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¿Existe una “generación 68”?
Cuando las figuras destacadas enmascaran un movimiento social que ha trastornado las vidas
21/03/2018 | Marion Rousset

Estudiantes, pero también alumnado de institutos, obreros, inmigrantes, habitantes de suburbios, campesinos… La figura del “sesenta y ochista”, convertido al neoliberalismo por oportunismo, enmascara una realidad plural.

Desde decenios se vuelve a pasar la misma película. La de una generación de estudiantes que evolucionaron en un muy pequeño perímetro parisino, entre el Sena y Luxemburgo (jardín sito en el Barrio Latino, ndt), la calle de Ulm y del bulevar Saint Michel. Se cuenta la historia de esos jóvenes que decidieron, un bonito día de mayo, transformar en ágora el patio de La Sorbona. Se evocaba en tela de fondo las guerras de Argelia y de Vietnam, la revolución cubana y los proyectos de Mao, trama de su compromiso político. Se habla de esos rebeldes de una tarde que se convirtieron al neoliberalismo para ocupar puestos de poder.

Figuras destacadas

¿Esas trayectorias son verdaderamente emblemáticas de una “generación 68“, expresión que se ha convertido en un lugar común? Un cierto número de portavoces autoproclamados han construido esta idea de “generación 68” sobre la base de su propia evolución, que no es representativa de los destinos de los sesenta y ochistas ordinarios. La socióloga Julie Pagis estima que su visión ha evacuado a la masa del alumnado de institutos, de los obreros, de las empleadas que participaron en el acontecimiento.

Un libro ha desempeñado un papel crucial en la construcción de este mito: Generation (Seuil). El bestseller de Hervé Hamon y Patrick Rotman, cuyos dos tomos aparecieron en 1987 y 1988, dio nacimiento a una serie documental difundida sobre TF1 a finales de los años 1990. Popularizó el mito de una juventud revuelta, privilegiada, hedonista y oportunista. Al hilo de las conmemoraciones, un puñado de “estrellas” que tenía acceso a los medios de comunicación contribuyó a modelar ese retrato a su imagen.

Desde los años 2000 son las mismas figuras destacadas las que ha hecho revivir el escritor Olivier Rolin en Tigre en papier (Seuil, 2002), amarga novela sobre las ruinas de la revolución. Y cuando, cuarenta años después de los acontecimientos, Virginie Linhart publica Le Jour où mon pere s’est tu (Seuil), es siempre a los más célebres de los intelectuales militantes -Benny Lévy, Blandine Kriegel, Roland Castro…- a los que hace referencia la hija del antiguo líder maoísta Robert Linhart en su encuesta sobre los hijos de dirigentes revolucionarios.

Muy pronto, bajo la influencia de este Who’s who de 1968, se diseñó un perfil engañoso. Así Serge July, exdirector de Liberation, publicó en 1978 un artículo en el que se definía como “liberal y libertario”, una denominación también reivindicada por Daniel Cohn-Bendit. Los filósofos Blandine Kriegel, que fue consejera de Jacques Chirac y André Glucksman, que apoyó a Nicolas Sarkozy, han alimentado la figura del “renegado” denunciada por Guy Hocquenhem en su “Carta abierta a quienes han pasado del cuello Mao al “Rotary”(Albin Michel, 1986) .Y, de esos casos particulares, los comentaristas han deducido generalidades. “Durante un amplio momento, el vacío historiográfico alrededor de ese tema ha sido colmado por el recurso al testimonio de los antiguos sesenta y ochistas bien establecidos. Ellos han construido clichés que se han enquistado en la memoria dominante”, explica el politólogo Boris Gobille.

Ausencias llamativas

Ha tenido que pasar el tiempo para que Mayo del 68 se haya convertido en un tema legítimo de investigación. El primer jalón fue planteado en el mes de noviembre de 1988, con el coloquio “Exploración del Mayo francés”. Puso en cuestión la homogeneidad inducida por la idea de generación: lejos de concentrarse en el Barrio Latino y los recintos universitarios, se habló de las fábricas y las empresas.

En 1994, el movimiento fue lanzado por un seminario en el Institut du Temps Présent sobre “los años 68”, al que contribuyó la historiadora Michelle Zancarini-Fournel. Ésta observó ya, en la revista Espaces Temps, que “el panel [de las personas entrevistadas por Hamon y Rotman] estaba lejos de ser representativo, se limitaba esencialmente a la generación más antigua de los que, estudiantes o enseñantes, tenían más o menos 25 años en el 68 y ya una sólida experiencia militante”. Y ella observaba, en ese retrato de grupo, “ausencia llamativas: la de los suburbios, de Nanterre y de sus libertarios que habían estado sin embargo en el origen coyuntural del movimiento; ausencia también de los católicos, de los inmigrantes, de los campesinos y de los OS [obreros especializados]”.

Pero fue necesario esperar a la mitad de los años 2000 para que se acelerase el ritmo, con la encuesta de Ivan Bruneau sobre la participación campesina, los libros de Xavier Vigna sobre los obreros (L’insubordination ouvrière dans les années 68, Presses universitaires de Rennes, 2007), de Julie Pagis sobre los anónimos (Mai 68, un pavé dnas leur histoire, Presses de Sciences PO, 2015), etc.

El año 2018 constituye el apogeo de la evolución reciente: varias obras de historiadores, de sociólogas y politólogas, restituyen toda la paleta de los actores en su diversidad. Citemos especialmente 1968. De grands soirs en petits matins, de Ludivine Bantigny (Seuil, 464 p., 25 euros), o las obras colectivas Changer le monde, changer la vie. Enquête sur les militantes et militants des années 68 en France (Actes Sud, 864 p., 28 euros) o Mai 68 par celles et ceux qui l’ont vécu (L’Atelier, 480 p., 29,90 euros, a aparecer el 22 de marzo).

Una realidad plural

Estos trabajos son unánimes: la noción de generación homogeneiza una realidad plural. Boris Gobille subraya que "deja de lado a los ‘inorganizados’, los que no pertenecían a una organización de extrema izquierda, pero también al conjunto de los militantes que permanecieron fieles a sus ideales de juventud". Cuando tuvieron lugar los acontecimientos, algunos eran todavía alumnos de instituto, otras ya trabajaban. Unos estaban ya implicados en organizaciones de extrema izquierda, pero no todos. “No hay una, ni dos, sino microunidades de generación en el 68”, resume Julie Pagis sobre la base de las entrevistas que ha realizado con aproximadamente dos cientas personas.

Por otra parte, lo vivido por esta cohorte heteróclita contradice el cliché: la mayor parte manifiesta en efecto una fidelidad a sus ideales. En la pareja, la familia, el trabajo, ha intentado importar la esperanza de nuevas prácticas. Dicho de otra forma, “es posible distinguir una singularidad generacional”, precisa la historiadora Ludivine Bantigny. Se trata de una “generación” más a la izquierda que las que se han socializado antes y después”. Esa base constituye quizá uno de los efectos duraderos de un acontecimiento quizá presentado como un paréntesis encantador. Michelle Zancarini Fournel está segura: “Focalizándose sobre algunas cabezas se ha ignorado lo que constituía la extensión, la fuerza y la profundad de un movimiento social que ha trastornado nuestras vidas”.

16/3/2018

Le Monde Idees, http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/03/16/existe-t-il-une-generation-68_5272205_3232.html

Traducción: vientosur





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