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Israel
Frente a la corrupción y el autoritarismo del clan Netanyahu
19/12/2017 | Haggai Matar

La atención del mundo está focalizada en el cambio de política de Trump sobre el estatus de Jerusalén y las protestas palestinas que han estallado como respuesta. [Las llamadas fuerzas de seguridad israelíes han provocado ya la muerte de manifestantes -red].

Pero las decenas de miles de israelíes que bloquearon el centro de Tel Aviv el sábado 9 de diciembre por la noche habían acudido para protestar contra algo completamente diferente.

Por segunda semana consecutiva, masas de manifestantes -en número nunca visto en la calle desde las manifestaciones de 2011 por la justicia social- han participado en Tel Aviv y en otras ciudades para protestar contra una oleada de revelaciones de corrupción que apuntan a los políticos del país y contra las amenazas crecientes a las instituciones y las normas democráticas hechas por el Primer Ministro Netanyahu y sus acólitos.

Las manifestaciones ya han dejado su marca. En respuesta a la manifestación de la semana pasada, cuyo tamaño ha sorprendido incluso a quienes la organizaban, Netanyahu ha anunciado que la legislación destinada a protegerle de las consecuencias de numerosas investigaciones sobre corrupción sería modificada de forma que no él no se beneficiaría personalmente.

Las manifestaciones han empezado en Tel Aviv hace solo una semana, pero no es un movimiento nuevo. La indignación frente a la corrupción en Israel está lejos de ser algo nuevo. Desde hace más de un año varios centenares de personas organizan manifestaciones semanales cerca del domicilio del fiscal general de Israel en el barrio de Petah Tikva en Tel Aviv, exigiendo que inculpe a Netanyahu por las diferentes denuncias de corrupción que está investigando la policía.

Hay dos investigaciones criminales que implican a Netanyahu personalmente, una referida a su mujer y varias a algunos de sus más cercanos aliados y confidentes. Investigaciones criminales están igualmente en curso contra el hombre de confianza de Netanyahu, el jefe de la coalición David Bitan (Likud) y contra el ministro de Finanzas Aryeh Deri (partido religioso Shas), que ha purgado ya cerca de dos años de prisión por fraude y corrupción.

El clima de corrupción y de criminalidad en política se extiende bastante más allá del gobierno actual y de su jefe. Docenas de alcaldes israelíes son objeto de una investigación criminal por corrupción o desviación de fondos (algunos han sido inculpados, otros reconocidos culpables). Poco importa que el predecesor inmediato de Netanyahu, Ehud Olmert (Likud, luego Kadima) haya sido recientemente liberado de prisión tras haber purgado 17 meses por haber aceptado sobornos. Igualmente el antiguo presidente israelí Moshe Katzav acaba de ser liberado tras haber purgado cinco años de prisión por violación.

No obstante, la corrupción solo es la mitad de la historia

Otro tema que une a mucha gente es el deslizamiento hacia el autoritarismo desarrollado por Netanyahu y la legislación antidemocrática así como la retórica de sus gobiernos sucesivos. El gobierno actual, sin duda el más a la derecha de la historia de Israel, ha reforzado las tendencias antidemocráticas durante el último año, respaldadas por la subida de Donald Trump y de los movimientos nacionalistas de derechas en Europa y otras zonas.

Lo que comenzó como ataques contra la ciudadanía palestina y la izquierda judía se amplió durante los últimos años a amenazas contra la sociedad civil, los medios, el mundo universitario y el poder judicial. Incluso la policía y el ejército, durante mucho tiempo considerados como vacas sagradas en el discurso político israelí, han sido cada vez más frecuentemente atacados por personas de derechas por "demasiado izquierdistas".

En un reciente discurso, el presidente israelí Reuven Rivlin (Likud) ha descrito las tendencias actuales del gobierno como un "golpe de Estado" contra los pilares de la democracia (aunque "democracia" solo desde un punto de vista judío).

Es la combinación de estos dos problemas -la corrupción y los ataques contra las instituciones democráticas- la que ha llevado a decenas de miles de israelíes a la calle dos sábados seguidos por la noche.

Expresándose en una manifestación en Tel Aviv este mes, Uzi Arad, el antiguo consejero de serguridad nacional de Netanyahu, ha puesto en guardia: "Los historiadores nos enseñan que los países son tan fuertes como lo sean sus instituciones. Hoy, el Estado de Israel [opera] contra el Estado de Israel... Temo que sin un cambio en la forma en que tratamos la corrupción y llevamos ante la justicia a las personas corruptas, se cumplan nuestros mayores temores".

Dos reflexiones finales sobre este nuevo movimiento

En primer lugar, la gran mayoría de la gente que se manifestaba no ha sido nunca muy partidaria de Netanyahu ni ha votado nunca por él. En este sentido, no deberían ser consideradas como representantes de un cambio radical en las costumbres de cara a las elecciones políticas. Netanyahu sigue en cabeza en casi todos los sondeos recientes. Sin embargo, esto indica una especie de cambio. Forzar a Netanyahu a echarse atrás de un proyecto de ley del que era especialmente entusiasta no es una cuestión de segundo orden, sobre todo cuando no hay prácticamente oposición parlamentaria propiamente hablando. Contra más prosigan estas manifestaciones, más a prueba será puesto el gobierno, y en particular su "eslabón débil" -el ministro de finanzas Moshe Kahlon (Kulanu), que ha roto con el partido de Netanyahu y está considerado por mucha gente como el último defensor de los valores democráticos en el gobierno actual.

En segundo lugar, mientras el mundo considera Israel solo bajo el ángulo de la ocupación, de la guerra y de los conflictos, para mucha gente de Israel, esas no son las principales preocupaciones. Mientras la vieja izquierda sionista ha desaparecido casi completamente, cuando el movimiento se desplaza aún más hacia la derecha bajo la dirección de Avi Gabbay (Kulanu, luego Partido Laborista desde 2016), la lucha contra la corrupción política y por los valores democráticos podría servir de nuevo punto de reagrupamiento frente a la derecha dura autoritaria.

Como escribía Amira Hass en su última crónica de Haaretz, la mayor parte de la gente israelí se aprovecha de la ocupación y se niega a darse cuenta de que "Israel no es una democracia porque gobierna a unos 4 millones de personas palestinas privadas de derechos y sistemáticamente desposeídas, y a alrededor de 2 millones de ciudadanos y ciudadanas de segunda clase". Sin embargo, Amira Hass apoya al movimiento de protesta: "Es cierto que la gente que se manifiesta en la avenida Rothschild y la plaza Rabin no se suma a Ta´ayush [un grupo de izquierdas que protege a los palestinos de la violencia de los colonos]. Sale a la calle para oponerse a la erosión de la democracia para los judíos. Solo espero que este proceso de erosión de los derechos democráticos sea lo más lento posible... porque lo peor no desemboca en lo mejor, sino solo en una situación peor y más peligrosa".

Artículo publicado en la página israelí +972 el 11/12/2017.

http://alencontre.org/moyenorient/israel/israel-face-a-la-corruption-et-a-lautoritarisme-du-clan-netanyahou.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur







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