aA+
aA-
Grabar en formato PDF

Primavera catalana
¿Bloqueo o retorno a la normalidad?
20/04/2018 | Óscar Blanco y Laia Facet

Un gélido invierno siguió al octubre catalán que había generado la crisis de Estado seguramente más importante desde la Transición. El golpe más duro que el Estado dio al independentismo y al resto del bloque que buscaba cómo desarrollar el mandato del 1 de octubre no fue la represión, los encarcelamientos, ni el 155. Estos golpes fueron gasolina para la huelga del 8 de noviembre, cuando por primera vez los Comités en Defensa de la República (CDR) cogieron la delantera a ANC y Omnium. Sin embargo, el golpe principal tuvo menos que ver con la mano dura y se aplicó en pack al 155: la convocatoria de elecciones el 21 de diciembre. Unas elecciones que el independentismo no tuvo otra opción que asumir después de tímidas resistencias iniciales de algunos sectores ¿Cómo un movimiento que desde el 2012 afirmaba que las urnas eran la solución iba a llamar al boicot electoral? Esto significaba la constatación del fracaso de la Declaración de la República y la imposición por la fuerza del Estado español ¿En qué Estado convoca elecciones el gobierno del país vecino?

La primacía de los intereses electorales se impuso e incluso la agenda de movilización quedó subsumida a ellos. Los CDR entraron en lógica de campaña pidiendo el voto para Junts per Catalunya, ERC y la CUP que planteaban una reválida del mandato republicano pero sin capacidad de levantar una nueva hoja de ruta. Como en 2015, la polarización entre el Sí y el No a la independencia dejó poco espacio a grises y el sujeto del 1 y 3-O no llegó a coger cuerpo. Después han venido meses áridos de tiras y aflojas entre fuerzas políticas, de acuerdos fallidos para llegar a una investidura y de cierto retroceso de la movilización que achacaba demasiados meses intensos.

Con la primavera ha llegado el deshielo. La calle se ha vuelto a calentar como respuesta a la represión bajo la batuta del juez Llarena en esa especie de Causa General judicial. Toda una generación de políticos independentistas catalanas se ve acosada por la cárcel o el exilio. Los CDRs han tomado protagonismo de nuevo. Primero, por enfrentamientos con la BRIMO y la ARRO (unidades antidisturbios y de apoyo de los Mossos d’Esquadra) que volvieron a demostrar su cara más brutal. Luego, por cortes de carreteras y marchas lentas y por una “operación regreso” de la Semana Santa en que abrieron las barreras de peajes en diferentes autopistas. Acciones de desobediencia civil masivas y descentralizadas como las que ya habían lanzado con anterioridad y que (quizás porque han tocado los intereses de una empresa del IBEX como Abertis) han desatado una nueva campaña criminalizadora donde se dan la mano la Fiscalía, La Razón y jerifaltes pasados y presentes del PSOE como Ábalos o Solana. La detención de la activista Tamara por parte de la Audiencia Nacional confirmaba que estos espacios de autoorganización popular están en la diana y la inmensa movilización del 15 de abril suponía el gran hito de esta primavera.

Sin embargo, con la sesión de investidura de Turull se ha iniciado la cuenta atrás para nuevas elecciones. Se sobrepone un dilema táctico complicado: la segunda investidura, más complicada aún sin un claro horizonte estratégico y con la espada de Damocles de la represión encima de la mesa parlamentaria y del investido/a. Las últimas semanas ha retomado fuerza la hipótesis de investir a Puigdemont entre actores como la CUP o la ANC (después de la renovación de la dirección) que apuestan por la estrategia del bloqueo. La legitimidad del independentismo para proponer al candidato que considere como bloque que ganó las elecciones del 21-D no debería cuestionarse bajo ningún pretexto. Sin embargo, el debate debería poderse enfocar en si se trata de una táctica adecuada para avanzar en la lucha por la autodeterminación. ¿Hacia dónde conduce el hipotético bloqueo institucional? ¿A quién desgasta realmente?

Un nuevo choque frontal con el Estado ahora se daría sin resolver ninguna de las debilidades que se expresaron el post-1O y permitieron que el Estado ganara la partida: la necesidad de ampliar la base social partidaria de la República y la falta de contrapoderes capaces de sostener el conflicto en el tiempo sin dejar a nadie atrás. Por lo tanto, la táctica en el debate de investidura debería poder estar ligada a la necesidad del soberanismo de reorganizar y explorar nuevas vías que permitan forzar al Estado a sentarse y materializar la ruptura con el régimen. La otra posición principal en el debate de investidura, encarnada fundamentalmente por ERC, que consiste en investir un “govern” efectivo adolece del riesgo contrario porque parece que abandone la vía de la desobediencia institucional y plantea un cierto regreso a la normalidad.

El grueso del independentismo y del federalismo hasta 2010 había optado por vías constitucionales. Tras la sentencia contra el Estatut del Tribunal Constitucional, germinaba la impugnación hacia el régimen de unos, la total desorientación de otros. Paradójicamente, la impugnación del independentismo deja la puerta más abierta para un (con)federalismo real que los intentos del grueso de las fuerzas federalistas de las últimas décadas.

El 1 de octubre fue una situación de bifurcación en que la ruptura estaba sobre la mesa. Sin embargo, la propia Paluzie (nueva presidenta de la ANC) declaraba que se había desaprovechado el momentum. Después de la derrota es necesario pensar en una lógica de medio y largo plazo: madurar y organizarse para aprovechar nuevas aperturas en mayor correlación de fuerzas.

Seguramente hoy el independentismo no tenga la fuerza para materializar una república independiente, pero quizás sí tenga fuerza para mantener el desafío al régimen abierto y forzar una negociación que combata la salida ansiada por el Estado: un cierre regresivo y el aislamiento de Catalunya dejando el conflicto enquistado. En este contexto, recuperar el control de la Generalitat puede ser una herramienta más para el conflicto democrático pero la solución no pasa por el escaso margen de gestión efectiva de una autonomía ya intervenida antes del 155.

¿Cómo encontrar una vía que no caiga en el bloqueo ni en la vuelta a la normalidad? ¿Qué papel juega la desobediencia en esa vía? Como vienen practicando los CDR, la desobediencia debe poder levantar acciones, campañas y movilizaciones que no normalicen esta barbarie y que sigan involucrando a las activistas de base (a diferencia del procés pre-octubre). Por su parte, la desobediencia institucional debe abandonar la fase del simbolismo y las declaraciones retóricas y desarrollar una estrategia que prepare el terreno para llegar en mejores condiciones a otra situación de crisis.

Uno de los principales retos de la política catalana está en madurar un programa social y económico capaz de resolver al mismo tiempo los obstáculos y debilidades materiales expresadas post-1O y la precariedad y miseria que atraviesan a las clases populares. Es decir, el soberanismo tiene que dejar de prometer una Ítaca de derechos sociales y poner en pie mecanismos para garantizarlos en conflicto con el Estado. Para conseguir esto, es imprescindible recuperar el espíritu del 1 y el 3 de octubre cuando se intuyó la posibilidad de un sujeto que fuera más allá del independentismo de la última década y que tuviera la capacidad de crear espacios de autoorganización multitudinarios en defensa de la autodeterminación. Sin embargo, cierta rigidez táctica no ha facilitado mantener esa unidad y darle cuerpo político, quién sabe si con posibilidad de dar marcha atrás.

El octubre catalán apuntó una superación del procesismo. Un cambio de paradigma en que la defensa de los derechos sociales, políticos y económicos podía pasar a ser el centro del movimiento y no un apéndice desplazando todo tipo de consideraciones identitarias. Esta transformación facilitaría aumentar los apoyos no-independentistas hacia un proyecto constituyente, así como un contagio necesario al resto del Estado que debilite las posiciones del régimen y por lo tanto, su capacidad de usar la coerción y de imponerse en Catalunya prácticamente sin costes políticos.

Oscar Blanco y Laia Facet son militantes de Anticapitalistes







Boletín semanal
Recibe en tu correo electrónico los últimos artículos de nuestra revista digital, así como las novedades y eventos
Agenda
Actos
Barcelona. 17 de mayo de 2018, 18:30h
Barcelona. Dijous, 17 de Maig de 2018. 18:30h Homenatge a Víctor Serge (1890-1947) -Pelai Pagès, Andy Durgan, Ferran Aïsa, Pepe Gutierrez, Arnal Ballester, José E. Martinez, Yamila Prosdocimo, Carme Sansa
Biblioteca Gòtic Andreu Nin La Rambla 30-32
Actos
Barcelona. 24 de mayo de 2018, 18:30h
Barcelona. Dijous, 17 de Maig de 2018. 18:30h Homenatge a Víctor Serge (1890-1947) -Pelai Pagès, Andy Durgan, Ferran Aïsa, Pepe Gutierrez, Arnal Ballester, José E. Martinez, Yamila Prosdocimo, Carme Sansa
Biblioteca Gòtic Andreu Nin La Rambla 30-32
Actos
Barcelona. 31 de mayo de 2018, 18:30h
Barcelona. Dijous, 17 de Maig de 2018. 18:30h Homenatge a Víctor Serge (1890-1947) -Pelai Pagès, Andy Durgan, Ferran Aïsa, Pepe Gutierrez, Arnal Ballester, José E. Martinez, Yamila Prosdocimo, Carme Sansa
Biblioteca Gòtic Andreu Nin La Rambla 30-32











Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons