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Egipto
Represión a gran escala
13/01/2018 | Hoda Ahmed

El martes 2 de enero, el presidente Sissi publicó un decreto prolongando el estado de urgencia por un nuevo período de tres meses, a partir del 13 de enero. Es la tercera vez desde abril de 2017, siempre con el mismo pretexto: la lucha contra el terrorismo.

Se trata en realidad de amordazar las libertades públicas y de controlar a la sociedad egipcia. El año 2018 que acaba de comenzar puede ser aún peor que 2017.

Orden moral y religioso

El gobierno ha aumentado la represión de los y las homosexuales y las personas ateas para asegurar su reputación de guardián del orden moral y religioso, en una especie de carrera con los sectores islamistas.

Aunque la constitución de 2014 garantice la libertad de creencias, a finales de diciembre, se planteó un proyecto de ley, que condenaría a las personas sospechosas de ateísmo a multas y a prisión, proyecto que ha sido apoyado inmediatamente por Al Azhar, la más alta autoridad sunita. Desde hace más de un año hay en marcha una campaña realizada conjuntamente por las autoridades musulmanas y coptas, y en nombre de esta campaña un tribunal de El Cairo ha retirado la custodia de sus dos hijos a una madre sospechosa de ateísmo.

La comunidad LGBTQ es objeto de una represión feroz desde hace mucho, aunque ninguna ley prohíba la homosexualidad. A finales de septiembre de 2107, 75 personas fueron detenidas tras el concierto de un grupo libanés en el que se había utilizado una bandera arcoíris. Dos de ellas han sido liberadas con fianza mientras que las demás están a la espera de juicio. Se ha presentado una propuestas de ley aprobada por Al Azhar y la Iglesia copta. En ella se quiere criminalizar la homosexualidad con penas que van de 10 a 15 años de prisión a fin de "proteger los valores y costumbres" de la sociedad egipcia.

Represión política y antisindical

El tribunal de Alejandría ha condenado a un año de prisión a 28 forofos del club de fútbol de Al Ahly por haber enarbolado camisetas en memoria de sus mártires asesinados por la policía durante un partido en Port Said en 2012. El poder persigue implacablemente a los forofos que cometieron el error imperdonable de haber organizado las manifestaciones más radicales en los enfrentamientos contra las fuerzas del orden en 2011 y 2012.

El 26 de diciembre, 15 islamistas fueron ahorcadas en Borg el Arab por ataques criminales en el Sinaí y el 2 de enero otros 4 lo fueron por la muerte de tres alumnos/oficiales en un atentado con bomba en 2015.

El 30 de diciembre, el abogado militante Mahienour el-Massry y el dirigente sindical Moatasem Medhat fueron encarcelados por dos años por un tribunal egipcio, por haber quebrantado la ley sobre las concentraciones públicas impuesta por las autoridades coloniales británicas en 1914. Se manifestaban contra la cesión de las islas Sanafir y Tiran a Arabia Saudita. Están detenidos desde noviembre y pasarán ante los tribunales, para decidir sobre el recurso presentado, el 13 de enero. Las personas que vinieron a apoyarles, que se concentraron ante el tribunal para seguir el juicio, también fueron atacadas por la policía y en algunos casos detenidas; probablemente serán llevadas ante los tribunales.

La represión es bastante peor que bajo Mubarak y aparece, en particular para las penas de muerte pronunciadas a la salida de procesos expeditivos e inicuos, como una venganza del ejército que no consigue acabar con los ataques terroristas. Este recurso político y sin precedentes a la pena de muerte puede provocar aún más violencia, atrayendo hacia la violencia armada a cada vez más jóvenes sin esperanza.

11/01/2018

Hebdo L´Anticapitaliste

https://npa2009.org/actualite/international/egypte-repression-grande-echelle

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur



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