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Catalunya tras el 1-O
Tribulaciones del Octubre catalán
15/10/2017 | Josep Maria Antentas

1. Suspensión bajo presión. La decisión por parte del gobierno de Puigdemont de suspender la declaración de independencia, y de ni siquiera proclamarla previamente de manera formal antes de anularla, fue, como apuntan todas las informaciones y crónicas de las horas previas a su intervención en el Parlament el pasado día 10, fruto de la presión recibida por parte del poder económico y la Unión Europea y del temor a las consecuencias de una escalada represiva por parte del Estado. Unas presiones que hacen mella en particular en determinados sectores de su partido, el PDeCAT, incómodos desde hace tiempo con la deriva del proceso independentista. No es posible saber ahora si estamos ante una mera marcha atrás en el último momento ante el vértigo que genera vislumbrar el abismo desde el borde, como en principio cercioran la mayoría de crónicas periodísticas, o de si existen intentos de acuerdos por arriba para reconducir la situación en un conflicto que transcurra por cauces más ritualizados y convencionales.

2. Racionalizaciones. La improvisación de lo realizado, incluido importantes errores de comunicación interna y externa, no permiten atribuirlo en ningún caso a una táctica calculada y pensada. Sin embargo, una vez materializada la marcha atrás parcial, es probable que tanto el gobierno catalán como algunos de sus partidarios hayan racionalizado su actuación y pensado que, si a pesar de todo, el Estado español reacciona con mano dura ello sirva, primero, para decantar a parte de la opinión pública que duda acerca del proyecto independentista, en particular la base social de los Comunes y, segundo, cargarse de razones suplementarias ante la prensa internacional. No es descartable que se pueda conseguir de rebote este propósito, pero al precio de haber mostrado una gran señal de debilidad en un momento decisivo y de haber fomentado un grave desconcierto entre las filas independentistas que quedaron desarmadas en su momento cumbre y sin una perspectiva de acción a corto y medio plazo.

3. Rutinas y aceleraciones.Desde su eclosión en 2012 el proceso independentista dibujó una especie de tiempo suspendido en medio de un enorme movimiento telúrico, en el que se combinaba una épica cotidiana compatible con una pesada marcha a cámara lenta. No fue un movimiento generador de crisis rápidas, bregado en la temporalidad disruptiva y la decisión estratégica en el instante crítico, sino forjado en el diseño de tranquilas hojas de ruta a velocidad de crucero que intentaban proyectar una irreal placentera temporalidad lineal que obviaba el maremoto en gestación. La jornada del 20S marcó un cambio de ritmo y exigía otra gestión estratégica del tiempo basada en la compresión del carácter discontinuo del tiempo político sobre el que tanto insistió Daniel Bensaïd en su énfasis leninista en un tiempo “del momento oportuno y de la coyuntura singular, en el que se anudan necesidad y contingencia, acto y proceso, historia y acontecimiento 1/.La secuencia 1 de octubre-3 de octubre no hizo sino acelerar aún más la situación iniciada el 20S. Era justo después de este momento que el gobierno catalán tendría que haber anunciado un acto de soberanía consecuente. Sin embargo, el frenazo tras el momentum de los días 1 y 3 dio tiempo al Estado a reorganizarse tras su relativo desconcierto y, sobretodo, permitió al poder económico desarrollar una estrategia pública y privada del miedo. El anti-clímax del día 10 ahondó definitivamente dicha dinámica, haciendo que el movimiento perdiera capacidad de iniciativa en su momento decisivo. ¿Estrategia de la suspensión o suspensión de la estrategia? La política de la supensión puede derivar así en una ilusoria suspensión del tiempo estratégico y, con ello, en una suspensión de la estrategia como tal.

4. Choque con el Estado. Tras cinco año de procesismo escurridizo, el independentismo ha chocado con el Estado. El 20S, el 1 de Octubre y la inminente llegada de una batería sin precedentes de medidas represivas en caso de haberse proclamado la independencia ha puesto de manifiesto la endeblez estratégica de la hipótesis falaz de la desconexión 2/. Ésta se descompuso pero sin que su quiebre haya alumbrado de manera consistente otra nueva perspectiva estratégica basada en la combinación de movilización y desobediencia civil de masas, desobediencia institucional y búsqueda de alianzas estatales como complemento a la vía unilateral. De la movilización masiva episódica regular una vez al año a la hipótesis de la movilización sostenida desobediente. Y de una vía unilateral y un marco conceptual exclusivamente catalán a la búsqueda paralela de apoyos en el resto del Estado y a la inserción, sin disolución, del proyecto independentista en una perspectiva de ruptura global con el régimen de 1978. Dos desplazamientos estratégicos que todavía no han sido desarrollados en todo su potencial ni teorizados de manera explícita.

5. Represión. La relación entre represión y protesta política y social es compleja. La primera puede acallar la segunda o incrementarla. Depende del contexto político en que tenga lugar, de la naturaleza de las medidas implementadas, y de los grupos sociales a los que afecta. La realidad, sin embargo, es que por primera vez en cinco años el movimiento independentista se encuentra confrontado a la posibilidad de una represión del Estado que rompe todas las reglas del juego anteriores. "La represión es eficaz cuando complementa el efecto de medidas eficaces de política general" escribía Victor Serge en 1925 3/. Unas medidas eficaces que hoy por hoy el gobierno español es incapaz de asumir porque no puede siquiera aceptar la legitimidad de la cuestión planteada por el independentismo ni ofrecer una reforma sólida del Estado. La vía represiva en sí misma no basta para poner fin al movimiento ni para solucionar políticamente lo que su existencia expresa. Pero su uso masivo sí le podría infligir un golpe certero a corto plazo, aunque a costa de amplificar la deslegitimación del Estado en Catalunya y, en consecuencia, el problema político a largo plazo que tiene encima de la mesa.

6. Futuros inmediatos (I). El desenlace concreto de este impase tendrá lugar una vez el gobierno catalán haya aclarado formalmente al español, en el plazo establecido (entre los días 16 y 19 de octubre), el significado de su decisión del pasado 10 de octubre. Existen dos posibilidades. La primera es que la respuesta del gobierno catalán abra un escenario de distensión relativa iniciándose una etapa incierta en la que Rajoy no aplique un ataque frontal contra el gobierno catalán, no lo suspenda de sus funciones, y se limite a poner en marcha la maquinaria judicial represiva por la organización del 1 de Octubre, más o menos modulada en su alcance en función de la evolución de los acontecimientos. Se entraría así en una fase de lucha anti-represiva defensiva por parte del independentismo que, más bien temprano que tarde, culminaría con nuevas elecciones catalanas, pero en medio del desconcierto estratégico o de una nueva huida procesista hacia terrenos artificiales y de un declive del movimiento.

7. Futuros inmediatos (II). La segunda posibilidad es que el gobierno catalán de una respuesta que empuje a Rajoy a pasar a la guerra de movimiento legislativa y judicial aplicando el artículo 155 e interviniendo de manera explícita el auto-gobierno catalán. Sin duda ello requeriría una respuesta política y social en términos de movilización sostenida sin precedentes. La lucha anti-represiva une en negativo, en clave defensiva, pero es necesario que ésta vaya acompañada de una perspectiva en positivo. Ello no será posible si el gobierno catalán no sabe/puede/quiere salir de la situación que él mismo creó el 10 de Octubre y se lanza a una resistencia sin hoja de ruta y sin haber realizado un acto de soberanía que muestre decisión y valentía y enmiende el error cometido. Recuperar la iniciativa perdida y sacar a la base social del independentismo del desconcierto en que ha sido sumida no debe interpretarse, sin embargo, como una mera reactivación en frío de la declaración de independencia suspendida como plantea la Assemblea Nacional Catalana (ANC) como si ello fuera un simple acto político-administrativo, como si las decisiones políticas pudieran descongelarse sin más. A la falacia de la desconexión le ha acompañado habitualmente el fetichismo de la declaración de independencia, que atribuye a ésta una fuerza en sí misma bastante desconectada de cómo se proclame y del contexto social y la coyuntura política. Al contrario, es necesario favorecer un nuevo escenario de amplia movilización que, unida al legado y a la legitimidad de la movilización del 1 y 3 de Octubre, permita arropar mejor un acto de soberanía formal que tenga implicaciones y que debe pensarse estratégicamente con vistas a mantener en pie el frente rupturista forjado entre el 20-S y el 3-O.

8. República catalana y proceso constituyente. Aparece en el horizonte inmediato, en caso de cumplimiento de la hipótesis de una nueva escalada en el enfrentamiento, un doble desafío: recuperar la iniciativa y no adentrarse en una resistencia anti-represiva sin un acto fundacional de soberanía claro e ilusionante y, a la vez, interpelar a todo el bloque que hizo posible el 1 y el 3 de octubre y que también sirva para emplazar a la base social de los Comunes y empuje a su dirección hacia una política rupturista. El éxito de las jornadas del 1 y el 3 se debió a un espacio social y político que iba más allá del movimiento independentista e incluía a un sector rupturista-constituyente (que en lo partidario puede significarse primordialmente en Podem y en una sensibilidad minoritaria dentro de los Comunes y en lo social en un amplio estrato de activistas y sindicalistas alternativos). En cierta manera, los titubeos del gobierno catalán expresan balbucientemente esta preocupación. Pero, por desgracia, el movimiento independentista desde 2012 no ha tenido ninguna política seria dirigida a buscar alianzas con aquellos sectores no independentistas partidarios de romper con el régimen de 1978. La ceguera tradicional de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) entorno a esta cuestión ha sido notoria. La proclamación de la República Catalana y la apertura de un proceso constituyente catalán que, aunque declinadas mayoritariamente en clave independentista no excluyen una hipótesis (con)federal, son el horizonte estratégico compartido del bloque gestado entorno al 1 de octubre y deberían ser el eje estratégico de la nueva fase que se abra a partir de ahora.

9. ¿Gobierno con el PSOE o rupturas constituyentes? En el plano estatal la involución autoritaria de todo el aparato del Estado y de la situación política es patente, dejando a Unidos Podemos a contracorriente y como la única voz con un planteamiento democrático, aunque con importantes límites estratégicos 4/. El desajuste entre la relativa parálisis en el conjunto del Estado y el proceso catalán dibuja una tijera que favorece cada vez más la discordancia entre ambas realidades y alimenta a las fuerzas reaccionarias. La cuestión decisiva ahí es el disciplinamiento absoluto del nuevo PSOE de Pedro Sánchez que enseña ahora sus límites insoslayables. Ello debería empujar a Unidos Podemos a sacar conclusiones estratégicas claras, abandonando su perspectiva de gobierno de coalición a medio plazo con el PSOE y recuperar su hipótesis de ruptura constituyente. Lo que supone plantearse algún tipo de relación con el independentismo catalán y un política de inserción social y lucha a medio plazo, más allá de la política parlamentaria cotidiana.

10. Rupturismo no procesista. Desde la jornada del 20S en adelante se fue gestando por primea vez un espacio rupturista no procesista, de sectores independentistas y no independentistas, formado por la CUP, Podem, sensibilidades minoritarias de Catalunya en Comú, y activistas sociales y sindicales alternativos. La protesta estudiantil y la irrupción de los Comités de Defensa del Referéndum han sido la expresión más visible de ésta dinámica. Fue este bloque informal el que tuvo un rol decisivo los días anteriores a la cita del 1 de octubre y en la propia jornada del referéndum, forzando de facto a la ANC a ir más allá de lo previsto. El desafío ahora es mantener y reforzar este espacio constituyente en ciernes, para que pueda devenir un actor con capacidad de iniciativa político-social propia y a la vez tenga una política unitaria y de presión, por un lado, hacia la ANC, Ónmium y el independentismo oficialista y, por el otro, hacia los Comunes.

¿Incertidumbre antes de adentrarse por un pantanoso tránsito hacia ninguna parte o víspera de un nuevo capítulo del Octubre catalán? La complejidad de la situación no debería escondernos la claridad de los dilemas estratégicos que encierra.

15/10/2017

Josep M. Antentas, forma parte del Consejo Asesor de viento sur


1/ Bensaïd, D. (2010[2003]). Cambiar el mundo. Madrid: Público, p. 157-158.

2/ Desarrollo más esta cuestión en: Antentas, Josep M (2017). “Días decisivos”, 25 de Septiembre. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article13036

3/ Serge, V. (1925). "Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión". Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/serge/represion/repres-1.htm#1xix

4/ Para una evaluación más sistemática de ello ver: Antentas, Josep Maria (2017). “Los Comunes y sus dilemas”, 7 de Septiembre. Disponible en: http://vientosur.info/spip.php?article12978





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