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Francia
Nuevos debates pre-electorales
03/12/2006 | Christian Picquet, Cyril Gispert, Yvan Lemaitre

Partido Socialista. Coronación...Real [Royal]

Christian Picquet

La investidura de Ségolène Royal, desde la primera vuelta del escrutinio, abre una nueva situación en el Partido socialista, en la izquierda y en la vida política francesa. Con el 60,62% de los sufragios, en el marco de una participación del 80,04% de los afiliados socialistas, la presidenta de la región Poitou-Charente habrá obtenido una verdadera coronación. Llega a la cabeza en 102 de 105 federaciones y obtiene una mayoría absoluta de votos en 95 de ellas. Como resultado, sus competidores se encuentran marginados: 20,83 % para Dominique Strauss-Kahn, 18,54% para Laurent Fabius.

Sin duda, muchos de quienes habrán planteado a la ya postulante a la magistratura suprema parecen haber elegido primero la candidata mejor colocada, en los sondeos, para derrotar a la derecha. Igualmente, se puede estimar que su forma de dirigirse a la opinión pública, por encima de los elefantes del partido y dando a entender que sus proposiciones se asimilarían a la “democracia participativa”, en nombre de la modernidad y de la renovación de la vida pública, habrá sido vivida como una respuesta al corte, cada vez más profundo, existente entre el pueblo y las élites.

Sin embargo, no deja de ser cierto que se perfila claramente una ruptura con una parte de la historia de la socialdemocracia en este país. Así, cuando la candidata llama regularmente a romper los “tabús”, cuando exhorta a los enseñantes al esfuerzo (sugiriendo, de la misma, que serían unos vagos), cuando ataca a las 35 horas, ataca frontalmente a las aspiraciones de una buena parte de la base social de su formación. Así, cuando se entrega a una competencia con Sarkozy en el terreno de la ley y del orden, retoma por su cuenta el método que había permitido, al otro lado del Canal de la Mancha, a Tony Blair emanciparse del viejo Labour Party, tomar sus distancias con el movimiento sindical y buscar el camino de su éxito electoral... en el comercio de la derecha. Manifiestamente, este planteamiento encuentra eco en una fracción del electorado de izquierdas y del área de influencia socialista. La que, desorientada por un clima político tendente a focalizarse de nuevo sobre las cuestiones de la seguridad y de inmigración, puede hoy identificarse con las propuestas segolenistas tendentes a resolver determinados problemas de la juventud recurriendo a apretar las tuercas a los enseñantes o a las familias... La que, también, sin estar directamente confrontada con la precarización y el deterioro de las condiciones de vida inducidos por la ola liberal, deduce de ello que es necesario, de forma urgente, adaptarse al orden dominante. Desde este punto de vista, la designación de Mme Royal acaba un proceso que habrá visto, en algunos meses, a una mayoría de los militantes socialistas pronunciarse por el “si” al tratado constitucional europeo –a la inversa de la mayoría de los electores socialistas y, más en general, del pueblo de izquierdas-, que habrá renovado luego en profundidad la composición sociológica del partido con la oleada de nuevos afiliados a veinte euros.

La amplitud misma de la victoria de “Sego” confiere a sus partidarios las llaves del partido, y les permite prescindir de toda negociación con las corrientes internas para el desarrollo de la campaña presidencial. Ya, Francois Hollande anuncia una nueva ola de afiliaciones masivas, como para mejor subrayar la voluntad de conducir hasta su término una ruptura cultural y política. Para los militantes de la “izquierda” del PS, que había optado a favor de Laurent Fabius, llega hoy la hora del balance. Por sí solos, Ségolène Royal y Dominique Strauss-Kahn, que más allá de sus diferencias, profesaban el mismo imperativo de adaptación a las reglas del liberal-capitalismo, han captado los votos de 8 socialistas de cada 10. Lo que aparecía como el ala izquierda del partido (40% de los votos en el congreso de noviembre 2005) se ha desintegrado, en parte arrastrado por la ola segolenista.

Sobre todo, la idea de que la síntesis operada en el congreso de Mans, y luego el proyecto socialista, podían constituir armas en la batalla para impedir una mutación blairista de la izquierda francesa, no ha resistido la prueba de la confrontación...

Rouge, 24 de noviembre de 2006

El Partido de Ségolène…
Cyril Gispert

“El mundo ha cambiado, Francia se ha transformado, por tanto la política debe cambiar. Quiero no sólo encarnar este cambio profundo sino construirlo con todos. La política debe partir de la realidad de la vida de las personas, estar atenta a las lecciones que el pueblo da, comprender que el ciudadano es el mejor situado para hacer el diagnóstico de su vida y para decir en nombre de qué valores debe actuar la izquierda”. Es así como en su primera comparecencia solemne ante los franceses, algunas horas después de su investidura, Ségolène Royal celebra su victoria sobre Laurent Fabius y Dominique Strauss-Khan el comienzo de una nueva era para la izquierda y el Partido Socialista. Treinta y cinco años después del Congreso de Epinay [Congreso que tuvo lugar en 1971, en el cual diversas corrientes socialistas se unificaron bajo la dirección de François Mitterrand, que diez años después, ganaría las elecciones presidenciales], un año después de la conmemoración del centenario de la fundación de la SFIO, el discurso de Melle concluye la secuencia política abierta por la “crisis” del 21 de abril de 2002. Del voto mayoritario de los militantes a favor del “si” al Tratado Constitucional Europeo a la síntesis de Le Mans pasando por el voto del “proyecto socialista”, el triunfo del proyecto Ségolène acaba la reorganización interna emprendida con constancia y determinación por François Hollande.

Un partido en recomposición

La ola “rosa” de las elecciones regionales de 2004, principalmente motivada por el rechazo al gobierno Raffarin, está en el origen de la autoridad política del primer secretario sobre el partido. El modo de escrutinio, por lista y por departamento, ha reforzado el papel de las federaciones y confirmado la autoridad del estado mayor nacional. Las elecciones europeas han ratificado, a unos meses de intervalo, el dispositivo y sellado la alianza entre los “grandes federales” y la calle Solferino [sede central del PS]. El recorte en ocho circunscripciones electorales ha dado a François Hollande la ocasión de reforzar antiguas fidelidades y de crear nuevas dependencias. Robert Navarro representante del Herault, primer secretario de la quinta federación socialista de Francia, se convierte así en diputado europeo del sur-oeste. A finales del verano de 2004, François Hollande dispone de márgenes de maniobra sin precedentes y puede contemplar el futuro congreso socialista con serenidad. Tras el anuncio de la celebración de un referendum sobre el TCE, aparecen nuevas oportunidades tácticas, los acontecimientos parecen jugar a favor del Primer secretario. Obtenidos la docilidad y el apoyo de las federaciones, la batalla referendaria es la primera prueba de fuego para el bloque mayoritario.

Para comprender la profundidad y el impacto de esta transformación, no es inútil recordar la historia organizativa del PS. En el Congreso de Epinay, en 1971, el Partido se estructura en “facciones” y “corrientes” a fin de asegurar la permanencia del debate interno, ayudar a la proyección externa y multiplicar su oferta electoral. François Mitterrand, preocupado por no repetir el doble fracaso de la SFIO en las legislativas de junio de 1968 y presidenciales de 1969, se dedicó romper el aislamiento político de los socialistas. La organización en “corrientes” tiene el triple interés de responder entonces a la aspiración democrática de los movimientos sociales, de atraer al Partido Socialista a una nueva generación militante y de debilitar al Partido Comunista Francés. La emulación interna dinamiza al PS, ayuda a la emergencia de una élite socialista capaz de derrotar a la derecha, a la marginación del PCF y a llevar a François Mitterrand al poder. Hasta 1991 y el Congreso de Rennes, los tres pilares del aparato socialista siguen siendo las federaciones departamentales, las “corrientes” y la dirección del partido encarnada por un primer secretario bajo tutela del Presidente de la República. Luego, las querellas de sucesión, la importancia de los futuras citas electorales mella los equilibrios heredados de Epinay sin que aparezca una solución de recambio. La disolución y la victoria inesperadas en las legislativas de 1997 atenúan la urgencia de una reforma de la organización. Hay que esperar al “choque” del 21 de abril de 2002 para que la cuestión organizativa vuelva a un primer plano.

François Hollande siempre ha estado opuesto a la lógica centrífuga de las “corrientes”. Al comienzo de los años 1980, milita con Ségolène Royal en el grupo “transcorriente” que desea romper las rivalidades internas y pacificar el partido. Es la campaña sobre el TCE la que le da la oportunidad de desarmar las “facciones” y “corrientes” aún activas y realizar su proyecto de juventud. Comprometiendo al Partido Socialista a favor el “si” al Tratado Constitucional Europeo, el Primer secretario pone a prueba en la adversidad la solidez de su alianza con las grandes federaciones, amplía la base del bloque mayoritario a los partidarios de Martine Aubry, de Lionel Jospin, de Michel Rocard, de Dominique Strauss-Kahn, reduce al silencio al Nuevo Partido Socialista de Arnaud Motebourg y aísla a los amigos de Laurent Fabius en una alianza minoritaria con Jean-Luc Mélenchon. Marcado por la derrota, traumatizado por la oposición pública de dirigentes socialistas pero reforzado por el apoyo indefectible de los “grandes federales”, el estado mayor socialista responde a la afrenta del 29 de mayo de 2005 con la “síntesis” del Congreso de Le Mans. La operación consiste en reunir el PS en el escalón local y nacional alrededor de su dirección en un bloque de aparato para preparar la distribución de las investiduras legislativas, cantonales, municipales y presidencial.... Para no ser olvidado en su reparto, los oponentes aceptan las exigencias de François Hollande y acompañan la recomposición en curso.

El Congreso de Le Mans es un Congreso de Epinay al revés. Para los mismos objetivos de triunfo electoral y conquista del poder, el Partido Socialista de 2005 opta por la homogenización, el control vertical y la disciplina federal. Las “corrientes” no son ya útiles y, al contrario, son un obstáculo a las ambiciones del bloque de aparato. Las tres últimas etapas en esta tarea emprendidas por el Primer secretario son la reforma del modo de adhesión, la adopción de un proyecto político común, y la investidura de una candidata portadora de este nuevo perfil. Como comparación, la reforma del Labour Party operada por Tony Blair desde su acceso a la dirección en 1995 obedece a la misma lógica y sigue el mismo principio. Por la reforma de la cláusula 4 de los estatutos del Labour, Blair logra debilitar la colegialidad del ejecutivo en desarmar el peso de los sindicatos en el partido, a dotarse de los márgenes de maniobra necesarios para el recentraje de la organización. Por otra parte, la reforma del modo de escrutinio interno sobre la base de “una persona igual a un voto” conlleva la desaparición de las antiguas prácticas colectivas y permite el reclutamiento de nuevos adherentes salidos de las clases medias poco sensibles a las reivindicaciones sociales. Como muestra el ejemplo británico, las mutaciones organizativas son siempre el preludio a realineamientos programáticos, a metamorfosis estratégicas. La mutación de las estructuras del Labour permite a Blair imponer su “tercera vía” neoliberal. La transformación de los equilibrios internos del Partido Socialista hace posible la realización de un aggiornamento político idéntico, a derecha de la izquierda, de la “tercera vía” a la “democracia participativa”.

El nuevo partido del orden

La movilización de una generación de “nuevos adherentes”, reacios a las querellas internas, preocupados por la unidad y sensibles a la “modernidad”, finaliza la reforma de estructura emprendida desde las elecciones regionales y europeas de 2004. Las afiliaciones masivas a 20 euros doblan los efectivos socialistas y crean un electorado cautivo emancipado de la mediación tradicional de las “corrientes”. Esta desintermediación de las relaciones entre base y dirección constituye un recurso nuevo para la calle Solferino, tanto más cuanto que da ventaja al Primer secretario sobre los “grandes federales”. El modo de afiliación por vía electrónica banaliza el rodeo de la vía federal y da nacimiento a prácticas militantes, más marcadas por las lógicas de mercado que por el clientelismo departamental. Desde entonces, los tres pilares constitutivos de la aleación del “nuevo” Partido Socialista son los afiliados “atípicos”, las federaciones y el primer secretario. El PS puede así abordar la campaña presidencial en orden de batalla, con una dirección homogénea, federaciones pacificadas, afiliados bajo control y la candidata adecuada.

La investidura de Ségolène Royal por una amplia mayoría de los militantes socialistas es la conclusión lógica y sin sorpresas de este proceso de reorganización y de recomposición del aparato. Su candidatura y su perfil coincide con el PS de después de la “síntesis”. Hostil a las “corrientes”, reivindicándose tanto de la “modernidad” como de la “renovación”, defendiendo una relación directa con el “pueblo” y con los militantes, Ségolène Royal es también la candidata de los “grandes federales” y de la dirección del PS. Plebiscitada por los “nuevos” afiliados, apoyada por los “barones” del partido, encarna la ruptura con el PS de Epinay y da un rostro a las transformaciones de su organización. Derrotado Laurent Fabius, Dominique Strausss-Kahn aparece como el único competidor para los años futuros. Defensor del Tratado Constitucional Europeo y de un programa económico liberal, se convierte en el único recurso anti-Ségolène para los afiliados decepcionados. Por otra parte, la suma de sus resultados (80%) en su último escrutinio da cuenta del desplazamiento del centro de gravedad del PS y de la desaparición de toda oposición de izquierdas –si no es bajo forma grupuscular- en su seno.

La reforma de las estructuras del PS acompaña y precede por tanto a un recentraje inédito que revela la sucesión lógica de sus últimas tomas de posición. A la crisis del 21 de abril de 2002 el Partido Socialista responde con el “si” al TCE, al “no” mayoritario de izquierdas con la “síntesis” de Le Mans, a la movilización social de los jóvenes y de los asalariados contra el CPE por el “proyecto socialista”, y a la amenaza de Nicolas Sarkozy con Ségolène Royal. Mientras que en menos de tres años, el sistema partidario ha sufrido una doble desaprobación electoral y demostrado su obsolescencia, el “nuevo” Partido Socialista ha optado, en cada crisis política, institucional o social, por defender el orden dominante.

Ya unido tras su candidata e impulsado por una nueva combinación organizativa, el PS recompuesto aparece cada vez más como la última garantía del sistema contra su entropía o su probable estallido. A fines del siglo XIX, los observadores de la vida política francesa calificaban a la derecha de “partido del orden” y a la izquierda de “partido del movimiento. Hoy, le partido de Ségolène royal inventa un post-socialismo que se reivindica del “orden” y de la “autoridad”. No siendo la “democracia participativa” de tipo poitevine [natural de Poitu Charente, región de la que es presidenta SR] más que uno de los últimos artefactos políticos del capitalismo post-moderno. Por un cambio histórico sobrecogedor, ya ilustrado por el caso del Labour Party de Tony Blair, el Partido socialista aparece ya como la organización política más tranquilizadora para las clases dominantes, principalmente en el caso en que la derecha no lograra adaptarse y agruparse según su modelo.

En este contexto, la izquierda alternativa no debe contentarse con asistir como espectadora a estas recomposiciones so pena de ver un partido del Orden, en este caso el PS, beneficiarse de una eventual dinámica anti-derecha. La exigencia de radicalidad y de independencia se impone más allá de las tradiciones heredadas de los períodos precedentes (Frente Unico, Frente amplio, etc.). Es creando división y polaridad contra los partidos defensores del statu quo y sus suplementarios como la tendencia puede ser invertida o, por lo menos, combatida con éxito. A la oposición izquierda/derecha convertida en obsoleta, los militantes de la igualdad y de la emancipación social deben sustituir la oposición Orden/alternativa sin temer tener que distinguirse de quienes contribuyen a la permanencia de las jerarquías políticas existentes.

Partido Comunista: Por una “nueva mayoría a la izquierda”
Yvan Lemaitre

El Partido comunista celebraba, el lunes 20 de noviembre, un consejo nacional para discutir sobre la “nueva situación” creada por la designación de Ségolène Royal como candidata del Partido Socialista en las presidenciales. Esta reunión excepcional del PCF pretendía responder a una doble preocupación por parte de la dirección del partido: confirmar su orientación, “derrotar a la derecha y triunfar en la izquierda”, gestionar las dificultades a las que se enfrenta la decisión de los militantes del partido para presentar a Marie George Buffet como candidata a la candidatura por un reagrupamiento antiliberal. En el seno de los colectivos unitarios, muchos militantes no quieren ver al PCF hacer una OPA sobre su actividad y la movilización que se opera alrededor de ellos, por no hablar de las rivalidades que oponen, tras la fachada unitaria, a los diferentes candidatos a la candidatura.

Marie-George Buffet, en su informe introductorio, ha respondido en primer lugar a quienes la designación de Ségolène Royal habría incitado a dudar, incluso a apartarse de su estrategia “que permite construir una nueva mayoría de izquierdas y un gobierno de izquierdas”. Aún diciendo encontrarse “muy preocupada”, se ha desmarcado firmemente de quienes no se preocupaban más que del “resultado electoral de una “candidatura anticapitalista”, como dice Olivier Besancenot”. “En esta nueva situación, ha insistido, la alternativa de izquierdas por la que trabajamos con los colectivos unitarios es más indispensable que nunca”. Tras haber desarrollado el programa del PCF, ha concluído: “Debemos decir: ser de izquierdas, es combatir para que alrededor de tales proposiciones, se desarrolle una dinámica popular hasta crear las condiciones, en 2007, de la constitución de una mayoría y de un gobierno de izquierdas que lleven a cabo una política de ruptura con el liberalismo”.

Marie-George Buffet ha hecho público un llamamiento a las “mujeres y a los hombres de izquierdas”, reafirmando “la voluntad de que la izquierda gane en 2007”. Al mismo tiempo, y sobre el segundo punto, el del candidato o candidata del reagrupamiento antiliberal, se ha contentado con generalidades: “Electoras y electores comunistas, socialistas, ecologistas, republicanos, de extrema izquierda, nos encontramos desde hace años en las luchas contra la derecha y la patronal, por la justicia, la libertad, la dignidad. Hemos sido muy numerosos en el “no” de izquierdas. Vivimos y trabajamos unos al lado de otros, compartiendo las mismas preocupaciones y las mismas aspiraciones. Este reagrupamiento, tenéis en él todo vuestro lugar, no para uniros a quien quiera que sea, sino para contribuir, con vuestras ideas y vuestras proposiciones, a que podamos permitir juntos a nuestro pueblo, mayoritariamente, pronunciarse por una política de izquierdas”.

El consejo nacional ha recordado así la orientación del PCF por una mayoría de izquierdas y un gobierno de izquierdas, por tanto con el PS, en el marco de las instituciones. Su principal temor es quedar al margen de la dinámica que se ha iniciado alrededor de Ségolène Royal y que abre la perspectiva de una victoria de la izquierda. El PCF pretende formar parte de ella, pero tiene también necesidad de ganar la influencia que su política en el seno de la Unión de la Izquierda le ha hecho perder. Para ello, tiene necesidad de los colectivos. Y es por lo que se ha hecho también más abierto sobre la cuestión del canditato para el reagrupamiento antiliberal. Se trata de ganar tiempo, de dejar a las oposiciones confrontarse con su predominancia, para intentar imponer la candidatura de Marie-George Buffet. Cuenta también con la vuelta de Mélenchon con los colectivos para reforzar su posición e inscribir la evolución de estos últimos en la perspectiva de una nueva unión de la izquierda. El obstáculo a una candidatura unitaria de los antiliberales y de los anticapitalistas es subrayado: no podría, para nosotros, tratarse de implicarse en una alianza parlamentaria y gubernamental con el partido socialista. Para muchos militantes, la hora de las decisiones ha llegado.

Rouge, 24 noviembre 2006

Traducción: Alberto Nadal



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