aA+
aA-
Grabar en formato PDF

Argelia
Aunque el movimiento social haya entrado en una fase de resistencia pasiva, no ha abdicado
28/09/2017 | Entrevista con Nadir U. Haddad

Nadir U. Haddad es un militante del Partido Socialista de los Trabajadores de Argelia. Nos recuerda que Argelia fue sacudida por movilizaciones sociales y políticas profundas mucho antes de 2011, y cómo la "primavera árabe" presionó al gobierno.

Mirándolo con perspectiva, ¿qué explica que la ola de la Primavera Árabe no tuviera repercusiones en Argelia?

Para comprender la ausencia de Argelia en esta "ola de la primavera árabe", hay quizás que situar al movimiento social y de protesta argelino en una diferente periodización política y social que la que comenzó en 2011. Si es cierto que los traumatismos de la guerra civil larvada, o lo que es conocido como "los años terroristas" durante el decenio de 1990, jugó como un freno y una capa de plomo sobre toda la sociedad, las críticas olvidan a menudo la "primavera" que conoció Argelia en 2001, calificada a menudo de "primavera negra" por su violencia y la represión que sufrió.

Esta primavera de 2001 fue de la amplitud de lo que conoció Túnez o de lo que conoce Marruecos hoy. Por la radicalidad de sus reivindicaciones y su nivel de organización, fue una verdadera insurrección. Durante más de cuatro meses, en una región del país, la Kabilia, emergió una especie de dualidad de poder. Si esta insurrección, o al menos su nivel de organización más avanzado, se quedaron principalmente acantonadas en la Kabilia, se puede no obstante hablar de una insurrección argelina. Pues los propios insurrectos no dejaron de afirmarlo y de intentar extenderla a todo el país. Esto, por otra parte, tiene más similitudes con la actual revuelta marroquí que con los casos sirio o egipcio.

El fracaso de esta insurrección, que habría podido desembocar en una revolución (fracaso ligado a diferentes razones que no podemos desarrollar aquí) introdujo sin embargo un nuevo comportamiento político en la sociedad argelina: cerró de alguna forma el "ciclo del terrorismo" como acción política, mostrando que hay una manera diferente de organizar la revuelta y la protesta; se abrió sobre otro ciclo de protesta, bajo la forma de "disturbios" que han afectado a todo el territorio. Lo que ha obligado al presidente Buteflika a revisar a la baja su política de liberalización económica, manteniendo una cierta presencia del Estado y de los poderes públicos en numerosos sectores considerados por los y las argelinas como conquistas: educación, salud, vivienda, energía, agua, subvenciones a ciertos productos alimenticios como la leche o el pan. Esto, aún teniendo en cuenta que esta política gestionada de forma burocrática y bajo la presión ha conducido sobre todo a fabricar y mantener una clientela del poder -lo que la crítica del poder designa como "la compra del pan social".

Desde este punto de vista, la onda de choque de la primavera tunecina ha ciertamente tocado a Argelia, pero no ha hecho sino recordar al poder y al Estado argelinos su deber hacia los sectores de la población más desfavorecidos.

Si no ha habido movilización política contra el poder, por el contrario, desde 2011, se han desarrollado nuevos movimientos sociales (movimiento de los parados del Sur, movilización popular en In Salah, movilizaciones ne la función pública), ¿cuáles son sus características?

Este movimiento de protesta bajo forma de disturbios, como acabamos de señalar, sin organización y sin perspectivas políticas, comenzaba a agotarse. El "2011 tunecino" lo ha relanzado manteniendo la presión sobre el poder de Buteflika. Aunque esto no haya conducido a una gran movilización, hemos visto no obstante surgir nuevas formas de organización y nuevas plataformas reivindicativas, más duraderas y centradas más en lógicas programáticas de futuro que en reivindicaciones coyunturales: la cuestión del paro de la juventud diplomada, la cuestión energética y los temas medioambientales ligados al proyecto de explotación del gas de esquisto en el sur, la cuestión de las libertades democráticas y de las libertades individuales, la cuestión de las jubilaciones, el código del trabajo... Son otras tantas reivindicaciones y estructuras asociativas y sindicales que han emergido en el surco de la primavera árabe, pero que no hacen sino prolongar el ciclo abierto por 2001, aún manteniendo el escepticismo hacia toda expresión política radical. La contrarrevolución egipcia, pero sobre todo el caos libio y la guerra en Siria han jugado seguramente un papel en este escepticismo respecto a lo político, lo que ha jugado en favor del poder actual a pesar de su agotamiento.

¿Se puede decir que a través de las redes sociales se construyen nuevas expresiones de resistencia (por ejemplo las mujeres de Annaba contra el acoso)?

Se puede decir que estos últimos tiempos se ha instalado una especie de resistencia pasiva, con menos disturbios pero con un nivel de organización ligeramente superior, en particular alrededor de huelgas sindicales en la función pública, entre los estudiantes o en el movimiento asociativo. La reciente reacción de las mujeres contra el acoso en las playas en Annaba es un mal ejemplo para comprender el combate de las mujeres a fin de salir de su situación de oprimidas. La cuestión del bikini, del velo y de la vestimenta en general es ciertamente una preocupación entre las mujeres frente a los ataques de la sociedad conservadora y de los islamistas, pero es un tema secundario en su búsqueda de libertad a través de una lenta y progresiva, pero real conquista del espacio público, de los lugares de trabajo, de la escuela y de los espacios de ocio. Recientemente, el laborioso trabajo de sensibilización realizado por mujeres sindicalistas de la UGTA contra el acoso en los lugares de trabajo, en el hogar y en la esfera conyugal ha sido recompensado por la aprobación de una ley que mejora su estatus en el plano jurídico frente a los acosos que sufren cotidianamente.

¿Qué está en juego para el poder en el tema de la sucesión de Buteflika en un contexto de retroceso de la renta petrolera?

Con el nombramiento el 24 de mayo de 2017 del antiguo ministro de la vivienda, Abdelmadjid Tebboune, como primer ministro, y luego su dimisión el 15 de agosto en beneficio del jefe de gabinete del presidente, Ahmed Ouyahia, vivimos este verano un episodio que pone en evidencia las contradicciones latentes en el seno del poder de Buteflika. Hay relentes, a nivel político, de una carrera por la sucesión del presidente enfermo. Hay también un significado en el plano social y económico.

Asistimos, por un lado, al ascenso de las nuevas clases posesoras que comenzaron su auge en la era Buteflika y aspiran a más liberalización económica y más plazas en las ruedas del poder, del que hasta ahora habían sido mantenidas más o menos apartadas. Hay de otro lado la fracción del poder, representada por el actual primer ministro, que teme una intervención violenta del movimiento popular ante una eventual desintegración del Estado bajo las presiones de los ultraliberales. Pues aunque el movimiento social esté en una fase de resistencia pasiva, como hemos señalado, no ha abdicado.

A un nivel más coyuntural, el nombramiento de Tebboune parecía obedecer a una voluntad de cuidar la imagen de un poder presidencial zarandeado por asuntos de corrupción, obras públicas interminables y una gestión opaca de los asuntos del Estado por un Presidente cada vez más ausente. Pero Abdelmadjid Tebboune había adquirido rápidamente una autonomía y proclamaba una voluntad de "limpiar los establos de Augias", de contener a las fuerzas del dinero "separando el poder del dinero del poder político", como había afirmado en sus primeros discursos y tomas de posición, en particular hacia el representante de la patronal, Ali Haddad, a quien reprochaba abusos en el trato de favor del que ha gozado por parte de los poderes públicos. Y con la misma rapidez esas mismas "fuerzas del dinero" han reaccionado para despedirle.

Prisionero él mismo de un planteamiento neoliberal, aunque fuera menos extremista que el defendido por sus opositores, actuando en solitario en su universo político en el seno del serrallo, el ya exprimer ministro mostró rápidamente los límites de sus arrebatos patrióticos. Pues en este tipo de planteamiento político, el mínimo de sentido común es intentar alianzas para ampliar los contornos de su campo, si es preciso más allá del serrallo y de las fuerzas que le han nombrado para ese puesto. Pero esto parecía fuera de su capacidad y de su voluntad. La burocracia sindical, que dirige el inamovible secretario general, Abdelmadjid Sidi-Said, optó rápidamente, mostrándose con el patrón de los patrones y defendiendo las virtudes del liberalismo como única alternativa para la economía argelina.

El mundo del trabajo, las capas populares y una parte de las capas medias que asisten a esta crisis en la cúspide del poder comienzan a soñar, guardando todas las proporciones, en la emergencia de un "Keynes" a nivel económico o de un "Putin" que se opondría al occidente europeo y americano. Pero esa gente sigue huérfana de una expresión política o de un movimiento sindical que podría defender esas aspiraciones más allá de los deseos del serrallo. Y es precisamente para evitar toda convergencia entre esas fuerzas dispares, aspirando a un mínimo de ética y de transparencia en la gestión de los asuntos de Estado, así como de justicia social anticorrupción, que el orden patronal, llamado aquí "consenso presidencial", ha sido recordado en la memoria de todos. No es casualidad si la destitución de Tebboune se ha hecho en pleno período de vacaciones: cuando el inicio del curso social puede complicar las cosas, no había que mostrar un flanco a la constitución de alianzas que pudieran desbordar los intereses del serrallo.

Con Ahmed Ouyahia, el curso económico neoliberal retoma su marcha hacia adelante. Vestido como "reformador liberal", el gobierno defiende las privatizaciones y el final de la "demagogia social" -todo lo que a la patronal le gusta oír. Pero las mismas preguntas siguen planteadas: ¿Es Ouyahia un primer ministro que da el tono sobre la nueva política en tiempos de vacas flacas, o el candidato de un nuevo consenso para las presidenciales de 2019? En cualquier caso, es un consenso del mundo del trabajo el que se muestra como de una acuciante necesidad.

Revue L’Anticapitaliste n°90 (septiembre 2017)

https://npa2009.org/idees/international/algerie-si-le-mouvement-social-est-entre-en-resistance-passive-il-na-pas-abdique

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





Boletín semanal
Recibe en tu correo electrónico los últimos artículos de nuestra revista digital, así como las novedades y eventos
Agenda
foro viento sur
Madrid. 18 de octubre de 2017, 19:00h
Madrid. Miércoles, 18 de octubre de 2017. 19h La cuestión catalana y el problema español Sandra Ezquerra, Jaime Pastor, Maria E. Rodríguez Palop, Antonio Maestre
Librería Traficantes de Sueños c/Duque de Alba 13 Metros: Tirso de Molina y La Latina







Facebook Twitter RSS

vientosur.info | Diseño y desarrollo en Spip por Freepress S. Coop. Mad.
 
Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual Los contenidos de texto, audio e imagen de esta web están bajo una licencia de Creative Commons