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Mayo 68
Cómo también los inmigrantes lo han encarnado antes, durante y después de 1968
18/05/2018 | Benjamin Stora

Mayo del 68

“68” sigue siendo el momento fundamental de apertura hacia la comprensión de una sociedad nueva: nuevos actores, nuevos retos, nuevas luchas y formas de hacer política.

Con la su cincuenta aniversario, la historia de Mayo del 68 alcanza así su edad madura. A partir de ahora puede ser la hora de interrogar no solo a las nostalgias de ese momento sino también las esperanzas, las ilusiones provocadas. Saber igualmente si Mayo del 68 puso en marcha un nuevo proceso que afectaría al funcionamiento del Estado, de la escuela, de las relaciones entre mujeres y hombres...Y de la inmigración, cuestión raramente planteada, que permanece siempre un punto ciego de esta historia. La fecha Mayo del 68 ¿puede verse como aniversario de la primera participación, masiva, de los inmigrantes en las movilizaciones que atravesaron la sociedad francesa? La respuesta no es tan simple, evidente. Mayo del 68 no marcó evidentemente el punto de partida de las movilizaciones propias de los trabajadores inmigrantes en Francia. Esos movimientos fueron muy anteriores a los años 60.

En efecto,el verdadero compromiso político de la inmigración magrebí y sobre todo argelina en Francia comenzó mucho antes de mayo del 68, con autonomía respecto a los movimientos políticos franceses. Sobre la cuestión colonial y la guerra de Argelia no hubo adecuación mecánica y directa entre la movilización política de los inmigrantes en la metrópoli y los movimientos políticos franceses.

En relación con ello se pueden evocar tres fechas significativas. En primer lugar, el 14 de julio de 1953 la manifestación, detrás de la CGT, del cortejo autónomo de los argelinos del Movimiento por el Triunfo de las Libertades Democráticas (MDLT) que fue ametrallado por la policía en la Place Nation lo que provocó 7 muertos y más de 50 heridos graves 1/. El 9 de marzo de 1956 la gran manifestación convocada por el Movimiento Nacional Argelino (MNA ) dirigido por Messali Haj, que se opuso al Frente de Liberación Nacional-FLN), contra el voto de los “Poderes especiales” votados en la Asamblea Nacional por la izquierda francesa y que fue reprimida muy violentamente por la policía. Finalmente, el 17 de octubre de 1961 la represión de la manifestación organizada por la Federación del Francia del FLN contra el toque de queda, que provocó la muerte de varias decenas de militantes argelinos, solo siete años antes de 1968.

Estas tres movilizaciones de los obreros argelinos fueron llevadas a cabo en defensa de la independencia de Argelia, fuera del marco de las organizaciones obreras francesas. Hay que saber que en 1961 había más de cien mil cotizantes en la Federación de Francia del FLN, de los que la mayor parte eran obreros comprometidos. Antes de 1968, una forma de autonomía de los trabajadores inmigrantes se había manifestado así en la movilización política. Esta autonomía reivindicada por los nacionalistas argelinos no impidió nunca la convergencia con el movimiento sindical clásico, ya que la mayor parte de estos inmigrantes estaban también sindicados, incluso si su prioridad era la cuestión colonial.

En los años sesenta, una vez conseguida la independencia de su país, su movilización se apartó de la cuestión colonial. En 1968, este tema parecía sobrepasado. Los inmigrantes argelinos, marroquíes e incluso europeos, como los españoles y los portugueses, estaban más preocupados por la actualidad de la situación política en su país que por lo que sucedía en Francia. La vanguardia politizada de las poderosas inmigraciones del Estado español o portugués desarrollaba un combate democrático contra las dictaduras de Franco y de Salazar-Caetano. Los del Estado español militaban especialmente en las formaciones republicanas y comunistas, que organizaron concentraciones muy importantes numéricamente en París o en Toulouse entre 1967 y 1968. Muchos estaban en la CGT. Esos inmigrantes vivían una perspectiva de vuelta a sus países de origen, una vez derrocadas las dictaduras en los mismos.

Cuando estalló Mayo del 68, el Partido Comunista y la CGT eran los movimientos más importantes, más representativos en los medios inmigrantes. No la extrema izquierda que entonces se apoyaba en los movimientos estudiantiles, aunque tendrá más adelante influencia en las inmigraciones más recientes en los combates contra la baja calidad del trabajo obrero, los salarios de miseria, los contratos precarios, las condiciones espantosas de alojamiento. Me acuerdo del encuentro político con el “mundo inmigrante” cuando, estudiante en Nanterre en 1970, los militantes de extrema izquierda iban a los polígonos, antiguamente suburbios, muy próximos a la universidad.

La CFDT se convertirá, progresivamente, en la organización faro de la inmigración y de las minorías, pero solo después del 68. La extrema izquierda cuestionó también el monopolio del PCF y de la CGT en la inmigración, alegando que la cuestión inmigrante era importante, específica en el interior del mundo obrero. “Tratar separadamente esa cuestión no es dividir a la clase obrera”: esta será en particular la posición de las organizaciones maoístas. Por su parte, los trotskistas estaban apegados a una vieja historia del movimiento obrero, de negación de la división de la clase obrera por el origen étnico. Querían enraizarse en esa vieja historia. Mientras que los maoístas aparecían en la época como una organización muy joven, sin verdadera inscripción en la duración del tiempo. La cuestión de la inmigración les permitía desafiar al PCF y movilizar a los obreros a la salida de las fábricas. Los “maos” querían pasar por el proletariado inmigrante para movilizar al conjunto de la clase obrera. En lo que me concierne yo comprendía parcialmente esa visión, ya que mi madre trabajaba en la Peugeot en Garennes-Bezons, donde ella me hizo ingresar cuando tenía 17 años para trabajar en la cadena de montaje durante el verano. Había mucha gente de la Cabilia en la fábrica y le habían elegido como responsable CGT porque hablaba árabe. Aunque los obreros hablaban bereber entre ellos, sobre todo cuando no querían que ella entendiese sus debates.

Los maoístas entendieron esta realidad obrera de la inmigración y quisieron entrar en el mundo obrero por la “puerta” de los inmigrantes. Pero sus reivindicaciones estaban especialmente centradas en el desafío a la autoridad patronal. Su reivindicación principal era “¡abajo los pequeños jefes!”, contra los capataces en las fábricas. Mientras que para los obreros, inmigrantes o no, dominaba la reivindicación “a trabajo igual salario igual”. Para los trabajadores inmigrantes existía también la reivindicación de tener papeles, de estar regularizados para poderse quedar en Francia. Pero existía también la reivindicación de la dignidad y de la igualdad en el interior de la clase obrera 2/. Para los maoístas la reivindicación principal era la de saber cómo se podían romper las jerarquías en la fábricas. Su concepción era, de hecho, muy ideológica. Mientras que los trotskistas pensaban también cuestionar el monopolio del PCF, considerando que la clase obrera era un todo homogéneo. Yo pertenecía en esos años a la tendencia lambertista que pensaba que era necesario seguir basándose en las reivindicaciones salariales clásicas, sin dividir a la clase obrera y los inmigrantes. La otra tendencia, la de la Liga Comunista Revolucionaria, bajo influencia de una extrema izquierda más radical, pensaba que la inmigración era un nuevo movimiento social con el que era necesario contar. Eran más bien próximos a la CFDT.

Es igualmente necesario decir que la represión policial fue muy fuerte contra los inmigrantes que fueron muy activos en las manifestaciones o las huelgas en las fábricas. Algunos fueron expulsados por haber sido “subversivos”, o demasiado visibles, en algunas movilizaciones 3/
. Yo estaba en la fábrica durante el verano de 1968, como he explicado más arriba, y me acuerdo de cómo los obreros inmigrantes desconfiaban de los movimientos estudiantiles. Los inmigrantes pensaban que corrían el riesgo de aislarles o de traerles consigo expulsiones y que no iban a aportarles una mejora de su situación. La ola a derecha que se manifestó masivamente en las elecciones a la Asamblea Nacional durante el verano de 1968 les decepcionó: no querían convertirse en los chivos expiatorios de esos movimientos nacidos de Mayo del 68. Progresivamente se logró la confianza mediante los compromisos sociales que se desarrollaron a lo largo de los años 1970.

En el post-mayo del 68, la aparición de la CFDT en el paisaje sindical se adosó a la “segunda izquierda”, al PSU [Partido Socialista Unificado, ndt], apoyándose sobre los nuevos movimientos sociales –feminismo, inmigración, ecología- y las cuestiones societarias para combatir al PCF y la CGT en beneficio del Partido Socialista. Este último se interesará sobre la cuestión inmigrante a partir de 1974, cuando el PSU se integrará en su interior. El Partido Socialista había permanecido con las concepciones tradicionales, sin que la llegada en el 68 de nuevos actores políticos pusiese en cuestión la antigua visión de una lucha para defender las conquistas de la vieja clase obrera. El congreso de Epinay en junio de 1971 fue todavía un congreso centrado sobre las cuestiones internas. El tema de la inmigración o el derecho de voto de los inmigrantes no se correspondían con la historia de la izquierda jacobina francesa. Esta cuestión fue progresivamente integrada como reivindicación bajo el efecto de los “movimientos mestizosy ciudadanos, solo a partir de los años 1980, con la lucha contra el racismo que tomó en cuenta la herencia colonial; pero también con la batalla por los derechos, por la igualdad entre franceses y emigrantes o inmigrantes.

El “68” fue el momento fundamental de apertura hacia la comprensión de una sociedad nueva: nuevos actores, nuevos retos, nuevas luchas y formas de hacer política. Sin tener verdaderamente conciencia de ello en el momento en que se realizaba. Fue una sacudida. Con los desafíos lanzados a la autoridad, una voluntad de liberación de la palabra y un deseo de mestizaje muy intensos. Si vuelvo sobre mi caso personal, cuando vivía en la época en una ciudad obrera en Sartrouville, con mi madre, obrera de fábrica que sufrió cuando llegó a Francia en 1962 un verdadero desclasamiento social, fui a París, el Barrio Latino, la Sorbona, que no conocía antes de mayo del 68. Acompañé el movimiento de los hijos de obreros hacia las “elites”, mientras que en el 68, según los discursos pronunciados, eran las elites las que debían ir hacia el pueblo. Descubrí los barrios parisinos, los de los estudiantes mezclados gracias a la mezcla social y cultural. Esta apertura al otro me permitió abandonar el encierro de clase para descubrir las circulaciones posibles entre diferentes medios. Mayo del 68 trajo consigo la esperanza de abandonar su condición y fabricar un mundo nuevo en una metrópoli cosmopolita. De abrirme a los compromisos internacionales por el encuentro con las movilizaciones de los extranjeros en Francia.

Benjamin Stora es historiador, Presidente del Museo Nacional de Historia de la Inmigración. Es el autor de 68, et après, en Ediciones Stock.

https://www.huffingtonpost.fr/benjamin-stora/comment-les-immigres-ont-eux-aussi-incarne-mai-68_a_23418172/

Traducción: viento sur

1/ He tratado ampliamente estos tres meses de acontecimientos en mi tesis doctoral sobre la inmigración argelina en Francia, defendida en 1991 y publicada con el título Les Algériens en France. Une histoire politique, Ed. Hachette, colección “Pluriels”, 2005.

2/ Sobre esta dualidad del compromiso, ver el bello film Vivre au paradis, de Boualem Guerdjou, con Rochdi Zem, 1999.

3/ Ver sobre este punto el libro de la historiadora Ludivine Bantigny, 68. De grands soirs en petits matin, Ed. Seuil, 2018.





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