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Jordi Arquer
Poumismo y catalanismo
21/09/2017 | Pepe Gutiérrez-Álvarez

Cuando se vuelve a hablar de la relación entre marxismo y catalanismo, se citan, obviamente, los nombres de Joaquim Maurín, de Andreu Nin, así como a Josep Rovira. Sin embargo, quizás quien mostró una pasión más continuada por interpretar el “fet nacional catalá” desde la tradición de Marx y Lenin fue Jordi Arquer i Saltor (Barcelona 1906-Per­piñán 1981), precoz líder del singular Partit Comunista Català (PCC) y, luego, del BOC y del POUM, y autor de numerosos artículos y algunos ensayos centrados en dicha temática.

Arquer era empleado de comercio, y fue un di­rigente obrero del sector, lugar en el que desarrolló sus actividades y preocupaciones como sindicalista en colaboración y debate con el anarcosindicalismo. Destacó como socio del CADCI y miembro de la sec­ción de Trabajo. Colaboró en su órgano de prensa, Lluita, desde donde combatió los sec­tores más reformistas del nacionalismo catalán. Era muy joven cuando inició su militancia en las fi­las del republicanismo federal.

En 1923, Arquer colaboró en La Tierra, órgano de la Unió de Rabassaires de Ca­talunya que dirigía Lluís Companys y, entre 1923 y 1926, escribió en Justicia Social, el portavoz de la Unió Socialista de Catalunya, siempre desde sus postulados nacionalistas. Ejemplo de sus inquietudes en este terreno será el folleto aparecido en 1934 L’ evolució del problema agrari a Russia desde la servitud feudal al comunisme. Durante la Dictadura entró en contacto con el Estat Catalá que animaba Francecs Macià, pero a partir de 1926-1927 se encuentra entre los principales animadores del núcleo revo­lucionario deI Ateneu Enciclopedic Popular de Barcelona que, entre otras actividades, organizaba unos seminarios de es­tudios marxistas, desde una posición eminen­temente cultural abierta, pero que se orienta hacia un posicionamiento cada vez más crítico con el nacionalismo que postergaba la cuestión social. Durante 1928 entró en contacte con un grupo de obreros de vanguardia que funcionaba en Lleida, y en el verano del mismo año viajó a París, donde se entrevistó con Maurín.

Este mismo año fundó, junto con Doménech Ra­món, Amadeu Bernadó y el luego también destacado poumista Josep Rodès, que tenía una gran influencia en Lleida, el PCC cuya influencia era superior a la del exiguo partido oficial. El nuevo partido lo nombró Secretario (con 22 años). Arquer es el que elabora los cuatro puntos de una declaración de principios tan escueta como precisa: reivindicaba el materialismo histórico y lucha de clases; defendía la dictadu­ra del proletariado y derecho de los pueblos a Ia autode­terminación, o sea, se reclamaba del marxismo (“el apoliticismo que predica –el anarquismo-, delante del ejemplo de los partidos comunistas cada día más fuertes, de la triunfante revolución rusa, nos hacer creer que los anarquistas están equivocados y que es necesario que los obreros tengan también su partido político para combatir también desde el Parlamento”); anteponía la lucha de clases a la cuestión nacional; reconocía la importancia de la dictadura del proletariado “que tanto espanta a los anarquistas aunque hay ya grandes núcleos de trabajadores que están conformes. La conservación del instrumento coercitivo del Estado para combatir a los contrarrevolucionarios se ha visto claramente con la experiencia soviética...”. Pero también colocaba en un primer término el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

Desde 1928 hasta finales de 1929, Arquer será uno de los colaborares habituales del semanario L’Opinió. Su nombre es uno de los que toman parte en la famosa polémica sobre el arraigo del anarquismo en Catalunya y lo hace contra las posiciones de su amigo Joan Peiró. Arquer está de acuerdo en considerar que dicho arraigo fue totalmente indiscutible hasta 1917 y está de acuerdo con el criterio expresado por Ricardo Mella según el cual anarquismo es “inseparable del movimiento obrero” catalán, y “Que los éxitos y las derrotas de uno, lo son también del otro. Difícil será que llegue la hora de divorciarse. Correrán la misma suerte por mucho tiempo”.

Para Arquer dicha apreciación deja de ser enteramente cierta cuando la Revolución rusa pone en marcha una nueva variante de sindicalismo revolucionario. Cree que desde entonces las “ideas sindicalistas que en Francia ya disputaban la hegemonía con los anarquistas no habían entrado todavía en nuestro movimiento social. Durante la guerra (1914-1918), sin embargo, las ideas del sindicalismo puro ya comenzaron a minar los vagos principios anárquicos. El socialismo no ha arraigado profundamente en Catalunya porque ha sido presentado sin su sentido revolucionario, como un método legalista y falto de combatividad.” En otro artículo (30-XI-1929) titulado El partido de mañana, precisa todavía más sus criterios. Habla de “crear el partido político obrero, organismo combativo y disciplinado, dotado de órganos de propaganda y elementos de agi­tación. Inflexible en Ia oposición contra la burgue­sía y más todavía contra todas les tendencias re­formistas del movimiento obrero”.

1930 fue un año especialmente activo, empezando por la edición de El comunisme i la qüestió nacional i colonial, con textos de Le­nin, Stalin i Bujarin. Suya es la traducción (del francés), las anotaciones y la introducción. Acusado de injurias contra la monarquía por una conferencia pronunciada a Vilafranca del Penedés, fue detenido en junio de 1930 y permaneció en prisión hasta el 25 de agosto. En octubre, en plena reorganización del movimiento obrero, toma parte en la asamblea constitutiva del Sindicato Mercantil (miembro de su junta directiva), y en la que sería nombrado de­legado del Sindicato en el Comité de la Confederación Regional de la CNT de Catalunya. En un ambiente en el que se percibe el surgimiento de una creciente efervescencia social, Arquer se manifestó abiertamente parti­dario de iniciar un proceso de unificación entre el PCC y la FCCB, que lideraba Maurín, pro­ceso del cual había de surgir el Partido Político Obrero. Así, a finales de noviembre de 1930 encabezó el grupo mayoritario de su partido que decidió unifi­carse con la FCCB y constituir el BOC aunque el congreso formal de unificación –que significó un salto cualitativo considerable para el comunismo autónomo- no tuvo lugar hasta el 1 de marzo de 1931.

Arquer fue el primer candidato por el BOC en las elecciones municipales del 12 de a­bril de 1931 por el distrito cuarto de Barcelona, función que volverá a ejercer en otras ocasiones como serán las elecciones al Parlamento de Catalunya (19-X-1932); en las elecciones a diputado a las Cortes (19-X-1933), así como en las municipales barcelonesas (14-01-1934), siempre con resultados más bien testimoniales.

En abril de 1931 figuró también como redactor del semanario L’ Hora y era uno de los colaboradores habituales de La Batalla. En el BOC fue miembro del comité central y de su comité ejecutivo y formó parte de la comisión encargada de redactar la tesis nacional del par­tido. Al mismo tiempo era miembro de la Escuela Marxista y el responsable de impartir cursos so­bre historia de Ios movimientos político-sociales.

En su folleto De Pi i Margall al Comunisme (1931), Arquer desarrolla un análisis de la tradición federalista encarnada por Pi i Margall y toma el pensamiento de éste como el antecesor más preclaro de las ideas leninistas en el problema de las nacionalidades. Volverá sobre el mismo tema un año más tarde con Los comunistas ante el problema de las nacionalidades ibéri­cas, un opúsculo en el que argumentaba a favor del derecho a la autodeterminación de los pueblos y donde criticaba tanto las actitudes tradicionales de anarquistas y socialistas como del PCE.

Al poco de instaurarse la República será, junto con o­tros dirigentes bloquistas, uno de los firmantes de una carta abierta al general de la división de Catalunya, Eduardo López Ochoa, en la que exigía la disolución de la guardia civil. A consecuencia de ello será procesado a finales de mes de julio junto con Jaume Miravitlles por injurias a la guardia civil.

En mayo tomará parte, en representación del Sindicato Mercantil, en la Conferencia Regional de la CNT (31-06-1931), donde defenderá los planteamientos de la corrientes bloquistas expresados en su folleto El proletariado mercantil. Los anarcosindicalistas no le dejarán hablar y, al poco tiempo, será expulsado de la CNT; no obstante, esto no le impedirá participar en la huelga convocada en octubre de 1933.

En junio de 1931 Arquer encabezará la lista del BOC por Barcelona en las elecciones legislativas y un mes después será nombrado para la delegación del BOC que tenía como objetivo viajar a Moscú con la finalidad de resolver las diferencias con la Internacional Comunista. Pero el viaje no tendrá lugar, y las diferencias seguirán y Arquer fue uno de los líderes del BOC que más claro tuvo siempre la necesidad de una “autonomía” de cara a la Internacional.

Durante el segundo congreso de la FCCB (abril, 1932), fue uno de Ios redactores de la importante tesis sobre la cuestión nacional. En enero de 1934 será uno de los oradores como representante de los sindicatos ex­pulsados de la CNT, en el primer mitin que la Alianza Obrera celebró en el Palau d’ Arts Deco­ratives de Barcelona y que será algo así como el acto constituyente de este movimiento obrero unitario. Por sus actividades durante las jornadas del 6 de octubre de 1934 en Barcelona, se vio obligado a pasar a la clandes­tinidad. Impul­sor del Frente Único de los Trabajadores del Comercio, tuvo un papel dirigente en la huelga mercan­til de julio de 1936.

Olvidando antiguos rechazos antitrotskistas, Arquer aparecerá como un firme partidario de la creación del POUM -fue uno de los asistentes a su reunión constituyente- y será uno de los componentes de su comité ejecutivo. Será una de las plumas del nuevo partido tanto en La Batalla como en La Nueva Era y suyo es el artículo (febrero del 36) en el que se critica las concepciones estalinistas sobre el Frente Popular. Otro de sus trabajos fue la traducción al catalán del librito de Marx Crítica del Programa de Gotha, con prólogo de Maurín. Otra colaboración suya con Maurín fue su edición y prologo de las inter­venciones parlamentarias de éste, así como del folleto que recogía la polémica que Maurín-Carrillo habían mantenido en 1935. En 1937, cuando la campaña estalinista contra el POUM se va haciendo cada vez más agresiva, Arquer publica Las interpretaciones del marxismo, en la que trata de ofrecer una explicación de las diferencias con el estalinismo.

Durante las jornadas de julio combatirá en Atarazanas y será, junto con Manuel Grossi, el animador de la columna de voluntarios poumistas que se dirige hacia el frente de Aragón y tomó Tardienta y Sariñena. Fue comisario político de la División Lenin y se manifestó partidario de que las zonas aragonesas que estaban bajo el control de las milicias catalanas fueran incorpo­rada a Catalunya. En diciembre de 1936 participa al Pleno del Comité Central del POUM, en el que se desarrolla durante la crisis del gobierno de la Generalitat y firma el manifiesto del POUM delante esta crisis. También fue designado como uno de los redactores de la ponencia política y de la ponencia sobre las nacionalidades que se tenía que discutir en un congreso pendiente del POUM, que nunca llegaría celebrarse. En su opinión dicho congreso “Habría tenido enorme resonancia nacional e internacional. Incluso preparábamos para después un congreso de juventudes, de las JCI al que iban a asistir delegados de las juventudes de todos los partidos relacionados con el Buró de Londres y algunos de los cuales ya estaban entonces en Barcelona, como Willy Brandt. El comité ejecutivo del POUM tenía además el proyecto de mantener diversas reuniones con los delegados de los diversos partidos que formaban el Buró de Londres para discutir las posibilidades de creación de una nueva internacional, auténticamente revolucionaria, al margen de la II y la III. Pero todos estos proyectos se frustraron”.

Los acontecimientos de mayo de 1937 lo cogieron desprevenido en Valencia, donde actuaba como el representante del POUM ante el gobierno. Una vez los conoce, los caracteriza como “una explosión espontánea de la clase obrera frente a la minimización y el debilitamiento de la revolución, de las conquistas revolucionarias”. También llama la atención sobre la responsabilidad de ERC a través del consejero de gobernación, Artemí Aiguadé. A su parecer, “los ganamos militarmente y los perdimos políticamente (...) si la CNT hubiera querido nos hubiéramos apoderado de la Generalitat, porque Cataluña era de la CNT y del POUM. Nosotros habríamos continuado la guerra con todo el entusiasmo revolucionario”. De haberse impuesto “una coalición nacional del POUM, la CNT, la FAI (...) y la fracción izquierdista del PSOE y la UGT, en la que en aquel momento era fuerte Largo Caballero, y haber dado una nueva orientación revolucionaria a la guerra (...) habría obtenido el apoyo de la clase obrera revolucionaria de todo el mundo y si los comunistas se hubiesen puestos en contra habrían probado internacionalmente que no estaban por el triunfo de la revolución. Nosotros queríamos una guerra revolucionaria, ellos una guerra antifascista, nosotros queríamos un gobierno obrero, ellos una república burguesa”.

Tras la desaparición de Nin fue llamado para ocupar su cargo, el mismo que había ocupado con el naciente PCC. En aquel entonces, “mal informados, creíamos todavía que la URSS era una sociedad donde imperaba la solidaridad y la fraternidad, mientras que en 1937 ya sabíamos que la contrarrevolución había triunfado (...) y que el estalinismo, bajo la bandera del Frente Popular, trabajaba para ofrecer a la burguesía liberal el cadáver torturado de la revolución de los pueblos hispánicos”. Esta es seguramente su época más creativa, Solano cuenta que trató de crear una “comisión” para investigar el destino de José Robles, el traductor de John dos Passos, o escribiendo artículos de gran interés, por ejemplo sobre las jornadas de mayo. Detenido el 16 de junio de 1937 con el ejecutivo del POUM y trasladado a Valencia, quedará en libertad el 27 de julio porque el juzgado de Valencia no encontró materia delictiva contra él. Al salir de la prisión formó parte del Co­mité ejecutivo clandestino del POUM y realizó ges­tiones a favor de Ios presos de este partido cerca del ministro del gobierno de la República Julián Zu­gazagoitia y del comité nacional da la CNT.

Arquer vuelve a ser detenido el día 29 de julio de 1938 y juzgado en octubre del mismo año, con el resto de los miembros de la dirección de su partido por el Tribunal Especial de Espionaje y Alta Traición. Condenado a once años de “segregación de la convivencia” por el cargo de “cómplice del delito” de rebelión, o sea por revolucionario.

Acabada la guerra, Arquer marchó hacia el exilio, primero a Francia y después a México, hasta que se estableció en París y en Perpiñán. Participó en un grupo de resistencia en Lyon. Pro­gresivamente desvinculado del POUM, durante un tiempo estuvo militando en las filas del MSC. Nunca dejó de escribir sobre los temas que más le preocupaban e, instalado en el Rosellón, colaboró en numerosas revistas de exilio publicadas, en México como Mundo, Endavant, L’Insurgent, Quadern de l’ Exili y La Nostra Revista, así como Oda a Sant Jordi y El futur de Catalunya i el deures politics de l´emigració catalana.

Igualmente colaboró en Resorgiment y Germanor, la primera publicada en Argentina y la segunda en Chile. Regresará en diversas ocasiones a Catalunya a partir de los años cincuenta, pero no será hasta 1977 cuando residirá de una manera más estable. Bibliófilo empedernido, Alba lo describe preocupado por recuperar los libros en medio de las luchas callejeras. Arque creó un archivo sobre la guerra y el exilio catalán que Pierre Broué reconoce en su libro sobre la guerra y la revolución española como la principal fuente para su propio estudio sobre esos hechos. También tomará parte en un grupo de resistencia en Lyón, hasta que marcha hacia México en 1942.

Durante la Transición, Arquer no consiguió identificarse con ninguna formación política. Una idea de por donde se orientaba sus proyectos se puede deducir de su tentativa por reconstruir el BOC con componentes de las nuevas generaciones que se reclamaban por igual del marxismo y del independentismo catalán. Permaneció largo tiempo postrado por un cáncer incurable, y estaba ya agonizando cuando aceptó una aparición en la revista Interviú para un reportaje sobre “Los que cayeron en las checas”, escrito por M. Villamuera, que ofrece la que sin duda fue su última declaración (y su última foto bajo la cual se inserta una frase bastante tajante: “Nunca habrá abrazo de Vergara con los responsables de la muerte de los poumistas”). Entre otras cosas, acusaba a un conocido militante comunista estalinista de haber participado en la de “uno de los suyos” y su “cadáver desnudo arrojado desnudo al Rhöne. Se apellidaba (Llibert) Estartús y su padre había sido abogado de la Unió de Rabassaires”; Llibert había sido uno de los militantes del BOC que engrosó el PSUC en 1936.

Al fallecer, Arquer dejó inconclusas unas memorias y ahora se sabe que mantuvo una interesante correspondencia con George Orwell sobre la que ya hablaremos otro día. Por lo demás, hasta el momento todas las tentativas de editar una antología de sus escritos no ha convencido a los diversos editores emplazados.

Pepe Gutiérrez-Álvarez es escritor y miembro del Consejo Asesor de viento sur

(*) Apartado extraído de “Retratos poumistas”, España en armas-Espuela de Plata, Renacimiento, Sevilla, 2007.





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