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Entrevista a Gilbert Achcar
¿Qué evolución puede tener el proceso revolucionario en Egipto y en Siria?
07/03/2018 | Mathilde Rouxel

Tu última obra, Síntomas mórbidos. La recaída del levantamiento árabe publicada en 2017 en las ediciones Sinbad/Actes Sud es continuación de una primera, publicada en 2013 y titulada El pueblo quiere. Una exploración radical del levantamiento árabe. ¿Qué te ha incitado a escribirla?

Esta continuación debía ser un capítulo de puesta al día para la nueva edición de la obra. Sin embargo, trabajando en ella, me dí cuenta rápidamente deque un capítulo no bastaría para rendir cuenta de los cambios en curso. Decidí por tanto consagrar una nueva obra a lo que me aparecía como una nueva fase en esta conmoción que comenzó en 2011 y que había calificado de proceso revolucionario de larga duración, un proceso que debía inevitablemente pasar por fases sucesivas de revolución y contrarrevolución. Sostengo, en efecto, que la ola revolucionaria ha sido volteada en 2013. Hemos entrado desde entonces en una fase reaccionaria. Seguimos aún en ella, aunque las premisas de nuevas explosiones se hacen sentir de vez en cuando, como ocurrió de forma espectacular a comienzos de este año 2018.

Los análisis y pronósticos de El pueblo quiere me parecen haber sido confirmados. Explicaba entonces que el proceso revolucionario emprendido en Túnez en diciembre de 2010 iba a proseguirse por un largo período. Me resultaba ya claro que iba a conocer inevitablemente altos y bajos. Hemos entrado desde 2013 en una fase de regresión a escala regional, tras la ola revolucionaria analizada en El pueblo quiere.En Síntomas mórbidos, se trataba por tanto de analizar las causas de la "recaida" tras haber analizado las del "levantamiento".

¿Qué hay de la oposición en Egipto? No se ha informado de ningún enfrentamiento en el aniversario de la revolución el 25 de enero pasado, y la voluntad revolucionaria parece haberse evaporado.

Al contrario, hay una enorme frustración en Egipto. La revolución fue confiscada una primera vez por los Hermanos Musulmanes, que llegaron al poder porque tenían medios organizativos y financieros bastantes superiores a los de los movimientos que se puede calificar de "progresistas" -un abanico que va del reformismo liberal a la izquierda radical.

Fue sin embargo este arco de fuerzas quien hizo el 25 de enero de 2011. Los Hermanos Musulmanes no participaron en el llamamiento inicial a la concentración; solo intervinieron oficialmente tres días más tarde e hicieron todo lo que pudieron para confiscar la Revolución a quienes la habían desencadenado. Por eso mismo, se alienaron rápidamente a una gran mayoría -incluso entre la gente que había votado por su candidato en la segunda vuelta de las presidenciales para hacer una barrera al candidato del ejército. Esto permitió a éste realizar una gran maniobra política, para recuperar de nuevo el movimiento de masas y volver al poder en 2013 por segunda vez desde el derrocamiento de Mubarak en 2011. Tras una fase de transición, esto desembocó en el régimen del mariscal al-Sissi.

El régimen egipcio actual es más represivo que el de Mubarak antes de 2011. Suscita una gran frustración entre la juventud que estuvo en el corazón de las grandes movilizaciones de 2011 y 2013. Se ha visto en las elecciones de 2014, con la muy fuerte bajada de la participación, particularmente entre la juventud, que se abstuvo de votar en su gran mayoría. La abstención es la expresión de una gran frustración en ausencia de alternativa, pues las fuerzas políticas progresistas egipcias se desacreditaron por su apoyo al ejército en 2013. Aprovechándose de este vacío político igual que del clima represivo instaurado desde el aplastamiento brutal de los Hermanos Musulmanes, el régimen de Sissi aplica las recetas del FMI, degradando brutalmente el nivel de vida de la población. Si el descontento social no ha estallado aún en Egipto como se ha visto recientemente en Túnez, en Sudán, Marruecos o incluso en Irán, es debido al clima represivo y la desorientación política. Pero solo es algo temporal. El régimen de Sissi va derecho contra la pared. En el plano socioeconómico imagina poder crear un milagro económico gracias a las recetas del FMI, pero eso es solo una gran ilusión.

¿Qué se puede decir del balance de este primer mandato del presidente al-Sissi?

El balance es desastroso. Si no fuera así, si Abdelfattah al-Sissi tuviera la certeza de que su legitimidad es sólida y de que podría ganar verdaderas elecciones sin dificultades, habría dejado que otras candidaturas le hicieran frente en las presidenciales que deben tener lugar en marzo. Ahora, muy al contrario, por detención o intimidación, ha impedido que se presentara cualquier otro candidato serio. Ante la retirada de todas las demás candidaturas, el régimen ha presionado a un incondicional de Sissi a presentarse como candidato frente a su jefe de forma completamente grotesca. Esto muestra claramente que el presidente actual se sabe en posición de debilidad. No hay que olvidar que dirigió durante mucho tiempo los servicios de información del ejército: está bien informado y sabe muy bien que con elecciones libres, hoy correría el riesgo de ser derrotado. Por tanto, frente al gran descontento de su población, ha decidido no correr ningún riesgo.

La cuestión hoy es hasta cuando este descontento va a permanecer así contenido, pues con el régimen actual, una nueva explosión es altamente probable. La represión se revelará esta vez bastante más sangrienta, sin duda, que la de 2011, a menos que las fuerzas armadas lleguen a la conclusión de que Sissi ha fracasado en la tarea y que se le debe hacer dimitir. Todo es posible: creer que el ciclo que comenzó en 2011 ha terminado con Sissi es equivocarse enormemente.

Los últimos enfrentamientos de estas últimas semanas han mostrado una vez más el carácter muy internacional de la guerra en Siria. ¿Puedes hablarnos de las implicaciones rusas y americanas en el país?

Siria se ha convertido en el teatro privilegiado de todos los conflictos regionales -e incluso más allá: cuando los Estados Unidos y Rusia están implicados, es el orden mundial el que está en juego. 1/

Los dos capítulos principales de Síntomas mórbidos, tratan uno de Egipto y otro de Siria; ahora bien, el capítulo sobre Siria está consagrado en buena parte a la dimensión regional e internacional del conflicto. En 2015, el régimen sirio, entonces en dificultades a pesar de la intervención de Irán a su lado desde 2013, imploró la intervención rusa. A partir de ese momento, el conflicto sirio se convirtió en una carta en manos de Moscú, en particular en sus relaciones con los países occidentales con el fondo del conflicto en Ucrania y de las sanciones contra Rusia.

Siria se ha convertido para Moscú en 2015 en una baza estratégica tanto más preciosa en la medida que la importancia de la situación siria ha aumentado considerablemente a ojos de los gobiernos europeos a partir del mismo año, con la enorme avalancha de personas refugiadas hacia Europa a la que se añadió la ola de atentados terroristas en suelo europeo. Imponiéndose como dueña de la situación en Siria, Rusia tiene en sus manos una baza muy importante para sus relaciones con los países occidentales, y en particular con los Estados Unidos.

Sin embargo, los Estados Unidos no se oponen al mantenimiento en el poder de Bachar Al-Assad

Para los Estados Unidos, el problema no es el régimen de Bachar Al-Assad. Era ya así con Barack Obama, que no mostró ninguna verdadera determinación de derrocar el régimen de Assad. Si hubiera querido actuar en ese sentido, habría bastado con que los Estados Unidos armaran a la oposición siria y le dieran los medios para neutralizar a la aviación del régimen. La situación habría sido hoy considerablemente diferente. En cuanto a Donald Trump, éste ha hecho saber claramente que estaba dispuesto a acomodarse al mantenimiento de Assad en el poder. Ya durante su campaña electoral había afirmado que, aunque Assad fuera un dictador sanguinario, no dejaba de representar la opción más aceptable para Siria.

En el fondo, Siria no es un país deseado por los Estados Unidos. Washington no ha intentado echar a Rusia fuera de Siria, ni siquiera en el período de mayor debilidad rusa como consecuencia del hundimiento de la Unión Soviética. Siria no goza de recursos importantes y el régimen Assad ha jugado en varias ocasiones un papel muy útil para Washington: en 1976 intervino en Líbano contra la OLP y sus aliados de la izquierda libanesa; luego, se enfrentó en varias ocasiones a la gente palestina en Líbano; en 1990, tomó parte en la guerra contra Irak en el seno de la coalición dirigida por los Estados Unidos.

El único problema verdadero para Washington, y más aún para la administración Trump, es el de la presencia iraní en Siria. Es su preocupación mayor, y es lo que dicta el comportamiento de los Estados Unidos hoy en la región.

¿Apoyan los Estados Unidos la reciente intervención israelí contra Irán en Siria?

La administración Trump ha reafirmado su apoyo al derecho de Israel a atacar a todo lo que pudiera amenazar su seguridad. Es un principio intangible de la política americana cualquiera que sea el presidente -Barack Obama lo mismo que Trump. En este caso particular, el apoyo a Israel es tanto más fuerte en cuanto que se trata de un enfrentamiento con Irán. Israel ha atacado objetivos ligados a Irán, lo que no puede sino recibir la bendición de los Estados Unidos. Es sin embargo interesante constatar que Israel actúa igualmente con la luz verde rusa. Siria está erizada de baterías de misiles antiaéreos instaladas por Moscú para hacer frente a cualquier eventualidad. Esos misiles no han sido utilizados ni una sola vez contra la aviación israelí, que ataca regularmente objetivos ligados a Irán en suelo sirio. Israel ataca en particular el transporte de armamento para el Hezbolá libanés a través de Siria, así como la creación de bases en proximidad del Golán ocupado.

Los Estados Unidos han anunciado que tenían la intención de mantener sus posiciones en Siria por una duración indeterminada. Se han apoyado en su lucha contra el Estado Islámico en las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) kurdas y sus aliados árabes en el marco de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) en el noreste sirio. Aunque el EI esté en camino de ser erradicado en esta gran parte del territorio sirio situada al este del Eúfrates, los Estados Unidos quieren mantener allí su presencia militar porque se trata de una zona estratégica en los confines de Turquía y de Irak. Está hoy bajo control de las FDS, con la presencia directa y el apoyo de tropas americanas.

Los Estados Unidos saben que si retiraran sus tropas, Irán intentaría recuperar el control de ese territorio con tropas del régimen sirio. Para los Estados Unidos eso sería una derrota. Se comprometen por tanto a permanecer allí hasta un arreglo cuya condición sine qua non es, para Washington, la retirada de las tropas y peones de Irán en territorio sirio. Esto será un intercambio equivalente. La región es hoy teatro de un gran enfrentamiento que implica a múltiples fuerzas regionales e internacionales. Las posibilidades de deflagración militar son allí mayores que en ninguna otra parte, más incluso que en la península coreana.

En medio de todos estos juegos de alianza, ¿qué es hoy la oposición siria?

La oposición siria está en declive desde hace mucho. Tuvo una ocasión histórica de permitirle construirse y jugar un papel de primer plano en sus comienzos, a finales del año 2011 y en 2012. Si esta oposición, que mostraba entonces un rostro democrático y laico, hubiera sido apoyada firmemente por los Estados Unidos y sus aliados europeos, si le hubieran dado los medios para organizarse y combatir contra Assad más que hacerla dependiente de Turquía, Qatar y Arabia Saudita, la situación hoy habría sido ciertamente muy diferente. No solo en Siria, por otra parte, sino en el conjunto de la región. En efecto, el cambio de dirección de la ola revolucionaria a fase contrarrevolucionaria en la primavera de 2013 comenzó con el paso del régimen sirio a la contraofensiva con el apoyo directo de Irán. Asistimos entonces al derrocamiento de la ola popular inaugurada en diciembre de 2011 por el levantamiento tunecino y que había provocado la caída de varios regímenes árabes como fichas de dominó. Fue la resistencia del dominó sirio lo que invirtió la tendencia. Desde 2013, se ha observado un contrachoque, con la vuelta de Egipto a un gobierno de antiguo régimen aún más represivo, así como con las guerras civiles de Libia y de Yemen.

Si los gobiernos occidentales hubieran sido fieles a sus valores proclamados y hubieran apoyado a quienes representaban esos valores en Siria, el desastre actual no habría tenido lugar. Al no querer la administración Obama implicarse en el conflicto, se encomendó a los Estados del Golfo y a Turquía. Sin embargo, ni el emirato de Qatar, ni el reino saudita, tienen la menor afinidad con una revolución democrática y laica: son valores radicalmente opuestos a lo que representan. Es la razón por la que se han dedicado a una puja en la financiación de grupos integristas que han desviado lo que era un combate democrático a una batalla sunita integrista y confesional. Esos grupos han provocado el estallido del Ejército Libre Sirio (ELS) formado en 2011.

Es así como se ha producido la degeneración de la oposición armada: en lugar de una fuerza armada unificada bajo una bandea democrática y laica, se ha visto proliferar grupos que representaban todo el abanico del integrismo islamista, desde los Hermanos Musulmanes hasta el EI. Esto ha sido una catástrofe no solo para Siria, y no solo para la región en su conjunto, sino también para el mundo entero, puesto que la situación se ha desbordado hasta bastante más lejos de las fronteras de Siria o de Irak. En cuanto a la representación política de la oposición, se ha vuelto naturalmente cada vez más insignificante, minada por conflictos de influencia entre Qatar y el reino saudita que la han corrompido y la han hecho perder todo crédito. La oposición siria no es ya capaz de constituir una alternativa al régimen. Es por ello que todos los grandes actores internacionales han asumido la idea de una representación de la oposición en el seno de una coalición que actuaría en el marco de un régimen sirio mantenido. Ya no se habla de derrocar al régimen. Para Washington, nunca se había tratado de eso: solo estaba planteada la cuestión de la presidencia de Assad. Hoy todos dicen estar dispuestos a acomodarse a esta presidencia, aunque sea a título provisional.

Una última cuestión, de prospectiva: ¿cómo ves el futuro de la región?

Cuando se me plantea esta pregunta, respondo siempre que la única predicción que se pueda hacer de forma categórica es que no habrá estabilización en la región en un futuro cercano. Nos encontramos hoy ante la perspectiva de varios años, incluso varios decenios, de gran inestabilidad. El punto de ebullición alcanzado en 2011 en la región ha desembocado en una agitación que continuará mucho tiempo aún, y que no se detendrá más que si un cambio democrático, que conlleve un desbloqueo radical de la situación económica, lograra imponerse a nivel regional. Mientras esto no sea así, la región va a conocer una crisis detrás de otra, y corre desgraciadamente el riesgo de conocer más y más tragedias.

27/2/2018

https://www.lesclesdumoyenorient.com/Entretien-avec-Gilbert-Achcar-Quelle-suite-au-processus-revolutionnaire-en.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur

Notas

1/ Sobre Siria, ver la declaración conjunta "Dejen de pretender que no se puede hacer nada para salvar a los sirios" firmada entre otras personas por el propio Gilbert Achcar así como por escritores y escritoras a quienes hemos publicado artículos en VS como Yassin Al Haj Saleh, Michel Kilo, Leila Nachawati Rego y Santiago Alba Rico. https://floresendaraya.wordpress.com/2018/03/02/dejen-de-pretender-que-no-se-puede-hacer-nada-para-salvar-a-los-sirios/





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