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Francia
Los claroscuros de la movilización
01/06/2018 | Léon Crémieux

Han transcurrido dos meses, desde el 22 de marzo al 26 de mayo, de huelgas, manifestaciones, bloqueos de universidades e institutos, enfrentamientos con las fuerzas del orden y de violencia policial. Y todo indica que en las semanas que vienen esta situación de tensión política y sindical se va a prolongar, si bien en el horizonte no se vislumbra una confrontación fuerte, capaz de bloquear los planes del gobierno Macron.

El origen de todas estas movilizaciones está en los ataques frontales impulsados por el gobierno contra la juventud y los sectores asalariados (ver: http://www.vientosur.info/spip.php?article13619 y http://www.vientosur.info/spip.php?article13695 ). A lo largo de estos dos meses, el enfrentamiento ha estado protagonizada fundamentalmente por los trabajadores y trabajadoras del ferrocarril (SNCF) y la juventud universitaria y de enseñanza media.

En la SNCF el personal, fundamentalmente de las y lo conductores, mecánicos y controladores, se ha movilizado masivamente contra la transformación de la compañía pública en sociedad privada, contra la apertura del sector a la competencia y la supresión del estatuto profesional para las nuevas contrataciones. Los cuatro principales sindicatos de la SNCF (CFDT, CGT, SUD y UNSA), con el apoyo de FO y las reticencia de SUD-Rail, optaron por un ritmo de huelga de dos días sobre cinco a partir del 3 de abril y hasta el 28 de junio. En total 36 días de huelga.

Durante el mes de abril, junto a la SNCF, sólo los sindicatos de Air France pusieron en marcha un proceso paralelo de jornadas de huelga, reivindicando aumentos salariales y la recuperación del 6% de salario perdido a causa de la congelación salarial desde 2012.

En Air France se produjo, además, un acontecimiento revelador de la situación social y política en la que se encuentra Francia. La dirección del grupo, tras constatar en el mes de abril que la participación en la huelga convocada por una intersindical amplia (los sectores de tierra y vuelo y todos los sindicatos salvo CFDT y la CGC) no era muy seguida, concluyó, precipitadamente, que le intersindical no contaba con el apoyo de los trabajadores y trabajadoras y que se trataba de una huelga ultraminoritaria de pilotos. Tras lanzar una propuesta (una verdadera cortina de humo) en torno a la recuperación de los salarios que no proponía mas que migajas, a mediados de abril el Director general planteó la triquiñuela de un referéndum/plebiscito, en el que se pedía a los trabajadores y trabajadoras apoyar su propuesta, anunciando que, en caso de que no ganarla, dimitiría. El resultado no se hizo esperar. A pesar de que la empresa utilizó, tanto en el seno de la empresa como en los media, de todos los instrumentos de propaganda posibles, el resultado fue categórico: con más del 80% de participación, la propuesta de la dirección fue rechazada por más del 55%. J.M. Janaillac, Director general del grupo Air France/KLM tuvo que abandonar el cargo dos años después del incidente de la camisa rasgada, en la que dos directivo de Air France tuvieron que escapar corriendo de la mala leche del personal. El gobierno denunció este nuevo ejemplo de impertinencia y de insumisión a la autoridad patronal, y los media se mostraron indignados porque el hecho de que se pudiera decidir el futuro de un patrón de esa forma.

Este ejemplo es ilustrativo del ambiente que existe en el país. Incluso si las huelgas de abril y mayo [en Air France] no tuvieron continuidad, el clima político y social es de rechazo a la política antisocial del gobierno.

El gobierno cambia el paso

Ante el mismo, Macron y su primer ministro se vieron obligados a cambiar de táctica. Al comienzo, frente a la huelga del ferrocarril, el gobierno jugó la carta de la confrontación directa, de la agitación mediática contra la huelga, de enfrentar los usuarios y usuarias, que padecían los bloqueos en las estaciones, a la huelga. Ahora bien, aún cuando la huelga no progresan mucho, una buena parte de asalariados y asalariadas apoyan al personal en huelga y, por ello, la huelga se mantiene y los sindicatos CFDT y UNSA no pueden abandonar el frente sindical.

Al mismo tiempo, durante estas últimas semanas, el temor gubernamental a que la huelga se extienda a otros sectores no ha llegado a materializarse. Por ello, el gobierno, más que crearse problemas con una vía de confrontación directa, ha cambiado el paso entreabriendo la puerta [de la negociación] a los sindicatos de la SNCF e impulsando, a través de su primer ministro, un diálogo formal que semanas antes había sido descartado como una muestra de firmeza.

En el fondo, el gobierno no cede en su poryecto reforma para liquidar la SNCF como empresa pública, pero se ha visto obligado a dar coba a los dirigentes sindicales para posibilitar una salida dulce del conflicto de aquí a finales de junio: anuncia el compromiso de que el Estado corra a cargo de los 35 mil millones de deuda de la SNCF y que se establezca por Ley que el Estado no cede su parte en la nueva sociedad privada. Ninguno de estas dos cuestiones modifica el ataque de fondo, ni responde a las garantías exigidas por los sindicatos en cuanto a la negociación de un convenio de sector que fije un mínimo de derechos para los asalariados y asalariadas en las nuevas sociedades privadas que actúen en el sector. Peor aún, durante el mes de abril, Edouard Philippe, primer ministro, confirmó la filialización/privatización del transporte de mercancías ferroviario. Pero, en cualquier caso, todo este simulacro de diálogo social permite a los dirigentes sindicales desplazar el cursor: del rechazo frontal de la reforma a la negociación de algunos temas derivados de la misma.

Este giro táctico del gobierno fue fruto tanto del rechazo que encuentran las reformas como, desgraciadamente, como de una táctica de huelga que evita abrir una crisis social orientada a bloquear al gobierno.

Los límites de la modalidad de la huelga

El argumento clave de las direcciones sindicales para adoptar un ritmo de huelga de 2 sobre 5 días era el permitir una movilización a largo plazo, que permitiera pesar en el debate parlamentaria, hasta que con la votación de junio concluyera el proceso parlamentario de la reforma. Ahora bien, en la práctica, la decisión gubernamental de hacerlo pasar mediante decreto-ley quita todo contenido al debate parlamentario.

Este ritmo de huelga permite mantener un alto nivel de huelguistas pero también el que la dirección [de la SNCF] se adapte a ella y evite una situación de bloqueo del tráfico de trenes durante varios días consecutivos que podría desencadenar un enfrentamiento con el gobierno. Esta táctica también ha supuesto que el resto de sectores en lucha iban por su cuenta, y no facilita un proceso de suma de otros sectores en lucha, que hubiera sido posible, sobre todo, con la Función Pública.

La Función Pública (5,6 millones de trabajadores y trabajadoras en hospitales, educación, finanzas públicas, servicios administrativos…) sufre también un ataque frontal, ligeramente diferido al de la SCNF, que se va a saldar con la supresión de 150.000 puestos de trabajo, al que se suma el ataque a los salarios y el recurso masivo a los contratos no estatutarios.

Si bien el 22 de marzo este sector vivió una gran movilización, la ausencia de dinámica posterior condicionó la segunda jornada intersindical del 22 de mayo. Una movilización más débil que la del 22 de marzo, y que contó con la participación de ferroviarios y ferroviarias en sus manifestaciones. El amplio frente sindical en la Función Pública se debe también a sindicatos como la CFDT y FO, que a nivel confederal han rechazado todo lógica de convergencia de luchas –sobre todo entre el ferrocarril y la Función Pública– a pesar de que están sometidos a ataques similares. Incluso aún cuando en ningún sector de la Función Pública asistimos a una presión combativa que desborde este calendario, el mismo no ha estimulado la movilización.

El ritmo 2/5 también impedía que las asambleas generales de la SNCF pudieran definir la modalidad de la movilización. En movimiento huelguísticos precedentes, la prorrogación de la huelga (tras el primer día huelguístico) se decidía cotidianamente. La existencia de un calendario fijo ha impedido que las asambleas desempeñen ese papel para definir el futuro de la huelga, lo que ha hecho muy difícil que las y los militantes combativos de SUD o de la CGT, pudieran desbordar el calendario predeterminado.

Así pues, el gobierno evitó una situación de bloqueo económico del país que se podía haber cado con el bloqueo del transporte, y el movimiento social no pudo contar con un punto de referencia que permitiera sumar otros sectores combativos. A pesar de ello, en la región parisina, decenas –e incluso hasta un centenar estos últimos días- de ferroviarios y ferroviarias tomaban parte regularmente en las asambleas generales inter-estaciones, fruto de las asambleas generales de huelguistas de distintas estaciones, con el objetivo de modificar el calendario sindical. Y continúan haciéndolo, proponiendo movilizarse a principios de junio más allá de las jornadas prefijadas.

En definitiva, la huelga se mantiene y continúa siendo popular entre los trabajadores y trabajadoras. Una muestra de ello es el resultado del referéndum organizado por los sindicatos entre todos los agentes de la SNCF: con la participación del 61%, el 94,97% voto contra el proyecto gubernamental. Al mismo tiempo, una caja de resistencia recaudó más de 1 millón de euros que son gestionados por los cuatro sindicatos representativos del ferrocarril.

El movimiento estudiantil

Si el gobierno evita el enfrentamiento directo con los trabajadores y trabajadoras de la SNCF, el tono ha sido el contrario con la juventud universitaria y de enseñanza media y con el movimiento estudiantil. Desde mediados de abril asistimos a huelgas, ocupaciones y bloqueos en casi la mitad de las 75 universidades del país. En ellas se desarrollaron asambleas generales que puede que fueran más importantes que durante la movilización contra el Contrato de empleo juvenil en 2006 (un proyecto que legalizaba la precarización para la juventud y que el gobierno se vio obligado a retirar): 2.500 en Montpellier, 3.500 en Rennes, 2.000 en Mirail…

Un movimiento basado en la autoorganización pero confrontado a la falta de iniciativa del principal sindicado, la UNEF, y a la dificultad de crear una verdadera dirección nacional del movimiento.

A pesar de ello, la movilización ha sido masiva hasta estas últimas semanas, con un tercio de facultades bloqueadas u ocupadas durante el mes de abril y mayo. Consecuencia de ello, se tuvieron que anular o retrasar los exámenes parciales. Todo ello en un contexto de violencia policial, en la que el gobierno y el ministro del Interior, Gérard Collomb, intensificaron la violencia policial, los arrestos y la represión de las manifestaciones utilizando granadas de dispersión. Esta movilización también es muy popular entre los estudiantes que se enfrentan a la reforma educativa (ORE-Orientation réussite des étudiants y Parcoursup, sistema selectivo para entrar a la universidad). El propio gobierno reconoce que no cuenta mas que con 600.000 plazas para una demanda de 800.000 para el año 2018. El sistema para hacer la criba puesto en pie estas últimas semanas refuerza la selección social de las y los estudiantes de secundaria de los barrios populares, dejando a cientos de miles en la cuneta.

Como el malestar entre la juventud continúa, el gobierno ha optado por golpear fuerte y atemorizarlo. Tras las intervenciones violentas en Nanterre o en Toulouse, las fuerzas de Gérard Collomb llegaron a arrestar a 128 estudiantes de un instituto parisino cuando organizaban una asamblea general, reteniéndoles durante una noche y sin prevenir siquiera a su familia. Más de un tercio de ellos tenía menos de 18 años.

Es la misma violencia que se ha aplicado en Nôtre Damne des Landes, donde el gobierno no quiere que su renuncia al proyecto del aeropuerto sea interpretado como una victoria y un trampolín por parte de los movimientos que militan contra los proyectos inútiles, en defensa de una ecología social y en defensa del medio ambiente frente a los proyectos de los grandes grupos industriales. Expulsando a cientos de zadistas de las zonas que ocupan con una violencia policial inusitada: utilizando granadas lacrimógenas explosivas que han provocado lesiones graves a un joven que ha perdido la mano debido a la explosión de una de ellas.

En todo caso, la cuestión política de fondo es siempre la misma: la relación de fuerzas social y política en relación al gobierno.

Lo nuevo: un frente social y político

Para intentar construir esta relación de fuerzas, ATTAC y la Fundación Copernic tomaron la iniciativa de construir un frente social y político común, que se tradujo en una importante movilización el 26 de mayo. La Fiesta a Macron, manifestación que se realizó el 5 de mayo, fue ya el resultado de una convergencia política y asociativa a la izquierda del PS: desde Alternative libertaire al partido de Benoît Hamon, pasando por el NPA y la France Insoumise. Los organizadores contabilizaron 100.000 manifestantes. El 26 de mayo hubo 200 manifestaciones en las que se movilizaron 250.000 personas, esta vez contando con el llamamiento de la CGT, de Solidaires, de la FSU y un amplio elenco de colectivos.

La constitución de este frente constituye una buena noticia que fue ignominiosamente tratada por numerosos medias que vieron en ello "una deriva de la CGT", "Martinez (Secretario general de la CGT) se mezcla con JL Mélenchon"…

La realidad es bien otra. A diferencia de la situación política que se vivía en otoño, cuando Macron parecía imponerse en ausencia de una respuesta social y no teniendo enfrente más que a JL Mélenchon predicando en el desierto, hoy en día se trata de un frente de movilización que se construye.

No sin muchas dificultades ya que pocas fuerzas de las comprometidas desean implicarse en una prueba de fuerza, de movilización en la calle y de huelgas, contra el gobierno. Ahora bien, en los distintos sectores y de forma horizontal, el clima ha cambiado. Miles de militantes ha dado calor al clima social con numerosas convergencia que el poder querría borrar a menudo mediante la violencia. Estas convergencias diseñan, también, respuestas alternativas a numerosas cuestiones sociales.

En este sentido, es muy importante que el Comité Verdad y Justicia para Adama estuviera presente en las primeras filas de la manifestación parisina del 26 de mayo. Adama Traoré era un joven de Creil que murió asfixiado cuando era inmovilizado por tres policías en julio de 2016 en la comisaría de Persan (suburbio parisino). Desde entonces su familia y un comité de apoyo amplio luchan por lograr justicia y denunciar la violencia de la policía y la gendarmería en los barrios populares. Los abusos de la policía de Gérar Collomb no hacen sino reforzar su importancia.

Los barrios populares son el primer objetivo de la política ultra-securitaria del gobierno de Éduard Philippe (como lo fue de los anteriores), que se apoyo en los dispositivos que le otorga el Estado de urgencia trasladados al código penal. Las fuerzas represivas viven con un sentimiento de impunidad que ha sido reforzado por numerosos sobreseimientos de las que se benefician sus miembros cuando son denunciados por las familias de jóvenes víctimas de la violencia policial.

Ahora bien, todos los ataques impulsados por el gobierno actual prevén un recorte fuerte a los presupuestos sociales del Estado (en torno a 60 mil millones) para situarse dentro de los límites presupuestarios de la Unión Europea. Recortes vinculados a la supresión de empleos y servicios de la Función Pública que golpean fuertemente a los barrios populares. Por ello es importante construir un frente social que movilice a trabajadores y trabajadoras, a la juventud y, sobre todo, a quienes cotidianamente son víctimas de la segregación y la discriminación en los barrios populares

Todos estos elementos sociales y políticos se mezclan con las fortalezas y las debilidades del movimiento social y de las fuerzas anticapitalistas.

La crisis social está latente por doquier. En la fase actual, en las últimas semanas se han expresado a la vez las fuerzas dinámicas y las de bloqueo. La política de las direcciones sindicales es un elemento que debilita la capacidad de respuesta, pero no es el único. En Francia, las fuerzas políticas y sociales que quieren luchar contra el capitalismo y, sobre todo, las y los militantes del NPA, tienen consciencia de la urgencia por reconstruir y construir un tejido militante, local y nacional, que plantee las exigencias sociales y un proyecto de emancipación que barra la fetidez extendida estos últimos años por las fuerzas reaccionarias, sean de derechas o social-liberales. Macron es el heredero de estas dos fuerzas. Frente a él, este tejido se construye más lentamente de lo que demandan los ataques reaccionarios, pero los últimas semanas muestran el camino. El gobierno y la mayoría de los media querrían continuar con el panorama de una resistencia reducida al monólogo declamatorio de Mélenchon. Las últimas semanas han diseñado un paisaje totalmente distinto, el de una construcción colectiva, unitaria y radical.

El futuro no está escrito, pero en todo caso, la batalla será de largo aliento.

31/05/2018





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