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Francia
El peligro Sarkozy
20/01/2007 | François Sabado

El pasado domingo 14 de enero, en un show a la americana, Sarkozy fue consagrado candidato de la UMP y único campeón de la derecha francesa. En su discurso, enlazó con algunas de las tradiciones bonapartistas de la derecha francesa. Al servicio de las clases dominantes, se presenta como “por encima de las clases”, “sensible” a las dificultades y sufrimientos sociales de las clases populares. Se niega a ser “el hombre de un solo partido” y quiere “volverse hacia todos los franceses sin excepción”. Mediante una sabia mezcla, intenta mezclar seudocríticas de la mundialización capitalista con temas populistas como la denuncia de las “clases peligrosas”, los ataques contra los extranjeros y la defensa del valor del trabajo... para mejor poner en cuestión derechos de los trabajadores. Es el celoso adepto de los neoconservadores americanos... pero cita a Blum y Jaurès (socialistas franceses de la primera mitad del siglo pasado ndt).

En definitiva, dice algo y su contrario. Balladour le reprende y le conmina a “hacer de Sarkozy y no caer en discursos demasiado contradictorios”. El domingo 14 de enero había, en la puerta de Versalles, un gran ausente, el Medef (organización de la patronal francesa ndt). Sin embargo, tras la demagogia populista, las propuestas de Sarkozy son exactamente las formulaciones políticas del programa patronal. Bajo un discurso aglutinador, hay una batería de medidas liberales puras y duras que anuncian la próxima ofensiva de las clases dominantes para adaptar el “modelo social francés” a la competencia mundial.

Es el contrato único con flexibilización de los criterios para despedir, la puesta en cuestión de las 35 horas exonerando las horas extraordinarias de cargas sociales y de impuestos sobre la renta, nuevos ataques contra las jubilaciones atrasando el derecho a la jubilación a los 65 o incluso los 67 años, la puesta de un techo a los impuestos en el 50% de la rentas, acentuando la política de regalos fiscales a los más ricos, en particular a los beneficiarios del impuesto sobre la fortuna. Propone aumentar la presión sobre los parados si éstos rechazan “más de dos ofertas sucesivas”. Pone también en cuestión el derecho de huelga “imponiendo una votación secreta a los ocho días del desencadenamiento de una huelga en una empresa, universidad o administración”. En cuanto a los extranjeros, las últimas declaraciones del candidato de la UMP confirman nuevos ataques contra sus derechos. Rechaza así abrir el derecho exigible al alojamiento a quienes no tienen un permiso de residencia de diez años. Cita a Jaurès y Blum pero sus discursos se dirigen al electorado xenófobo de Le Pen.

En la derecha, la situación está ahora clarificada. Todo el mundo está alineado, los partidarios de Chirac y de Villepin han perdido la batalla. Ultraliberal, atlantista, comunitarista, el proyecto de Sarkozy, ampliamente inspirado en los neoconservadores americanos, representa una ruptura con una cierta tradición de la derecha francesa salida del gaullismo. Es también una derecha autoritaria, antisocial, violenta. Por supuesto, el hombre de Neuilly debe negociar con los suyos –un poco menos de ruptura, un poco más de Constitución de la V república, un poco de Chirac- pero sin perder de vista el objetivo de reconquistar una cierta base política y social para preparar los choques sociales de mañana.

Para nosotros, está claro, Sarkozy representa un grave peligro, y esta derecha debe ser derrotada tanto en la calle como en las urnas. La derecha sarkoziana y la izquierda no son para nosotros “dos caras de la misma moneda”. Hacemos una diferencia. Pero, justamente, una de las principales acusaciones que lanzamos contra la izquierda social-liberal es la de no combatir verdaderamente esta política de la derecha.

¿Cómo oponerse radicalmente a la política fiscal de la derecha si, como el PS, no se anuncia ruptura radical con los regalos fiscales hechos a los más ricos?. Incluso las tímidas propuestas de Hollande sobre la necesidad de aumentar los impuestos sobre las rentas por encima de los 4.000 euros netos mensuales han sido descartadas por Royal. ¿Cómo rechazar los planes de demolición de las jubilaciones cuando se rechaza defender el derecho a la jubilación a los 60 años tras 37,5 anualidades de jubilación? ¿Cómo combatir la demagogia de Sarkozy sobre el poder de compra no prometiendo sino un aumento del SMIC a 1.500 euros brutos a lo largo de los 5 años de legislatura?. ¿Cómo desmontar los argumentos del candidato de la UMP sobre el empleo sin una política radical de defensa del derecho al empleo, de prohibición de los despidos por ley y de reducción del tiempo de trabajo sin pérdida de poder de compra y sin flexibilidad?. ¿Cómo luchar contra las derivas securitarias sarkozianas si, como Royal, al mismo tiempo se preconiza “el encuadramiento militar” de los jóvenes delincuentes?. En fin, ¿cómo oponerse a la derecha liberal si se rechaza enfrentarse a la patronal y a sus ganancias?

Para combatir verdaderamente a Sarkozy, es precisa una verdadera izquierda de combate anticapitalista, ese es el sentido de la campaña de Olivier Besançenot.

Traducción: Alberto Nadal

Rouge, 19/01/2007



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