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Unión Europea
La Unión Europea quiere mantener el control de las inversiones de “fuera de la UE”
28/08/2017 | Elodie Lamer / C. A. Udry

Elodie Lamer

La Comisión quiere monitorizar las grandes inversiones de países terceros. Europa quiere vigilar atentamente las inversiones extranjeras estratégicas. El objetivo: descubrir las motivaciones políticas ocultas. Alemania, Francia e Italia están sobre el tema. El gabinete Ernest &Young (EY) quizá habló demasiado rápido cuando a finales de julio, afirmó ver un ligero descenso en las inversiones chinas en el extranjero en relación al año precedente. El grupo automóvil chino Great Wall Motor ha anunciado, el lunes, sus intenciones sobre el grupo italoamericano Fiat-Chrysler Automobile, y más en particular la marca Jeep, confirmando el interés por los campeones extranjeros.

Aunque se confirmara que fueron más discretas que en 2016, las inversiones chinas en Europa se siguen contando en decenas de miles de millones de euros. Siempre según EY, solo en la primera mitad del año habrían alcanzado los 27 mil millones.

Cifras vertiginosas que han llevado a Alemania, Francia e Italia a mostrarse particularmente prescriptivas con la Comisión Europea a fin de que ésta se decida a proteger más aún a los sectores estratégicos europeos de las inversiones de países terceros y a intentar una mejor reciprocidad en el acceso a los mercados extranjeros.

En un informe político dirigido a la institución europea a finales de julio y hecho público el lunes por Politico, estos tres pesos pesados de la UE dicen, fundamentalmente, que Europa es quizá demasiado benevolente, por no decir pasiva. En su opinión, deja que los países extranjeros inviertan sin límites en sectores clave, estableciendo condiciones tan restrictivas que la reciprocidad resulta imposible para nuestros campeones.

A pesar del llamamiento unánime -bajo el impulso de este trío- de los dirigentes de los países europeos para que la comisión Europea explore pistas para actuar, el control y la reciprocidad son dos asuntos bien distintos, que generan el mismo entusiasmo entre los veintiocho.

La cuestión de la reciprocidad, nos dicen, se viene debatiendo desde hace años en los grupos de expertos de la UE. Algunos países, entre ellos Bélgica, estiman que la puesta en pie de un mecanismo podría ser compleja y potencialmente contraproductiva.

Queda entonces la idea de una evaluación de las inversiones extranjeras en la UE. Pequeña economía abierta al mundo, Bélgica es tradicionalmente favorable a ella. El año pasado, la tentativa abortada de la empresa estatal china State Grid de invertir en el capital de Eandis, el gestor de la red de electricidad y de gas de la mayor parte de los municipios flamencos, había electrizado al norte del país. Contrariamente a trece Estados europeos, Bélgica no ha puesto en pie un sistema nacional de control de las inversiones extranjeras para ver si representan una amenaza a la seguridad nacional o a los objetivos de política pública.

Pero a veces el control no es suficiente. Así, el año pasado, Alemania, a pesar de su capacidad (y que lo intentó) no logró impedir que su campeón nacional de robots Kuka pasara a estar bajo pabellón chino.

Según la idea italo-germano-francesa presentada por escrito, la Comisión podría convertirse en una especie de torre de control. Pero, contrariamente a sus competencias en materia de competencia, la Comisión no tendría ningún poder de veto. Sería un simple instrumento consultivo frente a inversiones extranjeras con tufo político puesto a disposición de los Estados. A demanda de los Estados, investigaría los casos en los que el montante de una inversión extranjera en una sociedad europea sería suficientemente importante como para que el comprador pudiera manejar sus hilos.

Pondría especial atención cuando la empresa extranjera en cuestión es en parte pública; o si tiene medios de hacer sus compras en las joyas industriales directa o indirectamente gracias a subsidios; o si propone un precio excesivo en relación a lo que se practica en el mercado. El análisis intentaría, en particular, determinar si la compra intenta servir a una estrategia de política industrial de un país tercero. Berlín, Roma y París quieren también que los Estados puedan bloquear una inversión extranjera en su territorio en caso de desigualdad de trato. Es decir si juzgan que las reglas del juego no son similares cuando sus propias empresas intentan comprar en el país del inversor.

La Comisión reflexiona desde hace varias semanas y promete anuncios para el 13 de septiembre, en el discurso sobre el estado de la Unión de su presidente Jean-Claude Juncker. Podría asumir las ideas del trío y contemplaría incluso ir más lejos (obligando, por ejemplo, a los países a armonizar sus herramientas nacionales y dotándose de una opinión más vinculante). Con un único leitmotiv: tener una Europa “abierta”, pero no “en oferta”. (Artículo publicado en Le Soir, el 22/08/2017).

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Charles-André Udry

A comienzos de 2016, la fábrica alemana de robots KUKA -considerada como líder en la robotización industrial- fue adquirida en su 95 % del capital por el gigante chino del sector electrodoméstico: Midea. ChemChina -que ya había adquirido la firma suiza Syngenta (ligada anteriormente a la farmacia: Novartis), líder mundial con Monsanto en el terreno de las semillas y productos fitosanitarios que ya había puesto la mano en KraussMaffei Group por 925 millones de euros. En 2012, Weichai Power logró un acuerdo con el grupo KION, líder europeo de carros elevadores; la firma tiene sede en Wiesbaden y está clasificada en el segundo lugar a escala mundial. Esos carros elevadores están orientados a los almacenes gigantes automatizados, que es uno de los elementos claves de la logística. De hecho, Weichai Power, con el 38,25 % de las acciones, controla KION.

Una de las marcas de coches tecnológicamente más avanzadas (con perspectivas concretas en la conducción automática y la seguridad para 2020), Volvo, fue comprada por el chino Geely a Ford en 2010. Con Volvo, Geely se sitúa entre los 10 principales constructores del mundo en la gama alta. Volvo tiene las manos libres para su desarrollo y, en este ámbito, obtiene un lugar de honor, al lado de BMW o de Audi. Actualmente -aunque la operación no está cerrada- el chino Great Wall (que en 2016 vendió 1,07 millones de coches) contempla la adquisición de la firma italo-estadounidense Fiat-Chrysler (FCA) dirigida por Marchione. La decisión es importante. Great Wall apunta al modelo Jeep (un SUV [vehículo todoterreno para ciudad] que puede competir con Hyundai-Kia, Nissan-Renault y Toyota). La cuestión está en saber si Alfa Romeo y Maserati (miembros del grupo FCA) van a ser separados o no. Un elemento más para estimular una cierta atención del sector automóvil europeo, ciertamente transnacionalizado parcialmente (Frankfurter Allgemeine Zeitung 22/08/2017, p.21).

El incremento de las inversiones chinas en Alemania fue señalado por el Handelsblatt desde hace algunos años (ver gráfico).

China intenta, para 2020, pasar a una media (lo que no es siempre significativo desde el punto de vista de la difusión tecnológica) de 150 robots por cada 10 000 obreros, lo que multiplicaría por 4 los datos de 2014. El problema va a residir en la continuidad de esta robotización desde los bienes intermedios a los productos acabados, en términos de cantidad y de calidad. Según los datos de la International Federation of Robotics (IFR) el país líder en este proceso de robotización es Corea del Sur (en términos de densidad: 478 robots por cada 10 000 obreros industriales), Japón (315), Alemania (292).

¿Cuántos robots serán instalados y producidos en China? La compra de KUKA intenta, a medio plazo, una producción más sofisticada de robots en China. Por ahora, en este terreno, el mercado chino está dominado por: FANUC (Japón, Oshino, prefectura de Yamanashi), Yaskawa (Japón, una firma histórica fundada en 1915) y KUKA (sic!). Así pues, el interés de esta compra salta a la vista. Pero la compra por la suma de 4 500 millones de euros no tiene como objetivo sacar KUKA del ecosistema de alta tecnología de Alemania, que crea los impulsos y retroacciones para el desarrollo y la mejora productiva de sus robots, lo que a menudo se juega en los márgenes, como en la industria de la máquina-herramienta. Proceso bien conocido en Suiza y en Alemania. La transferencia que va a realizarse en el ámbito industrial chino es aún, en gran medida, mucho menos (en términos de difusión) al de Alemania y Japón.

Es uno de los errores, sobre el timing y el progreso del nivel tecnológico, cometidos por diversos analistas que tienen una visión simplista de los procesos de robotización de la industria, incluso en sectores como el farmacéutico. Por ejemplo ese fue el camino tomado por Novaris, que automatizó el abanico de su producción de medicamentos (categoría de precios elevados) para pasar, después, a la producción de genéricos (por tanto a precios de coste y de venta más bajos) por su filial Sandoz. Así pues, es erróneo no tener en cuenta estos aspectos a la hora de valorar la distancia entre países como Japón, Alemania, Suiza o Corea del Sur. Las medidas de protección, como las contempladas por el trío Alemania-Francia-Italia, tiene como objetivo mantener el trecho con la evolución tecnológica del capitalismo industrial chino, pero no porque la industria china superaría, a corto y medio plazo, a la de los países con un nivel de industrialización alto. Densidad de industrialización que debe ser comprendida integrando una gran parte de los servicios que son una externalización del núcleo productivo. Es preciso a propósito de esto tener en cuenta una gran parte de las start-up (empresas emergentes, sobre todo, apoyadas en la tecnología ndt), tan elogiadas por la prensa, que, a menudo, son formas de externalización, sin riesgos significativos, y a menores costes, de la R&D (research and development, investigación y desarrollo).

22/08/2017

http://alencontre.org/europe/lue-veut-garder-la-mainmise-sur-des-investissements-hors-ue.html

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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