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Haití
El cólera remueve la campaña electoral
28/11/2010 | François Bonnet (desde Puerto Príncipe)

Haití debe votar el domingo 28 de noviembre. Para elegir un nuevo presidente de la República, la cámara de diputados y renovar una parte del senado. El ejercicio puede parecer incongruente en un país en ruinas ya devastado por una epidemia de cólera que ha hecho en un mes más de 1.300 muertos y cerca de 50.000 enfermos, y cuando la organización panamericana de salud evoca un “escenario sombrío de 10.000 posibles muertos y 200.000 enfermos”.

La elección presidencial es la primera desde la de 2006, que había elegido ya en la primera vuelta a René Préval, cercano a un Jean-Bertrand Aristide derrocado y exiliado en África del Sur en 2004. René Préval no puede presentarse (había sido ya presidente en 1995-2000) y la inmensa mayoría de los responsables políticos así como la comunidad internacional desean la celebración de las elecciones, para desbloquear un país paralizado , “instalar un poder dotado de una nueva legitimidad”, como dice un diplomático destacado en Port-au-Prince.

Pues la reconstrucción atascada, el abandono de Puerto Príncipe y las víctimas del terremoto son también debidos al inmovilismo del presidente René Préval, muy ocupado por asegurar una sucesión controlada. Los críticas de impericia y de maniobras políticas del poder actual son de intensidad variable. Pero incluso los más moderados se indignan por este inmovilismo. “Por supuesto, todo es política, explica en Puerto Príncipe, Stéphane Pierre-Paul, director de Radio Kiskeya. Hay como una voluntad de tener a la población como rehén, tenerla agarrada por las tripas para poderla manipular en el proceso electoral cuando haga falta”.

Estos sombríos montajes están hundiéndose bajo el empuje de la cólera y de las protestas que provoca la epidemia de cólera. La irrupción de la enfermedad en la inmensa aglomeración de Puerto Príncipe está a punto de poner fuera de control el conjunto del país. La organización Médicos sin Fronteras, que asegura de hecho una buena parte del sistema de cuidados en Haití, deplora “la lentitud del despliegue de los recursos”. “No es ya el momento para reuniones y discusiones, sino para la acción”, se impacienta Stefano Zannini, jefe de misión en Puerto Príncipe.

Tras violentos enfrentamientos en el norte del país, al comienzo de la semana pasada, que han hecho varios muertos y heridos, centenares de manifestantes han atacado el jueves a las fuerzas de la Minustah. Esta fuerza internacional de la ONU (14.000 hombres) está desplegada en el conjunto del país para asegurar un mínimo de seguridad. Es también responsable de la logística de las elecciones así como de la protección de los colegios electorales.

Pero desde hace un mes, la Minustah está acusada de estar en el origen de la epidemia de cólera, lo que desmiente formalmente. “¡Minustah, Préval, Cólera!” gritaban, el jueves, los manifestantes quemando neumáticos y lanzando piedras contra los cascos azules. Estos últimos respondieron con disparos de gases lacrimógenos. Los enfrentamientos han proseguido cerca del Champ-de-Mars, la inmensa plaza del centro de la ciudad, donde viven alrededor de 20.000 personas en tiendas y condiciones de higiene deplorables.

El acuartelamiento de la fuerza de la ONU.

El cólera es una enfermedad perfectamente desconocida en Haití, donde no ha sido identificada desde hace muchos decenios, “quizá un siglo”, según el director general del ministerio de salud. Varios índices inducen en efecto a pensar que la Minustah podría estar en el origen de la epidemia. Soldados nepalíes, país en el que los focos de cólera son endémicos, fueron incorporados a comienzos de octubre en la región de Mirebalais, donde comenzó la epidemia. Varios reportajes realizados alrededor de este acuartelamiento con base cerca del pueblo de Meye tienden a demostrar que las letrinas de ese campo se vaciaban en una fosa sumariamente preparado que se habría desbordado en el río cercano. Río en el que los habitantes vienen a coger su agua y a lavarse.

Es hacia arriba de esa base militar donde el cólera se ha extendido como un reguero de pólvora, provocando la muerte de decenas de personas en algunos días. El primer muerto de cólera, el 17 de octubre, un cierto Rosemond Lorimé, 21 años, que vivía a menos de 200 metros del “campo Annapur” de la Minustah.

Según los análisis hechos por el ministerio de la salud y por el US Center for disease control de Atlanta, esta bacteria del cólera habría sido importada a Haití y su cepa “particularmente virulenta” es idéntica a la encontrada en Asia del sureste. ¿Esto confirma la responsabilidad de la Minustah? No de forma definitiva, ya que los responsables de la fuerza internacional aseguran que sus soldados no estaban contaminados.

Pero la sospechas perduran y han sido expresadas públicamente por el primer ministro, Jean-Max Bellerive. Interrogado por Le Nouvellista, único periódico diario de Haití desde el terremoto del 12 de enero, este último ha declarado con incomodidad manifiesta: “No se puede uno tapar los ojos. Hay importantes poblaciones de Asia del sureste que viven en Haití, forman parte también de la Minustah… Pero mientras no tengamos pruebas claras, los haitianos no deben estigmatizar a una población”.

“Si, el cólera es un problema político”, afirma por su parte Mirlande Manigat, candidata a la presidencia y una de las grandes favoritas contra el candidato del poder Jude Célestin, apoyado por René Préval, y uno de sus allegados más cercanos. Cada campo, cada facción se sirve ya de la epidemia. Para movilizar a las multitudes contra la Minustrah. Para denunciar la inacción o la impotencia del gobierno. Para llamar a retrasar las elecciones, como han hecho este fin de semana cuatro de los diez y nueve candidatos, los peor situados.

Logística electoral perturbada.

Pero para los principales actores, las elecciones deben celebrarse. En uno, dos o tres meses, el cólera seguirá presente y el país no puede continuar con tal vacío de poder con un fondo de campaña electoral deletérea.

A menos de una semana de la votación, siguen presentes los interrogantes. Algunos, señalando la extrema dificultad del candidato del poder para hacerse oír en esta campaña, imaginan un retraso decidido en el último momento por el presidente Préval. Otros temen un fraude de gran amplitud facilitado por el desorden suplementario facilitado por la epidemia.

Pues la logística electoral ha sido gravemente perturbada por la enfermedad. Organizar y mantener un millar de colegios electorales, distribuir centenares de miles de papeletas electorales, poner al día listas electorales muy incompletas y en las que figuran aún muchos de los 250.000 muertos del terremoto, convencer a la gente de que acepte colas de miles de personas al calor y la promiscuidad para obtener documentos oficiales… El ejercicio parece casi imposible.

En abril de 2009, para elecciones senatoriales parciales, la tasa de participación oficial fue del 11% (de hecho mucho menos, según numerosos observadores en Puerto Príncipe). El domingo, ¿Cuántos de los 4,7 millones de haitianos podrán efectivamente ir a votar?

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR



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