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Crisis del capitalismo
Diez años de crisis... y ahora Macron
16/09/2017 | Michel Husson

La crisis cumple 10 años ¡hurra! En Francia comenzó en agosto de 2007, el día en el que el BNP Paribas congeló la retirada de sus clientes en tres de sus fondos monetarios 1/. Esta contribución propone un análisis de esta década e intenta unirlo a la irrupción del macronismo.

Las interpretaciones de la crisis

Se pueden distinguir dos esquemas fundamentales de la interpretación de la crisis que, para simplificar y entre comillas, llamaremos "keynesiano" y "marxista".

El relato “keynesiano” se basa en dos propuestas fundamentales:

K1: la crisis es el resultado de una inestabilidad financiera.

K2: las políticas de austeridad son contraproducentes.

La lectura “marxista” se organiza alrededor de dos propuestas:

M1: la crisis es el resultado de la tendencia a la caída de la tasa de beneficio.

M2: las políticas keynesianas son ineficaces: el capitalismo debe restablecer la tasa de beneficio, lo que supone, especialmente, desvalorizar el capital.

Nuestra interpretación combina estos dos enfoques, esperamos que no de forma impresionista sino jerarquizándolos alrededor de una idea clave: la base material de la crisis es el agotamiento del incremento de la productividad que habría debido llevar –como siempre- a una caída de la tasa de beneficio.

Efectivamente, es la tasa de beneficios la que determina la buena salud del capitalismo. Su evolución suministra una clave de lectura útil poniendo en juego los tres componentes de este “indicador sintético” por retomar la fórmula de Ernest Mandel. Así pues, la tasa de beneficio:

1. aumenta con el aumento de la productividad del trabajo;

2. decrece con el aumento del salario real;

3. decrece con el aumento de la intensidad capitalística.

Es fácil establecer un puente entre estas nociones y los conceptos marxistas. Es suficiente (más o menos) reemplazar “intensidad capitalística” por “composición orgánica del capital” y destacar que la tasa de plusvalía depende de la relación entre productividad del trabajo y salario real.

El rendimiento decreciente del capitalismo

El análisis de estas dimensiones lleva a un dato impactante. Utilizamos aquí los valiosos datos de la Long-Term Productivity Database establecidos por tres economistas del Banco de Francia 2/

Se refieren a las variables esenciales para la dinámica del capitalismo, a saber:

  • la productividad del trabajo;
  • la intensidad capitalística medida como volumen de capital por unidad producida;
  • el PIB per cápita;
  • la productividad global de los factores3.

En el caso de Francia ( pero es cierto parta la mayor parte de los países), las tasas de crecimiento de estas cuatro variables está a la baja (Gráfico 1). Su evolución es comparable, lo que no debe sorprender, porque, lógicamente, están relacionadas entres sí. No está prohibido tomar su media para construir un indicador sintético que muestre claramente la ruptura introducida por la recesión de 1974-75 (gráfico 2). Es el fin de los “Treinta Gloriosos” y el indicador, además, está orientado a la baja, a pesar de una relativa estabilización a mediados de la década de 1980 y el inicio de la de 2000. Es significativo que la tendencia a la baja empieza desde el comienzo de este siglo, es decir, antes de la propia crisis. Después, todas las variables observadas están en un nivel muy bajas, cercanas al cero

Gráfico 1

La caída de la dinámica capitalista

Francia 1960-2015. Tasa de crecimiento anual

Gráfico 2

Un indicador de la dinámica capitalista

Francia 1960-2015. Tasas de crecimiento anuales

El agotamiento del aumento de la productividad es la característica esencial de la fase neoliberal abierta a mediados de los años 80 del siglo pasado. La tendencia se inició al final de la fase precedente y esta disminución acarreó la caída de la tasa de beneficios, llevando a las recesiones generalizadas de 1974-75 y después la de 1980-1982.

Sin embargo, a pesar de todo, el capitalismo consiguió restaurar las tasas de beneficio después de las recesiones generalizadas de 1974-1975 y 1980-1982 a pesar de este movimiento generalizado de disminución de la productividad (Gráfico 3). Se rompe el vínculo que existía antes entre aumento de productividad y rentabilidad. Esta restauración de las tasas de beneficio, a pesar del menor aumento de productividad, abre el periodo que distingue el capitalismo de la “Edad de oro” (aproximadamente 1955-1985) y el capitalismo neoliberal que surge a continuación.

Gráfico 3

Tasas de crecimiento en Estados Unidos y en Europa

Fuente: Comisión Europea , banco de datos Ameco

Esta proeza no se obtuvo por una caída de la intensidad capitalística (una economía de capital) sino por una disminución continua de los salarios (el capital variable de Marx) en relación al valor del producto; dicho en otras palabras, por el aumento de las tasas de explotación (Gráfico 4). Es una tendencia casi universal, además reconocida por las instituciones como el FMI o la OCDE. Los salarios disminuyeron más rápidamente que los aumentos de productividad y, de ese modo, pudo aumentar la parte de los beneficios del capital en la renta nacional.

Gráfico 4

Participación de los salarios en la renta nacional

En %. Economías avanzadas. Fuente: FMI 4/

Pero si este descenso de la parte de los salarios permitió restablecer la tasa de beneficios, no fue suficiente por ella misma para asegurar la dinámica capitalista. En realidad, inmediatamente se planteó un problema: el del mercado (la “realización del beneficio”); dicho de otra forma, la respuesta a esta cuestión: ¿quién va a comprar las mercancías producidas por las personas asalariadas cuyo poder de compra progresa a menos velocidad que el valor producido?

La respuesta a esta dificultad del modelo neoliberal ha pasado por lo que se llamará, a falta de otro término mejor, “dispositivos neoliberales”. Los tres principales son la redistribución de una parte de los beneficios a capas sociales privilegiadas que la consumen, el crecimiento del crédito y las mercancías ofrecidas al resto del mundo. El capitalismo neoliberal está intrínsecamente asociado al aumento de las desigualdades, al sobreendeudamiento y a los desequilibrios comerciales.

La función de las finanzas

En el conjunto de este esquema, la financiarización desempeña un papel determinante: asegura una redistribución del 1 % aproximadamente, mantiene, es decir estimula, el sobreendeudamiento, facilita las transferencias internacionales y acompaña la globalización productiva, aquella que permite a su vez influir en los salarios.

Durante un largo periodo, las finanzas acompañaban el crecimiento del comercio mundial, progresando más o menos al mismo ritmo (Gráfico 5). Después, a partir de 1995 y hasta el comienzo de la crisis, literalmente explota. Es una forma entre otras de representar esta deriva: se podría también comparar con la evolución de las bolsas y la rentabilidad de las empresas.

Gráfico 5

Finanzas y comercio mundial: 1815-2015

Las “finanzas” están medidas por la suma de los activos y pasivos financieros. Fuente: BIS 5/

¿Por tanto, podemos interpretar la crisis como una crisis financiera, el resultado final de unas finanzas desquiciadas? En nuestra opinión, supone perder de vista que este auge incontrolado era una especie de contrapartida de la función desempeñada por las finanzas en una configuración de conjunto que tenía su coherencia, pero una coherencia inestable. Esta forma de funcionamiento no podía ser duradera porque implicaba una distorsión continua de las “curvas del capitalismo”: baja de la parte de los salarios, hundimiento de los desequilibrios comerciales, aumento del endeudamiento, etc. 6/

Así que las finanzas no son un factor autónomo y las raíces de la crisis se encuentran en la esfera de la producción. Todos los proyectos que intenten controlar o desmontar las finanzas son, sin duda, legítimos, pero incluso si se ponen en marcha, no arreglarían el problema de fondo del capitalismo y no le darían una nuevo impulso. La financiarización es un síntoma y no la causa de la pérdida de eficacia del capitalismo.

El fin del estado de emergencia

El decenio precedente a la crisis vio un gran cambio en la economía mundial que ya estaba en germen desde la caída del Muro de Berlín pero que, fundamentalmente, se debe a la irrupción de los llamados países emergentes en el mercado mundial, en primer lugar, China. No se trataba solo de la intensificación de los intercambios comerciales sino de la interconexión de las economías bajo la forma de “cadenas de valor mundiales” (global value chains);­­­ en otras palabras, la creación de estructuras de producción transnacionales. Entonces se podía pensar que los países emergentes serviría de relevo a los “viejos” países capitalistas ofreciendo no solo la ventaja de los bajos salarios sino también los fuertes aumentos de productividad.

Sin embargo, numerosos indicadores muestran que el proceso está agotándose y que es posible precisar los elementos ya propuestos en una contribución anterior 7/. El primer dato se refiere al aumento de la productividad. El gráfico 6 muestra que el crecimiento de la productividad del trabajo estaba orientado a la baja en los países llamados avanzados al menos desde el comienzo del siglo XXI. Pero su fuerte crecimiento en los países emergentes -especialmente en China- permitía progresar la media mundial. Con la crisis, la tendencia se invirtió drásticamente y fuere la media mundial la que además evoluciona a la baja. El papel de “reserva de la productividad” de los países emergentes está también agotándose en la medida en que los otros países emergentes distintos de China, no empujan ya la media mundial.

Gráfico 6

Productividad del trabajo

Tasa de crecimiento en %. Fuente: BIS 5/

Esta involución se puede explicar por una disminución muy clara de las cadenas de valor mundiales a partir de la crisis que se explica fundamentalmente, por el giro de la economía china hacia un modelo más autocentrado. El mismo fenómeno se observa en el comercio mundial (gráfico 7).

Gráfico 7

Cadenas de valor y comercio mundial

Cadenas de valor : parte del valor añadido ejecutado en el extranjero ( foreign added value) en las cadenas de exportación en %. Fuente : Auer et al. 8/

Comercio mundial: suma media de las importaciones y exportaciones en % del PIB mundial
Fuente: World Bank DataBank.

Este dato inquieta a los organismo internacionales y suscita dos tipos de reacciones. Por un lado, la de profundizar aún más la liberación de intercambios e inversiones a través de nuevos tratados como el TTIP o el CETA. Por otro lado, especialmente en Estados Unidos, se presenta el proteccionismo como el medio para revitalizar los capitalismos nacionales. Pero ni una ni otra de estas opciones representa una salida coherente. La exacerbación de la competencia choca con límites sociales con la fuerza de los mecanismos que llevan a una cierta retracción en la interconexión de las economías. En cuanto al proteccionismo de Trump, no tiene en cuenta el fenómeno de las cadenas de valor mundiales que lleva lleva a un elevado grado de imbricación entre economías nacionales sobre el que es muy difícil cambiar.

El espejismo de las reformas estructurales

El dato de la diminución del aumento de productividad y de la pérdida de eficacia del capitalismo conduce a un debate sobre el riesgo de “estanflación secular” 9/. Se redescubre la “paradoja de Solow” según la cual, las innovaciones no se traducen por aumento de productividad. Pero, ¿ quizás se mide mal el “verdadero” 10/ crecimiento? Sin embargo, esta vía es un callejón sin salida: incluso “corrigiendo” los datos, no se modifica la trayectoria a la baja de la productividad 11/.

Rara vez los economistas, incluyendo a los más ortodoxos, habrán estado más divididos entre quienes prevén destrucción masiva de empleos vinculados a la robotización y quienes anuncian una largo periodo de crecimiento mediocre, es decir, nulo. Pero en todo caso, una cosa es segura, y es otra paradoja, el capitalismo tenderá en los dos casos a extender la regresión social. Si los robots ocupan los empleos, no quedarán más que trabajos o un salario “universal” de subsistencia. Y en el caso contrario, como cada uno sabe, ningún trabajo.

Los progresos tecnológicos ya llevan, a través de la economía de las plataformas (Uber, etc.) a la extensión de la precarización, a la corrosión del estatus de la persona asalariada así como de la protección social. Por otra parte, no es la técnica en sí misma la causa sino su inmersión en una lógica de rentabilidad. Otra acepción que merecería el nombre de economía colaborativa, podría se tenida en cuenta en otro marco .

Recientemente, el dato de la disminución del aumento de productividad llevó a una nueva línea de interpretación. Los economistas del Banco de Francia que contribuyeron a poner el foco en esta evolución, destacan que la “productividad no ha disminuido en las empresas más productivas. N esas condiciones. La disminución media de la productividad parece que se debe a una divergencia creciente entre unas empresas y otras” 12/.

Desde hace algunos años, este análisis ha desarrollado en la OCDE una nueva perspectiva sobre el futuro de la productividad. Se basa en la distancia en el desempeño entre las empresas punta (frontier firms) y las “atrasadas”(laggard). Este programa de trabajo fue introducido en 2015 en un artículo 13/ citado, por otra parte, por los economistas del Banco de Francia. Fue endurecido con la introducción del concepto de empresa-zombie (zombie firms) en un documento de trabajo 14/ que revela un fundamentalismo schumpétérieno: estas empresas muerto-vivientes deben desaparecer porque son un obstáculo a la destrucción creadora y a una (re)localización óptima de los factores de producción. El vocabulario es especialmente brutal en esto: l’OCDE habla de congestión zombie para evocar o el capital o el empleo “atrapados” (sunk) en estas empresas. El capital inmovilizado así frena la inversión, lleva a una pérdida de las empresas más productivas y lastra la productividad global de los factores. E incluso, se dispone de estadísticas sobre la proporción de empresas “zombie” (gráfico 8).

Gráfico 8

Parte de empresas zombie

En %. Fuente: BIS 5/

Este tipo de estudios se basa en aproximaciones estadísticas e inflan sistemáticamente el peso de las empresas zombie 15/. Pero contribuyen a legitimar el discursos de las reformas estructurales como lo muestra claramente la conclusión que extraen los economistas del Banco de Francia ya citados: la recuperación de los atrasos de productividad “necesita la realización de reformas estructurales ambiciosas: estimulación al cambio, especialmente, animando el libre acceso al mercado de productos, posibilidad de adaptarse al proceso de producción gracias a una flexibilidad adecuada al mercado de trabajo, formación profesional para desarrollar competencias que respondan a las necesidades y acceso a una financiación apropiada para las empresas más promeedoras”.

Sobre estos análisis se apoya la filosofía económica de Macron: Francia es en gran medida y una empresa zombie y es podando sus ramas muertas, liberando las energías y la innovación como la economía francesa podrá encontrar un nuevo dinamismo. Pero es impactante constatar que, paradójicamente, esta visión concuerda con la propuesta marxista según la cual, no podría haber salida capitalista de la crisis sin desvalorización del capital ya ineficaz.

En defensa del capital ficticio

Aquí nos volvemos a encontrar con las finanzas. Efectivamente, el capitalismo neoliberal ha surfeado un océano de deuda. Pero ese es un rasgo esencial del periodo abierto por la crisis; la deuda, sea pública o privada, no ha sido saldada y, al contrario, no ha cesado de aumentar. Esta progresión es especialmente clara para la deuda de los Estados pero también para las empresas. Christine Lagarde tiene razón al insistir en las “secuelas de la crisis financiera” 16/.

Efectivamente, el periodo precedente a la crisis se caracterizó por una enorme acumulación de capital ficticio bajo la forma de títulos financieros; dicho de otra manera, sobre la plusvalía producida por la explotación del trabajo asalariado. Para que el capitalismo hubiera vuelto a funcionar sobre bases sanas, habría sido necesario destruir este capital ficticio (y sin duda, incluso una parte del capital productivo). Claro, hay dos pérdidas, pero las políticas desarrolladas a través del mundo, han estado guiadas por la voluntad de preservar al máximo estos derechos de emisión que representa el capital financiero.

Esto se hace de dos maneras: por una parte, transfiriendo una parte de las deudas privadas a la deuda pública y, a través de medidas de austeridad, por una sangría suplementaria de plusvalía; por otra parte, por la injección masiva de liquidez. En el primer caso, se puede decir que el capitalismo “respeta” la ley del valor, procurando aumentar la ratio plusvalía/capital. En el segundo, al contrario, busca negar o bordear la ley del valor conservando el capital ficticio, es decir, el valor bursátil de títulos sin relación con la situación de la esfera productiva. Fundamentalmente, la crisis, puede ser interpretada como un severa llamada al orden de la ley del valor y la próxima crisis lo confirmará sin duda.

Hay en esto un contradicción fundamental entre la voluntad de preservar el capital ficticio y el objetivo de una recuperación de la acumulación. Las finanzas se transforman: habiendo sido un elemento clave de la coherencia del modelo neoliberal, se convierte en un obstáculo. Pero, evidentemente, se convierte en el soporte de la riqueza del 1%.

La ineficacia del keynesianismo

Las recetas clásicas llamadas keynesianas no permiten que el capitalismo remonte sus dificultades. Incluso se podría avanzar la tesis según la cual, el keynesianismo solo es aceptable para el capitalismo en los periodos en los que se pueda contar con grandes aumentos de la productividad. La idea de un relanzamiento de la demanda está en total oposición con la lógica capitalista cuyo único objetivo es restablecer las tasas de beneficio.

Lo que desgraciadamente también es verdad para los proyectos que buscan relanzar la actividad y la transición ecológica. La contradicción entre la austeridad presupuestaria y la necesidad de recurrir a inversiones públicas para sostener la transición ecológica salta a la vista. Es la lúcida constatación que hace Gäel Giraud: “ Es ahí donde interviene el gran desafío de la transición ecológica, que exige un esfuerzo de inversión pública colosal si queremos poner en marcha el Acuerdo de París. Dar prioridad a los recortes presupuestarios es exactamente lo contrario de lo que es necesario hacer para, a corto plazo, crear empleos y, a largo plazo, evitar la catástrofe climática” 17/. Pero entre “lo que hay que hacer” y lo que el capitalismo acepta hacer, hay exigencias de rentabilidad que delimitan estrechamente el campo para un capitalismo verde. Todo relanzamiento de tipo keynesiano supone a fin de cuentas, que le capitalismo acepta funcionar con menor rentabilidad y los poderosos en quienes se encarna renuncien a sus privilegios.

Y llegó Macron...

La elección sorpresa de Macron no es, evidentemente, el fruto de un simple determinismo económico. Sin embargo, es posible establecer un vínculo con los argumentos anteriores como lo ilustra el esquema siguiente.

La parte central retoma los análisis precedentes que conducen a esta conclusión: mientras el capitalismo no logre recuperar el aumento de productividad solo podrá funcionar con el modelo neoliberal. Es la única forma de preservar , es decir, aumentar las tasas de beneficio a pesar de las debilidad del incremento de la productividad.

El macronismo está basado sobre una declaración y una apuesta,. La declaración consiste en levantar acta del fin de la socialdemocracia: no existe otra posibilidad que volver al business as usual, es decir, reforzar los “dispositivos neoliberales” (la flecha azul del esquema). En cuanto a la apuesta, se basa en la capacidad de las reformas estructurales para producir las condiciones de una recuperación de la productividad (es la flecha roja de la línea de puntos del esquema). La combinación de estos dos principios da, nos parece, una clave de lectura que permite dar cuenta de las orientaciones del nuevo régimen, tal como se perciben hoy día.

La filosofía de Macron es intrísecamente liberal: consiste en considerar la sociedad francesa como una empresa que hay que gestionar como tal. Su hipótesis es una vez más, que la liberación de las energías (destrucción creadora y flexibilización) puede darle un segundo respiro. Se podría decir, alargando el apasionante estudio de Olivier Favereau 18/, que el macronismo es el estadio último de la financiarización.

Por tanto, es lógico que Macron se preocupe de gestionar el cuerpo social como si fuera un DRH [directos de recursos humanos] del conjunto de personal de una empresa: premios para los cuadros competentes, migajas para los otros (quienes no han triunfado), todo envuelto en un discurso que mezcla las exhortaciones a la innovación y las llamadas al rigor pero que no debería suscitar la ilusión durante mucho tiempo

En realidad, la particularidad de Macron es una asombrosa verborrea que ha logrado seducir a una parte del electorado debido a que su traducción en decisiones concretas es banalmente autoritaria. Basta con comparar el vuelo filosófico- político de su discurso delante del Congreso en Versailles, el 3 de julio último, y los cálculos enrevesados de su primer ministro, al día siguiente delante de la Asamblea Nacional en su declaración política general 19/.

La reducción de 5 euros mensuales en la ayuda para la vivienda, o la casi supresión de los “contratos-ayuda” 20/ le hace tocar tierra rápidamente. Si Macron piensa en dirigir el país como una empresa, es decir como un start-up, para él sería un riesgo disgustar a todo el mundo (o casi)... como ocurre en muchas empresas.

Un esbozo de síntesis

Todo lo dicho hasta aquí invita a una articulación de las tesis keynesianas y marxistas presentadas al inicio de esta contribución. Se han señalado los límites de la lectura keynesiana en dos puntos: la crisis no es financiera y las políticas de relanzamiento del consumo no son compatibles con los criterios capitalistas. En lo que se refiere a las tesis marxistas, la invocación exclusiva a la tendencia a la baja de la tasa de beneficios no permite comprender la naturaleza sistémica de la crisis que, en el fondo es la crisis de las soluciones aportadas a la crisis precedente; lo que hemos denominado “dispositivos neoliberales” Por eso, una lectura apropiada de la crisis debe combinar y jerarquizar estos dos grupos de propuestas. Desde este punto de vista, nos parece que el reciente libro de Attac 21/ avanza una síntesis interesante y representa un avance en la comprensión de la crisis.

Esta necesaria articulación se encuentra desde un punto de vista programático y, apenas habiendo avanzado las cosas, nos limitamos a reproducir la conclusión de una contribución precedente 22/:

“En todo caso sería suicida renunciar a defender los salarios y los derechos sociales o las inversiones públicas necesarias para la transición ecológica bajo el pretexto de que estas propuestas equivaldrían a una vana tentativa keynesiana de salvar el capitalismo.

Mostrar los límites del keynesianismo lleva a volver sobre las interpretaciones de la crisis pero también a interrogarse sobre los perfiles de una alternativa anticapitalista. La pregunta podría formularse así: ¿entre la musiquilla keynesiana y la fanfarria del llamamiento a derrocar inmediatamente el capitalismo, hay lugar para una partitura de transformación social? La dificultad consiste en no traducir un análisis crítico radical en una retórica anticapitalista abstracta sino en construir mediaciones de movilización entre las reivindicaciones antiausteridad inmediatas y las medidas de ruptura que garanticen sus viabilidad”.

25/08/2017
http://alencontre.org/europe/france/dix-ans-de-crise-et-puis-macron.html

Traducción viento sur

Notas:

1/ Mathilde Damgé, “ Le 9 août 2007, le début de la crise des subprimes”, lemonde.fr, 9/08/2017.

2/ Antonin Bergeaud, Gilbert Cette and Rémy Lecat, Long-Term Productivity Database.

3/ La productividad global – los factores son la media ponderada de la productividad del trabajo y de la eficacia del capital (a la inversa de la intensidad capitalística) Es determinante esencial de la tasa de beneficios: ver Michel Husson, “Arithmétique du taux de profit”, note hussonet, 13/08/2014.

4/ FMI,Gaining Momentum?, World Economic Outlook, Abril 2017, capítulo 3: Understanding the Downward Trend in Labor Income Shares

5/ BIS (Bank of International Settlements), 87th Annual Report, 2017, Graph VI.2.

6/ Michel Husson, “Les limites du keynésianisme” A l’encontre, enero de 2015.

7/ Michel Husson, “La fin de l’émergence du Sud? A l’encontre, 22 de marzo de 2015.

8/ Raphael Auer, Claudio Borio, Andrew Filardo, “The Globalisation of Inflation: the Growing Importance of Global Value Chain”, CESIFO Working Paper n°6387, March 2017.

9/ Michel Husson, “Stagnation séculaire: le capitalisme embourbé?, A l’encontre, 5 de junio de 2015.

10/ Michel Husson, “Mr. P. Aghion bouleverse la croissance”, A l’encontre, 6 de julio de 2017.

11/ Chad Syverson, « Does mismeasurement explain low productivity growth?” Business Economics, Vol.52, n°2, Abril de 2017; David Byrne, Dan Sichel, “The productivity slowdown is even more puzzling than you think,Vox, 22 de agosto de 2017.

12/ Rémy Lecat, Antonin Bergeaud, Gilbert Cette, “Standard of living & risk of secular stagnation?”, Bloc-Notes Ecode la Banque de France, 10 de agosto de 2017.

13/ Dan Andrews, Chiara Criscuolo, Peter N. Gal, « Frontier Firms, Technology Diffusion and Public Policy », OECD, 2015.

14/ Müge Adalet McGowan, Dan Andrews, Valentine Millot, “The Walking Dead? Zombie Firms and Productivity Performance in OECD Countries”, OECD, enero de 2017.

15/ Ver Michel Husson, “Optimisme structurel à l’OCDE”, Alternatives économiques, 9 de marzo de 2017.

16/ Christine Lagarde, “2015 : année de l’action et de la volonté politique” Boletín del FMI, 15 de enero de 2015.

17/ Gaël Giraud, “Cette obsession de la dette publique est une erreur majeure”,

18/ Olivier Favereau, L’impact de la financiarisation de l’économie sur les entreprises et plus particulièrement sur les relations de travail, BIT, marzo de 2016.

19/ Discours du Président de la République devant le Parlement réuni en congrès, 3 de julio de 2017; Déclaration de politique générale du Premier ministre Édouard Philippe, 4 julio de 2017.

20/ Laurent Jeanneau, “Le mauvais procès fait aux contrats aidé”, Alternatives économiques, 23 de agosto 2017.

11/ Attac, Par ici la sortie. Cette crise qui n’en finit pas, Les liens qui libèrent, 2017. NB: el autor de esta presentación participó en la redacción de este trabajo.

22/ Michel Husson, “Les limites du keynésianisme”, A l’encontre, enero de 2015.





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