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Tribuna viento sur
El independentismo resiste, pero sin clarificar la estrategia
23/12/2017 | Martí Caussa

Original en catalán

Las elecciones del 21-D han vuelto a confirmar la mayoría absoluta independentista en el Parlament y esto ha significado la derrota política del artículo 155, a pesar de que este artículo y sus consecuencias aún siguen vigentes. En contrapartida, el bloque unionista y partidario del 155 se ha hecho más fuerte y agresivo, C’s ha ganado las elecciones tanto en diputados como en votos y se ha convertido en una fuerza aún más hegemónica dentro de este bloque. La mayoría independentista en votos y escaños legitima la lucha por la República catalana y los resultados del referéndum del 1-O, pero continúa la falta de clarificación estratégica: el 27-O evidenció que la estrategia del independentismo mayoritario ya no servía, pero no se ha avanzado prácticamente nada en la reconsideración y algunas propuestas van en una dirección preocupante.

La mayoría independentista en el Parlamento (JuntsxCat, ERC y CUP) se ha revalidado, a pesar de la pérdida de 2 escaños (70 en lugar de 72). El porcentaje se ha mantenido prácticamente igual (47,49 frente a 47,74 % de 2015) en una situación de participación extraordinaria (casi 82 %). Y el número de votos ha crecido ligeramente respecto del referéndum del 1-O y de las elecciones "plebiscitarias" del 27-S de 2014 (2 063 361 frente a 2 044 038 y 1 897 274), pero en un contexto en el que se han emitido 245 000 votos válidos más que el 27-S.

Las relaciones de fuerzas dentro del bloque independentista se han modificado de forma sensible, pero no fundamental. La candidatura de Puigdemont ha conseguido mantener el liderazgo, gracias a una mayor autonomía respecto del PDeCat. ERC casi ha igualado los resultados de JuntsxCat, pero no ha conseguido superarlos, tal como anunciaban la mayoría de encuestas, lo que hubiera significado que la izquierda moderada alcanzara la mayoría dentro del bloque independentista y, probablemente, la presidencia para Oriol Junqueras. Pero el cambio más importante ha sido el retroceso de la candidatura anticapitalista de la CUP, que ha perdido más de 140 000 votos y 6 diputados. Esto implica que será mucho menos decisiva que antes para condicionar la política del bloque independentista y para la elección del presidente.

Catalunya en Común-Podem, que debe continuar calificándose como una fuerza de izquierda y soberanista a pesar de su campaña electoral, ha perdido casi 43 000 votos y 3 diputados. Ha obtenido 323 695 votos y 8 diputados, menos que Catalunya Sí Que es Pot en 2015 (366 494 votos y 11 diputados) y que ICV/EUiA en 2012 (359 705 votos y 13 diputados).

Los partidos unionistas y partidarios del artículo 155 no han podido impedir la victoria del independentismo, pero han conseguido acercarse mucho a sus resultados en votos (174 000 menos) y en porcentaje (4 % menos); la diferencia en escaños ha sido mayor (13). Esto significa que Catalunya se ha dividido en dos grandes bloques: uno independentista, con una influencia compartida entre el centro derecha neoliberal y la izquierda moderada; y otro unionista, defensor del antidemocrático artículo 155 y hegemonizado por la derecha neoliberal. La izquierda rupturista es muy minoritaria dentro del bloque independentista, no existe dentro del unionista, y se ha debilitado Catalunya en Comú-Podem, que no se puede incluir en ninguno de los dos bloques.

C’s es la fuerza ampliamente hegemónica del bloque unionista y partidario del artículo 155: ha ganado 367 000 votos y 12 diputados respecto a las elecciones de 2015 y sus resultados son especialmente buenos en el Barcelonés, Vallés, Tarragonés, en todo lo que había sido el cinturón rojo del PSC/ICV y que ya en 2015 se convirtió en un cinturón naranja. Una parte muy considerable del aumento de C’s proviene del hundimiento del PP, que ha perdido 164 000 votos y 8 diputados, pero probablemente la parte más importante se debe a que ha conseguido movilizar un voto tradicionalmente abstencionista. Sin duda, la derrota del PP, el partido con menos votos y menos escaños, es una buena noticia y probablemente pasará factura a Rajoy, debido a que no ha podido derrotar el independentismo, ha destrozado su partido en Catalunya y ha fortalecido el partido que le disputa la hegemonía dentro de la derecha estatal. Iceta había abierto la lista del PSC a Ramón Espadaler (antiguo secretario de Unió Democràtica y de CiU), a personas de Sociedad Civil Catalana o de la Tercera Vía y se ha intentado presentar como el 155 amable; por ejemplo, cuando dijo que pediría el indulto para los presos políticos, pero lo retiró cuando todo el bloque del 155 se le echó encima; el resultados de todas estas maniobras han sido moderados: ganar 80 000 votos y un diputado.

En definitiva, los resultados del 21-D deben permitir elegir un gobierno independentista y la presidencia de Puigdemont como cabeza de la lista más votada. ERC ya ha explicado que esta era su propuesta. Pero falta ver cómo se pueden superar las dificultades derivadas de su condición de exiliado e imputado por el Tribunal Supremo, que continúa ampliando la lista de investigados por el delito rebelión con Mas, Pascal, Rovira, Gabriel y Lloveras.

De hecho la tarea más urgente después de las elecciones sigue siendo la retirada efectiva del artículo 155 y todas sus consecuencias, especialmente la libertad de los presos, el regreso de los exiliados y el sobreseimiento de los juicios. La campaña del lazo amarillo debe tomar un nuevo impulso.

En segundo lugar hay que concretar cómo avanzar en la conquista de la República catalana independiente. Las elecciones del 21-D han vuelto a subrayar claramente cuál es el principal problema: cómo superar ampliamente los dos millones de votos, cómo incrementar el apoyo social a la república particularmente en los pueblos y ciudades del Barcelonés, los dos Vallés, Tarragonés, etc. La campaña electoral no ha servido para responder a esta pregunta y en cambio ha sembrado dudas importantes sobre la validez de las acciones unilaterales, como he explicado en un artículo anterior . La discusión sobre qué había fallado y que había que rectificar en la estrategia del independentismo mayoritario sigue estando pendiente. Pero es más necesaria que nunca, para evitar fugas hacia adelante improvisadas o retrocesos injustificadas.

22/12/2017

Marti Caussa, de la redacción de viento sur







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