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1968 y el movimiento anticolonial
Las esperanzas frustradas de la Tricontinental
20/04/2018 | Bachir Ben Barka

Para el título de esta conferencia (se trata de una conferencia dictada en la Sorbona de París, ndr), había la alternativa entre “esperanzas frustradas” y “esperanzas decepcionadas”. A fin de cuentas, “esperanzas frustradas” es más fuerte ya que incluye, sub-entendida, la noción de desposesión, lo que me parece que es el caso cuando se habla de herencias de la Tricontinental de las que han sido privados los pueblos de África, de Asia y de América Latina.

La Conferencia Tricontinental aportó sus esperanzas para exigir vivir en la libertad y la dignidad, para romper el corsé del colonialismo y de la explotación reaccionaria y neocolonial.

Es necesario situar la realización de la reunión de La Habana, en enero de 1966, en su contexto histórico y geopolítico. Sin llegar hasta el Congreso de los Pueblos de Oriente en Bakú en 1920 o a la Liga contra la Opresión Colonial y el Imperialismo de Bruselas en 1927, la filiación más directa en el proceso de la lucha anticolonial y anti-imperialista de los pueblos es sin duda la Conferencia de Bandung, que tuvo lugar en Indonesia en 1955. Ella fue un acontecimiento capital en la toma de conciencia de los pueblos de África y de Asia de la necesidad de organizarse, de hacer oír sus voces en la escena internacional y de apoyar sus luchas de independencia nacional.

La aportación principal de la Conferencia de Bandung fue la de afirmar el derecho de los pueblos a la liberación de la dominación colonial y al desarrollo, sin llegar sin embargo hasta el cuestionamiento de las estructuras arcaicas y anti-igualitarias en las que iban a dejarles las potencias coloniales. Planteará igualmente las bases del movimiento de los “no alineados”, nueva forma política del Tercer Mundo en el mundo bipolar de la guerra fría, entre países capitalistas industriales y países socialistas industriales.

El “espíritu de Bandung” -es decir, el apoyo político a las luchas de independencia nacional y la puesta en marcha del grupo de los “ano alineados”- iba a mostrar sus límites frente a la intransigencia de las potencias coloniales ante las reivindicaciones de independencia y frente a la puesta en marcha de los mecanismos políticos, institucionales y económicos del neocolonialismo que iban a permitir la continuación de la explotación de las riquezas mineras, agrícolas, culturales e intelectuales de las antiguas colonias cuando se consiguió la independencia política.

Se hacía evidente que era necesario prolongar “el espíritu Bandung” en un sentido más radical, llevado adelante más por las organizaciones populares que por los gobiernos. En diciembre de 1967 se celebró en el Cairo la primera “Conferencia de los Solidaridad de los pueblos de África y de Asia”, que creó la Organización de la Solidaridad de los Pueblos Afro-Asiáticos (OSPAA). Ya no eran los gobiernos quienes estaban representados en esta organización sino los movimientos de liberación y los partidos progresistas y revolucionarios. Se puso en práctica la organización de la solidaridad a escala del continente africano, que tomó forma entre los gobiernos africanos independientes más dinámicos y los movimientos que desencadenaron la lucha de masas o la lucha armada contra los regímenes coloniales que estaban todavía en vigor.

Muy rápidamente, fue unánimemente resentida la necesidad de extender esa solidaridad a América Latina. El paso de una visión bicontinental afro-asiática a la tricontinental hay que ponerla en relación con la asunción de la generalización del modo neocolonial como nueva forma de explotación imperialista reciente para África y Asia y ya antigua en América Latina.

En 1963, cuando tuvo lugar la Tercera Conferencia de la OSPAA en Moshi (Tanzania), se desarrolló la idea de celebrar una conferencia tricontinental en La Habana. La concreción de la extensión de la solidaridad afroasiática a América Latina se aceleró con el Seminario afro-asiático de Argel en febrero de 1965, en el que estuvo presente una importante delegación cubana, presidida por el Che Guevara, en camino hacia el Congo. Mehdi Ben Barka estuvo igualmente presente. Con Ben Bella, los tres acordaron las bases políticas y organizativas de la Conferencia Tricontinental.

Finalmente fue en mayo de 1965, en la cuarta conferencia plenaria de la OSPAA, celebrada en Ghana, cuando se adoptó la decisión de fijar la fecha y el lugar de lo que será “la Conferencia Internacional de solidaridad de los pueblos de África, de Asia y de América Latina”: ella se celebró en La Habana, en enero de 1966.

El orden del día reflejaba las exigencias y las prioridades de la etapa histórica que vivían los pueblos del Tercer Mundo: intensificar su solidaridad en su lucha común contra el colonialismo, el neocolonialismo, el imperialismo y el sionismo para su liberación, el progreso social y la paz mundial. Puso en valor los dos objetivos principales de la conferencia; por una parte, la ayuda concreta a los movimientos de liberación de los países colonizados y a los pueblos que sufrían la opresión del apartheid, de los regímenes reaccionarios y de la agresión imperialista; por otra parte, asentar las estructuras para la perennidad de esa solidaridad.

Helas aquí:

1) Lucha contra el imperialismo, el colonialismo y el neo-colonialismo.

2) “Puntos calientes” de la lucha anti-imperialista a través de los tres continentes, especialmente en Vietnam, en la República Dominicana, en el Congo, en las colonias portuguesas, en Rodesia del Sur, en Palestina y en el sur arábigo.

3) Solidaridad anti-imperialista entre los pueblos de los tres continentes en los terrenos económico, social y cultural.

4) Unificación política y orgánica de los esfuerzos de los pueblos de África, de Asia y de América Latina, en su lucha común por la liberación y la edificación nacionales,

En 1965, la euforia de las independencias de inicios del decenio en África dejó lugar a la contra-ofensiva neocolonial e imperialista. Aparte de algunos islotes de países progresistas, la mayor parte de los países independientes permanecieron ligados a las antiguas potencias coloniales política y económicamente. Situación favorecida por la balcanización de África y la reconducción de las fronteras instauradas por el colonialismo al comienzo del siglo. Algunos de los dirigentes de estos nuevos Estados se convirtieron en agentes de desestabilización contra los Estados que quisieron asociar una verdadera independencia económica a la independencia política. Más que eso, se instauraron complicidades con las potencias coloniales e imperialistas confrontadas con los movimientos de liberación que emprendieron la lucha armada.

La historia del Tercer Mundo de los últimos sesenta años es rica en ejemplos que ilustran esta prosecución vergonzosa de la explotación de las riquezas del continente, al precio de intervenciones militares, de guerras civiles provocadas y alimentadas, de destrucción de cualquier tentativa de puesta en pie de estructuras sociales democráticas, recurriendo frecuentemente a los asesinatos de los líderes políticos y sindicales y la represión sistemática de los movimientos populares: Felix Moumié, de la Unión de las Población del Camerún, fue envenenado en Ginebra en 1960 a instancias de Francia; Patrice Lumumba fue asesinado en 1961 después de haber sido entregado a Tsombé con la bendición de la CIA; el presidente togolés Sylvanus Olympio fue matado en 1963, cuando tuvo lugar un golpe de estado conducido por un general del ejército, Etienne Eyadéma, veterano del ejército francés en Argelia; el primer ministro de Irán, Ali Mansour, fue asesinado el 21 de enero; uno de los jefes de la oposición portuguesa, Humberto Delgado, el 13 de febrero; Malcolm X, el 21 de febrero; el viceministro de defensa de Guatemala, Ernesto Molina, el 21 de mayo... (lista no exclusiva).

Agreguemos el desembarco de tropas de Estados Unidos en Santo Domingo en abril de 1965 para restablecer un poder militar derrocado por una insurrección popular; la represión sangrienta de las manifestaciones insurreccionales en marzo de 1965 en Marruecos, especialmente en Casablanca; la escalada de la intervención americana en Vietnam, con un cuerpo expedicionario de 200.000 hombres a finales de 1965; el golpe de estado en Argelia que privó a la tricontinental del apoyo de Ben Bella, uno de sus iniciadores; el golpe de Estado en Indonesia que derrocó a Sukarno y provocó la masacre de decenas de millares de comunistas. Y en fin, en octubre en París, tuvo lugar el secuestro y la desaparición de Mehdi Ben Barka, uno de los iniciadores de la Tricontinental, el presidente de su comité preparatorio y hombre clave en el mantenimiento del equilibrio de la línea política de conferencia frente a los dos grandes hermanos enemigos, la URSS y China.

Estaba claro para los iniciadores de la conferencia que la situación internacional necesitaba del movimiento revolucionario del Tercer Mundo que se adaptase rápidamente y que elaborase una estrategia global para responder a la lógica imperialista.

La Conferencia Internacional se celebrará en La Habana del 3 al 12 de enero de 1966. Más de 500 delegados u observadores representaban a 82 delegaciones, 28 de Asia, 27 de África, 27 de América Latina. Durante diez días se operó la junción de los movimientos revolucionarios afro-asiáticos y latinoamericanos. La presencia de la URSS y de China permitió a Mehdi Ben Barka que la describiese como un acontecimiento histórico por su composición, ya que estarán representados las dos corrientes de la revolución mundial: la corriente surgida con la revolución socialista de Octubre y el de la revolución nacional liberadora.

La conferencia en sí misma, la primera del género, fue un éxito. A pesar de los obstáculos y del resurgimiento de las contradicciones chino-soviéticas, las resoluciones finales retomaron todas las líneas de fuerzas contenidas en el llamamiento de su convocatoria. Más allá del aspecto político, en un ambiente caluroso y festivo, fue una ocasión única de intercambiar las diferentes experiencias revolucionarias y extraer las enseñanzas de las diversas luchas llevadas a cabo por los movimientos de liberación y las fuerzas revolucionarias y democráticas representadas en La Habana.

Sin embargo, con perspectiva histórica, se puede afirmar que la conferencia no alcanzó todos los objetivos políticos que se habían fijado sus iniciadores. Uno de los objetivos, además de poner en pie las bases de la solidaridad activa de los pueblos de los tres continentes, fue la reunificación esa acción bajo la égida de una sola organización: la Organización de solidaridad de los pueblos de África, de Asia y de América Latina (OSPAAL). Esta organización fue efectivamente creada, pero sin los medios políticos y materiales necesarios para su éxito. La OSPAA prosiguió su acción desde El Cairo y una Organización de solidaridad latinoamericana (OLAS) vio el día en La Habana con, para ésta, los medios operativos adecuados.

La cuestión que se ha planteado a menudo es la siguiente: ¿se concretaron las esperanzas suscitadas por la Tricontinental y que permanece de las mismas en la actualidad?

No se pueden ignorar los golpes dados al impulso revolucionario por la acción criminal directa del neo-colonialismo, el imperialismo y sus aliados locales a través de la eliminación de los dirigentes y los cuadros de los movimientos de liberación nacional y revolucionario, debilitando a las fuerzas portadoras de progreso y de democracia y aportando por ello mismo un apoyo incondicional a las fuerzas más retrogradas y a las más corrompidas.

Desde el anuncio de la celebración de la Conferencia Tricontinental, la reacción de los Estados Unidos, de sus aliados europeos y de los gobiernos satélites de África, Asia y América Latina, estuvo a la medida de la importancia del acontecimiento y de los temores que les suscitó. En el contexto de la guerra fría, de forma reductora, la Conferencia fue presentada como una emanación de la URSS y China y condenada como “un complot comunista”.

Por supuesto, las reacciones negativas no se limitaron a las meras declaraciones de principio y condenas de la Organización de Estados Americanos, de la conferencia mundial de los demócrata-cristianos o de la Internacional Socialista.

Además de la intervención militar directa, los USA se dotaron desde 1954, bajo la administración Eisenhower, de medios de intervención clandestina para asentar lo que llamaban “su doctrina de contra-insurrección para combatir la subversión comunista”. Era el “NSC 5421 group” (implicado en el asesinato de Patrice Lumumba) que se llamará “comité 303” en junio de 1964 y después del “Committee 40” a partir de 1969, encargado de todas las acciones de desestabilización de todo tipo.

Francia, Gran Bretaña, Israel, África del Sur y Portugal no se quedaron inactivos

Las eliminaciones políticas, los crímenes y asesinatos, se emprendieron rápidamente contra los militantes y los dirigentes de los movimientos de liberación nacional y de los partidos revolucionarios que aparecían como más peligrosos y que eran portadores de las esperanzas de la Tricontinental y quizá los más aptos para concretarlos. Por limitarse al decenio que siguió a la conferencia, se pueden citar los casos siguientes: el camerunés Osende Ofana fue asesinado en marzo de 1966; el presidente ghaneano Kwame Nkrumah, un gran aliado de Lumumba, con quien el líder congolés compartía la misma visión política, fue víctima de varias tentativas de asesinato antes de ser derrocado por un golpe de Estado en 1966; el Che Guevara fue abatido en 1967; Martin Luther King en abril de 1968; Eduardo Mondlane, líder del Frente de Liberación de Mozambique, Frelimo, fue asesinato en Dar-es-Salaam el 3 de febrero de 1969, mediante un paquete-trampa preparado por los agentes de la PIDE, la policía política portuguesa; el gobierno de la Unidad Popular de Chile fue derrocado en 1973 y Salvador Allende fue asesinado; Amical Cabral -del que hay que subrayar la importancia de la contribución teórica en su intervención en la conferencia tricontinental- fue asesinado en 1973 en París por el Mossad israelí; otros dirigentes de la OLP fueron asesinatos en Chipre, Beirut, Roma; los responsables del FPLP fueron igualmente objetivos y eliminados como Ghassan Kanafani, matado en un coche-trampa en Beirut en 1972 y el Dr. Basil al-Qubaisi en París en 1973; Omar Bendjelloun fue asesinado en 1975 en Casablanca. La red de Henri Curiel, organización anticolonial y antifascista que se convertirá en “Solidaridad” en apoyo a las luchas anti-imperialistas en el mundo, había desempeñado un papel importante en la preparación de la Tricontinental. Henri Curiel será asesinado en París en 1978 1/.

Esta hecatombe programada de las filas revolucionarias nos autoriza a plantear legítimamente la siguiente cuestión: ¿cuál habría podido ser el estado del Tercer Mundo –incluso del mundo- si todos estos militantes, todos estos dirigentes, hubieran podido llevar a cabo sus proyectos hasta el fin?

En América Latina, el plan Cóndor fue erigido en un sistema de represión a escala continental que practicó la búsqueda, la tortura y el asesinato de dirigentes políticos reconocidos, de militantes progresistas y revolucionarios y sus próximos. La operación conducida por las dictaduras militares con el apoyo de los USA encontró ecos favorables en Francia donde se habría beneficiado del saber hacer y del asesoramiento de la DST (Dirección de Vigilancia del Territorio, encargada del contraespionaje, ndt) y de los antiguos de la OAS (organización de extrema derecha dirigida por el general Raoul Salan, que se opuso a la independencia de Argelia mediante atentados, incluido uno contra el General De Gaulle que se narra en la novela y película Chacal, ndt). Este plan Cóndor hizo centenares de víctimas. Fue llevado a cabo para favorecer la puesta en práctica de los modelos económicos neoliberales favorables a las multinacionales y favorecedores de miseria. Ello nos lleva inevitablemente a la Comisión Trilateral, fundada en el mismo período, inspiradora de la globalización económica, cuyo nombre y composición son el lado negativo de la Tricontinental.

Sería igualmente útil analizar más finamente los errores y las insuficiencias de los mismos movimientos de liberación nacional que, por falta de profundización ideológica u organizativa, no pudieron o supieron prolongar el combate por la independencia en revolución social. Esta reflexión sobre el propio camino de los movimientos de liberación, a veces bajo forma de autocrítica, fue llevada a cabo especialmente por Mehdi Ben Barka y Amilcar Cabral y sigue hoy de permanente actualidad.

Esta constatación sobre los golpes infringidos a los que simbolizaban las esperanzas del gran momento de la humanidad que fue la Conferencia Tricontinental no debe absolutamente hacernos olvidar lo que ella inició o contribuyó a desarrollar en la lucha contra el imperialismo, tanto sobre el plano de la reflexión teórica como el de la acción práctica.

La esperanza insuflada por la Tricontinental y la movilización que la acompañó desempeñó un papel no despreciable en la organización de la solidaridad con la lucha del pueblo vietnamita. Gracias a ella se reforzó la implicación de la URSS y China en el apoyo militar al pueblo vietnamita. Las manifestaciones de apoyo popular a través del planeta, incluso en los USA, pesaron en la condena de la política imperialista y en la victoria final. Se reencontró el espíritu de la Tricontinental en el apoyo material y moral a las luchas de liberación en las colonias portuguesas en África y al combate contra el apartheid en África del Sur. La intervención cubana en Angola, en apoyo del MPLA, fue decisiva frente a la invasión del ejército sud-africano en el momento de la declaración de independencia. La “obligación de solidaridad” se reencuentra en la ayuda logística y política ha continuado aportando Cuba a los militantes revolucionarios de América Latina. En los años 1980, en Burkina Faso, Thomas Sankara se reinvindicó claramente de la herencia de la Tricontinental en su experiencia revolucionaria antes que la pusiera fin con su asesinato. De forma más limitada, se ha podido incluso encontrar el espíritu de la Tricontinental en las acciones de cooperación y de codesarrollo en América Latina entre gobiernos democráticos y progresistas en el marco del ALBA, o en las misiones civiles cubanas, especialmente en las médicas.

La relación entre los actores de la solidaridad internacional se hará por la intermediación de la revista Tricontinental, editada por el secretariado ejecutivo de la OSPAAAL. Publicada en varias lenguas, distribuida hasta en Europa occidental por editores comprometidos tales como Feltrinelli o Maspero, se convertirá en el lazo de unión entre los militantes de los tres continentes que compartían los mismos estudios teóricos, los mismos análisis y las mismas informaciones sobre las diferentes luchas. Otro terreno cultural que se benefició de ese “espíritu de la Tricontinental” fue el arte gráfico. Varios centenares de carteles, que denotaban una formidable creatividad, fueron producidos por numerosos artistas bajo la égida de la OSPAAAL. La mis dinámica se observa en el cine del Tercer Mundo, que pretendió hacerse el portavoz de los pueblos oprimidos. Se declaró al servicio de la liberación nacional y social. La influencia de lo que se llama “el tercer cine” se encuentra igualmente en una corriente del cine occidental a partir de 1968, “el cine militante, o de intervención social”.

Entonces, ¿esperanzas decepcionadas? ¿Esperanzas frustradas?

Las respuestas no son simples. He intentado aportar algunas en esta exposición forzosamente incompleta que permanece insuficiente respecto a todas las otras enseñanzas que todavía deben extraerse de esta experiencia. Los otros intervinientes en el marco de este “Mayo del 68 visto desde los Sur” aportarán seguramente otras, diversificando las luces con otros ejemplos de las influencias de la Tricontinental en los combates de la época y su eco en la actualidad.

En este marco prestigioso de la Sorbona, evocando mayo del 68, permitidme recordar un eslogan que se leía en todas partes y atribuido al Che, una de las figuras prestigiosas de la lucha internacionalista: “Seamos realistas, hagamos lo imposible” y que el combate continúe 2/.

Notas


1/ Este año se conmemora el 40 aniversario de su asesinato, así como el de Dulcie September, representante de la ANC,asesinado también en París.

2/ Señalemos igualmente a propósito de la Tricontinental el libro de Said Bouamama, La tricontinental. Les peuples du tiers-monde à l’assaut du ciel, Syllepse, 2016 (NdR).

http://www.contretemps.eu/mai-68-espoirs-tricontinentale/

Traducción. viento sur





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