acampadas del movimiento 15-M y las elecciones municipales y autonómicas del 22-M permite una representación física del conflicto entre “arriba” y “abajo”.
“Arriba” apesta, como esa nube volcánica que se extiende otra vez por el espacio aéreo europeo. “Abajo” corre aire libre, en esas pequeñas ciudades alternativas, que recuerdan a los zocos, los mercados populares precapitalistas, espacios de la “economía moral de la multitud”, lugares de encuentro, de intercambio, de cooperación. Lugares vivos, pero a contracorriente de los valores dominantes y los poderes establecidos. Tan frágiles que es difícil no sentir preocupación por el futuro de ese nuevo movimiento social que está en embrión y que la izquierda social y política necesita para respirar.
Este artículo trata de elecciones, o sea de lo de “arriba”, visto desde abajo

3. El PP ha noqueado al PSOE con sólo 500.000 votos más que en las elecciones del 2007. Por tanto, la derrota de PSOE se debe a la desagregación de su propia base electoral, que le ha originado una pérdida de más de un millón y medio de votos. No parece que, en su mayor parte, se trate de “votos prestados” que volverán “a casa” a la próxima ocasión, sin más exigencia que unos pocos retoques cosméticos. Es más probable que se trate de una desafección prolongada.
Entonces, ¿se ha producido un desplazamiento “a la derecha” de la sociedad española? El análisis de las diferencias entre PP y PSOE en términos de “izquierda” y “derecha” informa poco y mal de los procesos políticos en curso, especialmente desde el comienzo de la crisis capitalista hace ya casi tres años. Dicho de otra manera: más allá de las peripecias de la política espectáculo, con sus grescas y simulacros de gresca, no hay ningún desacuerdo de fondo sobre las políticas de “ajuste estructural” entre PSOE y PP, ni por otra parte, entre el PS y el PSD en Portugal, PASOK y Nueva Democracia en Grecia, Fine Gael y Fianna Fáil en Irlanda… El PSOE ha sido castigado electoralmente porque ha sido el responsable de la aplicación brutal de estas políticas, es decir, por las mismas razones que llevaron a perder las elecciones de 2009 a la derecha griega de Nueva Democracia y a la derecha irlandesa de Fianna Fáil. En la política bipartidista, cuando hay crisis económica, pierde el que gobierna. Lo cual es un signo de la despolitización masiva de la ciudadanía europea, especialmente en los países más vulnerables a la crisis, no de movimientos a derecha o izquierda, si le damos aún a estos términos algún significado en el bipartidismo. Porque “bipartidismo” no significa solamente un régimen de partidos turnantes; significa también la existencia de consensos básicos entre ambos partidos en las llamadas, y crecientes, “políticas de Estado”.
En términos institucionales, el problema no está en que gane la derecha; está en que no existe alternativa de gobierno de izquierda, ni existirá mientras que sea el PSOE el partido que recoge la mayoría de los votos de la gente que se considera “de izquierdas”.
Una crisis capitalista de la gravedad de la actual es una ocasión excepcional para romper la base social popular de la derecha, agredida también por la crisis que deshace la mitología del “capitalismo popular” y que se sentiría protegida por políticas que defendieran un trabajo digno y derechos sociales frente a los “mercados”. Por el contrario, cuando los gobiernos supuestos de izquierda son ejecutantes de las políticas de “ajuste”, la base social de la derecha refuerza la identificación con sus partidos, no en términos de “programa político”, sino fundamentalmente en términos de marco moral e ideológico reaccionario: identidad españolista, xenofobia, moral católica, insolidaridad. Esto es lo que se ha confirmado el 22-M y parece que va determinar el futuro político de los próximos años.

4. Así, el poder aplastante que va a ejercer el PP en las instituciones locales autonómicas potencia la degradación político-moral dominante en la sociedad española, en varios sentidos.
En primer lugar, por el apoyo masivo a personajes corruptos, como toda la tropa vinculada con la trama Gürtel, especialmente en Valencia y Madrid, y/o con un perfil especialmente reaccionario, como García Albiol en Badalona, Miguel Celdrán en Badajoz, León de la Riva en Valladolid… La indiferencia de la mayoría de la población ante la corrupción de los políticos es la consecuencia lógica de considerar que la corrupción forma parte inseparable de “la política”, y por tanto no es un dato valorable, lo cual obviamente realimenta la impunidad de la corrupción. Una izquierda política digna de ese nombre debe ser creíble, sin la menor duda, en la batalla contra la corrupción. La izquierda institucional, PSOE, pero también IU, guarda demasiada basura en el armario para tener esa credibilidad. Y cuando alguno de sus militantes la tiene, como el militante de IU Manuel Fuentes y alcalde de Seseña, ha sido derrotado: una de las malas noticias del 22-M.
En segundo lugar, por la reafirmación de un españolismo identitario ligado con la moral católica vaticana, cuyo contenido fundamental es la hostilidad hacia: -la población inmigrante; -los derechos nacionales, especialmente de Catalunya y Euskadi, enfocados en esta ocasión especialmente contra la participación electoral de Bildu; -la memoria de la lucha antifranquista.
En este sentido, la alianza político-moral entre el PP y la jerarquía católica, bien cimentada en el pacto económico establecido por el gobierno del PSOE, es ya y será más en el futuro un adversario temible de cualquier causa no ya de izquierdas, sino simplemente “progresista”.
Además, la Iglesia católica viene desempeñando desde hace tiempo un papel fundamental en la organización y propagación de una “sociedad civil” en la que conviven armoniosamente derecha y extrema derecha, con el PP como referente político. Los éxitos electorales de la extrema derecha “autónoma” el 22-M, aunque constituyen un hecho extremadamente peligroso, no es probable que modifiquen esta situación al menos a corto plazo. La mayoría de los portavoces mediáticos y políticos de la extrema derecha están cómodos en su papel, muy eficaz, de lobby.
En tercer lugar, por la vía libre que las “reformas” del gobierno Zapatero han abierto a modalidades de aplicación aún más agresivas socialmente, que afectarán con seguridad a la sanidad y la enseñanza públicas, el empleo en la administración pública, una nueva vuelta de tuerca en la reforma laboral… entre lo que ahora se puede ya prever. Ya se sabe que en estas cuestiones la realidad suele empeorar las peores hipótesis.
La resistencia frente a estas medidas deberá superar las dificultades de la desmoralización inducida no sólo por el avance de la derecha, sino también por la desastrosa política de los sindicatos mayoritarios después del 29-S. No deja de ser significativo que en una encuesta sobre la confianza de la ciudadanía en instituciones y organizaciones, los sindicatos aparezcan detrás de la banca, y sólo por delante de los políticos y las multinacionales (El País, 19/4/2011).

5. Algunas voces, de dentro y de fuera, llaman a la “refundación” del PSOE. Francamente, a juzgar por la experiencia, "refundación" no es un término muy productivo. Habitualmente, las “refundaciones” significan un cambio de discurso, manteniendo básicamente el aparato que controla el partido correspondiente y los mecanismos de control de la opinión de la base militante, espectadora pasiva del proceso. En el caso del PSOE, al menos mientras se mantenga en el gobierno, ni siquiera habrá un cambio de discurso. Zapatero se ha reafirmado ya en la continuidad de la “política de reformas” y su debilidad empuja a los portavoces locales de los “mercados”, como el gobernador del Banco de España, a aumentar la presión para endurecerlas; muy probablemente, los “mercados” internacionales irán en la misma dirección. Los próximos meses van a ser especialmente duros para la “cuestión social”.
Pero más allá de Zapatero, el PSOE es un partido muerto para la causa de la izquierda, como ocurre, por otra parte, con toda la corriente llamada “socialdemócrata”. Por supuesto, seguramente cuando pase a la oposición cambiará de discurso y seguirá representando la alternativa electoral a la derecha si no se rompe el bipartidismo. Pero no cambiará su sumisión al capitalismo neoliberal. La ruptura de una corriente significativa de izquierda, como la que ha tenido lugar en otros países: Alemania, Francia… sería deseable, pero no hay el menor signo de que vaya a producirse.

6. IU ha mejorado notablemente y de forma generalizada sus resultados del 2007. Si ese era su objetivo, enhorabuena. Así parece que lo considera su dirección, tal como lo explicó Cayo Lara en la noche electoral, flanqueado por cierto por personajes como el poderoso jefe del aparato de IU-Madrid, Miguel Reneses, alguien cuya sola presencia resta credibilidad al mensaje de honradez de la organización. Pero ganar 200.000 votos cuando el PSOE pierde millón y medio relativiza seriamente el éxito obtenido. Planteado en otros términos, IU avanza respecto a sí misma, pero no como referente político de la izquierda alternativa. El ardor empleado para ganarse el voto del movimiento 15-M, que ha resultado agobiante y quizás contraproducente sobre todo en los últimos días de la campaña, no ha dado resultados significativos: IU ha obtenido resultados similares a los que le atribuían las encuestas antes de las elecciones.
Es cierto que es, fuera de Euskadi, la única fuerza significativa de la izquierda en las instituciones. Tienen esa carta, pero no otras; en concreto, su papel en los movimientos y luchas sociales sigue siendo muy débil, tanto más débil cuanto más alternativos sean los movimientos o las luchas. No está claro en qué medida es esto un problema importante para IU considerada en su conjunto; ciertamente sí lo es para muchos de sus militantes y algunos de sus dirigentes. Sería muy positivo que se abrieran posibilidades prácticas y serias de colaboración con la izquierda anticapitalista. Pero a decir verdad, la larguísima campaña pre-electoral a que estamos abocados va a favorecer más bien el perfil de “la izquierda en las instituciones” de IU.

7. El espectacular resultado de Bildu en las cuatro provincias de Euskadi es la mejor noticia del 22-M. Pero es una noticia, digamos, “exterior” en términos de la construcción de un referente político anticapitalista en el Estado español. En lo que se refiere a las relaciones con la izquierda alternativa “más allá de la Rioja”, la izquierda abertzale estableció la independencia hace ya muchos años; lo que se mantienen son amistades, que no es poco, no espacios de encuentro militante.
En todo caso, el éxito es una bofetada a sistema político español, o sea, a los de “arriba”. Es también un paso adelante muy importante hacia la disolución de ETA en condiciones que no supongan una derrota para el mundo abertzale. Todo esto es muy positivo y hay que felicitarse por ello, más allá de Euskadi.
Hay además un tema que merece una reflexión tranquila y con tiempo, para entender por qué el mundo abertzale ha conseguido mantenerse como una potente comunidad política, a pesar de los enormes obstáculos que ha afrontado desde la Transición, y es hoy en su país, algo muy parecido a ese “pueblo de izquierdas” que en Estado español no ha existido realmente, salvo quizás en las condiciones de excepción de las movilizaciones del primer semestre de 1976, y ahora es una pura ilusión.

Epílogo. El 15-M no parece haber tenido una influencia significativa en las elecciones. Lo raro hubiera sido lo contrario. Se trata de un movimiento recién nacido, en una fase constituyente muy compleja, cuya seña de identidad más compartida es la crítica al sistema político existente; ninguna candidatura representaba a esa crítica. No hay aquí ningún Besancenot, nada que se parezca al Bloco de Esquerda, ni siquiera a Die Linke.
Pero sobre todo, el 15-M no ha nacido para influir en las elecciones, para proyectarse hacia “arriba”. Su sentido es activar, revitalizar, dar contenido, articular… lo de “abajo”. Tras la fase de explosión de esperanzas y alegría de su primera semana de existencia, llega ahora la lucha por la vida: reemplazar a las acampadas con los hilos invisibles de la redes asociativas, construir consensos y gestionar desacuerdos y conflictos de forma democrática y pluralista; convertir el acontecimiento en proceso… y tantos otros objetivos que han surgido y surgirán de la gente del 15-M.
Demasiadas veces en los últimos años, la izquierda social y política no ha conseguido realizar las posibilidades de avanzar que contenían iniciativas, movimientos, proyectos… La vida nos ha dado una nueva y formidable oportunidad, que es también un desafío. Mejor no pensar en que podamos desperdiciarla.


Miguel Romero es editor de VIENTO SUR





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