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In memoriam
James O’Connor (1930-2017)
30/12/2017 | Joan Martínez Alier

[El pasado 13 de noviembre falleció James O’Connor, reconocido economista y sociólogo marxista de larga trayectoria y notable influencia en la izquierda radical post-68 con obras como La crisis fiscal del Estado (publicada originalmente en inglés en 1973 y luego en castellano en 1981 por Península), Crisis de acumulación (Península, 1987) o El significado de la crisis (Ed. Revolución, 1989). Su evolución posterior hacia un marxismo ecológico se reflejaría en trabajos, artículos y publicaciones, entre ellas su obra Causas naturales. Ensayos de marxismo ecológico (Siglo XXI, México, 2001). Fue cofundador y editor de la revista Capitalism, Socialism: A Journal of Socialist Ecology y director del Centro de Política Ecológica en Santa Cruz, California.

Reproducimos a continuación el artículo que dedica a su memoria Joan Martínez Alier.]

En Memoria De "Mi" James O’connor (1930-2017)

Joan Martínez Alier

ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

Antes de conocer a Jim O’Connor en persona a principios de 1989 en el hermoso campus de Santa Cruz de la Universidad de California, ya había leído su libro anticipatorio The Fiscal Crisis of the State de 1973 y la introducción que escribió para el primer número de Capitalism, Nature, Socialism (CNS) en 1988 sobre la "segunda contradicción del capitalismo". Editó esta revista con Barbara Laurence durante algunos años, hasta que la mala salud le obligó a dejarlo. La revista continúa hasta nuestros días y, desde el principio, fue una revista hermana de Ecología Política (publicada en Barcelona por Editorial Icaria y su directora Anna Monjo), Ecologie Politique (editada en Francia por Jean-Paul Deléage) y Capitalismo, Natura, Socialismo (la revista italiana editada por Giovanna Ricoveri). Estas alianzas entre revistas aún perduran. Durante algunos años tuvimos una relación cercana. En los primeros números de Ecología Política tradujimos muchos artículos de CNS, aunque yo tenía un sesgo pro-campesino, pro-narodnik, que a él le divertía un poco. Nunca tuvimos un desacuerdo político, y él estuvo de acuerdo con todo lo que yo incluía en Ecología Política, atribuyendo cualquier material sorprendente a mis inclinaciones anarquistas como se esperaba de alguien de Barcelona (es decir, la Barcelona de 1936). Vino a Barcelona para la presentación de Ecología Política en 1991. Publicamos debates sobre la "segunda contradicción del capitalismo" en Ecología Política, con materiales traducidos de CNS pero también con artículos originales. Creía y sigo creyendo que la "segunda contradicción" fue un concepto brillante que ayudó a dar sentido a la gran cantidad de movimientos por la justicia ambiental en todo el mundo. La palabra "eco-socialismo" (usurpada por un partido postcomunista en Cataluña) se introdujo en Barcelona en aquella reunión de lanzamiento de Ecologia Politica en 1991, organizada también por el sociólogo ambiental y profesor de la UAB, Louis Lemkow. Todos éramos eco-socialistas y todavía lo somos. Aunque en mi caso yo era socialista en el sentido de la Primera Internacional, con anarquistas, populistas pro-campesinos rusos y marxistas tratando de vivir juntos, lo que desafortunadamente resultó imposible en 1871. Más tarde, los marxistas se dividieron en dos corrientes principales, la socialdemocracia alemana y después de 1917 los leninistas, ambos igualmente ajenos (en mi opinión) a las cuestiones ecológicas. El eco-socialismo tenía que volver a 1871, añadiendo el ecologismo y el feminismo al socialismo, y mirando al mundo entero y no solo a Europa. En términos generales, coincidimos con Jim O’Connor en este punto de vista. El artículo principal del primer número de Ecología Política no fue escrito por Jim O’Connor ni por mi mismo, sino por Victor Toledo, el ecologista mexicano y eco-socialista pro campesino. Yo también introduje desde el principio en Ecologia Politica y en CNS el conocimiento sobre el "ecologismo de los pobres" en India y en América Latina que entonces estaba adquiriendo.

En su libro de 1973, The Fiscal Crisis of the State, que anticipó la crisis de 1975 del capitalismo keynesiano socialdemócrata y el auge del neoliberalismo con Reagan y Thatcher, James O’Connor había argumentado que el estado capitalista tenía que cumplir dos funciones fundamentales, a saber, la acumulación y la legitimación. Para promover la acumulación rentable de capital privado, hacía falta que el Estado aumentara los impuestos para financiar el Estado de bienestar, y aumentar las prestaciones sociales para así disminuir los costos de reproducción del trabajo ayudando a aumentar la tasa de ganancia del capital, manteniendo al mismo tiempo la armonía social mediante los gastos sociales, por ejemplo en desempleo y sanidad. Todo esto se volvió contradictorio. Implicaba aumentar los impuestos, y habría una rebelión capitalista contra los impuestos, como realmente se inició en California. El estado entraría en una crisis fiscal. Los déficits presupuestarios se asociaron con la idea de que el gobierno se había sobrecargado, que el pleno empleo ya no era un objetivo de la política macroeconómica y que los sindicatos eran demasiado poderosos. Los neoliberales estaban llegando para predicar una reducción del papel del estado. En 1988, Jim O’Connor aportó una resonante nueva tesis en la introducción a la revista Capitalism, Nature, Socialism. El problema no era solo que la inversión de los capitalistas en su búsqueda de ganancias aumentaba la capacidad productiva, mientras que la explotación del trabajo disminuía el poder adquisitivo de las masas. Esta era la primera contradicción del capitalismo. Había una segunda contradicción. La economía capitalista industrial socavaba sus propias condiciones de producción (debería haber dicho, en mi opinión, las condiciones de existencia o las condiciones de vida, y no solo las condiciones de producción). Había agotamiento de recursos naturales, se introducían tecnologías peligrosas como la energía nuclear, había nuevas formas de contaminación, y el capitalismo no tenía los medios para corregir tales daños. Estaban creciendo movimientos sociales de nuevo tipo, y los actores principales no eran la clase obrera, sino una variedad de grupos sociales, a menudo liderados por mujeres, a menudo compuestos por minorías étnicas. El movimiento de justicia ambiental había crecido en los Estados Unidos en 1982 como parte del movimiento de Derechos Civiles, y eso reforzó la tesis de Jim O’Connor. Su revista publicó varios artículos sobre este movimiento que combatía el racismo ambiental. Para mí, Jim O’Connor (y antes que él, en 1986, el libro Ecología y Capital de Enrique Leff, que convencí a Jim de que se tradujera al inglés) fueron principales fuentes de inspiración para el trabajo que hice y sigo haciendo (siendo diez años más joven que Jim) sobre el movimiento global por la justicia ambiental con el atlas de Justicia Ambiental (EJAtlas). Él sabía que le estaba agradecido.

Revista de Economía Crítica, nº 24, segundo semestre 2017

Traducción del inglés de Jordi Roca Jusmet



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