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Francia
Frente Nacional: ¿un fracaso electoral engañoso?
18/08/2017 | Laurent Ripart

Tras haber obtenido en las presidenciales un resultado bastante por debajo de lo que los sondeos le habían pronosticado durante mucho tiempo, el Frente Nacional solo logró 2,9 millones de votos en las legislativas. Si para el FN el balance de esta secuencia electoral podría, por tanto, parecer decepcionante, en realidad es bastante más esperanzador de lo que parece. En el contexto de descalabro actual del campo político, el FN podría, en efecto, utilizar su fase actual de repliegue para efectuar los últimos ajustes necesarios para abrirse al fin las puertas del poder.

Cuando Marine Le Pen anunció el 8 de febrero de 2016, en el telediario de las 20 h de TF1, su candidatura al Elíseo, el FN acababa de conseguir el 27,7 % de los sufragios en las elecciones regionales de diciembre de 2015 y los sondeos le daban entre el 26% y el 30% de las intenciones de voto para las elecciones presidenciales. Aunque ningún observador apostara entonces por su victoria, todos estaban de acuerdo en pensar que su calificación para la segunda vuelta no podía tener sombra de duda y que era, incluso, muy probable que saliera en cabeza de la primera vuelta. Al término de esta campaña, la dirección del FN no puede sin embargo sino constatar que los resultados no han estado a la altura de sus esperanzas.

Los resultados moderados del FN en las presidenciales

En el último mes de la campaña, Marine Le Pen vio caer sus intenciones de voto, hasta resultar pasada en la última recta por Emmanuel Macron. Al no haber obtenido más que el 21,3% de los votos en las elecciones, logró calificarse para la segunda vuelta con solo 460 000 votos de ventaja sobre François Fillon que terminó en tercera posición.

Si para el FN la primera vuelta fue evidentemente decepcionante, la segunda fue aún más difícil. Con entre el 40% y el 42% de intenciones de voto en las encuestas la primera semana posterior a la primera vuelta, Marine Le Pen vio cómo los sondeos se degradaban tras su fracasado debate con Emmanuel Macron. Al final no obtuvo más que el 33,9% de los votos, un resultado muy por debajo de lo que pensaba obtener. Visiblemente afectada, hasta el punto de negarse a cualquier entrevista durante diez días, Marine Le Pen parecía tener dificultades para encajar el choque de esos resultados, como lo mostraron sus dudas en presentarse como candidata en las legislativas, por miedo a que un nuevo fracaso dañara definitivamente su autoridad.

Innegable, este relativo fracaso debe sin embargo relativizarse. Con 7,6 millones de votos, el FN ha obtenido en 2017, en efecto, su mejor resultado en la primera vuelta de unas elecciones presidenciales, mejorando Marine Le Pen su resultado de 2012 en 1,2 millones de votos, lo que significa que ha aumentado en cinco años sus resultados un 19,5%. El FN demuestra de nuevo que se encuentra en una dinámica ascendente de larga duración: si se exceptúa su fracaso de 2007, no habrá dejado desde hace veinte años de mejorar su resultado en cada elección presidencial, progresando a un ritmo medio de alrededor de 200 000 votos por año. Si este crecimiento no es rápidamente frenado, el FN debería ser capaz de llegar en una decena de años a reunir 10 millones de votos en la primera vuelta, lo que constituye sin duda el umbral necesario para permitirle acceder al poder.

El Frente Nacional puede alimentar tantas y más esperanzas en la medida que sus moderados resultados estuvieron, en gran parte, ligados a causas coyunturales. Tuvieron que ver, en primer lugar, con el escándalo de los asistentes parlamentarios, que ha dañado mucho la imagen de Marine Le Pen como ha mostrado el eco que la línea de ataque de Philippe Poutou sobre la inmunidad obrera ha podido encontrar. Tuvieron que ver, también, con una mediocre preparación de la campaña, quellevó a la candidata del FN a encontrarse en grandes dificultades en medio de las dos vueltas cuando era necesario precisar la política que pretendía poner en marcha respecto al euro y a las instituciones de la Unión Europea. Estvieron, en fin, ligados a la dinámica de la campaña de Mélenchon que pudo ser la causa principal de la debilidad de los resultados que el FN obtuvo en los barrios populares. Al no tener que ver cada uno de esos elementos con un problema estructural, el FN parece por tanto poder disponer de un importante margen de progresión que debería poder hacer fructificar, a poco que el contexto le sea más favorable y que logre dar más crédito al discurso de su candidata.

Analizando más de cerca los resultados de la segunda vuelta, la dirección del Frente Nacional pudo encontrar, también, elementos de satisfacción. Si, en relación al resultado que su padre había realizado en 2012, Marine Le Pen obtuvo en la primera vuelta un 59% de votos suplementarios y mejoró un 92% el resultado de Jean-Marie Le Pen de la segunda vuelta de las presidenciales. Por decirlo de otra forma, mientras que su padre no había ganado en 2002 entre las dos vueltas más que 800 000 sufragios, Marine Le Pen este año ha mejorado su resultado de una vuelta a otra en 3 millones de votos, atrayendo al 17% de los votos que se habían dirigido en la primera vuelta a François Fillon y el 9% de los de Jean-Luc Mélenchon.

Las elecciones presidenciales de 2017 demostraron pues, que el Frente Nacional era ya capaz de reunir bastante más allá de él mismo, constituyendo la adhesión de Dupont-Aignan solo el símbolo de una nueva realidad. Para una franja notable del electorado de derechas, el voto por el FN en la segunda vuelta puede, ya, percibirse como una opción creíble. Según los sondeos de opinión, la situación habría podido ser aún más favorable para el Frente Nacional, puesto que de uno a dos millones de electores, que habrían contemplado en un primer momento votar en la segunda vuelta a Marine Le Pen, prefirieron, finalmente, la abstención, lo que muestra que el FN tiene la posibilidad de mejorar aún su capacidad de reagrupamiento.

Legislativas menos decepcionantes de lo que parece

Para el FN, los resultados de las elecciones legislativas pueden, a primera vista, parecer muy decepcionantes. No habiendo recogido en la primera vuelta más que 2,9 millones de votos por un total de 13,1% de los sufragios, el FN perdió medio millón de votos en relación a 2012, lo que constituye un innegable frenazo en su progresión electoral. En la segunda vuelta, el FN no pudo obtener el grupo que le había sido durante mucho tiempo prometido, consiguiendo finalmente solo ocho diputados, es decir seis más que en 2012. Estos resultados no dejarán de tener consecuencias financieras, puesto que los ingresos aportados por sus seis diputados suplementarios no compensará la pérdida de votos de la primera vuelta. En total, el FN verá su subvención pública disminuir en 538 000 euros por año, lo que no es poca cosa para un partido cuyo equilibrio financiero sigue siendo precario. Marine Le Pen ha anunciado ya la recaudación de un “empréstito patriótico” para hacer frente a sus necesidades inmediatas de liquidez, así como la puesta en pie de un plan de reducción de gastos.

Si ha reconocido, en una entrevista dada el 14 de junio en Europa 1, que estos resultados eran “extremadamente decepcionantes”, están no obstante lejos de ser totalmente negativos. El muy fuerte nivel de abstención ha hecho a estas elecciones legislativas muy particulares, puesto que no ha permitido más que una sola triangular en la segunda vuelta, contra treinta y cuatro en 2012, lo que ha cambiado profundamente el sentido mismo de la elección de los diputados del Frente. En efecto, mientras que en 2012 los dos diputados del FN habían sido elegidos en triangulares, los ocho diputados de 2017 han sido elegidos, en cambio, en duelos. Estas victorias sin precedente son fundamentales, en la medida en que dan fe de la capacidad completamente nueva del FN de triunfar en el marco de un escrutinio mayoritario a dos vueltas.

Marine Le Pen no se ha equivocado, puesto que se apresuró a subrayar, no sin pertinencia, que esos resultados demostraban que el famoso “techo de cristal”, que supuestamente condenaba al FN a fracasar siempre en la segunda vuelta ya no existía. Las legislativas confirmaronasí lo que las presidenciales habían dejado ya aparecer, dicho de otra forma que el FN es ya capaz de impulsar una dinámica de reagrupamiento entre las dos vueltas, lo que no se había producido nunca hasta ahora en su historia electoral.

El excelente resultado de Marine Le Pen en la 11ª circunscripción de Pas-de-Calais es desde este punto de vista emblemático. Tras haber obtenido el 46% de los sufragios expresados en la primera vuelta, resultó elegida muy fácilmente en la segunda vuelta reuniendo el 58,6% de los votos, tras haber ganado un poco más de 2 700 sufragios suplementarios entre las dos vueltas. Realizado en un contexto de crecimiento de la abstención, cuando los demás candidatos de derecha y de extrema derecha (LR-UDI, UPR, Debout la France, FN disidente) no habían podido reunir en la primera vuelta más que 2 500 votos, el resultado realizado por Marine Le Pen en la segunda vuelta traduce bien la nueva capacidad de reagrupamiento del FN. Cinco años después de su fracaso de 2012, pero sobre todo tres años después de la conquista por el FN de la alcaldía de Hénin-Beaumont, la muy clara victoria de Marine Le Pen testimonia también el enraizamiento del Frente Nacional en esta región.

Cuatro de los ocho diputados del FN fueron elegidos, en efecto, en estas tierras de la cuenca minera del Pas-de-Calais, un departamento en el que el FN dispone ya de 16 consejeros regionales y de doce consejeros departamentales y donde Marine le Pen obtuvo el 52,9% de los votos en la segunda vuelta de las presidenciales. Tales resultados demuestran una realidad también nueva: el Frente Nacional es ya capaz de dotarse de feudos electorales, en los que sus electos son reconocidos y apreciados por la población.

En fin, el FN no logró constituir un grupo en la Asamblea Nacional, pero no es seguro que no lo pueda lograr en los próximos meses. Marine Le Pen, que acaricia la esperanza de lograrlo, puede apoyarse en el precedente de las últimas elecciones europeas en las que el FN pudo, un año después del escrutinio, constituir el grupo que no había logrado obtener en un primer momento, logrando que se le sumaran durante el mandato algunos diputados. Esta hipótesis podría realizarse de nuevo, puesto que los ocho diputados del Frente Nacional, a los que hay que añadir Nicolas Dupont-Aignan y Jacques Bompard, con los que están en el grupo de no inscritos, solo tienen necesidad de conseguir otros cinco diputados para constituir un grupo. Este objetivo podría volverse tanto más realizable en la medida en que el FN aparece cada vez menos como un partido impresentable.

Un FN ya en gran medida desdemonizado

A diferencia de 2002, la presencia este año de Marine Le Pen en la segunda vuelta apenas suscitó emoción en la sociedad francesa, si se juzga en particular la ausencia de toda movilización de amplitud. Las manifestaciones del 1 de mayo que, en 2017 igual que en 2002 se desarrollaron entre las dos vueltas, mostraron, claramente, la evolución de la opinión.

En 2017, los cortejos del 1 de mayo no reujnieron más que 142 000 manifestantes en toda Francia según el ministerio del Interior y 280 000 según la CGT, un nivel de movilización diez veces inferior al de las manifestaciones del 1 de mayo de 2002. Sobre todo, la tonalidad de estas manifestaciones fue muy diferente de las de 2002, puesto que si los cortejos denunciaron ampliamente a Marine Le Pen, no tomaron, sin embargo, la forma de una verdadera movilización antifascista. La casi desaparición de la consigna “¡F como fascista, N como nazi!”, que había dominado las manifestaciones de 2002, muestra bastante claramente que el Frente Nacional no aparece ya en los medios militantes como un verdadero peligro de tipo fascista.

Esta secuencia electoral ha demostrado así que la dirección del FN ha tenido éxito en su operación de desdemonización, imponiendo a una muy amplia escala la idea de que el Frente Nacional de Marine no será ya completamente idéntico al de Jean-Marie. Cada vez más difundida, esta percepción es sin embargo totalmente ilusoria, en la medida en que Marine Le Pen no ha aportado más que ínfimas rupturas en la línea política seguida por su partido.

Como ha declarado Louis Aliot, “la desdemonización no se da más que sobre el antisemitismo”, significando así que el FN de Marine Le Pen ha limitado su aggiornamento ideológico a un reemplazo del viejo antisemitismo del siglo XX por la nueva islamofobia que se está convirtiendo en todas partes en el nuevo estandarte de las extremas derechas. Esta transferencia de la figura tradicional anti-Francia del judío al musulmán está, de hecho, en el corazón de las divergencias que oponen a la generación “azul marino” con la de Jean Marie Le Pen, que sigue obsesivamente aferrada a su viejo antisemitismo.

Esta banalización del Frente Nacional se traduce también en la difusión, tanto en los medios como en las revistas de ciencias políticas, de la idea de que el FN no constituiría ya hoy más que un partido de tipo populista como los hay ya un poco en todas partes en el continente europeo. Tal percepción remite también a asumir la política de comunicación del FN, que ha intentado acreditar que Marine Le Pen podía ser comparada a Donald Trumpo o a Nigel Farage. Una concepción así es sin embargo contraria a los hechos, puesto que, siguiendo el ejemplo del UKIP británico, de los Verdaderos Finlandeses o del Partido Popular danés, los principales partidos populistas europeos lo han negado siempre, rechazando incluso por principio todo contacto con el FN. Esos partidos de la derecha extrema subrayan, con razón, la diferencia de naturaleza que les opone a un partido como el Frente Nacional que, por su historia, por sus referencias y por la composición de su dirección, sigue estando muy profundamente anclado en una cultura manifiestamente fascista.

Es sin embargo cierto que en último análisis, la desdemonización del FN es menos consecuencia de su hábil política de comunicación que de la evolución general de los discursos políticos franceses que han desdibujado las líneas. Por decirlo de otra forma, no es el FN quien se ha desdemonizado, sino la naturaleza misma del debate político francés la que se ha demonizado profundamente. En este proceso, la elección presidencial de 2002 constituyó un corte fundamental: abriendo entonces las puertas del poder a Sarkozy, Chirac eligió responder a la presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta impulsando una política en la que todo valía contra el FN. Ésta pudo mostrarse eficaz a corto plazo, puesto que asumiendo el discurso del FN, Sarkozy logró indudablemente atraer a una importante parte de su electorado para ganar las elecciones presidenciales de 2007. A más largo plazo, esta estrategia se ha mostrado, en cambio, desastrosa para la derecha, puesto que ha conducido a normalizar el discurso del Frente Nacional, permitiéndole así renacer más fuerte en cuanto los vientos han cambiado y Sarkozy se ha encontrado con dificultades.

Si la derecha tiene, pues, una responsabilidad enorme en el proceso de banalización del FN, que está pagando ahora muy caro, el Partido Socialista no es extraño a todo esto. No solo ha abierto al Frente Nacional sectores enteros del electorado popular desorientado por su política neoliberal, como muestra el desarrollo espectacular del FN en el Nord-Pas-de-Calais, que constituía ayer aún un feudo histórico del PS, sino que ha aportado en gran medida su piedra a la desdemonización del FN, como ha mostrado en particular el desastroso episodio de la desposesión de la nacionalidad. Asumiendo una de las propuestas faro del FN y difundiendo a amplia escala la idea de que ser francés se merece y que la lucha contra el terrorismo pasaba por la restricción del acceso de los extranjeros a la nacionalidad francesa, el PS dio una credibilidad inesperada al discurso histórico del Frente Nacional.

¿Hacia la creación de un nuevo “Reagrupamiento de los patriotas”?

Al día siguiente de las elecciones presidenciales, Marine Le Pen anunció a sus militantes que se preparaba para proponerles grandes cambios, firmando que “el Frente Nacional, que se ha comprometido en una estrategia de alianzas, debe renovarse profundamente a fin de estar a la altura de esta oportunidad histórica”. La dirección del FN pretende recoger los frutos de la alianza concluida entre las dos vueltas de las presidenciales con Debout la France, proponiendo a las fracciones más reaccionarias de la derecha unirse a él en un nuevo partido. Si Dupont-Aignan, que teme sucumbir al beso mortal de Marine Le Pen, se aferra por el momento a hacerse olvidar por su molesto aliado, el Frente Nacional espera, bastante más allá de Debout la France, que le será pronto posible cosechar en los campos quemados de la derecha republicana.

Esta perspectiva de construcción de un “Reagrupamiento de los patriotas” no tiene que ver en absoluto con una ruptura en la historia del FN, puesto que no constituye sino una puesta de nuevo en el orden del día de su vieja política de “Reagrupamiento de la derecha nacional”, que constituía ya en 1972 el proyecto fundador del Frente Nacional. Desde su creación, la dirección del FN ha efectuado ya numerosas tentativas en este sentido, con la constitución en 1986 del “Reagrupamiento nacional”, que tenía vocación de reunir al Frente Nacional a una fracción de la derecha gaullista, luego con la operación “Generación Le Pen” montada en 1998 por Samuel Maréchal con el mismo objetivo, o también con el “Reagrupamiento azul marino” que la dirección del FN creó en 2012.

Si todas estas experiencias han fracasado, puesto que el FN ha debido en cada ocasión contentarse con algunos raros fichajes individuales, es forzoso constatar que las circunstancias actuales no han sido nunca tan favorables para la puesta en pie de tal proyecto. El debilitamiento y el estallido de la derecha republicana, ya dividida en dos grupos en la Asamblea Nacional, dotan al FN de un nuevo atractivo y le ofrecen una ocasión única para imponer su liderazgo a una derecha que podría muy rápidamente constatar que está demasiado debilitada para poder existir completamente sola.

En lo inmediato, el FN debe proceder a algunos ajustes programáticos a fin de elaborar las bases de este nuevo “Reagrupamiento de los patriotas”. ¿Deberá aparecer como el partido de la ruptura con la UE, retomando el discurso que Marine Le Pen ha mantenido durante estos últimos años, u optará por abandonar esta línea demasiado ansiógena para volver a los buenos viejos discursos sobre la “Europa de las naciones”, que constituían originalmente el programa europeo del FN? En materia de inmigración, ¿deberá agitar el espectro del “gran reemplazo”, como había hecho en su momento Bruno Mégret, o sería más rentable retomar el discurso sobre “la asimilación” que la dirección del Frente Nacional había intentado plantear en las presidenciales de 2007? Estas interrogantes están en el corazón de los debates que agitan actualmente a la dirección del FN.

Estas cuestiones programáticas son, en efecto, tanto más difíciles de zanjar en el medida de que el Frente Nacional no dispone de un electorado coherente, susceptible de reagruparse alrededor de un mismo proyecto de sociedad. Todos los estudios muestran que los éxitos electorales del FN están fundados en su capacidad para agregar electorados socialmente heterogéneos, cuyos intereses son en gran medida divergentes. El voto Frente Nacional logra así reagrupar a pequeños empresarios, atraídos por las temáticas antifiscales de la extrema derecha, una parte de las clases populares, golpeadas de lleno por los estragos de la mundialización neoliberal, o también fracciones de la burguesía que ven en el FN el partido del orden social y moral.

Por su carácter heterogéneo, este conglomerado posee una innegable fragilidad y su diversidad se expresa cada vez más abiertamente en el seno del Frente Nacional. Para una gran parte, las divergencias que se desarrollan actualmente en la dirección del FN surgen de una oposición entre los electos de la Francia meridional, que defienden los intereses de un electorado en lo esencial salido de las clases medias, y los electos de la Francia del Norte y del Este, preocupados por responder a las aspiraciones de sus electores cuyos orígenes sociales son mucho más populares.

Marine Le Pen, sin embargo, no tiene mucho que temer de estos enfrentamientos internos. Recuperando los buenos viejos métodos de su padre, que siempre se ha dedicado a dividir a su partido para mejor regentarlo, tiene todo que ganar planteándose como árbitro de los conflictos que dividen al FN, dejando por ejemplo al clan Philippot que se enfrente a sus numerosos enemigos para mejor recordarle el precio de su protección.

Tras haber logrado marginar a su padre y librarse de su sobrina, Marine Le Pen ha impuesto ya su autoridad tanto a su familia como a su partido. Habiendo utilizado, no sin habilidad, la autodenominada política de desdemonización para liquidar a quienes, siguiendo el ejemplo de Benedetti y de Gabriac, intentaban hacer entrismo en el FN, ha promovido en el aparato a hombres que le deben hoy todo, apelando en particular a los megretistas y los identitarios que están cada vez más presentes en el Frente Nacional marinizado, lo que demuestra de paso hasta qué punto ese partido sigue estando marcado también por su profunda cultura fascista.

La mediocridad de los resultados electorales que el Frente Nacional obtuvo en esta secuencia electoral no debe por tanto ocultar lo esencial: en realidad, el FN no ha sido nunca tan amenazador. Si sus resultados no estuvieron evidentemente a la altura de sus esperanzas, ha logrado conservar un bloque electoral cuya potencia es tanto más notable en la medida que se levanta sobre un campo político transformado en un campo de ruinas.

Desdemonizado por los esfuerzos conjuntos de la derecha sarkozysta y del PS de Valls y Hollande, el Frente Nacional es hoy capaz de constituir en la segunda vuelta un polo de reagrupamiento tanto más inquietante cuanto que su naturaleza profunda no tiene nada que ver con el rostro tranquilizador que procura presentar. En este contexto, es más que nunca esencial abrir los ojos y recordar que el Frente Nacional no es un partido como los demás, que su naturaleza profundamente fascista no ha cambiado en absoluto y que sigue siendo para el movimiento obrero un peligro mortal que hace de él más que nunca nuestro enemigo prioritario.

https://npa2009.org/idees/politique/front-national-un-echec-electoral-en-trompe-loeil

Revue L’Anticapitaliste n°89 (julio-agosto 2017)

Traducción: Faustino Eguberri para viento sur





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