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Elecciones en Brasil
Por un debate en la izquierda, más allá del “lulismo”
28/10/2010 | Charles André Udry

El 4 de octubre de 2010, la corresponsal del periódico argentino Clarín, titulaba así su artículo sobre los resultados de las elecciones en Brasil: "Un resultado que no hace sino alargar la agonía de la oposición" a Lula.
La candidata del Partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff obtuvo 47.648.171 votos, es decir el 46,9%. El candidato oficial de una fracción de la burguesía José Serra (PSDB- Partido de la Social Democracia brasileña) 33.130.316 votos, es decir el 32,61%. Hay que señalar que sectores enteros de la burguesía encuentran a Lula y "su" candidata (Dilma) completamente convenientes para los intereses del capital.
Marina Silva, ex -ministra del Medio Ambiente de Lula, patrocinada por un gran capitalista vendedor de productos de belleza bio, consiguió 19.635.951 votos, es decir el 19,33%. Marina Silva jamás se ha enfrentado directamente con factores inmportantes de la alteración del "marco ecológico", como la política de la agroindustria (política gubernamental de apoyo a la producción de soja para la exportación a China, el desarrollo de la ganadería extensiva, etc.). El resultado de Marina Silva, parcialmente inesperado en el PT, es también el producto de una reacción frente al "bipartidismo" mediático: Serra-Rousseff. En fin, hay que recordar que Marina Silva –como también Heloísa Helena (ex-candidata presidencial en 2006 del Frente de Izquierdas que integraban el PSOL, el PSTU y el PCB)- desarrolló una posición muy conservadora y opuesta a la despenalización del aborto. El aborto ilegal condena a muerte o a enfermedades graves a miles y miles de mujeres en Brasil; esto es debido a múltiples razones: entre otras, sociales (pauperización) y propias a relaciones brutales de opresión de sexo.

El PSOL (Partido del Socialismo y de la Libertad) presentó en las elecciones presidenciales a Plinio Arruda Sampaio. Un hombre íntegro, de origen católico de izquierdas, especialista en la reforma agraria y de una cierta edad (80 años). Consiguió 886.616 votos, es decir el 0,87%.
El PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado) presentó a la principal figura de Conlutas, un sindicalista muy respetado que participó al comienzo de los años 1980 en la creación de la CUT (Central Unitaria de los Trabajadores, independiente del régimen) en Sao Paolo: Zé María. El hecho de que sea la figura emblemática de Conlutas suscitó, ciertamente, una "dificultad" como consecuencia del fracaso de la fusión sindical de junio de 2010 [ver el artículo de Ernesto Herrera publicado el 16 de junio de 2010 en Correspondencia de Prensa]. Sólo consiguió 84.609 votos (0,08%), a pesar de la inserción militante efectiva del PSTU en el conjunto del país.
El PCB (Partido Comunista brasileño) presentó a Ivan Pinheiro. El PCB recogió 39.136 votos, es decir el 0,04%. En cuanto al PCdB (Partido Comunista de Brasil) de origen maoísta -a imagen de numerosas fuerzas e individuos salidos de esa corriente políticamente lobotomizada-, aportó su apoyo directamente a Dilma Rousseff. El PCdoB tiene una relación de alianza subalterna con el PT de Lula. El PCO (Partido de la Causa Obrera) -organización que tiene relaciones con la organización de Argentina PO (Partido Obrero, cuyo portavoz más conocido es Jorge Altamira) consiguió: 12.206 votos, el 0,01%.

Dicho de otra forma, la victoria de Lula da Silva -que tenia en sus manos y en sus brazos a Dilma Rousseff- no ha sido inquietada por la "izquierda radical", que no ha podido poner en dificultades el nuevo lugar político ocupado por Dilma Rousseff. El conjunto de la "izquierda radical" -al menos sus candidatos- no ha logrado aparecer como una fuerza, siquiera marginal, apta para contestar su mensaje: esto independientemente de la calidad de las tomas de posición (las de Plinio Sampaio y Zé María). La hegemonía de la pareja Lula-Rousseff ha sido confirmada.

El apoyo de los medios (ante todo la televisión) a Dilma Rousseff fue menos masivo que el dado a Lula en las anteriores elecciones. Sin embargo, sigue siendo importante y sectores burgueses claves han apoyado a Lula-Rousseff, como consecuencia de una política que correspondía perfectamente a sus intereses. Entre otros, como país actor "subimperialista" emprendedor, en todos los sentidos del término, en el continente sudamericano.
La política de asistencia social (ayudas familiares de un poco más de 65 dólares al mes) ha podido captar un voto masivo de sectores pauperizados, entre otros en el Noreste; la región más pobre y donde reinan grandes propietarios que utilizan, descaradamente, métodos cercanos a los de los propietarios de esclavos.
Los ocho años de "reino" de Lula, en sintonía con sectores determinantes del capital -bancos, minas (Grupo Vale), agroexportaciones, petróleo (Petrobras), grandes empresarios de infraestructuras- le han asegurado un poderoso refuerzo institucional.
En el centro del poder político-económico se encuentra Petrobras. Es, a la vez, una empresa apta para atraer capital extranjero, para asegurar (entre otras cosas) que el real aguante en el mercado de cambios y para ser un instrumento de la diplomacia brasileña, en tanto que "país emergente" que se afirma en la escena mundial. Ciertamente, el capitalismo brasileño guarda rasgos (tipo de estructuras producto-exportadoras) que pueden reducir su influencia en caso de un cambio de la coyuntura mundial, o en países como China. Este país y diversos países asiáticos se han convertido, durante los últimos años, en un mercado cada vez más considerable para el capitalismo brasileño. La capitalización bursátil de Petrobras (valor de las acciones multiplicada por su número) es una de las más importantes del mundo. Y las reservas de petróleo que controla consolidan esta posición y su lugar por delante de Exxon.
Finalmente, la BNDS -que se supone es el "Banco Nacional de Desarrollo" que debe responder a las exigencias de una economía integrada en el desarrollo- no ha dejado de aportar su apoyo al proyecto de infraestructuras. Es decir proyectos, a menudo opuestos a los intereses de las poblaciones, pero que desembocan en beneficios masivos, rápidos y muy concentrados.
A esto se añade el apoyo de la BNDS a programas que tienden a atribuir a la economía brasileña los rasgos de una economía de exportación de commodities [término anglosajón que se aplica a todo producto vendido a granel, a menudo se vende en los mercados financieros ndt], aunque aquí hay que tener en cuenta el control del capitalismo brasileño sobre los procesos de transformación de una parte de esos bienes, así como de la logística (con toda su complejidad) necesaria para su exportación. En este sentido -por lo que se refiere a Brasil- el término de "reprimarización" (vuelta al sector primario) de la economía puede ser, en parte, evitado. Esta calificación, en mi opinión, está a menudo fundada en una estadística engañosa de la clasificación tradicional de las exportaciones.

En fin, el "lulismo" no ha renunciado a la política de privatización de los "bienes públicos" o también el rechazo a "renacionalizar" bienes privatizados bajo Fernando Enrique Cardoso (1995-2003). Además, bajo el reino de Lula se ha desarrollado la política de la PPP (Participación Privada Pública). Este "método" permite poner en pie la privatización completa o parcial de un sector dado, sin riesgos para el capital, sobre la base de una estimación contable más seria de su potencial y de su rentabilidad, a lo largo de algunos años test.
Esta política de privatización resulta ser también un subproducto de la exigencia del capital financiero internacional y nacional de conseguir un saldo primario del presupuesto positivo (este saldo se calcula deduciendo de los ingresos el montante de los gastos sin contar las cargas de la deuda) a fin de responder con regularidad a los dictados de los acreedores nacionales e internacionales, es decir de los poseedores de obligaciones del Estado brasileño que tienen tasas de interés elevadas. Las dos fracciones del capital financiero gozan de la tasa de cambio ascendente del real y de la renta (pago de la deuda) que llega regularmente.

Este conjunto de opciones económicas, políticas, institucionales, sociales ha permitido al PT ganar la dirección (puesto de gobernador) de los Estados (Brasil dispone de un sistema federal) siguientes: Sergipe, Bahía, Rio Grande do Sul, Acre.
El PT está casi seguro de arrancar en la segunda vuelta (este domingo 31 de octubre de 2010), el puesto de gobernador en el distrito Federal de Brasilia. Por medio de alianzas con diversos partidos de derechas (por tanto con los componentes financieros y materiales que constituyen los basamentos de estos acuerdos), el PT va ciertamente a obtener la dirección de los Estados de Rio de Janeiro, Pernambuco, Ceara, Maranhao, Piaui, Matto Grosso, Espiritu Santo y Matto Grosso do Sul.
La oposición de derechas, que se llama, entre otras cosas, "socialdemócrata", ha obtenido una mayoría en el Estado de Sao Paulo -el centro económico del país- y en el Estado (minero) de Minais Gerais, el tercero en importancia económica con el estado de Paraná y del Tocantins. La derecha bajo la denominación DEM (Demócrata, ex-Partido del Frente Liberal) no ha obtenido el puesto de gobernador más que en dos estados: Santa Catarina y Rio Grande di Norte.
En el Senado, la alianza alrededor del PT ha pasado de 39 escaños a 59, logrando así una mayoría. La cifra de 59 será confirmada el 31 de octubre de 2010, tras las elecciones en ocho estados. El Senado no será pues ya una instancia que pueda oponerse -en el sentido de negociar- con el gobierno. El Senado ha sido y será un lugar de negociaciones interburguesas (si se consideran los intereses sociales efectivamente defendidos por el PT y la composición social estatizada y "burguesificada" de su dirección). El PT estará sencillamente en mejor posición para negociar con sus aliados y "opositores".
En la Asamblea (Parlamento), el PT controlará el 60% de los escaños.

Balance: los "opositores" tradicionales han perdido terreno durante los ocho años del régimen Lula, del "lulismo", por retomar un término que denota la importancia del papel de PT transformado, durante un breve período consecutivo a su nacimiento formal (10 de febrero de 1980).
La política de asistencialismo (bolsa familia) en dirección de unos 40 millones de "pobres" (contando los miembros de la familia) -es decir hombres y mujeres hiperexplotados según modalidades llamadas informales y formales, por otra parte interconectadas- ha jugado un papel importante. Esto junto al apoyo abierto o implícito de fracciones muy significativas del Capital.
Por otra parte, la prensa económica -como Valor Económico- no ha dejado de subrayar el parecido de los dos programas defendidos por Dilam Rousseff (PT) y José Serra (PSDB).
Los sectores fragilizados (precariado) y pauperizados, en lo esencial no organizados y oprimidos, han visto en la delegación a un "hombre providencial" la solución parcial a su miseria. Una "providencia" (bajo la figura concreta de la bolsa familia) que afectaba a 3,6 millones de familias bajo Cardoso (1995-2002), llegará a ser extendida hasta casi doce millones de familias en 2006.
A esto se ha añadido, en una coyuntura económica bastante favorable -al menos hasta 2011, en términos de las previsiones que podemos hacer- con un aumento del salario mínimo de un 54% en ocho años. Enfrente, las ganancias del sector bancario aumentaron el 400% como media. Lo que aseguró al PT un apoyo entre sectores de los asalariados que cobran una o dos veces el salario mínimo. Un apoyo que, de hecho, iba más a Lula -el gran comunicador, el rey del story telling, que ya cuenta con una película biográfica…- que al PT. Pues Lula es el verdadero centro de decisión del PT, alrededor del cual gira una neoburguesía burocrática, ávida de "poder", más simbólico que real, y sobre todo de dinero.

Esta política superficialmente "redistributiva" no ha impedido que el diferencial de rentas (en el sentido amplio) haga de Brasil uno de los países más desigualitarios del mundo, con lo que implica esta desigualdad en términos de explotación y de opresión; incluso, bajo la forma de las relaciones "semi-serviles" entre sectores de asalariados y capas pauperizadas (un servicio doméstico muy extendido, con rasgos acentuados de paternalismo).
No mencionaremos siquiera las múltiples situaciones de trabajo forzado, incluso en los sectores ligados a la industria llamada “moderna”. Por ejemplo, las acerías que funcionan con carbón de madera, una producción estigmatizada por la explotación más brutal; igual que el trabajo en el sector de la transformación de la caña de azúcar en carburante y que constituye la configuración emblemática del proceso brutal (primitivo) de acumulación del Capital en Brasil. En fin, la política de "bancarización de la economía", más exactamente de apertura del crédito privado para los asalariados calificados como miembros de la "clase media", ha ampliado el apoyo al PT y a la vez ha asegurado un apoyo al consumo interno.
Ciertamente una parte de este sector ha sido ganado por Marina Silva que, aunque procedente del gobierno Lula, podía aparecer alejada de las múltiples "operaciones políticas" tradicionalmente marcadas con el sello de la corrupción. Sin embargo lo cierto es que domina y va a dominar, en una coyuntura así, una adhesión a una estabilidad "consensual" en el seno de esta fracción activa de la sociedad.
Por otra parte, la posición "neutra" adoptada por Marina Silva, tras la primera vuelta, indica una voluntad táctica de negociar su resultado electoral con Dilma Rousseff, dando la impresión de una neutralidad entre Rousseff y Serra, a fin de reforzar su capacidad de negociación, en términos de posiciones ministeriales. Estará inclinada por una integración, bajo una forma u otra, al gobierno del PT de Lula y de la futura presidenta: Dilma Rousseff.

Los últimos sondeos (23 de octubre) dan una ventaja del 10% a Dilma Rousseff. El instituto de sondeos Ibope subraya que "Dilma Rousseff aparece como la mejor candidata para defender a los pobres". El mismo sondeo indica que: "Serra fue, bajo la presidencia de Cardoso el mejor ministro de Sanidad del mundo" (!). Toda la prensa brasileña insiste en el aporte perentorio de Lula en la campaña electoral y en su capacidad de neutralizar los recientes ataques de Serra contra Dilma Rousseff o el PT. Su prestigio y los lazos establecidos con los centros de decisión mediáticos son de una gran utilidad para la ex-guerrillera Dilma Rousseff.

En este contexto, incluso si la temática es secundaria, puede ser útil frente a la confusión mantenida por ciertos sitios de la red ligados a la "izquierda radical", recordar algunos datos que la conciernen: Heloisa Helena (PSOL) no ha sido elegida en el Estado de Alagoas. Luciana Genro (PSOL-MES) ha fracasado en su reelección en el Estado de Rio Grande do Sul. Heloisa Helena ha dimitido de la presidencia del PSOL.
El PSTU saca un balance que se puede calificar de minimalista sobre su política electoral -candidatura de Zé María, tras el fracaso de la unificación sindical de Conclat- más allá de la calidad real de su mensaje claramente clasista y contra la presencia de las fuerzas brasileñas a la cabeza de la ocupación de Haití. Plinio Sampaio ha hecho una campaña digna, honesta, pero un poco "sabia". La entrevista que sigue muestra su opinión sobre la primera vuelta.
La "izquierda radical" ha adoptado diferentes posiciones frente a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. El PSTU llama a un voto nulo, "como forma de votar contra la derecha en la segunda vuelta", lo que nos parece correcto.
El PSOL, al menos la mayoría de su dirección, llama a no dar "ningún voto a Serra", lo que significa apoyar a Dilma Rousseff. Todos los parlamentarios del PSOL han declarado que eran favorables "a un voto crítico a Dilma"; con la excepción de Jannina Rocha, diputada de Rio de Janeiro, que se ha pronunciado por el voto nulo.
El candidato presidencial del PSOL, Plinio Sampañio Arruda, ha adoptado la misma posición, lo que indica la coherencia y la honestidad política de su posición. Explica en una "Carta a la nación": "¿Qué es lo mejor para la lucha del pueblo? Hacer frente a un gobierno claramente hostil y brutal (como sería el gobierno de Serra) o a un gobierno igualmente hostil, pero más hábil y más capaz de corromper políticamente a los dirigentes populares?". En esta perspectiva, es necesario, prosigue Plinio: "tomar posición claramente contra el actual sistema y no aceptar ningún compromiso con ninguna de las dos candidaturas". La diferencia con el PSOL es clara.
El principal movimiento social del Brasil, el MST (Movimiento de los campesinos Sin Tierra) no ha adoptado una posición oficial a propósito de la segunda vuelta y de un apoyo a una de las dos candidaturas. Sin embargo, la inmensa mayoría de su base ha votado por el PT. Sectores de la dirección del MST son manifiestamente mucho más críticos. Sin embargo están presos, claramente, de problemas materiales (apoyo a los campesinos que quieren instalarse). Estos problemas se han acelerado como consecuencia de la ilusión de una real reforma agraria que jamás despegó. Esto a pesar de la presencia, en el primer gobierno, del (micro) ministro de la Reforma Agraria Miguel Rossetto. Rosetto, militante de Democracia Socialista, que fue sección de la IV Internacional (SU), continúa su carrera en la dirección de la multinacional Petrobras.

La difusión de este conjunto de datos sería útil en el seno de la izquierda radical europea. La confusión política podría reducirse como consecuencia de informaciones más continuadas -y menos “jesuíticas”- sobre Brasil y las fuerzas de la llamada "izquierda radical" en aquel gran país. La "verdad de los hechos" puede ser pedagógica. Además, siempre forma parte de una formación política honesta y clasista.

Entrevista con Plinio Arruda Sampaio

Brasil de Fato. Hay hoy en la sociedad el sentimiento de que la economía brasileña está bien estabilizada. ¿Compartes este sentimiento?

Plinio Arruda Sampaio. Tu pregunta me permite dar algunas aclaraciones sobre la cuestión planteada invariablemente por las publicaciones pro-Lula. Cuando la burguesía habla de “estabilidad”, se refiere de hecho a la “estabilidad” de un modelo de acumulación de capital. Lo importante, sin embargo, es comprender lo que se está estabilizando. La victoria del Plan Real, la estabilidad de los precios tan celebrada por la burguesía, fue la victoria de un modelo de acumulación de capital que agudiza la desigualdad social y compromete la soberanía nacional.
La impresión de que la economía brasileña está “bien estabilizada” resulta de la percepción según la cual el orden neoliberal se ha enraizado en Brasil y que es apoyado por una sólida base social. Es esto lo que da al gran capital un horizonte de acumulación relativamente “estable”. La estabilidad del modelo de acumulación iniciado por Collor, consolidado por FHC (Fernando Henrique Cardoso) y legitimado por Lula se manifiesta en el sentimiento de que no existe una alternativa al statu quo. Está ahí el mayor servicio que Lula ha hecho a la burguesía brasileña e internacional. Sin embargo, es ingenuo imaginar que en la era de la globalización de los intercambios comerciales, una economía dependiente pueda ser “estable”, sobre todo cuando se toma en consideración el hecho de que el mundo se encuentra sumergido en una crisis económica gravísima.
La verdad es que la economía brasileña no ha sido jamás estable, lo que demuestran de forma evidente la expansión exponencial del pasivo externo de la economía brasileña y la preocupante expansión del déficit de la balanza de cuentas corrientes. Si la economía estuviera verdaderamente en una situación de estabilidad, los banqueros no exigirían que Brasil inmovilizara más de 250 millardos de dólares de reservas de cambio, a un coste monumental para el Tesoro Nacional. Este dinero sirve sólo para financiar una eventual evasión de capitales.

En el caso en que la crisis económica mundial alcanzara a Brasil, ¿qué consecuencias tendría para el pueblo brasileño?

Cuando Lula afirmó que la crisis no era sino una “olita”, dijo una mentira. No existe capitalismo en un solo país. La digestión de la crisis se va a hacer durante decenios y provocará transformaciones de gran envergadura en todas las dimensiones de la realidad, incluso en la jerarquía establecida por la relación entre las potencias imperialistas y el eslabón débil del sistema capitalista mundial. La crisis va a agravar todos los aspectos nefastos del capitalismo brasileño.
La gente se hace ilusiones porque tras la recesión de 2009, la economía ha vuelto a crecer. Pero como recordaba Florestan Fernandes [un conocido sociólogo brsileño, ya fallecido], el crecimiento no resuelve los problemas del país. El mito del crecimiento constituye la ideología del subdesarrollo. Lo importante es saber a quién beneficia el crecimiento. El primer impacto de la crisis ha reforzado ya el carácter antisocial y antinacional del modelo económico brasileño, ha degradado las relaciones de trabajo, ha reforzado los mecanismos de transferencia de rentas del Estado hacia el Capital, ha aumentado la dependencia de Brasil en relación a la entrada de capital internacional y ha acelerado la especialización regresiva del sistema productivo brasileño en la economía mundial.

¿Qué análisis haces del actual modelo de desarrollo adoptado por Brasil?

Es un modelo de desarrollo nefasto, que aumenta escandalosamente la concentración de la fortuna. Se ve esto de forma evidente cuando se examina la evolución del reparto de la riqueza producida (valor añadido) entre salarios y ganancias, lo que se llama la distribución funcional de la riqueza. Entre 1990 y 2003, el beneficio ha aumentado su participación en la riqueza en 14 puntos, pasando del 38% al 52% en su participación en el “pastel nacional”. Esta riqueza ha sido extraída del trabajo, cuya participación en el valor añadido nacional ha pasado del 62% al 48%. Bajo el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, la parte del salario en el reparto de la renta nacional ha disminuido en 12 puntos. Fue el período de más fuerte concentración. Bajo el gobierno de Lula, el reparto del valor añadido a favor de las ganancias ha continuado aumentando, aunque a un ritmo menos sostenido. Hasta 2006, aproximadamente el 1% de la renta nacional fue transferida de los salarios de los trabajadores hacia los beneficios de los capitalistas. Una gran parte de este cuadro socialmente muy sombrío es debida a la ausencia de reforma agraria.

¿Y cómo ves a América Latina, cómo interpretas el escenario de este continente?

Estamos viviendo una fase particularmente perversa del capitalismo. Lo que ocurre en Brasil –el avance de la barbarie- se produce igualmente en otros países de América Latina. El pueblo latinoamericano se debate por liberarse de esta situación. En algunos países, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, el pueblo ha reaccionado de forma constructiva y ha constituido gobiernos que se han comprometido en la búsqueda de nuevas vías. Cuba sigue siendo un ejemplo de resistencia a la omnipotencia imperialista.

¿Cómo ves la izquierda brasileña en este escenario?

Durante el último período, la izquierda ha sufrido una fuerte división. Una parte –la mayor- se ha sumado al “lulismo”, ha abandonado la perspectiva de clase y se ha transformado en una especie de “izquierda del orden”, es decir que se ha convertido al social-liberalismo. La otra parte –hoy reducida y fragmentada- busca nuevos caminos para combatir al capitalismo e impulsar la lucha por el socialismo.

¿La izquierda brasileña tiene un verdadero conocimiento de la realidad social del país?

Para superar la situación actual, la izquierda necesita comprender por qué el gobierno Lula ha sido tan frustrante y porqué la burguesía brasileña es tan hermética a los procesos de cambio social. La izquierda debe fundar una nueva teoría que le permita orientar su intervención en la lucha de clases.

En tu opinión, ¿cuáles son hoy los elementos fundamentales para un proceso revolucionario que conduzca a la superación del capitalismo? ¿Es posible en el actual escenario?

Para que el mundo no caiga en la barbarie, la superación del capitalismo es más necesaria que nunca. Está claro que una tal superación es posible. El problema no se sitúa en la inexistencia de condiciones objetivas para la superación del capitalismo, sino en la falta de bases subjetivas, lo que que no será resuelto más que el día en que los trabajadores puedan vencer el estado de alienación y tomar las riendas del poder. Pero esto no se producirá en Brasil mientras la clase continúe siendo encuadrada por el “lulismo”.

¿Cuáles son, en tu opinión, los principales problemas del pueblo brasileño y cuáles los desafíos a los que está confrontada la izquierda brasileña?

Los problemas del pueblo brasileño pueden ser resumidos en la falta de tierra, de trabajo y de techo así como en la precariedad de la educación, de la salud y de la asistencia social. En otros términos, las dificultades vividas por el pueblo brasileño resultan de la segregación social, que se manifiesta en todas las esferas de la sociedad, tanto en el terreno social como político, jurídico y cultural. La tarea de la izquierda brasileña es crear instrumentos de lucha social y política que permitan a los asalariados superar la desmoralización y la alienación en que se encuentran. El gran desafío consiste en forjar una unidad de clase para afrontar un modelo de dominación cada vez más intolerante frente a todas las manifestaciones que ponen en cuestión los privilegios de los ricos.

¿Han sido capaces los instrumentos de la izquierda, los partidos políticos principalmente, en tu opinión de hacer frente a la realidad brasileña actual?

La responsabilidad personal de Lula y de la dirección del PT en la capitulación del gobierno Lula frente a las exigencias del capital es ciertamente fuerte. Pero no da cuenta de toda la historia. En el momento decisivo, los partidos de izquierda y los movimientos sociales no presionaron con la firmeza necesaria al gobierno Lula para que cumpliera sus promesas de cambio. Los instrumentos de la clase no han sido insuficientes en relación a lo que era necesario. La acumulación de fuerzas no ha sido suficiente para hacer frente a los desafíos de la transformación social. El sector de la izquierda que no ha abandonado la trinchera de la lucha por la superación del capitalismo está en proceso de reorganización a fin de que ese error no se vuelva a repetir.

En tu opinión, ¿vive la izquierda brasileña un momento de crisis?

La izquierda brasileña necesita adaptarse a las nuevas circunstancias de la lucha de clases. El orden económico es cada vez más injusto y el modelo de dominación es cada vez más rígido. La desigualdad y la barbarie han sido como "naturalizadas". La izquierda debe prepararse para enfrentarse a una burguesía que ha neutralizado los instrumentos de la lucha política y social de la clase obrera. Lula ha cooptado a los dirigentes y las organizaciones populares. Se ha convertido en un dirigente político altamente funcional para la dominación burguesa. Un dirigente obrero que tiene la cara de afirmar que "los empresarios son los héroes de la nación" está de forma evidente al servicio de los poderosos.
La crisis tanto de la izquierda partidaria como de los movimientos sociales resulta directamente de la colaboración con el "lulismo". En las elecciones, esta colaboración se expresa mediante un apoyo bastante vergonzoso a la candidatura oficial. Diabolizar la candidatura de Serra y omitir los compromisos de Dilma con el gran capital, es votar por Dilma. Hacer análisis de coyuntura electoral y omitir las candidaturas de izquierda, es igualmente dar el voto a Dilma.

¿Sigue siendo actual el Programa Democrático Popular construido por el PT en 1986?

No se exactamente de qué me hablas. Pero está claro que algo que fue hecho hace 25 años no puede ser actual.

¿Cómo evalúas el escenario electoral?

¡Uff…! He pensado que no me preguntarías sobre las elecciones de 2010 [Esta entrevista fue antes de las elecciones]. No hay que sobrevalorar las elecciones, pero tampoco hay que subestimar su importancia. La elección es un momento de pedagogía política. Es una oportunidad que permite exponer los problemas del pueblo y sus posibles soluciones. Es una ocasión de batalla ideológica que no debe ser desaprovechada.
En estas elecciones, la burguesía ha decidido que la elección presidencial se limitaría a la elección del mejor gerente para el modelo instalado. Para ello, solo han tenido derecho a participar en el debate los tres candidatos que gozan de la confianza del sistema. Dilma Rousseff, José Serra y Marina Silva. Es lo que explica la censura impuesta a todos los candidatos socialistas. No han hecho esto por casualidad. La burguesía no soporta una semana de debate libre sobre los problemas del país. Las entrañas de este modelo son indefendibles. Los movimientos sociales deberían aprovechar las elecciones para infligir una bofetada a las clases dominantes, explicitando su rechazo de los tres candidatos del orden, particularmente de Dilma. Es su gobierno el que ha rechazado llevar a cabo la reforma agraria cuyo plan remitido a Lula coordiné yo mismo.

¿Qué piensas de las candidaturas de izquierda en este escenario en el que, por primera vez desde 1989, no está Lula como candidato?

He luchado por la formación de un Frente de Izquierdas. Desgraciadamente no ha sido posible. Es lamentable, porque unidos tendríamos más fuerza. En tanto que candidato a la presidencia por el PSOL, no creo que sea el momento de hablar de las demás candidaturas del campo de la izquierda. Es una discusión que habría debido hacerse antes o después. Ahora eso no interesaría más que a los medios. Es fundamental no dar a la derecha y al "lulismo" el placer de ver pelearse a la izquierda.

Y ¿cómo ves la intervención de los movimientos sociales en Brasil?

Es una cuestión compleja. Los movimientos sociales son muy heterogéneos e incluso en el interior de cada organización existen muchas diferencias. Se puede sin embargo afirmar una cosa sin riesgo a equivocarse. Para que los movimientos sociales funcionen como instrumento de lucha del pueblo, deben preservar a todo precio su independencia económica, política e ideológica en relación a los gobiernos que administran el estado burgués. Sin optar claramente por las candidaturas de izquierda, pierden la moral y se convierten en una masa de maniobra al servicio de intereses que no son los suyos.

Entrevista realizada por Nilton Viana.

Plinio Arruda Sampaio es un militante histórico de la izquierda brasileña, uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT). Es actualmente miembro del Partido Socialismo y Libertad (PSOL). Licenciado en derecho en 1954 en la Universidad de Sao Paolo (USP), militó en la Juventud Católica, de la que fue presidente, y en Acción Popular, una organización de izquierdas surgida de los movmientos de la Acción Católica Brasileña. Fue consultor y consejero de la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura (FAO-ONU) y diputado federal en la instauración de la Constituyente. Preside actualmente la Asociación Brasileña de Reforma Agraria (ABRA) y dirige la página web de Correio da Cidadanía.

Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR



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