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En torno a la visita de la delegación iraní a Asturias
Homofobia y pasividad cómplice
01/07/2018 | Tino Brugos

La reciente visita a Asturias del Embajador de Irán, Mohammad Hassan Fadaifard, y del consejero económico de la Embajada iraní en España, Reza Pir Piran, ha pasado sin pena ni gloria, con el tono gris que caracteriza a la mayor parte de las actuaciones de nuestras autoridades políticas autonómicas.

Únicamente la voz de XEGA, colectivo LGTB asturiano, ha recordado la indignidad que supone recibir, con la mayor normalidad del mundo, al representante diplomático de un estado en el que la homofobia alcanza el nivel de terrorismo.

Irán es uno de los países a los que se cita cada vez que llega el 17 de Mayo, Día Mundial contra la LGTBfobia, porque forma parte del grupo de 13 Estados en los que existe la pena de muerte por prácticas homosexuales. En ese sentido, XEGA recordaba al Presidente del Principado que hace menos de un año las autoridades iraníes procedieron a ejecutar en la horca al joven Alireza Tajiki, de 21 años, detenido cuando tenía dieciséis bajo la acusación de asesinato y violación. Su juicio fue tan escandaloso que el propio Tribunal Supremo iraní acabó anulándolo por falta de pruebas en el apartado referido al asalto sexual ,y para proceder a valorar la madurez mental del acusado que, en el caso de Irán, se presupone automáticamente a partir de los quince años.

Aún así, se mantuvo la condena y, en dos ocasiones, Alireza Tajiki estuvo a punto de ser ahorcado. La presión internacional solo permitió ganar un escaso margen de tiempo porque, finalmente, en agosto del 2017, se procedió a la ejecución. Amnistía Internacional, que se había personado en el proceso, denunció el hecho como un crimen de estado que violaba la Convención sobre los derechos del niño impulsada por las Naciones Unidas y que, en su momento, fue ratificada por el gobierno de Teherán.

La queja de XEGA no es por un asunto menor. Estamos hablando de aplicación de penas de muerte en un número creciente que incluye a menores. Si añadimos que lo que se condena es algo tan personal como la orientación sexual de la persona, como elemento determinante para ejercer ese castigo, no parece descabellado hablar de homofobia y pasividad cómplice al analizar el comportamiento de Javier Fernández, quien seguro que en su fuero interno, detesta estos hechos, pero como gobernante se comporta con pragmatismo y corrección, lo que quiere decir que ofrece su mano al Embajador, le dedica cálidas palabras de bienvenida y busca fórmulas para cerrar negocios.

Estamos ante actitudes que solo tienen un nombre: hipocresía.

Cuando desde las filas de la izquierda se transmite el mensaje de la integración de aspiraciones igualitarias y de compromiso con el respeto a la diversidad, no hay mejor prueba del algodón que esperar a ver cómo se concretan esas ideas en el momento de hacer los grandes negocios. Un compromiso verdadero no significa rechazar la posibilidad de hacer negocios con un estado como el iraní, pero sí requiere defender con convicción las ideas de las que uno, supuestamente, se reivindica y ello significa que, en casos como el que tratamos, hay que sacar los colores al embajador recordando que no es de recibo ahorcar a jóvenes adolescentes simplemente porque sus gustos sexuales no coincidan con los de la mayoría.

Pero en el mundo en que vivimos, la coherencia no es algo que abunde. Por el contrario, lo más frecuente es tropezar con grandes proclamas que, llegado el momento de la verdad, se revelan huecas y sin contenido. Muchas veces desde el mundo de la docencia se señala que lo que existe en la escuela no deja de ser un reflejo de la realidad circundante y, en este sentido, crecen las voces que denuncian el auge entre el alumnado de actitudes que no se reconocen en los valores morales que teóricamente se imparten a través del currículo oficial.

Lo que ocurre, se dice, es que cada día que pasa hay una distancia mayor entre lo que se dice y lo que se hace. Cada vez que alguien plantea la necesidad de hacer lo que se denomina corrección política, lo que está proponiendo es profundizar en la disociación entre teoría y práctica. Valores como el compromiso, la coherencia, la solidaridad, no encajan en este modelo de sociedad basada en el pragmatismo y el individualismo. Y aquí encaja perfectamente el hecho que estamos comentando. Una cosa son los principios y otra la práctica y, si por alguna casualidad no te gusta, tengo otros principios que diría Marx (Groucho).

De todo ello se pueden sacar algunas conclusiones. Una de ellas, preocupante, hace referencia al papel que las proclamas dirigidas al colectivo LGTB tienen en el discurso oficial de algunos partidos. En este caso el PSOE asturiano. No vale poner una bandera o votar una moción si no va acompañada de una práctica coherente en el discurso organizativo durante todos los días del año.

Otra conclusión es la que hace referencia a la dificultad de educar en valores a una juventud que vive y siente, de forma cotidiana, el cinismo. Difícilmente podremos trasladar la idea de la igualdad, del respeto a la diversidad, si nuestra clase política es la primera en no comprometerse ni en dar ejemplo, pese a que ello pueda suponer, en momentos determinados, cierto nivel de confrontación.

30/06/2018

Tino Brugos, Miembro Comisión Permanente de SUATEA, forma parte del Consejo Asesor de viento sur

http://www.atlanticaxxii.com/homofobia-y-pasividad-complice/





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