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Sistema educativo en Catalunya
La inmersión lingüística como modelo vertebrador de una escuela no segregadora
20/02/2018 | Marc Casanovas, David Caño

Artículo original en catalán

En las postrimerías del franquismo, en un contexto de movilización social y autoorganización popular para la recuperación de las libertades, los movimientos de renovación pedagógica y otras entidades civiles impulsaron una ruptura constituyente en el ámbito específico de la escuela pública, de tal manera que hoy podemos decir que en este ámbito, a diferencia de otros, hubo ruptura y no transición. Esto tuvo especial relevancia de las zonas metropolitanas, donde el grueso de la clase trabajadora lo constituía gente recién llegada de todo el Estado, que fue capaz, no de integrarse en la sociedad catalana, sino de ir levantando de facto, y a través de la lucha, la Catalunya de los derechos sociales.

Esta ruptura constituyente permitió abolir los antiguos cuerpos de directores franquistas y levantar una nueva institucionalidad democrática (claustros de profesores y consejos escolares vinculantes) sin la cual la participación real (no como personas consumidoras ni usuarias, sino como ciudadanía de pleno derecho) de toda la comunidad educativa no hubiera sido posible.

El modelo de inmersión lingüística y la primavera pedagógica que la acompaña surge en este contexto. Levantada desde abajo y a través de la lucha, esta nueva institucionalidad es lo que sedimenta los valores, las prácticas de solidaridad y de autoorganización popular -lo que hoy se llama el común- y que constituye el núcleo fundamental de lo que entendemos por modelo de escuela pública catalana. Una escuela donde los actores educativos se movían en un clima de igualdad, democracia, autonomía pedagógica y colaboración dentro del centro, con el entorno y con el conjunto de la red.

Mientras que a principios de los años 80 la derecha nacionalista catalana todavía creía en un modelo segregado en función de la lengua, la Xª Escuela de verano de Barcelona de 1975, organizada por Rosa Sensat y con la participación de miles de docentes, realizó una apuesta valiente e inequívoca por una nueva escuela pública donde la inmersión lingüística y la recuperación de la cultura catalana ocuparan un espacio central y vertebrara el modelo. Lejos de defender un sistema asimilador de arriba a abajo, se inscribía en los valores y las estructuras democráticas y participativas de las clases populares. Con la reivindicación de una red pública única y "donde la dirección educativa del centro era responsabilidad de todos y la función coordinadora y ejecutiva podía caer sobre cualquiera de los enseñantes elegidos democráticamente por un período determinado y revocable en cualquier momento".

Con la LEC (Ley de Educación Catalana) de 2009 se vuelve a restablecer los cuerpos de directores y una gestión piramidal y jerárquica que emula la privada-concertada. La dirección adquiere las atribuciones de jefes de personal (decreto de direcciones y decreto de plantillas), abriendo de nuevo la educación pública al control ideológico, a las viejas redes clientelares y la arbitrariedad. La desinversión estructural, la consolidación de la doble red a través del Servicio de Educación de Cataluña y, más recientemente, el mercado de la innovación, han supuesto un auténtico desmantelamiento de estas conquistas de la escuela pública y una expropiación de su memoria y las prácticas populares.

Ante los ataques del 155 y los que vendrán, sin duda, en los próximos tiempos por parte del Estado español y los sectores más reaccionarios, es urgente y necesario levantar un bloque social y político en defensa del modelo de escuela catalana y la inmersión lingüística. Pero los sectores que luchamos por la educación pública democrática y popular, tendremos aquí una doble tarea: construir las alianzas más amplias posibles, pero, también, disputar en el seno de éstas, la herencia de lo que significa este modelo situado hoy, junto a la sanidad, en la sección de saldos de la Generalitat. No podemos dejar que estas alianzas, como ha sucedido tantas veces en los últimos tiempos, nos impongan una lógica de cierre de filas donde las agendas más neoliberales y las políticas que han desmantelado el modelo público se confundan con las luchas que lo han hecho posible.

Es evidente que la defensa del modelo de inmersión lingüística pasa por garantizar la cohesión social y la igualdad de oportunidades frente a las propuestas que plantean un modelo segregado por comunidades lingüísticas. Si desde los poderes del Estado se atreven traspasar esta línea roja será necesario tejer una respuesta amplia, masiva y contundente. Pero también es cierto, y hay que afirmarlo con toda la contundencia, que hablar de inmersión lingüística es mucho más que hablar del catalán como lengua vehicular en la escuela. Es toda una apuesta por la escuela pública, democrática, surgida del empoderamiento y las reflexiones compartidas de las clases populares en las periferias urbanas, a aquella Santa Coloma que a menudo citamos. Aquel modelo que no desvinculaba la lengua vehicular de la participación y la democracia directa en los centros, que generaba comunidad en vez de competición y que hablaba de renovación pedagógica y propuestas metodológicas activas en contraposición al mercado de la innovación actual. Es decir, es la lucha compartida para eliminar cualquier tipo de segregación en la escuela catalana.

Somos conscientes de que las políticas educativas iniciadas por el Tripartito e implementadas por CiU han labrado un terreno que hace más complicado oponerse y hacer frente a las políticas del 155, fruto de una articulación piramidal y jerárquica que ha promovido la atomización y la individualización de los centros educativos. Pero ahora tenemos la oportunidad de revertirlo. Una vez hemos visto las fatales consecuencias que tiene permitir que la educación pública pueda caer en manos de los intereses ideológicos y mercantiles más salvajes es urgente hacer memoria. Recuperar las reflexiones y prácticas que apostaban por una única red pública, cohesionadora, democrática y de calidad. Que construía puentes en la sociedad catalana en vez de segregar por razón de lengua, de clase, origen o nivel socioeconómico y cultural (como llevamos años denunciando que hace la red privada-concertada) y que situaba el catalán como lengua de convivencia y la democracia y la participación de toda la comunidad educativa como una garantía para tejer un proyecto común y de educación compartida.

Ahora es la hora de defender la inmersión lingüística, ahora es el momento de comprometernos con una educación para todos y todas. Contra toda segregación, una escuela pública, democrática, coeducadora, inclusiva y en catalán!

20/02/2018

MARC CASANOVAS y DAVID CAÑO, portavoz nacional de la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC) y miembro del Secretariado Nacional de la USTEC · STEs





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