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ETA
Al César lo que es del César
26/05/2018 | Jose Iriarte Bikila

Jose Ramón Castaños, Troglo, in memorian

Lo digo como lo pienso. Hay que juzgar a ETA (y sus sucesivas escisiones) según el contexto y su accionar. Lo que fue en sus inicios y en lo que se convirtió posteriormente. Me parece pertinente afirmar que el partido bolchevique, dirigido por Lenin y Trotsky no era el mismo que el de la era Stalin; y no digamos el de la era Gorbachov. Otro tanto respecto al FSLN guerrillero y de los primeros años del gobierno revolucionario nicaragüense, y el actual dirigido por el matrimonio Ortega- Murillo. Lo que quiero decir es que las organizaciones evolucionan, mutan y a veces se metamorfosean. Y me parece pertinente aplicar también tal conclusión al caso de ETA 1/.

En efecto, hubo diferentes ETAs (hasta que en el 82 desapareció ETA político-militar). No se trata de diferenciar entre ETAs buenas, y la ETAs malas; sino de analizar su evolución y consolidación final. Lo que escribo a continuación no es sino una modesta invitación a llevar adelante tal proyecto.

Los inicios

Frente a una dictadura asesina que aplicaba la ley de fugas, que defenestraba a los militantes torturados, que primero disparaba y luego preguntaba, se daban divergencias sobre la conveniencia de responder con medios armados, pero no se cuestionaba su legitimidad. Como botón de muestra, dos miembros (Artaso y Azurmendi) de un comando navarro de EGI, rama juvenil del PNV fallecieron al estallarles el artefacto que estaban manipulando.

Al término de la II Guerra Mundial el PNV preparó varios comandos entrenados por instructores del Ejército Americano con el fin de introducirlos al interior, una vez se diesen las condiciones propicias. El PCE mantuvo en activo agrupaciones de guerrilleros hasta mediados de los 50. Y en el 45 inició una ofensiva guerrillera en El Valle de Aran que fue abortada por orden de Stalin.

Más allá de su práctico abandono, en la década de los 60, la simbología guerrillera todavía pervivía en la épica antifranquista de los 50-60. ETA nace como reacción generacional frente a la apatía e impotencia instalada en el antifranquismo y sobre todo en el nacionalismo vasco. Es recibida con recelo por las viejas burocracias, no así en los núcleos todavía activos, fuesen republicanos o influenciados por los movimientos de liberación nacional que pululaban por el mundo.

Un revisionismo interesado

A día de hoy, el PNV está propiciando un discurso consistente en negar la mayor en el contexto histórico y las causas que empujaron a una parte de nuestra generación a optar por la lucha armada. Para el PNV actual, el nacimiento de ETA supuso un acontecimiento nefasto para el pueblo vasco. Este enfoque, además de hacer abstracción del contexto, en buena lógica pone en solfa la legitimidad y la épica del Euzko Gudarostea- Ejército vasco, de la cual se nutre todavía el PNV en los Aberri Eguna y los homenajes a los gudaris del 36, necesarios para alimentar el alma un tanto mustia de un partido mero administrador del presente autonómico. Sin embargo, durante la dictadura no tenían empacho en considerar a los militantes de ETA como gudaris; eso sí, engañados o envenenados por ideas marxistas.

Si el nacimiento de ETA no tuvo razón de ser, en razón a su naturaleza violenta, habría que preguntarse ¿Por qué fue legítimo y heroico el resistir militarmente a la invasión fascista durante la Guerra Civil, o durante los años posteriores a la ocupación nazi (en Francia, por ejemplo), en vez de optar por la resistencia pasiva, o la autoinmolación pacifica? Sin embargo, el PNV alardea del batallón Gernika, quien a las órdenes del general Philippe Leclerc, fue una de las primeras unidades en entrar en el París recién liberado.

ETA nació como un fenómeno generacional que, a la par del resurgir de las luchas obreras, el despertar del sentimiento nacional vasco y el empuje universal de los movimientos de liberación nacional en todo el mundo, optaban por nuevos cauces de resistencia. Los primeros muertos entre ambos bandos (un guardia civil y un dirigente de ETA) fueron fruto de un encontronazo fortuito en un control de carretera y no de algo preparado de antemano. Hasta entonces, los muertos solo caían en un bando 2/.

Habría que preguntarse por qué el mundo nacionalista, y en general el antifranquista, consideró a esos militantes que ejercían el activismo armado como representantes de una nueva generación empeñada en desdecir los 25 años de Paz que celebraba la dictadura. Así mismo, ¿por qué los procesados de Burgos fueron considerados como héroes y su salvación objeto de protestas en toda Europa?.

La historia es concluyente para quienes no estén presos de la batalla por un relato cargado de interés político que nada tiene que ver con la propia historia, salvo el de los franquistas y neofranquistas que tiene su propia versión dentro de la cual torturadores como Melitón Manazas son considerados víctimas del terrorismo.

Ningún antifranquista, nacionalista vasco, republicano español, comunista y o revolucionario ponía en cuestión la legitimidad (sí, por supuesto, su estrategia) de ETA frente al franquismo, ni la moralidad de sus actos.

Moralidad y estrategia que, ciertamente, fue cambiando. Al principio de forma apenas perceptible y más tarde mediante cambios bruscos. Uno recuerda los debates realizados al calor de determinados sucesos fruto de endurecimiento del enfrentamiento.

No se puede olvidar el ejemplar comportamiento de unos militantes (que luego terminaron en ETA-VI), que al darse cuenta que en la redacción del periódico donde habían colocado un artefacto explosivo se encontraba todavía un trabajador y fueron a desactivarlo, explotándoles el artefacto en el intento, quedando heridos y posteriormente detenidos. O la militante que se dejó detener por los obreros del astillero La Naval de Bilbao antes de disparar a los mismos, durante el atraco para la provisión de fondos para la organización. O el desconcierto ante la muerte de un taxista por parte de un militante herido (durante la intervención policial en que cayó buena parte de la dirección de ETA), al darse cuenta que el taxista lo quería entregar a la policía. Incluso el atentado contra la cafetería Rolando en la puerta del Sol, con víctimas civiles por medio, produjo una gran conmoción. Una cosa era Carrero y otra matar personas civiles.

Todo ello produjo discusiones sobre los fines y los medios, los límites de la violencia y el objeto de la misma. Nada que ver con lo que ocurriría durante los primeros años de la transición, y los posteriores, tras los fracasos de los intentos de buscar una salida en Argel, Lizarra-Garazi y Loiola.

Los debates sobre el ejercicio de la violencia entre ETA (VI) y ETA (V)

El Zutik 57 que ETA (VI) editó en 1973 (abril-mayo) se dedicó íntegramente a explicitar sus diferencias con ETA (V) en lo relativo a la lucha armada. El título: ETA (V) y el activismo minoritario ya es de por sí bastante ilustrativo. Un debate duro y, sin embargo, explicitado desde qué lado de la barricada se realizaba. La introducción realizaba un sentido homenaje a la figura de Eustaquio Mendizabal, dirigente de ETA (V) asesinado por la policía franquista unos meses antes, y considerado un luchador “que entregó su vida en el combate contra la dictadura, por la libertad de Euskadi” 3/.

El sumario del artículo es suficientemente explícito:

- las raíces sociales del activismo minoritario.

- una estrategia nacionalista y una concepción militarista de la lucha revolucionaria.

- economicismo y activismo minoritario.

- de la política del activismo al activismo sin política.

- contra las simplificaciones pacifistas en análisis del activismo.

- nuestra concepción de las tareas militares y la actividad armada, donde se incluían apartados como: de la autodefensa obrera al armamento de los trabajadores; las tareas de autodefensa y las iniciativas de vanguardia.

Entrar en materia daría para más que para un artículo, sólo el guion ya da para situarnos donde estaban las diferencias.

Desde LCR-ETA (VI)

Ya fusionados con la LCR y convertidos en LCR- ETA-VI, prosiguió el debate. La nueva organización estructurada a escala estatal, sin la presión resultante de tener que resaltar constantemente las diferencias estratégicas e ideológicas correspondientes a unas siglas que solo les diferenciaban en el número de la asamblea correspondiente (V o VI), el debate se centraba sobre todo en los acontecimientos, siendo uno de ellos el atentado contra Carrero Blanco 4/.

Desde su órgano central Combate, en un artículo titulado “Debate entre revolucionarios” firmado por J. Gainza, polemizaba con el PCE por acusar “a ETA de hacer el juego a la fracción más dura del Régimen”, y no diferenciar “entre la necesaria critica a la orientación militarista del ETA (V) y la valoración concreta de la acción por ellos protagonizada”. Acción, cuyos efectos eran considerados “positivos”. Según el autor la crítica no debía basarse, “en un rechazo de principio de toda acción minoritaria que automáticamente habría de contraponerse a la acción de las masas, sino, muy concretamente a la absoluta desconexion existente entre unas y otras”.. Sobre todo de cara a la clase obrera vasca, una buena parte de la cual si bien veía con buenos ojos muchas de las acciones de ETA, no asumía sus postulados.

ETA en sus reflexiones internas era consciente que su implantación en el medio obrero esa muy deficiente respecto al elemento pulular, aspecto este que al final produjo el conflicto con su frente obrero, que termino saliéndose de la organización y creando LAIA.

La receta de la LCR era partir del principio: “armar a las masas del deseo de armarse” para lo cual las tareas “militares” debían priorizar la organización de la autodefensa de las luchas, combinadas con iniciativas diversas para lo cual hacía falta una preparación técnica (en la cual la LCR se ganó un merecido prestigio), desde luego nada pacificas...

Durante la fase final de la dictadura se dieron importantes enfrentamientos de masas con el aparato represivo. Dentro (y no desde fuera) de dichos enfrentamiento las organizaciones auto consideradas como vanguardias incorporaban sus conocimientos y habilidades organizativas para una mayor efectividad en el combate.

Claro que una cosa era el panorama estatal y otra el de Euskadi y sus no pocas paradojas. Recuerdo experiencias como las de Errenteria- Orereta 5/. Mientras que con el beneplácito de la asamblea de pueblo poníamos en práctica nuestras ideas de autodefensa de las manifestaciones, eran los gritos a favor de ETA las que catalizaban la situación. Una ETA, en buena lógica (aquello no era Belfast donde el IRA intervenía directamente), físicamente ausente de esas luchas pero presente como referente simbólico.

Para explicar tal fenómeno, tendríamos que referirnos a una Transición-frustración. Periodo durante el cual miles de luchadores entraban en una onda depresiva y de desencanto por cómo se estaba consolidando dicha transición; a la vez que otros vertían su rabia jaleando a ETA, que con el viento a favor, ampliaba su capacidad militante y militar y se convertía en dirección política de un amplio sector de masas.

Así, en el boletín de debate para el tercer congreso de LKI 6/, tratando de explicar lo complejo de la cuestión, decíamos “ETA mantiene una vinculación de masas que influencia, a través de formas organizativas semi-clandestinas (KAS) y totalmente legales (HB) y sus acciones aunque minoritarias en su aspecto organizativo galvanizan amplios sectores populares. No es por tanto una organización conspirativa, sino la dirección político-militar de un movimiento socio-político con voluntad hegemónica dentro de la sociedad vasca, y que aspira a construir un Estado socialista vasco. En este sentido conecta más con la tradición de la resistencia popular irlandesa, con raíces dentro de la sociedad que en la cualquier teoría conspirativa que pretende eliminar la tiranía por la eliminación de sus cabezas visibles. (...) Nos encontramos ante un problema muy complejo, de una dirección política a caballo entre el militarismo y el revolucionarismo radical con proyección de masas”.

De los debates hiper-ideologizados y teóricos, basados muchas veces en lejanas experiencias más que en las propias, el éxito de ETA en medio de un proceso de transición donde ya se operaba dentro de la legalidad, a muchos nos dejaba bastante perplejos. Con dificultad para compaginar entre los que creíamos estratégicamente necesario y una realidad que se imponía.

Ciertamente, no por ello abandonamos nuestras convicciones y nuestras teorías sobre el trasncrecimiento de las luchas elementales (huelgas generales, autodefensa obrera, milicias obreras, trabajo en el aparato de estado, etc.) a la destrucción del Estado burgués. Manteníamos la ortodoxia: “A diferencia de los reformistas, los partidos revolucionarios defienden el uso de la violencia, hoy para las luchas defensivas, mañana para saldar la deuda que tiene con nosotros el capitalismo. A diferencia de los militaristas, o de las corrientes sustituistas, no creemos que la dirección militar sea un problema de los especialistas y de un partido revolucionario constituido en organización militar. Con palabras de Lenin afirmamos que: ’la insurrección debe apoyarse no en un complot ni en un partido sino en la clase avanzada’”.

Pero magros eran los logros en relación al objetivo final, mientras que ETA estaba ahí con miles de seguidores en las calles jaleando su intervención.

La transición, un cambio de paradigma

No hay ruptura democrática, pero si un nuevo régimen con un nivel de legitimidad diferente al de la dictadura. La Transición a pesar de ser cuestionada por sectores importantes de la población vasca, se legitima en todo el Estado y también en buena parte de Euskal Herria, sobre todo a partir de la instauración del Estatuto de Autonomía, y la influencia del PNV en la nueva situación.

Paradójicamente, durante ese periodo, lo que va desde el inicio de la transición hasta finales del 80 (primeras negociaciones de Argel) ETA demostró una capacidad mortífera, como nunca la tuvo durante la dictadura. Desde LKI (LCR en Euskadi), no sin dificultades, combinamos la crítica a dicha actividad (como política y estratégicamente inútil desde una perspectiva emancipatoria) a la vez que defendíamos, aún, su legitimidad frente a un Estado heredero del franquismo, sin depurar sus aparatos represivos, y que se arrogaba para si la legitimidad en exclusiva del uso de la violencia 7/ y que negaba el derecho de autodeterminación además de apuntalar el sistema capitalista.

A pesar de las críticas, siempre fuimos contrarios a la represión y sobre todo al aumento de las medidas antiterroristas (Plan ZEN). Y nunca abandonamos la perspectiva de una salida negociada al conflicto. Hasta que ello resultó no solo imposible sino insostenible, abogando claramente por el abandono unilateral por arte de ETA 8/.

Con el PSOE en el gobierno, desde las cloacas del Estado, nace la guerra sucia cuyo objetivo es la eliminación física de miembros de ETA y afines y, sobre todo, presionar al Gobierno francés para que desarticule el santuario al otro lado de la frontera. Curiosamente, una táctica utilizada a veces por ETA: forzar mediante atentados una situación que empujase a la población civil a presionar contra el gobierno (cosa que nunca ocurrió) para que este buscase una solución; en este caso resulto efectivo en relación al gobierno francés. Este no puede admitir que la confrontación se lleve en su territorio y arremete contra ETA, obligandole a pasar e la clandestinidad o a desaparecer de Iparralde.

La irrupción del GAL, evidentemente nos coloco no pocas veces dentro de un amplio movimiento de protesta que denunciaba al PSOE como responsable de tal engendro. Además de toda la corruptela que acompaño a los fondos reservados de la lucha antiterrorista.

Los años 90: Un cambio de escenario

Al inicio de los 90, LKI se fusiono con el EMK conformando la organización Zutik 9/.

ETA entraba en los 90 con la mirada puesta en los juegos olímpicos de Barcelona, y la esperanza de que mediante un aumento de la presión militar se lograría una salida definitiva al conflicto. El resultado fue catastrófico, tanto para ETA (no logró sus objetivos y su dirección fue detenida en la localidad de Bidart) como para la sociedad en general, que sufrió los efectos de la generalización de formas de luchas con un sesgo cada vez más terrorista: atentados indiscriminados, coches bomba, asesinatos políticos, etc. Devido a ello, nuestro distanciamiento fue en aumento.

En una de las ponencias para el 2º congreso de Zutik escribíamos. “El caso es que en Argel acaba una determinada forma de enfocar la negociación por parte de ETA, así como el único intento serio realizado por el gobierno central (…) En el nuevo periodo ETA pasa a centrarse exclusivamente en su fuerza militar (sin importarle el efecto que ello pueda tener en sus aliados y simpatizantes en el estado español, notablemente en Cataluña) dotándose de nuevos y conflictivos medios, tales como los coches bomba orientados contra las fuerzas de seguridad del Estado pero incontrolables por sus efectos sobre la población civil. Empiezan los atentados en lugares públicos como centros comerciales, vías férreas (…) con el objeto de generar un estado de ánimo en la sociedad de hartazgo, a favor de la negociación.

Hipercor simboliza el lado más despiadado de esa táctica (…) La línea Oldartzen, y la teoría de la socialización del sufrimiento parte de la idea de que no hay mejor defensa que un buen ataque y que ello exige contundencia militar por encima de cualquier otra consideración. Dentro de esa táctica no caben sutilezas. Las posturas críticas no tiene cabida, son combatidas como liquidacionistas... supone también una mayor cerrazón, brotes de intolerancia hacia sectores opositores por el mero hecho de llevar un lazo azul (…) la batalla por extender la influencia social, por romper el cerco del Estado y del abandonada a favor de la solidez del propio campo”.

En ese contexto nacieron las primeras organizaciones pacifistas anti- ETA, y el Pacto de Ajuria-Enea, las cuales supusieron un cambio importante, en la medida que empezaron a disputar a la izquierda abertzale la hegemonía que hasta entonces tenia a nivel de calle. En ese contexto también, se despliega la ofensiva ideológica según la cual la sociedad vasca esta dividida entre demócratas y terroristas, burda pero efectiva, ya que crea un muro de separación casi impermeable.

ETA, a pesar del lanzamiento de su oferta democrática para la solución del conflicto, es incapaz de dar vuelta a esa situación, y para las organizaciones de izquierda revolucionaria, la situación es harto complicada, en la medida que no puede situarse en el lado de quienes propugnan la socialización del sufrimiento, pero tampoco de quienes auto-considerándose demócratas, no dudan en defender un Estado creado en buena parte por el chantaje de la violencia (la presión de los llamados innombrables) y que no duda en emplearla en todas su facetas (legislativa, guerra sucia, represión policial y tortura, etc.).

La sociedad vasca estaba traspasada por diferentes violencias, y la democracia tenia muchos colores y matices.

Posteriormente, vinieron los secuestros de empresarios, de Ortega Lara, y el asesinato de Miguel Ángel Blanco concejal del PP en Ermua. Y el ascenso de un PP casi marginal en la CAV hasta situarse a la cabeza del constitucionalismo y desarrollar un discurso antinacionalista que tocaba el ala del propio PNV.

Los frustrados intentos de Lizarra-Garazi y Loiola

El nuevo clima produjo la ruptura del pacto PNV-PSOE, y la desaparición del espíritu de Ajuria-Enea la creación de dos bloques confrontados. Como resultado de ello, y en parte por influencia del proceso Irlandés, se dio el pacto de Lizarra-Garazi, resultas de la cual, ETA ofreció una nueva tregua que en un principio se suponía de larga duración. Así mismo, el surgimiento de Euskal Herritarrok supuso un repunte importante de la izquierda abertzale y la constatación de que los ascensos y descensos de la influencia de la izquierda abertzale en ese periodo oscilaba según ETA entrase en tregua o reanimase la actividad armada.

La posterior ruptura de la tregua y del Pacto de Lizarra-Garazi, y la escalada represiva policíaco-legislativa del Gobierno de Aznar con su ley de partidos incluido, fue acogotando el espacio para una hipotética negociación. Son tiempos en que nuestro posicionamiento crítico con ETA es más tajante que nunca (no solo se cuestiona la utilidad, también su legitimidad), y las reflexiones sobre violencia y no violencia y la desobediencia civil como estrategias más acordes a los nuevos tiempos se van perfilando en análisis y debates a diferentes niveles 10/.

La entrada en escena del llamado terrorismo islámico con la masacre del 11M, y la posterior victoria del PSOE, propició lo que se llamaron los acuerdos de Loiola, siendo este el último intento de lograr un acuerdo que posibilitase el fin de ETA vía bilateral. Se perfiló un posible tránsito por dos carriles, el llamado de los partidos políticos, el que tenían que desarrollar el Estado y ETA para los aspectos concretos de la lucha armada. Fue inútil.

El atentado de la T4 en Barajas, dinamitó toda posibilidad de avanzar en el terreno político y en el de la pacificación; además, el surgimiento de las organizaciones de víctimas, los cambios en el código penal, añadieron más obstáculos y todo lo que siguió condujo a un final unilateral por parte de ETA 11/.

A modo de consideración final

La mayoría de la sociedad vasca llevaba tiempo deseando el final de ETA. Yo también.

Mis razones nunca han sido ni son las del sistema y sus defensores, ni están fundamentadas en unos preceptos éticos abstractos, los cuales, al igual que la aspirina, valen para todo tipo de dolores. La noción del bien y del mal del PP (por ejemplo, en el tema del aborto), o de cualquier demócrata neoliberal, y la de un anticapitalista y antiimperialista no pueden ser iguales o similares, por más que todos nos declaremos fervientes defensores de los derechos humanos. Con la excusa del antiterrorismo, el Estado español ha restringido libertades (ley de partidos, etc.) y conculcado derechos humanos (claramente denunciadas por Amnistía Internacional en relación a la tortura en comisarias y la penosa situación de los presos y presas).

Hablando claro: yo no he deseado un final policiaco-represivo de ETA del tipo derrotado y cautivo el ejército rojo, la paz reina en España; o el orden constitucional, que no es lo mismo pero algo se le parece. El discurso sobre el final de ETA que se va imponer supondrá una cerrada defensa de la política antiterrorista, de la legislación desarrollada y de la política represiva efectuada, incluida la guerra sucia, aunque esta se defienda por con la boca pequeña. Lo cual nada tiene que ver con lo que se supone es inherente a un Estado verdaderamente de derecho.

No por casualidad el ejército vencedor de la guerra civil impuso una Transición a la medida de sus deseos (que rechazó la República y no reconoce más soberanía que la de la nación española), y posibilitó, además, que los que hoy claman ¡ni olvido ni perdón! se beneficiasen del borrón y cuenta nueva. El PP tuvo por presidente a un ex ministro franquista responsable directo de masacres como la del 3 de marzo de 1976 en Gasteiz. Esto es, quienes durante la Transición alabaron el cambio de chaqueta de tantos falangistas convertidos en demócratas de toda la vida, pretenden negar a las gentes de la Izquierda Abertzale la posibilidad de liderar un cambio de estrategia.

Por lo contrario, he deseado una decisión unilateral de ETA, tal como ha ocurrido al final.

En primer lugar, para dar fin a una estrategia que además de generar un terrible e inútil dolor entre sus partidarios y adversarios, entorpecía y envilecía la lucha en pro de la soberanía del Euskal Herria.

En segundo lugar, para superar los obstáculos existentes para logar un acuerdo satisfactorio en torno a las víctima, los presos y exiliados y, en general, a todos los directamente afectados.

En tercer lugar, para que desapareciese el tutelaje que ejercía ETA en el plano político-general. Aunque debe de quedar claro que, por desgracia, no desaparecerá otro tutelaje bien nefasto. El de unas FF AA encargadas de la defensa de la soberanía y unidad territorial del Estado…

En cuarto lugar, porque no comparto el argumento de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que todo intento de transformarlo de raíz mediante una estrategia rupturista nos llevaría a horrores sin cuento.

Y en quinto lugar, para que se facilite y allane el camino ya iniciado por la izquierda abertzale para conformar un nuevo proyecto 12/.

Ahora da comienzo la batalla del relato 13/. También de la venganza institucionalizada por parte de quienes defendieron el borrón y cuenta nueva respecto a la dictadura y ahora ni perdonan, ni olvidan, ni quieren que el tema desaparezca del panorama político porque ello le sigue dando réditos políticos.

Pero ese es otro tema, que lo dejaremos para otro momento.

25/05/2018

Notas:

1/ ETA ha tenido planteamientos estratégicos diferentes. Desde 1963 a 1965, formulada como de guerra revolucionaria. Explicitada a modo de resolución congresual pero nunca puesta en practica. Desde 1965 hasta 1974 la caracterizada como espiral-acción-represión acción", que se puso en practica a partir del la muerte del Inspector Melitón Manzanas; y desde l 974 en adelante, la estrategia negociadora, con planteamientos táctico estratégicos diferentes según cambiaba la situación política. Durante ese periodo ETA se organizaba en cuatro frentes: el militar o principal, el económico, el cultural y el político. Tras la división entre ETA PM y ETA Militar, esta rama, se centraría exclusivamente en dicha vertiente. Fue durante la transición cuando se formuló un nuevo esquema movimentista, con el fin de agrupar al conjunto de organizaciones de lo que se llamo el MLNV (ETA-KAS-HB y movimientos sociales afines, autónomos entre si pero parte de un único proyecto).

Conveniente la lectura del libro de Pedro Ibarra Güel: “La evolución estrategia de ETA: 1963-1987”

2/ Unos años antes un control de la Guardia Civil en Bolueta (Bizkaia) acribilló el coche de Javier Batarrita Elexpuru, asesinándolo sin piedad. Los responsables fueron absueltos.

3/ Un ilustrativo ejemplo es este párrafo: “Nadie pone en cuestión la valía, el coraje, de los activistas de ETA-V-. La cuestión es otra; reside en analizar qué implicaciones tiene su práctica cara el movimiento revolucionario y, en particular, ante la solución del problema nacional vasco".

4/ Ver los papeles en la web de la Historia de la LCR Gainza, J., “La ejecución de Carrero: Un debate entre revolucionarios”, Combate nº 22, 12 de enero de 1974, pp. 12-17. (Doc. 3.2)

http://cdn.vientosur.info/Capitulo%203%20PDFs/Doc.%203.2.pdf

5/ //info.nodo50.org/1976-79-la-Asamblea-de-Errenteria.html,

6/ En la introducción de la ponencia, hacíamos nuestra la metáfora “la violencia como partera de la historia” en tanto que conclusión materialista del desenvolvimiento de la lucha de clases. Ningún cambio (sentenciábamos), desde el esclavismo, pasando por el capitalismo hasta la dictadura del proletariado escapa a esa ley de bronce.”

7/ Era la época en que Martin Villa afirmaba: “los muertos de ETA son asesinatos, los nuestros errores”.

8/ Siempre fue complicado en medio de tal polarización mantenerse crítico a ETA, sin desplazarse al campo del sistema. Mejor o peor, así lo hicimos hasta el final.

9/ ZUTIK, fue el nombre del primer periódico de ETA, posteriormente de ETA (VI) y LKI, y que se convirtió en el nombre de la nueva organización. Es también el inicio de la estrofa de la Internacional en Euskara: Zutik lurrean kondenatu...

10/ http://pedrobrieger.blogspot.com.es/2009/03/joxe-iriarte-bikila-deslegitimamos-la-s.html

11/ Recientes confesiones de militantes de ETA, activos durante aquel periodo, reconocen que para aquel entonces estaban convencidos de que tenían que dar fin al periplo de la lucha armada (incluso antes de que lo de la T4 supuso un grave error) pero se sentían incapaces de encontrar el medio de salir del atolladero, hasta que decidieron hacerlo de forma unilateral y sin contrapartidas.

12/ http://vientosur.info/spip.php?article5916,

13/ http://vientosur.info/spip.php?article12505.





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