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Elecciones en los EE UU. ¿Un Irán cristiano?
¡Maldita América!
08/01/2005 | David Finkel

Para comprender lo que ocurrió el martes 2 de noviembre, hay que pensar en los Estados Unidos como una especie de Irán cristiano, que sin embargo posee verdaderas armas nucleares y no solo armamentos hipotéticos.
Quizá caricaturizo un poco, pero dejadme proseguir con este paralelo. El gobierno de la República Islámica hundió a su pueblo en una ruina virtual en la guerra con Irak de los años 1980 y ha hundido la economía tan profundamente como es posible en un país que dispone de tal riqueza petrolera; sin embargo, ese régimen ha sobrevivido y ha preservado una base social sólida, incluso si una parte importante de la población le detesta.
La derecha republicana en los Estados Unidos ha arrastrado mediante mentiras al país a una guerra que, ahora está claro, no puede ser ganada. Su política de aumento del gasto militar y de regalos fiscales a los ricos ha llevado a una acumulación del déficit presupuestario que hace temer un desastre financiero en la próxima recesión económica.
A esto se han añadido las fotos de las torturas de la prisión de Abu Ghraib, el escándalo de las desviaciones del presupuesto de la guerra por la empresa Halliburton, la quiebra de Enron, la crisis del sistema de salud y los sarcasmos de Osama bin Laden (“¡Ya he vuelto!”).
Los demócratas y, hay que admitirlo, la mayoría de la izquierda que habría podido ser menos ingenua, considerando que John Kerry tenía garantizada la victoria, se ha limitado a movilizar a la comunidad afroamericana y los demás sectores alienados por la mafia de Bush y a recordar furiosamente la manipulación electoral de 2000.
Los que hacen los sondeos, se nos aseguraba, no podían sino equivocarse al indicar que el resultado iba a ser muy apretado y que Bush gozaba de una pequeña ventaja. No tenían en cuenta el voto de los jóvenes, de los muchachos con móviles que no están en las agendas telefónicas.... Y esta vez los demócratas iban a movilizar su base y sus aparatos jurídicos para impedir el acoso y la “limpieza de las listas electorales” por la derecha. Kerry iba a ganar y además ampliamente.

Este cálculo era exacto, en parte. El voto negro, en primer lugar, estaba ahí. El voto antiguerra, que los Demócratas consideraban como ganado por su candidato favorable a la prosecución de la guerra, estaba ahí. Ralph Nader y Peter Camejo –que han llevado una campaña independiente contra la guerra- no han obtenido más que 390.000 votos en el conjunto del país, es decir alrededor de la séptima parte del resultado de Ralph en 2000 e incluso menos de lo que había obtenido en la campaña casi invisible de 1996. En cuanto al candidato oficial del Partido Verde, David Cobb, su resultado que a penas supera los 75.000 votos no merece ni una sonrisa...
Los sindicatos han invertido decenas de millones en la campaña anti-Bush, en la movilización de los electores y en las campañas jurídicas para impedir la inscripción de Nader/Camejo en los boletines de voto en muchos estados. Pero el problema es que algo diferente estaba en juego, que los encuestadores habían señalado pero que la izquierda no ha querido ver: la movilización del voto de la derecha religiosa. Es eso lo que autoriza el paralelo Irán/Estados Unidos.

Es importante no faltar al respeto a quienes votan así por “valores morales”. Ni adularles de forma rastrera. El Partido Demócrata ha hecho las dos cosas mientras que los republicanos les movilizaban. Es ahí donde se ha decidido la elección.
La mayor parte de este voto conservador proviene de los blancos, obreros o miembros de las clases medias de rentas muy bajas. Por un complejo conjunto de razones, han votado por el partido que les ataca de la forma más agresiva. Sus empleos han pagado las consecuencias del mercado mundial, su seguridad social (es así como se denominan en los Estados Unidos las pensiones de jubilación) está en peligro de privatización, su salud está cada vez menos garantizada, sus hijos tienen una guerra ante ellos antes de conseguir un trabajo y en el nuevo orden capitalista sus vidas están dominadas por el endeudamiento y la inseguridad permanentes.
Sin saberlo siquiera, están entre las primeras víctimas del orden político norteamericano ultrareaccionario que sus votos han contribuido a poner en pie. ¿Por qué lo han hecho?. Es una pregunta complicada hasta la desesperación: por el momento permitidme decir solamente que la derecha es experta en la manipulación de sus temores y de sus preocupaciones morales mientras que la dirección del Partido Demócrata, por lejos que vaya hacia la derecha, no sabe dirigirse a ellos. Cuando Kerry denuncia “los colosales errores de apreciación en lo que se refiere a Irak”, sin ni siquiera mencionar el escándalo de Abu Ghraib, entonces, cualquiera puede imaginarse...

Ralph Nader tenía perfectamente razón cuando declaró la noche de las elecciones que los americanos ordinarios no aceptarán de forma permanente lo que los dos partidos empresariales les ofrecen. La gran cuestión, que sin embargo hoy sigue careciendo de respuesta, es cuánto tiempo hará falta... Es un verdadero enigma.
Los republicanos tienen la capacidad de dominar todos los niveles de la política estadounidense hasta una crisis seria. En este mundo violentamente inestable creado por el imperialismo estadounidense, amenazado por una crisis financiera debido a la acumulación de los déficits provocados por los gastos militares y las reducciones de los recursos fiscales distribuidos a los ricos, la debacle podría venir más rápido de lo que se piensa.
La cuestión entonces será saber si existe una izquierda democrática, populista o socialista, que tenga algo significativo que decir. La primera etapa, es romper las cadenas que atan al movimiento antiguerra a un Partido Demócrata ruinoso y comenzar a movilizarle.

28 diciembre de 2004

David Finkel es redactor jefe de la revista bimestral Against the Current, publicada por la organización socialista estadounidense Solidarity).

Traducción: Alberto Nadal
www.vientosur.info



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