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Venezuela
Maduro reelegido en unas elecciones con una abstención masiva
23/05/2018 | Patrick Guillaudat

Nicolás Maduro ha sido reelegido Presidente de Venezuela el 20 de mayo de 2018. Lo menos que se puede decir es que esta reelección, contrariamente a las apariencias, es un mal resultado para el sucesor de Chávez.

Para estas elecciones presidenciales, el Consejo Nacional Electoral había aceptado cuatro candidatos. Además de Maduro, estaban Henri Falcón, chavista de la primera hornada (había sido miembro del Movimiento bolivariano revolucionario con Hugo Chávez) quien, tras haber roto con el chavismo en 2010 había decidido crear Avanzada Progresista en 2012, partido que formó parte de la coalición de la oposición de derechas; pero resulta difícil que un candidato que demanda en su programa la ayuda del FMI, enemigo jurado de la “revolución bolivariana” pueda gozar de credibilidad para los electores. Los otros dos candidatos, de menor envergadura nacional, eran Javier Bertucci, antiguo pastor evangelista y hombre de negocios citado en los Panamá Papers, y Reinaldo Quijada, que representaba a una corriente de izquierdas proveniente del chavismo.

La MUD, reagrupamiento de los principales partidos de oposición, había sido descartada de las elecciones por decisión del Tribunal Supremo de justicia del 25 de enero de 2018. Su principal representante, Henrique Capriles Radonski, había sido ya condenado a 15 años de ilegibilidad el 7 de abril de 2017 como consecuencia de su supuesta implicación en el asunto Adebrecht, amplia red de corrupción a escala del continente latinoamericano descubierta en Brasil en el marco de otro asunto de corrupción, el de Petrobras.

Vistos los obstáculos para impedir las candidaturas de los principales partidos de oposición, la MUD decidió boicotear las elecciones. Solo una fracción de ésta, alrededor de Avanzada Progresista, del COPEI (partido histórico de Venezuela creado en 1946) y de algunas pequeñas organizaciones, decidió participar presentando la candidatura de Henri Falcón.

Un mal resultado para Maduro

El presidente en activo ha obtenido 6,2 millones de votos en 2018 contra 7,6 millones en 2013. Falcón recoge 1,9 millones de sufragios, Javier Bertucci, casi un millón y Reinaldo Quijada menos de 40.000. La participación solo ha sido del 46% contra cerca del 80% en la precedente elección presidencial de 2013.

Este resultado de Maduro es malo por varias razones.

En primer lugar, relacionando su resultado con el número de personas inscritas, Maduro es elegido solo por el 28% de los y las inscritas, resultado de lejos el más flojo desde la primera elección de Chávez en 1998.

Además la gente partidaria de Maduro ha procurado durante toda la jornada electoral llevar a votar a los y las electoras, en particular a quienes trabajan en las administraciones, sin lograr superar la barrera del 50% de votantes.

Se ha utilizado un arma temible para convencer a los y las electoras a ir a votar: el Carnet de la Patria. Creado en 2017 como una especie de carnet de identidad social, reagrupa los datos individuales de su propietario o propietaria, como las rentas, los derechos y las inscripciones en las misiones sociales. El día de la elección, ante cada colegio electoral, se presentaba este documento en el stand del “punto rojo”, mantenido por chavistas, a cambio de un cesto de productos de primera necesidad. Estos carnés dan también acceso a los CLAP (Comités Locales de Aprovisionamiento), gestionados por el poder, que distribuyen alimentos de base a la población en este período de dramática penuria. Para la ciudadanía venezolana, no votar representaba un riesgo de que lo metieran en una lista negra.

A pesar de esta presión, más de la mitad de las y los electores no han acudido a las urnas. Los y las electoras parecen estar más preocupadas por las largas horas de espera que deben efectuar todos los días ante almacenes en busca de alimentos o de medicamentos. Pero lo anterior traduce también un desinterés ampliamente mayoritario en la población por promesas electorales bien alejadas de lo vivido diariamente. Ni la oposición de derechas ni el chavismo parecen creíbles para solventar la crisis.

La debilidad del resultado de Maduro tiene igualmente implicaciones en su propio campo. Desde hace algunos años, en particular tras la muerte de Chávez, ha intentado organizar su propia corriente de fieles, lejos de la guardia cercana a Hugo Chávez. Para la elección de la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente en 2017, promovió a Delcy Rodríguez contra el candidato Diosdado Cabello. Luego se apoyó en el movimiento Somos Venezuela, encuadrado por sus allegados, para transformarlo en partido político en enero de 2018. Esta voluntad de sortear al partido de Chávez, el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), que no controla, es una operación que se ha vuelto más delicada aun debido al flojo resultado conseguido.

Pues, aunque los medios occidentales presenten a Maduro como el “diablo”, existe un verdadero debate de orientación entre él, más inclinado a buscar un compromiso, y Diosdado Cabello, partidario de una mayor firmeza contra la oposición. Desde la noche de los resultados, el nuevo presidente se ha dirigido a los demás candidatos así como a los dirigentes de la oposición para convidarles a una gran reunión de diálogo nacional, restringida al día siguiente únicamente a los participantes en las elecciones. Pero no es seguro que reciba una respuesta positiva, como muestra la primera declaración de Falcón tras el anuncio de su resultado en la que proclama que no reconoce estas elecciones, asegurando haber registrado con su equipo 142.589 irregularidades, y exigiendo unas nuevas elecciones.

¿Por qué tal desinterés por estas elecciones?

Desde 2014, Venezuela está siendo golpeada por una grave crisis económica que tiene sus raíces en el modelo de crecimiento impuesto por el régimen. Fundado solo en la explotación de los hidrocarburos, cuyas rentas proporcionan lo esencial de la financiación de los programas sociales, este modelo rentista ha estallado con la caída de los precios del barril de petróleo. La crisis abierta se ha exacerbado debido a la debilidad del tejido económico venezolano. La mayor parte de las mercancías son importadas pues los recursos del petróleo no se han utilizado para modernizar el tejido industrial y agrícola. Si han legítimamente financiado las ayudas sociales, han financiado también, y sobre todo, la corrupción.

Además, el gobierno ha optado por la huida hacia adelante practicando un extractivismo a ultranza en el que los recursos del subsuelo se dedican a una explotación que apenas tiene en cuenta los derechos de las diferentes poblaciones, de los y las asalariadas que trabajan en las empresas mineras y petroleras, o el medio ambiente. Este es, principalmente, el caso de la reciente adopción de la ley de protección de las inversiones extranjeras, denunciada por el escritor chavista Luis Britto Garcia como una “ley del lobby neo-liberal”, precedida de la que permite la creación de zonas económicas especiales en las que se derogan en parte los derechos constitucionales.

En el plano monetario, la paridad múltiple del bolívar ha disparado la especulación sobre la moneda permitiendo tanto a la patronal como a la boliburguesía, fracción de la burguesía salida del poder chavista, realizar fortunas colosales, todo ello en un entorno económico en el que el sector privado es ampliamente dominante, en particular en el sector bancario.

En algunos años Venezuela se ha encontrado hundida en una crisis en la que las conquistas sociales de los primeros años del chavismo son barridas por la penuria de alimentos y de medicamentos o por el deterioro de los servicios públicos.

La inflación es de varios miles % y los aumentos salariales están lejos de seguir su mismo ritmo. Pero no son las respuestas de la derecha las que pueden atraer a los y las electoras. Entre promesas de medidas de austeridad, demandas de ayuda al FMI y políticas de contracción de las misiones sociales, no hay nada de eso que pueda entusiasmar a un pueblo que ha conocido ya tales medidas, particularmente en los años 1980/1990.

Pero si la derecha no convence, los partidos chavistas tampoco. A pesar de los anuncios gubernamentales cotidianos de un complot estadounidense como única explicación a la crisis, los y las venezolanas no se engañan. Constatan, entre los dirigentes de las empresas públicas, en las instituciones y en el ejército, el desarrollo de una burguesía que se enriquece y que se beneficia de la ruina del país.

En un panorama tan sombrío, es completamente comprensible que se desmorone la base social del régimen, lo que se mide por la fuerte tasa de abstención y la debilidad del número de electores y electoras que han votado por Maduro.

21/05/2018

https://npa2009.org/actualite/international/venezuela-maduro-reelu-sur-fond-dabstention-massive

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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