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Libros
La Historia del Gulag de Juliette Cadiot y Marc Elie
24/10/2017 | Henri Wilno

La obra de Juliette Cadiot y Marc Elie, (de la que reproducimos su introducción ndt), proporciona en pocas páginas un análisis relativamente profundo del Gulag en sus diversas componentes.

A los campos en que los detenidos están obligados a trabajos forzosos se añaden las zonas de relegación en las que los exiliados están obligados a residir y trabajar bajo la vigilancia de la policía política. Entre 1930 y 1953, al menos 18 millones de personas purgaron una pena de detención penal. Con alrededor de 6 millones de exiliados y de prisioneros de guerra (consecuencia de la Segunda Guerra Mundial), se superan los 28 millones. En los campos murieron 1,6 millones de detenidos y alrededor de un millón de exiliados perecieron durante el transporte.

Diversos regímenes de trabajo

Los detenidos de los campos conocieronn la situación más insoportable: una gran parte de ellos, trabajan y viven en condiciones que, en el mejor de los casos, infligen a su salud daños irreparables. Las raciones alimenticias, ya insuficientes, se redujeron si no se respetaba la norma de trabajo y una parte de ella era apropiada por la administración de los campos, los guardianes y los bandidos.

Cadiot y Elie subrayan la relación indisoluble entre estalinismo, policía política y Gulag. Ciertamente, cuando en diciembre de 1917, los bolcheviques (que tuvieron que hacer frente a la contrarrevolución y a la guerra civil) crean una policía política (la Cheka) y en 1923 ponen en pie el primer campo de trabajo de las islas Solovki destinadas a los opositores políticos y "criminales contra el Estado" están en continuidad con la tradición rusa (el zarismo recurría a los trabajos forzosos y al exilio a Siberia). A finales de los años 1920, el sistema se transforma y el Gulag se convierte en el instrumento privilegiado del terror estalinista que alcanza su paroxismo en 1937-1938. Tiene como primer objetivo a los opositores (reales o supuestos); entre ellos, los trotskystas son el blanco privilegiado y en gran medida condenados a la muerte.

Más allá de las políticas

El campo de la represión se amplía con la erradicación de los kulaks cuando se produjo la colectivización del campo. Son igualmente enviados al Gulag los marginales, los asociales, los culpables de indisciplina en el trabajo. Los elementos socialmente sospechosos son también susceptibles de ser deportados así como los delincuentes de derecho común y, entre estos últimos, los miembros del hampa (que gozan de una situación privilegiada en los campos).

La salida del Gulag es en gran medida arbitraria. Entre el 20 % y el 40 % de los efectivos son liberados cada año entre 1934 y 1953. Pero la liberación no significa la libertad de abandonar la zona de detención o el exilio.

Un imperio industrial

El Gulag no tiene como única lógica la represión: es a la vez un "instrumento de terror y de expansión industrial". Es funcional al modelo de crecimiento económico estalinista, extensivo e hipervoluntarista. En su apogeo (a comienzo de los años 1950 antes de la muerte de Stalin), detenidos y exiliados representaban entre un quinto y un cuarto de la mano de obra industrial.

Integrados en la economía soviética, los campos comparten sus males y en particular los despilfarros y el maquillaje de los indicadores de resultados. De hecho, el imperio industrial de la policía política cuesta al Estado más de lo que aporta en beneficios. Mientras vive Stalin es imposible ponerlo en cuestión. Su muerte en 1953 marca un punto de inflexión. El sistema disminuye progresivamente y desaparecerá en los años 1960 (lo que no significará la desaparición de la arbitrariedad policial -ciertamente atenuada en comparación con el terror estalinista).

Los autores no ceden a atajos que les llevarían, por ejemplo, a sostener que Octubre desembocaba ineluctablemente en los campos. Para quienes se niegan a asimilar estalinismo y socialismo, es una necesidad un balance sin concesiones de los campos.

Histoire du Goulag, Juliette Cadiot et Marc Elie, La Découverte, 2017, 10 euros

https://npa2009.org/idees/culture/livres-histoire-du-goulag

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Historia del Gulag

Introducción

Juliette Cadiot y Marc Elie

Gulag designa el sistema de trabajo penitenciario administrado por la policía política bajo Stalin y sus sucesores, desde los años 1920 a los años 1960. Penitenciaría amplia, cubre el territorio soviético de decenas de miles de unidades carcelarias y productivas. En su apogeo a comienzos de los años 1950, contiene 5,4 millones de personas de una población de 178 millones de habitantes.

El Gulag impone dos grandes formas de encierro y de trabajos forzosos: primeramente, el campo, en el que la "zona de residencia" (simplemente "zona"), compuesta de barracones, rodeada de alambres de espino y torres de vigilancia, está junto a la "zona de producción" en la que trabajan los detenidos (pozos de mina, fábrica, etc.). Estas unidades están agrupadas en complejos penitenciarios que cuentan también con hospitales, prisiones, campos de tránsito, una administración y finalmente las infraestructuras productivas que justifican su implantación. Los grandes complejos cuentan con varias decenas de miles de prisioneros.

Existe un "segundo Gulag" [Werth, 1997] de forma muy diferente a la del campo de trabajo: la deportación a las regiones alejadas bajo la tutela de la policía política. En el campo, los "pueblos especiales", en los que los exiliados trabajan en los campos, cortando madera y pescando, son físicamente indistinguibles de las aldeas de los alrededores aunque su implantación les mantenga alejados de las infraestructuras y de las regiones pobladas. En las regiones industriales, la familias de exiliados están alojadas en barracones y trabajan duramente en las minas y los tajos. Ahí también, exteriormente, el habitat de los exiliados no se distingue a penas del de los ciudadanos libres. El exilio no es solo la deportación, es también un estatus administrativo y social: los exiliados tienen residencia asignada bajo la autoridad de un kommandatur de la policía política que decida sobre su destino de trabajo y vigila que no se alejen. En vísperas de la muerte de Stalin, la URSS cuenta aproximadamente con el mismo número de deportados que de detenidos.

El Gulag ocupa una posición central en la geografía soviética. De una parte, a escala de la Unión Soviética, lo fundamental de los detenidos está concentrado en las zonas urbanas e industriales: en la región de Moscú, en las grandes ciudades mineras de los Urales, de la cuenca de Kuznetsk y de la cuenca del Donets y a lo largo del Transiberiano. Hay que relativizar la imagen de un archipiélago alejado: las zonas de hábitat y de producción tradicionales de la sociedad rusa y luego soviética concentran lo esencial de los detenidos del Gulag [Brunet, 1981].

Por otra parte, los grandes complejos penitenciarios alejados juegan un papel cardinal en la economía estalinista: Vorkuta, Norilsk, Kolyma y Karaganda, situados en regiones alejadas del centro y enclaves del Gran Norte, el Extremo Oriente y Asia Central, constituyen inmensas provincias pobladas por detenidos y exiliados. Esos complejos penitenciarios son el motor del frente pionero en la explotación de recursos cada vez más alejados, entre ellos el oro, la hulla, el nickel, el petróleo y la madera.

El Gulag fue un doble instrumento en la política de transformación social, política y medio ambiental lanzada por la dirección estalinista entre finales de los 1920 y comienzos de los 1930: instrumento de colonización interior vía la puesta en valor de las regiones marginales ricas en recursos, e instrumento de industrialización forzada y coercitiva en las regiones económicas ya establecidas. La centralidad geográfica del Gulag deja suponer que su aspecto cerrado y secreto debe ser matizado. El cierre estrictamente guardado como forma sistemática de control concentracionario no aparece en los campos sino a finales de los años 1930; por falta de medios, hasta los años 1950, numerosas unidades penitenciarias y zonas de producción no estuvieron cerradas. Las alambradas y torres de vigilancia, símbolos del universo concentracionario, no fueron sino una de las formas de reclusión en el Gulag. La mitad de los 5 millones de personas que constituían el contingente especial en 1953 vivían en familia en aldeas de colonización: eran enviadas colectivamente a la deportación y con residencia asignada por decisión gubernamental. En fin, un número creciente de detenidos, varias decenas de miles a comienzos de los años 1950, fueron autorizados a vivir en la ciudad, fuera de la zona. Así, una variedad de sistemas, de estatus y de situaciones caracteriza el Gulag, siendo el denominador común la coerción al trabajo forzado bajo la égida de la policía política.

El contingente especial

El Gulag trata a sus trabajadores forzosos -detenidos y exiliados- como mano de obra móvil y explotable. Campos y aldeas de exilio están en movimiento: en función de las prioridades productivas, el Gulag desplaza de un lugar a otro las masas humanas que tiene bajo su mando. Si hay que desbrozar un bosque, explotar un yacimiento, construir una fábrica, una fortificación o un aeropuerto o reconstruir una ciudad, el Gulag asigna a dicho trabajo a algunas centenas y algunos miles de detenidos y exiliados que construirán a toda prisa sus propios barracones, los edificios de los guardas, los puestos de vigilancia y las alambradas de espinos, las carreteras, etc. Una vez agotado el yacimiento, limpiado el bosque, construido el aeropuerto, el campo es abandonado o recibe una nueva asignación; exiliados y detenidos son distribuidos a nuevos puntos de trabajo.

Esta maniobrabilidad y esta explotación son las principales cualidades que aprecian los jefes de empresa y los políticos en lo que llaman el contingente especial, es decir el conjunto de los individuos sometidos a trabajos forzosos por la policía política, en contraste con la población dotada de derechos [Suslov, 2010; Elie , 2014]. Ya fueran condenados y detenidos, exiliados administrativos, prisioneros de guerra o conscriptos al trabajo, todas las personas que estaban bajo el mando del Gulag estaban efectivamente privados de sus derechos y puestos físicamente a disposición de la autoridad gestora y administrativa.

Gráfico 1. Evolución del contingente especial bajo Stalin y después, 1931-1962 (Detenidos, colonos especiales y prisioneros de guerra en la URSS).

Stalin y el Gulag

En el primer decenio tras la Revolución de 1917, los bolcheviques experimentaron varios sistemas de detención y de trabajos forzosos. En 1929, cuando se había emprendido el gran giro, en la Unión Soviética, durante del primer plan quinquenal, Stalin pone fin, con su grupo, a la competencia entre propuestas. Para responder a las necesidades represivas y productivas de su revolución por arriba, Stalin confía a la policía política la totalidad de la gestión penitenciaria: de una parte, se convierte en la administradora de todos los condenados a penas privativas de libertad en su sistema de campos de concentración; de otra, es responsable de millones de campesinos exiliados durante la colectivización del campo, a los que encarga la colonización de regiones alejadas. En adelante, el universo penitenciario soviético, el Gulag, no tiene mas que una cabeza, la policía política, y anda sobre dos piernas, el exilio y el campo.

El Gulag es a la vez el producto de las transformaciones violentas que Stalin y su grupo hicieron sufrir a la URSS desde finales de los años 1920 hasta mediados de los años 1950, y el instrumento más importante de estos enormes cambios. Es verdad que a la muerte de Stalin, en 1953, su gigantesco sistema penitenciario no desaparece, pero entra en un ciclo decreciente que conduce a su desaparición a comienzos de los años 1960.

El Gulag y la sociedad soviética

En el Gulag se dieron masacres de una enorme amplitud. No menos de 1 600 000 detenidos del Gulag murieron en el funcionamiento normal de los campos, víctimas de enfermedades y de traumatismos provocados por el hambre, el agotamiento y el frío y bajo las balas de los guardianes. En fin, al menos un millón de exiliados murieron durante el transporte y los primeros años de supervivencia en los lugares de asignación [Barnes, 2011, p.1-2]. Matanzas puntuales se añadieron a este balance: más de 10 000 personas fueron asesinadas en los campos durante el Gran Terror de 1937-1938, así como 22 000 prisioneros de guerra polacos en 1940 en Katyn.

Entre 1930 y 1952, al menos 18 millones de personas purgaron una pena de detención penal, a las que se añaden unos 6 millones de exiliados y 4,25 millones de presos de guerra, es decir, un total de 28,25 millones de personas sometidas a trabajos forzosos y a la tutela de la policía política [Khlevniuk, 2015, p. 480-481, Bezborodov y Khroustalev, 2004, p. 37; Zagoroulko, 2000, p. 10-11]

El Gulag en constante crecimiento bajo Stalin, alcanzó su apogeo en la posguerra. Detenidos y exiliados representaban entonces el 3,5 % de la población soviética total. Llevaban

una vida dura en todos los sectores de la economía, desde la agricultura a la investigación científica: extracción, confección, transporte, complejo militaro-industrial, etc. Las prerrogativas industriales del Gulag eran particularmente significativas: administraba entre un quinto y un cuarto de la mano de obra industrial total [Elie, 2014].

Entre las consecuencias de este sistema, hay que contar que los liberados, alcanzados por enfermedades crónicas, agotados y enfermos físicos o psíquicos por la subalimentación y el esclavismo, vivían como ciudadanos de segunda perseguidos por el Estado estalinista. No tenían derecho a hablar de los traumatismos contraídos en el contacto diario con la muerte, el sufrimiento y la injusticia.

Las relaciones entre los prisioneros y quienes no lo eran y la experiencia de los campos y de las deportaciones en la trayectoria de los individuos y sus allegados constituyen aspectos esenciales para la comprensión del lugar del Gulag en la historia soviética. Si el Gulag, entendido como el sistema de administración centralizada del trabajo forzoso, constituía un Estado en el Estado y una sociedad en la sociedad, no constituyó jamás un universo aislado. Sus habitantes mantuvieron relaciones permanentes y a todos los niveles con la vida civil. El contingente especial y la población ciudadana interactuaban: se entraba y se salía del Gulag; los obreros libres y forzosos se encontraban en los puntos de trabajo, los hijos de los exiliados acudían a veces a escuelas mixtas; en fin, en las inmensas ciudades penitenciarias, algunos detenidos podían desplazarse libremente y una parte importante de la población libre estaba constituida por ex-zeks.

La miseria, el reclutamiento y la tiranía están claramente en el corazón de la experiencia de la mayor parte de los soviéticos bajo Stalin. La sociedad soviética funcionaba bajo la disciplina y el trabajo era obligatorio: inscripción forzosa en los koljós, trabajos pesados, juventud obligada a trabajar, autorización administrativa para cambiar de empleo y de residencia... otras tantas obligaciones liberticidas sufridas en mayor o menor grado por cada ciudadano soviético. Pero algunos soviéticos estaban más directamente expuestos a la amenaza, pues el régimen policiaco fichaba, vigilaba y tenía en el punto de mira particularmente a categorías sospechosas de deslealtad cuyos derechos limitaba bastante más y a las que atribuía identidades discriminantes y criminalizadas: antiguos responsables bajo el zarismo privados de sus derechos cívicos, elementos kulak, elementos socialmente dañinos, antiguos detenidos, trabajadores forzosos llevados a Alemania, habitantes de los territorios ocupados por los nazis, prisioneros de guerra soviéticos, nacionalidades enemigas, etc. estaban expuestos a un mayor riesgo de encarcelamiento y deportación. En fin, el paso al Gulag definía un tercer estrato de coerción [Khlevniuk, 2015]. Conviene así no normalizar la experiencia penitenciaria. El Gulag fue más que la prolongación de la opresión y de la miseria de la sociedad soviética: fue una experiencia de muerte o de supervivencia en un universo de caos y de violencia inaudita, en el que el hambre, la enfermedad y el frío sobredeterminaban los comportamientos.

Esta libro pretende explicar por qué y cómo, en el espacio de 30 años bajo Stalin (1929-1953), se puso en pie un sistema inédito y de una amplitud inigualada de deportaciones y de encarcelamientos de masas. Los campos y aldeas de exilio fueron primero organizados para acoger a las poblaciones reprimidas por el régimen. El recurso masivo a los trabajos forzosos condujo entonces al lanzamiento de proyectos faraónicos de colonización interior de las regiones inhóspitas de la URSS y de industrialización rápida. Este trabajo analiza los tipos de lazos sociales estructurados por el Gulag, entre detenidos, con la dirección (médicos, guardianes, jefes de campo) y con las poblaciones que habitaban del otro lado de las alambradas y de los límites de los pueblos de exilio. En fin, este libro pretende comprender porqué el Gulag fue finalmente desmantelado a la muerte de Stalin y en qué medida el sistema penitenciario que le sucedió lleva aún los estigmas de su historia.

Este trabajo pretende ser un llamamiento a proseguir el estudio del Gulag, haciendo publicidad de los trabajos en curso y de los campos que hay que trabajar, cuando la memoria del Gulag, las huellas materiales y los testigos de su existencia se borran en la Federación de Rusia. Si abundantes pero incompletas fuentes son hoy accesibles, si las monografías regionales y penitenciarias se han multiplicado, no existe síntesis reciente sobre la historia del Gulag. Este trabajo es el que se propone en esta pequeña obra.

Mapa 1. El Gulag en vísperas de la muerte de Stalin (enero de 1953) (Complejos penitenciaros y regiones de exilio).

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Anexo 1

La reeducación por el trabajo, historia de un engaño

Para la dirección política, los campos de concentración se distinguían ventajosamente de los establecimientos correctivos de los años 1920: acentuaban la represión contra los enemigos del régimen gracias a los trabajos forzados a la vez que ponían a disposición una mano de obra radicalmente explotable [Krasilnikov, 1997]. Sin embargo, desde 1929 cambió la denominación de estos campos de concentración a campos de trabajo correctivo para defenderse de las críticas que se acumulaban en el extranjero contra la utilización de los trabajos forzosos de los detenidos, en particular en los campos de Solovki [Kokourin y Petrov, 2000, p. 64-65; Ivanova, 2006, p. 19].

La designación oficial campos de trabajo correctivo atribuida a los campos de trabajos forzosos de la época estalinista y postestalinista hizo nacer un malentendido: los campos estalinistas llevarían aún las huellas del ideal reeducador fundado en el trabajo colectivo y de las pedagogías reformistas experimentales de la Rusia bolchevique. Teatros y bibliotecas, departamento y sección de educación cultural, liberación antes de plazo, darían fe de la famosa perekovka (refundición, remodelamiento). Ahora bien, el Gulag se construyó en oposición a la experimentación en el terreno de la reinserción de los delincuentes. Los instrumentos de la reforma penal cambiaron de finalidad: en lugar de tender a la reinserción de los detenidos, servían para intensificar su explotación física en nombre de objetivos productivistas.

La policía que gestionaba los campos difundió hacia el exterior la idea de que sus establecimientos eran los herederos de los años 1920 en los que educadores preparaban a los detenidos para una vuelta a la sociedad soviética y a un destino de constructores del mundo comunista. Estas operaciones de comunicación, del Belomorkanal al turismo penitenciario de los años 1950, tuvieron eco en el extranjero.

Para vender su modus operandi, la policía política lanzo pues una operación de comunicación de gran amplitud sobre el Belomorkanal (Canal entre el Mar Blanco y el Mar Báltico ndt), su proyecto faro. Desde 1930, había prohibido la difusión de información sobre los campos [Ivanova, 2006, p 20-21]. Abandonando temporalmente el secreto que rodeaba hasta entonces su designio penitenciario, el jefe de la policía política, Guenrikh Iagoda, dió una publicidad máxima a las obras, controlando muy estrechamente su producción cultural. Hizo una demanda al escritor Maximo Gorki de una historia oficial del canal que se convirtió en un monumento a la gloria de los chequistas, los hombres de la policía política. Gorki reunió a ciento veinte escritores para un crucero por el canal en el verano de 1933. Desde el puente, los visitantes admiraban las obras de ingeniería y discutían con detenidos elegidos cuidadosamente, bajo el ojo vigilante de los policías. De vuelta a Moscú, una treintena de ellos cantaron una oda al triunfo de los chequistas sobre la naturaleza y la sociedad rebeldes [Gorki et al., 1998].

El artista Alexandre Rodtchenko, durante varias estancias en 1932-1933, hizo 2 000 fotos en Carelia de las que varias decenas fueron publicadas en un número de la revista ilustrada URSS en construcción difundida en ruso, francés, alemán e inglés. Sus famosos fotomontajes travestían el trabajo de los detenidos en las condiciones terribles del gran Norte y sin otro equipamiento que palas y carretillas (visibles en las fotos), en una aventura gratificante y liberadora para los detenidos [Wolf, 2008]. Como Gorki, Rodtchenko puso por delante el papel mayor de los chequistas, que se imponía sobre el bosque nevado y subyugaba a las masas obreras [RodtchenKo, 1933].

Tras estas experiencias, el velo del secreto volvió a caer casi completamente sobre el Gulag. Las puestas en escena se reiniciaron tras la muerte de Stalin, con el Deshielo, cuando la guerra fría hizo de nuevo del penitenciario un terreno de la competición Este-Oeste. El Ministerio del Interior arregló varios establecimientos en la región de Moscú en colonias modelo que mostraba a los parlamentarios, sindicalistas y juristas extranjeros de paso para probar que la detención soviética no era ya el universo brutal de los campos estalinistas, sino que había vuelto a sus ideales reeducadores. Esas colonias cuadraban con los ideales y tendencias reformistas en el Oeste: detención sin celda, impulso de la educación y la cultura, autoorganización de los detenidos, liberación condicional y visitas conyugales. El esfuerzo por dorar la imagen del sistema carcelario en la URSS reflejaba un verdadero cambio en la política penitenciaria y un verdadero alejamiento del Gulag estalinista. Pero fue vano: la condena a trabajos forzosos y el apoyo a los presos políticos ganaron vigor en el extranjero [Hardy, 2012].

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Anexo 2

Del testimonio a la historia del Gulag: la asociación Memorial

Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008) se hizo célebre en 1962 como narrador de la experiencia del Gulag en Un día en la vida de Ivan Denisovich, publicada con el apoyo de Nikita Krutchev, jefe del Partido y del Gobierno soviéticos. En esta novela, describía a ras de suelo la experiencia cotidiana de un detenido del Gulag. Él mismo había purgado ocho años de campo por "agitación y organización antisoviéticas", luego tres años de relegación (1945-1956) por haber criticado a Stalin en sus cartas.

De su abundante correspondencia con detenidos, fruto de las reacciones a Un día..., nació un proyecto literario titánico y peligroso: una historia colectiva de la violencia de masas y de la experiencia penitenciaria de la revolución hasta los años 1960. Será Archipiélago Gulag. Premio Nobel de literatura en 1970, cuando redacta su gran obra, Alexandr Solzhenitsyn es acosado por la policía política; una de sus auxiliares revelaba bajo la tortura el escondrijo de uno de sus manuscritos. Autoriza entonces la publicación del primer volumen pasado al Oeste, que aparece en ruso en París en la Navidad de 1973. Algunas semanas más tarde, el régimen le desnaturaliza y le expulsa a Alemania.

Cuando se produce la aparición del Archipiélago, ya se conocían en el Oeste decenas de testimonios sobre el Gulag. Se ha traducido ya el monumento literario de Varlam Chalamov y la epopeya de Evguenia Guinzburg, ambos condenados por crímenes contrarrevolucionarios. Sin embargo, el Archipiélago es una revelación mundial pues Sozhenitsyn hace una crónica meticulosa y sobre todo colectiva del sistema represivo desde sus orígenes y propone una vigorosa condena ética.

La Asociación Memorial, creada en 1989 por antiguos detenidos cuando el velo del secreto comenzaba a levantarse sobre los campos, hace de puente entre la memoria y la historia. Primeramente, ayudada por decenas de asociaciones regionales, archiva los documentos personales y publica las memorias de miles de antiguos detenidos. Interesándose en primer lugar por la suerte de los prisioneros políticos, extendió sus investigaciones a los aspectos de la represión estalinista que implicaban al conjunto del cuerpo social soviético. Sus investigadores aportaron una contribución decisiva a la "revolución archivística" que permite a los historiadores estudiar el Gulag como un avatar del estalinismo. En fin, la asociación lleva a cabo una importante actividad de protección de los derechos humanos, no solo defendiendo a los antiguos detenidos de la época soviética, sino también luchando contra las injusticias y malos tratos en los lugares de detención de la Rusia de hoy y defendiendo las víctimas de las persecuciones en el Cáucaso Norte.

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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