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Pensamiento crítico
El emprendedor fracasado
26/08/2017 | Juan Antonio González Ponte

A L. T.

—No eres un fracasado —le dice—. Sólo porque hayamos perdido la casa, estemos durmiendo en el coche y te hayan… —No quiere decir la palabra “despedido”—. Y tú no has tirado la toalla, por lo menos estás buscando trabajo. Eso de perder la casa y, y… eso le ha pasado a mucha gente. A la mayoría.

“Pero no a todo el mundo —quisiera contestarle Stan—. No le ha pasado a todo el mundo, joder”.

A la gente rica no le ha pasado.

Por último el corazón

Margaret Atwood

—Voy a ayudarte, Novoa. Cuenta conmigo para las recomendaciones. Creo en ti, creemos en ti, y sabemos lo que puedes dar. Moveré tu currículo entre algunos contactos. A lo mejor mañana, quién sabe, surge aquí mismo otra oportunidad. Quiero que cuentes conmigo.

La gran ola

Daniel Ruiz García

I

No es lo que parece

A pesar de que en términos macroeconómicos el estancamiento de la crisis iniciada en 2008 es innegable, la realidad microeconómica es que no todos los ciudadanos se benefician por igual de esta situación. Desde la crisis económica se han perdido en España 30 000 millones en salarios, mientras que los beneficios de las clases altas han aumentado en 14 000 millones. Lejos de todo optimismo, debe señalarse que las rentas del capital crecen el doble que los salarios 1/ . Las clases dominantes del ámbito empresarial yfinanciero se están haciendo inmensamente ricas gracias al empobrecimiento de la mayor parte de la sociedad.

Si descendemos a los datos de coyuntura laboral del mes de junio, comprobaremos que el 92 % de los contratos firmados en nuestro país son temporales. Apenas 8 de cada 100 contratos son indefinidos y casi la mitad son a jornada parcial. Además de esto, si bien es cierto que el paro ha bajado en 26 887 personas durante el mes de julio, ha de subrayarse que la caída ha sido menor que la de 2016, cuando el número de desempleados descendió en 83 993 personas. Es más: analizados los datos en términos desestacionalizados, esto es, sin tener en cuenta el efecto calendario (en este caso, el aumento del empleo durante el verano en los sectores de la hostelería y la restauración), habrá que concluir que el desempleo subió en 11 771 personas en el séptimo mes del año. Igualmente, para analizar e interpretar adecuadamente esta aparente caída del paro se hace necesario reparar en que, durante los últimos cinco años, España ha perdido más de 760 000 personas activas. Un tercio de la caída del paro se debe, por tanto, a la pérdida de población en el mercado laboral 2/.

Así las cosas, cabe sostener que lo que verdaderamente reflejan todos estos datos, convenientemente contextualizados, es la enorme precariedad generada en nuestro presente económico-político. Una precariedad económica y social, agudizada tras la Reforma Laboral 3/2012 del Partido Popular, que el Ministro de Economía Luis de Guindos hubo de reconocer como “extremadamente agresiva” 3/. En efecto, lo es: facilitación a las empresas para realizar despidos y llevar a cabo expedientes de regulación de empleo (ERE) sin necesidad de autorización administrativa, pérdida de capacidad de negociación de los trabajadores, fomento de la temporalidad y el empleo parcial frente a la jornada completa y el empleo indefinido, sustitución de contratos temporales por contratos de apoyo a emprendedores que permiten despedir al empleado en los doce primeros meses sin indemnización...; la reforma conlleva una batería de medidas, en definitiva, que a todas luces han supuesto y suponen la disminución de la calidad del empleo y un aumento de las desigualdades sociales.

II

Inventando copas, o de la creatividad

Es frecuente leer en nuestros días que el principal factor que explicaría el desempleo sería la falta de formación de los trabajadores, poniendo entre paréntesis las medidas estructurales apuntadas supra. Dicho de una manera mucho más directa, sin tapujos, la crisis vendría a ser fruto de la baja cualificación de los trabajadores, incapaces de adaptarse psicológica y socialmente a las circunstancias cambiantes del mercado y de los tiempos que corren.

Sin embargo, esta justificación de las desigualdades sociales no es nueva. Desde el nacimiento del liberalismo como ideología, diversos autores han sostenido que la razón por la que históricamente pueden diferenciarse unos grupos sociales que acumulan riqueza y otros compuestos por individuos incapaces de ello es porque los primeros serían una “élite industriosa, inteligente”, y los segundos, “una pandilla de vagos y holgazanes” 4/. Así Tocqueville, en Democracia y Pobreza (Memorias sobre el pauperismo), llegaría a declarar que “toda la cosmovisión proletaria se agota en el goce febril del instante actual, [se trata de] una psique [la del trabajador —nda—] a la cual las ideas de previsión, de planificación, de futuro, etc., tienen totalmente prohibido el acceso” 5/. Hoy día, esta naturalización de las desigualdades sociales, vía reduccionismo psicologista, sigue funcionando ideológicamente. Pero debe reconocerse que debidamente matizada: a los trabajadores ya no se les dirá que no tienen nada que vender más que su fuerza de trabajo porque les falta inteligencia, sino porque les falta inteligencia emocional.

De la actualización de este discurso de las incapacidades, la precariedad, la repercusión de las nuevas tecnologías en el exoesqueleto económico de nuestras sociedades, el mito neoliberal del emprendedor y quizá algunas cosas más, trataremos sintéticamente en este artículo. Durante la redacción del mismo, un buen amigo me describió algunos de los episodios más terriblemente pintorescos de su experiencia como camarero en un complejo turístico de lujo de una isla del mediterráneo. Imagina por un momento que, al igual que mi amigo, estás trabajando detrás de la barra del bar, un ajetreado lugar con centenares de mesas pendientes de atender, atestado de turistas ávidos de sol y sedientos de felicidad. Inesperadamente, en el momento de máximo trajín del día, te quedas sin copas en las que servir las consumiciones. Buscas al encargado para informarle de la situación y le preguntas qué hacer. A lo que él, visiblemente nervioso, te responde: si no hay copas, sé creativo ¡e invéntalas!

Nos equivocaríamos si interpretáramos las palabras del encargado solamente como una respuesta evasiva para librarse del problema, trasladándolo al trabajador con objeto de que lo solucione individualmente (ausencia de solidaridad, pérdida de conciencia de clase, etc.). Si bien es cierto, hay algo más en esta historia real. Lo que en ella se revela es la creencia idealista, compartida en nuestra atmósfera neoliberal, de que son nuestros pensamientos y estados psicológicos los que producen las transformaciones de la realidad extramental. Agarrado al flotador de la creatividad, uno podría inventar las copas o artefactos suficientes para servir a los impacientes turistas. Es este el punto en el que se muestra la ridiculez del pensamiento positivo. Porque crear, innovar, ser original, estar motivado, comunicar, emprender... son consejos que, con independencia de las condiciones materiales de los entornos en los que operamos prácticamente, se tornan cascarones vacíos.

Pero esta concepción no es únicamente ridícula o formalista, sino también extremadamente perniciosa para los trabajadores, en la medida en que, como analizaremos a continuación, los hace responsables de la situación de precariedad en la que se encuentran inmersos, dejando al margen las causas estructurales de la que esta es efecto. Veamos.

III

La precariedad que nunca cesa

La degradación de la organización del trabajo, las altas tasas de temporalidad, los bajos salarios o la falta de protección social son algunas de las características asociadas a la precariedad 6/, que supone mucho más que la continua rebaja de nuestros derechos. La precariedad no consiste solamente en la “pérdida de regularidad” en la relaciones laborales, ya que en el capitalismo las condiciones de trabajo siempre ha sido más o menos precarias pese a su regulación en la ley. A decir verdad, la suposición de una clase obrera con un empleo formal y vinculada a una posición estable no es históricamente la regla, sino más bien su excepción.

Pero es cierto que, en nuestro presente, las biografías laborales implican cambios de empresa, horarios, sector o de localización hasta ahora insospechados. La competitividad llega a acentuarse en un mismo centro laboral mediante contratos firmados por empresas diferentes, entre trabajadores de la misma empresa, de ETT o de subcontratas. Las prácticas ligadas a la precariedad van desde la obligación de realizar horas extras no remuneradas a la intimidación o los tratos vejatorios. La precariedad se decanta así, conjugadamente, como un fenómeno asociado a la inseguridad, hiperestimulación nerviosa, estrés y miedo generados por las nuevas formas de fragmentación del trabajo 7/.

Y es que a nadie se le escapa que, en los países del mal llamado primer mundo, la clase obrera ha dejado de ser primordialmente industrial y masculina. Los jóvenes, las personas dependientes, los inmigrantes y las mujeres son los colectivos que padecen las condiciones de trabajo más degradantes. No cabe duda de que en un sistema capitalista y “patriarcal” la precariedad tiene rostro de mujer. Son las mujeres las que tienen peores salarios y las que sufren mayoritariamente las amenazas de expulsión del mercado laboral.

Por lo que respecta a la gente jóven, conviene señalar, aunque sea de pasada, lo siguiente. Estamos acostumbrados a escuchar que uno de los principales motivos que permitirían entender las dificultades en el acceso al trabajo de estos sería su baja formación. En lo que no se suele insistir, sin embargo, es en una observación realizada en un documento tan poco sospechoso de filocomunismo soviético como es el “Informe Anual 2016”, publicado por el Banco de España 8/: según se denuncia en él, una de las razones básicas de la falta de profesionalización en España de la actividad empresarial sería la baja cualificación de los empresarios españoles, en general, y de los cuadros directivos, en particular. ¿Cuál es entonces la formación de nuestros empresarios? ¿Acaso ocurre que estos no han alcanzado su estatus social en virtud de sus capacidades emprendedoras?

IV

¡Conectaos, hermanos proletarios!

Las tecnologías de la información han acelerado la reducción de operarios industriales y casi más de la mitad del empleo es vulnerable a la robotización. Sin embargo, paradójicamente, esto no ha supuesto una decrecimiento de la carga de trabajo sino, muy al contrario, un fuerte aumento de la misma, paralelo a la disminución de la renta salarial. Frente a los cantos de sirena postmodernos según los cuales la digitalización y robotización nos conduciría al fin del trabajo, en realidad el problema actual de la clase trabajadora asalariada es el trabajo sin fin 9/.

Hoy día, se trabaja más (¡cuando esto es posible!) para ganar menos. La captación de valor producido atraviesa las relaciones sociales de la vida cotidiana (informales, comunicativas, etc.) más allá de los centros de trabajo. De hecho, las vivencias propias del trabajo —prolongadas mediante dispositivos, muchas veces de control, como WhatsApp, Telegram, etc.— se convierten en la vida misma. Así, una de las principales transformaciones laborales es la celularización del trabajo: el capital no contrata a nadie, sino que compra pequeños paquetes de tiempo productivo que se recombinan en función de las necesidades.

De manera especial, esto supone una creciente demanda de atención a los trabajadores que, a través de sus dispositivos electrónicos, deben estar conectados permanentemente para cumplir con sus obligaciones laborales. Miles de millones de personas interconectadas y en asedio constante dibujan la cadena de montaje característica del semiocapitalismo, en términos de Franco “Bifo” Berardi 10/. En tales condiciones, ¿cómo derrochar creatividad en nuestras experiencias laborales y personales?

Consecuentemente, nuestras vivencias de los regímenes de temporalidad son alteradas por completo. Los contornos del “tiempo vivido” y del “tiempo de trabajo” se hacen cada vez más difusos. Sencillamente, ocurre que la gente no tiene derecho a proteger o negociar el tiempo de sus vidas. A pesar de ello, lo que no es sino servidumbre aparenta ser libre voluntad individual, constituyendo la verdadera y aterradora distopía de nuestro tiempo 11/.

Desde el modelo postfordista del trabajo, el proceso de “des-espacialización de la fábrica” ha tenido como efecto la “virtualización del modelo empresarial”, la generalización de la forma-empresa a toda la sociedad. Las nuevas formas de organización del trabajo, encarnadas en empresas como Deliveroo, Glovoo, Airbnb o Uber, con estructuras laborales débiles en las que los trabajadores han de asumir el mantenimiento de los medios de trabajo y sus costes como falsos autónomos, sin que les sean reconocidos sus derechos como asalariados, constituyen un claro ejemplo de la nueva precarización que están generando la economía digital y la externalización del trabajo en empresas multiservicios 12/. La negociación colectiva se ve así prácticamente imposibilitada debido a la indefinición de la condición laboral en que se encuentran estos nuevos trabajadores (¿es su relación con la empresa laboral o mercantil?). Mientras que tales compañías determinan las condiciones de trabajo y los precios de los servicios que los trabajadores prestan, estas se definen como empresas sin empleados. En palabras de Jo Bertram, director general de Uber en Reino Unido, lo que buscan los conductores de dicha compañía es ser “sus propios jefes”.

El concepto de clase trabajadora es así pulverizado y los sujetos pasan a ser definidos como “empresarios/emprendedores de sí mismos”. En este escenario se promueve una visión de las relaciones laborales cada vez más individualista, que conlleva una demonización de cualquier acción colectiva (muy especialmente la sindical) y conduce a culpabilizar de la situación de paro o precariedad a la propia clase trabajadora. Como decimos, según el relato dominante quien no ha triunfado es porque no se ha esforzado o no ha sido lo suficientemente emprendedor.

V

Haciéndose a uno mismo

El discurso del emprendedor (del sujeto “asertivo”, “dinámico”, “polimórfico”, etc.) se impone entonces en un plano normativo, aunque no sustancial, pues ciertamente nunca es el emprendedor, a título individual, quien decide los modos de desarrollo de su actividad o su forma de vida. A diferencia del trabajador asalariado clásico, al cual el empresario había de garantizar cobertura sindical, jubilación y vacaciones pagadas, el emprendedor debe asumir unilateralemente la gestión de estos asuntos, descargando al capitalista de los costes indirectos del trabajo. De este modo, se produce una suerte de “desestructuración del salario en su conjunto”. Tal responsabilización individual supone la identificación psicológica del trabajo como la misión existencial que la sociedad le ha confiado al supuesto emprendedor. En vez de liberarse de las cadenas del trabajo asalariado para convertirse en un sujeto que decide libremente cooperar con otros y así poder enriquecerse, como supone la ideología neoliberal, el emprendedor es esclavo de decisiones e intereses que desbordan por completo su capacidad de influencia.

Al emprendedor se le exige de manera permanente que sea empleable y flexible, que sepa adaptarse a las circunstancias sociales y a los requerimientos del mercado: renovarse o morir. Lo que se traduce prácticamente en la aceptación de las relaciones de poder existentes, como si estas fuesen naturales, así como la erosión de sus derechos laborales. En este sentido, las exhortaciones a “ser dueños de nuestro destino” o a la “realización personal” funcionan como criterios ideológicos de reclutamiento de fuerza de trabajo.

En palabras de Félix Guattari, “el control […] de los medios de producción es indisociable del control de los medios colectivos de semiotización que, siendo quizá menos visible, no es por ello menos fundamental” 13/. Así, la manipulación del lenguaje es crucial. Un empleado pasa a ser un colaborador; producir más, estar motivado; no reivindicar derechos laborales significa crear un buen ambiente; obedecer, mostrar un compromiso con esa gran familia que es tu empresa; que te despidan, en tiempos de gig economy, estar offline. Se justifica como prioritario, en este sentido, que el colaborador se sienta pagado emocionalmente por su esfuerzo y no meramente con dinero. Desde esta perspectiva, el denominado salario emocional llegará a ser incluso más importante que un aumento del salario monetario, que el beneficio económico. Paradojas del capitalismo postindustrial, en el que los bienes de consumo contribuyen a generar aquellas emociones que se convertirán, a la postre, en nuevos bienes de consumo.

Se apreciará por tanto que, con objeto de generalizar la reducción de las relaciones sociales y de la existencia misma al modelo económico de la oferta y la demanda, al modelo inversión-costo-beneficio, en el contexto del capitalismo tardío se haga preciso sustituir el mecanismo frío de la competencia por un conjunto de valores calientes, tales como la cooperación, la inteligencia emocional o la proactividad. El bienestar económico (individual y grupal, entrelazados armónicamente en clave monista) dependerá en consecuencia de nuestras actitudes psicológicas y recursos subjetivos.

En nuestro presente, como venimos argumentando, el éxito social y económico es interpretado en clave individualista como un producto exclusivo del esfuerzo propio. Cada uno de nosotros es el resultado de sus cambios de mentalidad. Cada uno se hace a sí mismo. Pero si esto es así, si el sujeto se hace a sí mismo, independientemente de su posición económica en la sociedad (de la clase social a la que pertenece), de su estatus (de los grupos sociales en los que se encuentra inmerso y del capital simbólico), de su condición sexuada (o de género), de su nacionalidad, etc., habrá que concluir, por consiguiente, que el pobre se hace a sí mismo, que los explotados son responsables de su propia opresión, que las mujeres son culpables de su discriminación en la sociedad y que los grupos subalternos son causantes de su propio sojuzgamiento.

VI

¡Si quieres, puedes!

Como afirma César Rendueles, lejos de lo que a veces se suele pensar, la propuesta filosófica que Marx denominó “concepción materialista de la historia” no iba dirigida tanto contra determinadas versiones groseras del espiritualismo (la defensa de la existencia de esencias espirituales o almas inmortales), pues ciertamente en los años cuarenta del siglo XIX ya casi nadie las compartía en el ámbito académico, como contra una concepción idealista según la cual las transformaciones históricas son precisamente interpretadas como resultado de un cambio de mentalidad. Esto era lo que consideraban los filósofos posthegelianos, quienes abrazaban la idea de que la modernización de Alemania sería posible sin dolores de parto ni sacudidas, como así ocurrió en los casos de Francia (la Revolución Francesa) e Inglaterra (la Revolución Industrial). La clave de los procesos sociales, de las irrupciones políticas, las conmociones económicas o de los cambios legales, se basaría en una modificación del pensamiento 14/.

Hemos visto hasta aquí cómo la concepción idealista imperante en nuestros días es la del emprendedor. También su contrapartida negativa o cara oculta. Bajo su apariencia inocua (¿quién podría oponerse a la idea de que la adquisición de habilidades sociales, la mejora de nuestra inteligencia emocional, el cultivo de una actitud proactiva, etc., son acciones beneficiosas para la inserción en el mercado laboral?), lo que subyace es la negación de las estructuras asimétricas y juegos de poder de nuestras sociedades capitalistas en su fase neoliberal. Se trata, en definitiva, de una visión armonista que pretende borrar las contradicciones y antagonismos existentes (el desempleo estructural, la desigual distribución de recursos y riqueza, la falta de reconocimiento de determinados colectivos sociales, etc.) apelando al esfuerzo individual y los cambios de mentalidad. Aquí radica el idealismo de esta concepción, que es más que un relato y cuenta con toda una pléyade de dispositivos para su difusión: medios de comunicación, ayudas sociales, cursos y talleres subvencionados públicamente, medidas legislativas, jornadas de “jóvenes empresarios” que sueñan —desde sus startups— con atraer a inversores ángeles realizando “elevators pichts”...

En el proceloso mar de páginas web referidas a la emprendeduría pueden leerse afirmaciones como las siguientes: “cambia tu mentalidad si quieres ser un verdadero emprendedor” 15/, “la mente del emprendedor busca transformar el mundo” 16/ o “el paso del mundo de la fantasía y los sueños a una realidad tangible radica en la mentalidad. Toma en cuenta lo siguiente y sé un emprendedor exitoso” 17/. Sin duda, puede observarse en ellas el innegable cariz idealista, mentalista, que estamos denunciando.

El buen emprendedor es aquel que no actúa como si fuera un empleado (lo que realmente suele ser: un sujeto que vende su fuerza de trabajo, que no es propietario de medios de producción y que permanece de espaldas a la dimensión virtual de las transferencias financieras, que pueden trastocar el panorama económico-político en un lapso de tiempo de nanosegundos 18/). El buen emprendedor deja de pensar que la empresa le debe algo (“los empleados siempre creen que la empresa está en deuda con ellos por la cantidad de años que llevan trabajando o el tiempo que han invertido en ella”). El esmerado emprendedor huye de cualquier pensamiento negativo para no ser tóxico y se alegra de que los proyectos empresariales de sus superiores salgan adelante. Al fin y al cabo, ¡él forma parte de ellos! Es así que al emprendedor amansado se le interpela diciendo, y muchas veces de forma violenta: “no pienses en lo que la empresa puede hacer por ti, sino en lo que puedes hacer tú por la empresa para ayudarla a crecer”. Llevándolo al extremo, podríamos expresarlo de manera más cruda: no luches con objeto de obtener mejoras salariales o simplemente para que se cumplan los términos legales de tu contrato; trabaja lo más eficientemente para que la empresa alcance mayores beneficios.

En caso de que esto no ocurra, si se hace necesaria una reducción de plantilla o un ajuste en el organigrama corporativo, la empresa se verá obligada a despedir a nuestro aprendiz de emprendedor, pero —eso sí—, utilizando correctas técnicas de outplacement; adoptando un enfoque constructivo, generoso y manteniendo una visión integral del proceso. Sin cerrar puertas, aunque estas ya estén precintadas. En una de las quizás más perversas inversiones del discurso empresarial actual, después de animar al despedido, manifestándole que la empresa seguirá creyendo en él y que pronto surgirá una nueva oportunidad de reinserción laboral en su vida, no se le prometerá ya que la empresa seguirá teniéndolo en cuenta, sino que se le demandará de forma ladina ¡que sea él quien siga contando con ellos! Y esto, muy probablemente, con estilo apelativo y aplicando frases motivacionales de saldo: ¡si quieres, puedes!, ¡ahora es el momento de demostrar lo que vales!, etc. Porque, aunque te despida, la empresa siempre seguirá creyendo en ti.

VII

Sin-razón neoliberal

Y es que el mito oscurantista y falsario del emprendedor parte de la aceptación previa de la economía capitalista de mercado, de las bondades de la competencia, de las ventajas de la mundialización, de las inapelables exigencias de la modernización financiera; en resumen, de la racionalidad neoliberal. Tal y como afirman Christian Laval y Pierre Dardot, “la práctica disciplinaria del neoliberalismo se ha impuesto como un hecho dado, una realidad frente la cual lo único que se puede hacer es adaptarse” 19/. Adaptarse o morir. Así, lo que parece ser un discurso transgresor en la forma (“no te estanques, innova”, “no te conformes, recíclate”), se revela como un mensaje tremendamente conservador en el contenido: no hay alternativa a la gubernamentalidad neoliberal.

Desde hace más de treinta años, el neoliberalismo es la racionalidad que modela las subjetividades en las sociedades capitalistas occidentales. Esta envuelve políticas institucionales y procedimientos empresariales. A diferencia de otras corrientes liberales del siglo XIX, en las que podríamos incluir a autores como J. Bentham o J.S. Mill, para los cuales el derecho individual de propiedad y las reglas del mercado deben estar supeditadas al interés público general, el neoliberalismo está fuertemente determinado por el “darwinismo social” de H. Spencer. En este marco teórico, al tiempo que se mantiene la tesis liberal clásica, si cabe aún más radicalizada, de la autorregulación espontánea del mercado (aunque interpretada esta no como un hecho natural, sino como una realidad construida socialmente), se acentúa una visión agonística, de rivalidad y competencia, entre las acciones individuales. Como resume José Luis Moreno Pestaña, “el neoliberalismo nos enseña que la vida diaria puede ser concebida como una reserva enorme de procesos de valorización de los individuos" 20/.

Se configura así la dimensión antropológica del hombre-empresa: los sujetos han de elegir mediante sus conductas individuales las opciones más beneficiosas para ellos, superando al resto y buscando nuevas oportunidades de conquistar ganancias. Los actores reales son emprendedores que estarían motivados, en diversos gradientes o con diferentes matices, por un espíritu empresarial de ganancia individual antes que por la defensa de bienes comunes. Así, cada actor dispondría para ello de una red de competencias variables: unas, derivadas de su capital genético; otras, gestadas socioculturalmente. Comprometidos en emprendimientos continuos, finalmente sólo sobreviven “los más aptos”, aquellos que adaptándose mejor al sistema de mercado, han logrado escalar socialmente. Quien no triunfa es porque no ha sabido desarrollar el potencial de emprendedor que anida en él. Los que no lo han hecho, serán vistos como fracasados y culpabilizados por ello.

VIII

Final tóxico

¿Cómo explicar la polarización económica de nuestras sociedades, la desigualdad en los niveles de renta, en los modos de vida o en el acceso a servicios y recursos básicos como educación, salud, vivienda, justicia o bienes de consumo (ostentosos para unos pocos, escasos para muchos otros)? Desde las coordenadas spencerianas del neoliberalismo, la respuesta será clara: en la criba neoliberal de la competencia que supone el mercado, para que unos ganen otros tienen que perder. Añadiremos nosotros que, de facto, en el capitalismo la mayoría siempre pierde, pues la desigualdad es fundamental para el capital. Como afirma David Harvey: “la desigualdad deriva del simple hecho de que el capital se constituye social e históricamente como un dominio de clase sobre el trabajo. La distribución de la renta y riqueza entre capital y trabajo tiene que ser sesgada para que el capital se pueda reproducir. La igualdad en la distribución y el capital son cosas incompatibles [...] La intensificación de la competencia entre capitales conduce a una reducción general de salarios, quiéranlo o no los capitalistas individuales 21/.

24/08/2017

Notas:


1/ Jorrín, J. (26 de mayo de 2017). Las rentas del capital ganan peso en el PIB y crecen ya casi el doble que los salarios. El Confidencial. Disponible en:

http://www.elconfidencial.com/economia/2017-05-26/salarios-pib-rentas-capital-beneficios-empresariales-desigualdad_1388916/

2/ Confederación Sindical de Comisiones Obreras. Gabinete Económico Confederal. (2017). Informe de Coyuntura Laboral. Junio 2017. Disponible en:

https://www.ccoo.es/d1efe3cc1ef4b2a9c44f428be98c4279000001.pdf

3/ Pérez, C. (9 de febrero de 2012). Guindos: “La reforma laboral será extremadamente agresiva”. El País. Disponible en:

https://economia.elpais.com/economia/2012/02/09/actualidad/1328813960_314077.html

4/ Véase la explicación de la historia de la acumulación originaria, punto de partida del régimen capitalista de producción, ofrecida por K. Marx en el capítulo XXIV del Libro primero de El Capital: “mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja. De este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer”.

5/ De Tocqueville, A. (2003). Democracia y Pobreza (Memorias sobre el pauperismo). Madrid, España: Trotta Editorial.

6/ Una diferenciación concisa de las diversas dimensiones conceptuales de la precariedad, puede consultarse en: Albarracín, D. (19 de octubre de 2015). ¿Qué se entiende por precariedad?. [Entrada en blog]. Disponible en:

http://daniloalba.blogspot.com.es/2008/09/qu-se-entiende-por-precariedad-daniel.html

7/ De las repercusiones psicosociales de la precariedad en las sociedades capitalistas actuales trata Franco “Bifo” Berardi en su obra Héroes. Asesinato masivo y suicidio. Madrid, España, 2016: Ediciones Akal.

8/ Véase el “Informe Anual 2016” del Banco de España: http://www.bde.es/f/webbde/SES/Secciones/Publicaciones/PublicacionesAnuales/InformesAnuales/16/Fich/inf2016.pdf

9/ Marazzi, C. (2014). Capital y lenguaje. Hacia el gobierno de la finanzas. Buenos Aires, Argentina: Tinta Limón Ediciones.

10/ Para conocer mejor la perspectiva teórica de Franco “Bifo” Berardi, recomendamos leer también estas dos obras suyas: Almas al trabajo. Alienación, extrañamiento, autonomía. Madrid, España, 2016: Enclave de libros; y Fenomenología del fin. Buenos Aires, Argentina, 2017: Caja Negra Editora.

11/ Uno de los sociólogos que más ha insistido en este asunto es Jorge Moruno. De lectura obligatoria resulta su libro La fábrica del emprendedor. Trabajo y Política en la empresa-mundo. Madrid, España, 2015: Ediciones Akal.

12/ Para analizar el fenómeno de la uberización del trabajo y conocer las nefastas consecuencias de los nuevos modelos capitalistas de negocio, es imprescindible estar atento a las publicaciones de Esteban Hernández en su tribuna de El Confidencial. Véase, por ejemplo: https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2017-05-30/lo-que-esconde-la-huelga-de-taxistas_1390966/

13/ Líneas de fuga. Por otro mundo de posibles. Buenos Aires, Argentina, 2013: Editorial Cactus. Redactada por F. Guattari en 1973, en paralelo a la escritura de Mil mesetas junto a Deleuze, esta estimulante obra se mantuvo inédita hasta 2013.

14/ Una defensa del materialismo histórico, matizada y “brutal” al mismo tiempo, enfrentada tanto a la sofistería postmoderna como al individualismo neopositivista, nos la brinda César Rendueles en su libro En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico. Madrid, España, 2016: Los libros de la Catarata. Algo difícil de encontrar en nuestros días; y, por tanto, admirable.

15/ Cambia tu mentalidad de empleado a emprendedor. [Artículo web]. Entrepreneur. 5 de enero de 2012. Disponible en: https://www.entrepreneur.com/article/264881

16/ La mente del emprendedor que busca transformar al mundo. [Artículo web]. Innovar para crecer. Disponible en:

http://pprdportales.ruv.itesm.mx/web/innovar-para-crecer/innovar/-/asset_publisher/4TPcDTr0KEcV/content/la-mente-del-emprendedor-que-busca-transformar-al-mundo;jsessionid=EBD40F84B490EF5AABDC53A30CDC7A2F?_101_INSTANCE_4TPcDTr0KEcV_redirect=http%3A%2F%2Fpprdportales.ruv.itesm.mx%2Fweb%2Finnovar-para-crecer%2Finnovar%3Bjsessionid%3D84E58233C2977C91396F327191B225B1%3Fp_p_id%3D101_INSTANCE_4TPcDTr0KEcV%26p_p_lifecycle%3D0%26p_p_state%3Dnormal%26p_p_mode%3Dview%26p_p_col_id%3Dcolumn-3%26p_p_col_pos%3D1%26p_p_col_count%3D2

17/ La mentalidad es clave para ser un emprendedor exitoso. [Artículo web]. Universia España. 25 de marzo de 2014. Disponible en:

http://noticias.universia.es/en-portada/noticia/2014/03/25/1090275/mentalidad-es-clave-ser-emprendedor-exitoso.html#

18/ Mientras que para implementar procesos deliberativos en los que pueda participar cualquier sujeto racional de una comunidad política compleja se requiere mucho tiempo, numerosas decisiones políticas y gestiones económico-financieras, que condicionan a las primeras, tienen lugar en intervalos de tiempo muy cortos. Decisiones políticas trascendentales, como pueda ser la modificación del artículo 135 de la Constitución española, llevada a cabo en 2011 por el Gobierno (no) socialista de Rodríguez Zapatero, con el apoyo del Partido Popular, están determinadas por criterios técnicos (al fin y al cabo, políticos) que desbordan las soberanías nacionales de unos estados (en este caso la española), en beneficio de terceros. Estas son algunas de las mayores dificultades con las que se encuentran los teóricos participacionistas de la democracia. Véase Pérez, P. J. (2017). La democracia en cuestión. Los ciudadanos demandan una política diferente. Madrid, España: Biblioteca Nueva.

19/ El término neoliberalismo no debe ser concebido, desde una suerte de interpretación vulgar platónica del marxismo, como haciendo referencia a una ideología cuya función consistiría en ocultar o encubrir (función negativa, por tanto) la verdadera realidad de explotación y alienación de nuestras sociedades capitalistas. La noción de neoliberalismo supone también la creación (función positiva, por ende- no en un sentido valorativo, obviamente-) de diversos mecanismos y dispositivos de poder, tales como leyes, instituciones, etc. Para profundizar en la idea foucaultiana de “racionalidad neoliberal”, véase la trilogía de Christian Laval y Pierre Dardot, publicada en España por la Editorial Gedisa: La nueva razón del mundo (2013); Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI (2015); y La pesadilla que no acaba nunca (2017).

20/ Pestaña, J. L. (2011). Foucault y la Política. Madrid, España: Tierradenadie Ediciones.

21/ Harvey, D. (2014). Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Madrid, España: Editorial Traficantes de Sueños.

Bibliografía principal

“Bifo” Berardi, F. (2016). Almas al trabajo. Alienación, extrañamiento, autonomía. Madrid, España: Enclave de Libros.

“Bifo” Berardi, F. (2017). Fenomenología del fin. Buenos Aires, Argentina: Caja Negra Editora.

“Bifo” Berardi, F. (2016). Héroes. Asesinato masivo y suicidio. Madrid, España: Ediciones Akal.

De Tocqueville, A. (2003). Democracia y Pobreza (Memorias sobre el pauperismo). Madrid, España: Trotta Editorial.

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Sevilla. Miércoles 27 de septiembre de 2017. 19 h. Participan: Isidoro Moreno -Catedrático Antropología social- Emma Martín -Catedrático Antropología social- Javier Pérez Royo -Catedrático derecho constitucional- Ana Martínez -Activista del SAT, militante de Anticapitalistas- 1-O. El proceso catalán y el debate territorial Organiza viento sur
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