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Enrevista a Teresa Rodriguez
“En Andalucía el PSOE, más que un partido, es un Gobierno y una Administración”
14/08/2017 | Fran Delgado y Miguel Ángel García Argüez

Oír hablar a Teresa Rodríguez (Rota, 1981) es como bañarse en un río de aguas bien vivas: a veces plácido y calmo, a veces brioso y energético, siempre caudaloso y transparente. Sabe usar estupendamente su tono y sus palabras. Y también sus gestos: por momentos pedagógicos, por momentos suaves, por momentos firmes. De cualquier forma, siempre generosos en la comunicación.

Implicada desde que era muy joven en el activismo antimilitarista, la resistencia estudiantil, la militancia sindical, el feminismo y las organizaciones de izquierdas, (primero en IU y luego en Izquierda Anticapitalista) se licenció en Filología Árabe y aprobó oposición de profesora de Secundaria. Pero cuando iba a incorporarse a su destino definitivo, el inesperado huracán Podemos la llevó hasta el Parlamento Europeo en 2014, cargo al que renunció sin alharacas para regresar pronto al sur. Ahora es diputada y portavoz de su grupo en el Parlamento Andaluz y secretaria general de Podemos Andalucía.

Quedamos con ella para desayunar en la librería-cafetería La Clandestina, un espacio proclive a la charla relajada y a la tertulia. Teresa llega en bicicleta, dando los buenos días con una sonrisa luminosa y cercana.

Recordando que usted fue candidata de Izquierda Anticapitalista a la alcaldía de Cádiz en 2011, ¿cómo ha vivido personalmente todos los cambios que se han sucedido en estos años agitados, desde el 15M a la victoria de Por Cádiz Sí Se Puede (PCSSP) en 2015?

En su momento, presentarnos a las elecciones no era de una importancia central. Suponía un medio más, un espacio más en el que poder decir cosas y articular una estrategia más amplia de implantación en los conflictos de la ciudad, de apoyo a los colectivos, de ir a las huelgas del metal o de organizar la marea verde, y dentro de toda esa estrategia decir lo mismo pero en el espacio y el ámbito de una campaña electoral que nos permitía tener un altavoz más grande. Es verdad que no hicimos mucha campaña porque, afortunadamente, comenzaba a existir un contrapeso en la calle más potente que el de la propia política institucional al uso. El 15M fue el espacio que nos pasó por encima a todos los activistas y militantes político-sociales de la ciudad. Es decir, nadie se esperaba algo así. Yo no me esperaba que los corrillos habituales de las manifestaciones de la ciudad se iban a alimentar de personas a las que jamás había visto en una movilización pero a las que había visto en la panadería, en la frutería, en la tienda de debajo de casa. Fue inesperado. Lo más bonito del 15M para mí fue la demostración empírica de que el concepto del tiempo es muy relativo: puede haber décadas en las que no pase absolutamente nada y días en los que de repente cambia todo. Para mí lo más emocionante de aquella época no fue exactamente la militancia política, sino pasar a un segundo plano y ver cómo la gente iniciaba un proceso de politización muy radical. Así fue más o menos como lo viví.

Pasó ese tiempo, han cambiado mucho las cosas y ahora es parlamentaria ¿cómo ha llevado el paso de ese activismo en los movimientos sociales al trabajo que realiza actualmente dentro de las instituciones políticas?

Es un cambio muy profundo a nivel vital, a nivel político no. Yo considero que he hecho política desde que tengo uso de razón, voy a seguir haciendo política cuando acabe mi mandato y, seguramente, hasta que me muera. La política institucional, el espacio de representación pública, para mí sí era un espacio nuevo que responde mucho a las expectativas que yo tenía. No me esperaba mucho más de la institución, ni mucho menos, pero como ejercicio de aprendizaje es interesante en la medida que te obliga a tratar de aterrizar las propuestas y las soluciones. Y luego, por otro lado, te permite estar cerca de tus enemigos. Desde que estoy dentro valoro más lo que hacíamos fuera, porque cuando íbamos a las puertas de las instituciones, del parlamento o del ayuntamiento, tenía la impresión de que no tenía ningún tipo de influencia sobre lo que ocurría dentro, que no nos escuchaban, que nadie estaba pendiente de nosotros. Ahora que estoy dentro me doy cuenta de que lo que ocurre fuera, en las puertas de las instituciones, tiene una potencia enorme de transformación.

De todo lo que describe, ¿qué destacaría en positivo de esa actividad parlamentaria? O, por el contrario, ¿cuáles serían los principales obstáculos o aspectos negativos de las instituciones que le han llamado la atención?

Lo más negativo es el cinismo. Esa sensación de que la gente no siente lo que está defendiendo, sino que lo hace porque le conviene electoral o demoscópicamente. Eso es lo más negativo. Yo creo que esa es una enfermedad endémica de la política representativa. Seguramente todas las personas que están en el parlamento compartieron alguna vez el entusiasmo por cambiar la realidad, incluso los del PP, que tienen unas propuestas contrarias a las mías, tuvieron ese compromiso y ese sacrificio por lo común. Todo el mundo lo tuvo. Bueno, quizás no todo el mundo. Ahora hay toda una generación que viene de otra cultura política; son militantes que echaron los dientes en la sede y son políticos profesionales desde los dieciocho años, así que ellos quizás no, pero el resto tuvo ese entusiasmo y en algún momento lo perdió. De ahí la importancia de la limitación de mandatos como mecanismo de regeneración democrática que forma parte de una estrategia global de mayor cercanía a tus representantes. La función de un representante no es gestionar, eso lo hacen los Gobiernos, los técnicos y la Administración, su función es representar. Y uno es representativo si se parece a lo que representa.

¿No se puede, por tanto, compaginar eso que ustedes han puesto de manifiesto en diferentes ocasiones de tener un pie en la calle y otro en las instituciones?

Creo que no. Llega un momento en el que tienes más horas de conexión a un espacio ficticio, que es la institución, y menos al espacio real, que es la calle. Se observa en todo, por ejemplo en los ritmos. Las urgencias de la calle no están en la institución, las discusiones se alargan enormemente sobre cuestiones que son centrales, vitales y urgentes para la mayoría de la ciudadanía que representamos. Bueno, la burbuja de privilegios se parece muy poco a la vida común. El hecho de que llegues a un lugar y no te falte de nada, que todo el mundo te habla con un respeto tremendo…, creo que no sólo se acumula capital económico sino, también, capital simbólico. De hecho, creo que gran parte de las luchas de poder tienen que ver con la defensa del capital simbólico y relacional, con el ego, con el espacio que uno ocupa en el mundo.

¿Qué se puede hacer desde dentro para que, como representantes de los ciudadanos, se pueda evitar la seducción de ese poder que ejerce la moqueta parlamentaria y que aleja a los políticos de los problemas reales de la ciudadanía? ¿Cómo se puede combatir eso?

Nosotros hemos establecido tres mecanismos de control básico: la limitación de mandatos, la limitación de salarios y la revocabilidad de los cargos electos. Nosotros lo practicamos en nuestra organización pero lo defendemos para las instituciones. Y en lo cotidiano articulamos e implementamos herramientas de participación desde los ámbitos sectoriales (discapacidad, educación, sanidad…etc.), construimos espacios de participación como los barriales, es decir, construimos lugares más cercanos donde la gente no tiene que separarse de su vida para poder participar políticamente o no tiene que esperar cuatro años para poder votar, sino que opinar y decidir sobre las cosas forme parte de su cotidianeidad. Sabemos que es difícil y hasta ahora no lo hemos hecho, pero creo que tiene que ser un objetivo estratégico.

Respecto a su actividad parlamentaria ¿cambiaría algo de lo que ha hecho hasta el momento? ¿Y de la actividad parlamentaria de Podemos?

Sí. Se puede mejorar todo y me equivoco seguramente todos los días, pero creo que tenemos que salir del lugar de los antagonistas. Nosotros no queremos ser los antagonistas del PSOE de Andalucía y yo no quiero ser la antagonista de Susana Díaz. Claro, en dos años hemos ocupado, sin quererlo ni planificarlo, esa posición y ahora eso nos obliga a hacer un esfuerzo para poder ser la alternativa. Y ser esa alternativa no pasa solamente por ser quien le da caña a Susana. A mí por la calle me dicen dos cosas fundamentalmente: una es “qué bien lo haces” -entiendo que quien se acerca a mí es porque simpatiza de alguna manera- y otra es “dale caña a Susana”. Esa parece ser nuestra función en el parlamento, y creo que no hemos venido a hacer política y hacer el sacrificio tan grande que supone estar en el lugar en el que estamos para darle caña a nadie en concreto, sino para ser capaces de presentar a la sociedad una alternativa confiable.

Ha mencionado la figura de Susana Díaz ¿la relación con ella es tan tensa como se percibe a través de los medios?

A Susana Díaz sólo la veo una vez cada dos semanas para hacerle una pregunta de siete minutos y ella me responde en otros siete minutos. No hay una relación fluida. La relación personal, en este caso, no es tan importante como una característica que tiene en común una generación de militantes del Partido Socialista. Es decir, hay una generación de socialistas con la que nosotros podemos discrepar, incluso discutir acaloradamente, sobre lo que ocurrió en la Transición, si los cambios profundos que había que hacer no se hicieron, las concesiones que se hicieron a los poderes fácticos… discusiones sobre lo que han representado en la construcción del régimen del 78, pero hay un debate ideológico, de ideas, un debate programático. Y hay otra generación socialista con la que es difícil debatir políticamente; hay que pensar que en Andalucía el PSOE, más que un partido, es un Gobierno y una Administración. Por un lado, creo que existe por su parte una sensación permanente de amenaza, nos ven como una amenaza directa. Y por otro lado, su cultura política tiene muy poco que ver con los que han sido militantes en la UGT o los que fueron activistas en la Transición…, y eso hace muy difícil la relación. Lamentablemente es más difícil la relación con los y las jóvenes socialistas, diputados y diputadas algunos, que con la vieja guardia, al menos en lo cotidiano, en el debate político. Susana Díaz es la representación de eso, el susanismo es esa generación que echó los dientes en la sede, se profesionalizó políticamente con diecinueve años en un ayuntamiento, una diputación o en un consorcio, y que no ha tenido tiempo para llevar a cabo una madurez política, intelectual y activista, comprometida con el entorno.

Tras lo ocurrido en la primarias a la Secretaría General del PSOE ¿cómo cree que ha quedado la figura política de Susana Díaz?

Creo que es una buena noticia que Susana Díaz haya perdido las primarias. No es sólo el susanismo lo que está en crisis tras las primarias, lo que está en crisis es ni más ni menos que el felipismo, es decir, la historia de los últimos cuarenta años del Partido Socialista. Eso genera esperanza y expectativas que habrá que ir vigilando y ver si se cumplen o no. Tampoco soy una ilusa, sé que es difícil desmontar todo un aparataje de relación con la jerarquía social que hay construida ahora mismo, pero eso significa que pasan cosas y que las bases del Partido Socialista han virado de alguna manera.

Con Antonio Maíllo sí que se aprecia una buena relación personal y política ¿Se puede trasladar esa relación a la tónica general existente entre Podemos e IU en Andalucía y que desemboque en la tan mencionada confluencia de ambos partidos en nuestra Comunidad Autónoma?

Antonio Maíllo ha facilitado muchísimo la relación. Tenemos una buena relación porque cuando decimos cosas sabemos exactamente lo que queremos decir, manejamos códigos comunes, que es precisamente lo que no nos pasa jamás con la nueva generación de socialistas. Pero con Antonio Maíllo sí. Él representa, de alguna manera, una cierta evolución que ha ocurrido también en Izquierda Unida. Yo sé que la confluencia va a tener lugar, pero tengo la esperanza puesta en que no sea un matrimonio de conveniencia, sino que se convierta en un nuevo proceso de atracción de más agentes político-sociales, de más personas, que quieran participar en política en un espacio nuevo que construyan con sus manos más allá de Podemos y de Izquierda Unida. Creo que esa es la aspiración común que tenemos Antonio y yo. Un espacio más amplio, en el que generosamente se renuncie a cosas. Creo que la ventaja competitiva que tiene Podemos respecto al resto de partidos es su flexibilidad organizativa, la falta de identidad. Eso que para algunas cosas es una cierta dificultad, el que no haya podemismo en sí hace que seamos más capaces de construir espacios de participación más amplios que desborden el guión escrito para las cosas en los próximos años. Esta capacidad hace que todavía podamos sorprender, que podamos generar espacios de desborde, adaptándonos a una identidad muy líquida, que es resultado también de las crisis de identidades colectivas del sindicalismo, del asociacionismo, de la política y de la ideología. Creo que nos adaptamos mejor a ese marco en el que podemos generar espacios donde la gente quiera participar y hacer política en primera persona, que es el marco 15M y el marco más real.

Las últimas encuestas publicadas muestran una cierto freno electoral de Podemos en Andalucía. ¿Qué puede hacer Podemos para intentar recuperar esa ilusión que tuvo en sus inicios y que lo llevó al parlamento a consolidarse directamente como la tercera fuerza política andaluza?

En primer lugar, estamos en un momento en el que hay cambios, no hay una foto fija sino que hay momentos de inestabilidad. Eso genera cambios de un día para otro y las encuestas difícilmente pueden hacer diagnósticos muy certeros. Esto es básicamente por la crisis del bipartidismo. Si miramos más ampliamente las tendencias, en los últimos dos años vemos que ha existido una caída en picado de los apoyos que hasta ahora habían tenido PP y PSOE. Esto ha generado una geometría de fuerzas políticas más complejas que varían y cambian en muy poco tiempo. La segunda cuestión es que creo que vamos a ser capaces de mejorar como alternativa en la medida en la que ocurran dos cosas: una depende mucho de nosotros y otra no tanto. La primera es que seamos capaces de generar un nuevo espacio andaluz. En esa clave lo estamos construyendo, con una clara identidad andaluza, con un claro proyecto de necesidad de recuperar las aspiraciones, los compromisos y los sueños del proceso de autonomía en Andalucía. Se trata de poner sobre la mesa que la historia de Andalucía no está escrita, y que si fuimos capaces de cambiarla hace treinta y siete años podemos volver a hacerlo ahora, llegando a compromisos que se cumplan como un proceso de desarrollo endógeno en Andalucía que está pendiente, cambios profundos en la estructura productiva social y económica andaluza que nos hagan capaces de salir del lugar que ocupamos. El profesor de economía Manuel Delgado Cabeza decía que nosotros no estamos ahora mismo en la antesala del desarrollo, sino que somos su cuarto trasero. Andalucía es el lugar en el que transcurre, por ejemplo, toda la actividad industrial que nadie quiere: las refinerías de petróleo, las papeleras, la agricultura más dañina para el medio natural y que crea empleo más precario, la agricultura intensiva, la burbuja inmobiliaria que se ha convertido también en la burbuja del turismo sobre la base de los bajos salarios y a las exportaciones baratas. Como no cambiemos eso, cíclicamente, nuestros hijos van a tener que seguir emigrando, como lo hicieron hace cuarenta años y tienen que hacerlo justo ahora.

Pero ¿Cómo se materializa eso? porque Podemos parece estar asentado en capitales de provincia y ciudades, aunque en el ámbito rural escasea la militancia. Y en Andalucía, si se pretende ser alternativa de cambio, se debe tener representación tanto en el ámbito urbano como en el rural .

A nivel programático hay que tener un buen proyecto de transformación. A nivel orgánico hay que ser capaces de implantarse en las sesenta y dos comarcas de Andalucía. La particularidad que tiene Andalucía, respecto a otras Comunidades Autónomas, es que tiene espacios de población, agrociudades y ciudades intermedias, que agrupan al cincuenta por ciento de la población. Desde hace un año, lo que hemos puesto sobre la mesa es un plan, el Plan 81, en el que queremos tener la organización puesta a punto en ochenta y un municipios de Andalucía que tienen más de cincuenta mil habitantes y que agrupan al cincuenta por ciento de la población. Eso es un esfuerzo organizativo, pero también tiene que haber un esfuerzo político para de verdad ser representativos en el medio rural. Hasta ahora Podemos ha sido una fuerza política en las ciudades. Es verdad que sucede históricamente que los cambios se dan antes en las ciudades y en determinadas capas sociales, pero los cambios profundos ocurren en el medio rural y entre las clases sociales que van más allá del universitario de clase media.

Entonces, ¿qué retos debe asumir Podemos en el ámbito rural?

Ser capaces de proyectar la idea de que Podemos no es sólo urbanita, universitario, hombre, clase media y nivel cultural alto, sino convertirnos en la fuerza política no subalterna y eso es lo más difícil, es lo más complicado. ¿Cómo se hace eso? Incorporando a personas que vengan del medio rural a las portavocías públicas, siendo capaces de organizarnos en el medio rural. ¿Cuáles son algunas de las dificultades que nos encontramos en esos espacios? Efectivamente, hay miedo a militar políticamente. Hay gente que milita en Podemos, que está inscrita en Podemos que vota a Podemos y no se lo dice a nadie. Hay sitios, pueblos realmente pequeños, donde tenemos un montón de votos y no encontramos a la gente que nos ha votado. Esa lógica también opera en el medio rural, pero no es solamente eso. A mí no me gusta decir que el PSOE gana en Andalucía porque tiene comprados los votos del medio rural a través del PER y ese tipo de afirmaciones que son simplismos y tópicos que muchas veces se utilizan para quitarse responsabilidad. En el medio rural, el desarrollo ha venido de la mano de la Junta de Andalucía: el centro de salud que se abrió lo hizo la Junta, la escuela la abrió la Junta, la biblioteca, el centro de formación para el empleo…, eso ha sido así y hay que reconocérselo al Partido Socialista. El problema es que de un tiempo a esta parte cierran esos centros de salud, cierran esas escuelas y echan a esos maestros y a esos profesores. Por primera vez en la historia de Andalucía empezamos a dar pasos hacia atrás. Eso necesita y requiere de un nuevo revulsivo para recuperar los servicios públicos y supone salir de un marco de austeridad estructural que el Partido Socialista no quiere romper.

Respeto a Podemos-PSOE, y reconociendo que los mecanismos de relación entre los partidos políticos son muy complejos ¿existe una relación de vasos comunicantes entre Podemos-PSOE en el parlamento andaluz y PCSSP-PSOE en el ayuntamiento de Cádiz?

No, no hay vasos comunicantes. Y, tanto cuando fue la investidura de Susana Díaz en Andalucía como cuando fue la de aquí en Cádiz, existieron ciertas pulsiones por intentar poner en relación un proceso con otro y siempre nos negamos a eso. No somos los Delegados de Podemos en Cádiz capital y los Delegados de Podemos en Andalucía, somos los representantes de los andaluces y andaluzas en la instituciones por Podemos y en Cádiz. Por tanto, representamos a ese espacio y no podemos cambiar cromos por las instituciones en las que somos representantes, porque en esa situación lo que toca es mirar qué medidas pueden ser buenas para la gente a la que representamos, no qué medidas pueden ser buenas para mi partido en otro lugar o para mi equilibrio a nivel general como fuerza política.

Podemos nace reivindicando claves del 15M como, por ejemplo, espacios de democracia directa y horizontalidad ¿cómo está afrontando Podemos, en su crecimiento, los peligros de burocratización y de hiperliderazgos?

Creo que Podemos con la presencia en las instituciones no ha crecido, ha engordado. El momento más importante de crecimiento que nosotros hemos tenidos fue al principio, la constitución de Podemos, cuando de repente aparecen cuatro mil círculos de Podemos, algo sin precedentes en este país. Se consolidaron en sus espacios territoriales sin preguntarle a nadie, haciendo fotocopias de las octavillas y con los logotipos recortados y pegados. Ese fue el momento de crecimiento fundamental y tenemos que intentar recuperar procesos similares a ese, volver a alimentar un nuevo proceso de desborde sociopolítico, da igual que con Podemos o con cualquier otra cosa. Volver a alimentarlo, porque ese proceso es lo que ha dado lugar a un nuevo sentido común del que se ha alimentado Podemos como alternativa política. Un nuevo sentido común que hace, por ejemplo, que la gente se ponga delante de la policía para evitar un desahucio, algo que antes era impensable, o que piense que no todas las deudas hay que pagarlas y que las deudas con los bancos tienen unas reglas tramposas. Hay que alimentar ese sentido común.

Y bajando al terreno de lo concreto, ¿cómo lo están llevando a cabo?

Sabiendo que la burocracia es un riesgo que hay que asumir. Efectivamente, como organización, nos vamos a burocratizar. Nos hemos burocratizado desde el momento en el que tenemos representación en todos los parlamentos y muchísimos ayuntamientos, lo que genera una serie de cargos técnicos en torno a los espacios de representación pública. Después de dos años haciendo un balance de nuestra presencia en las instituciones y tratando de entender que la institución es una herramienta del movimiento social y no al revés, el movimiento social en manos del partido o de un grupo parlamentario. Relativizando la importancia de los debates que tienen lugar en las instituciones. Porque, por ejemplo, los plenos duran dos días pues, de esos dos días, tres cuartas partes son para debatir medidas que no tienen ningún tipo de impacto sobre la vida de la gente. Hay un periodo al principio del pleno en el que se debaten leyes y se aprueban o no y eso puede tener un impacto si tienen presupuesto, pero el resto es para proposiciones no de ley o mociones que no tienen ningún tipo de obligatoriedad en su cumplimiento. A lo mejor hay que relativizar ese tiempo y ese espacio que es meramente performativo, comunicativo e invertir más esfuerzo en la construcción militante no sólo del partido sino también de los movimientos sociales, de los espacios de empoderamiento popular y ciudadanos, que fue el primer eslogan de Podemos, sabiendo que si nos convertimos en un aparato de liberados y perdemos el impulso militante vamos a perder todo nuestro ADN.

Sobre Podemos Andalucía, ha mencionado la reivindicación de ese andalucismo, una autonomía andaluza tanto territorial como de decisión, como descentralización del partido. Puede haber quien vea ese proceso como un intento de Anticapitalistas de hacerse con la marca de Podemos en Andalucía ¿qué opina al respecto?

No hemos sido la única Comunidad Autónoma que ha demandado mayores cuotas de autonomía y nadie puede acusar a otra Comunidad Autónoma de estar controlada por una corriente interna. Creo que es razonable que un partido político que se fundó tan rápido tuviera al principio mecanismos de control muy férreos para asegurar candidaturas solventes en todo el territorio, parece lógico que en el comienzo hubiera una alta centralización. Por otro lado, cuando, de repente, aparecen cuatro mil círculos en el Estado de gente que estaba construyendo una alternativa en el día a día había que poner en valor ese proceso de empoderamiento y participación dándoles capacidad de decisión. Ese tránsito de cohesión hacia la descentralización y el protagonismo colectivo no se está haciendo al ritmo que la mayoría de las direcciones de Podemos en las Comunidades Autónomas de este país están pidiendo. Por tanto, si lo tenemos en común con otras Comunidades no puede existir sospecha de que sea una estrategia unilateral del eterno enemigo trotskista. Respecto a las corrientes en Podemos, nosotros hemos hecho la reflexión en Anticapitalistas de que no queremos ser una corriente monolítica dentro de Podemos. Es decir, que habrá debates en los que podremos coincidir personas que formamos parte de esa corriente con otros compañeros y compañeras y habrá debates en los que podremos discrepar dependiendo de cuál sea el tema de discusión. Por ejemplo, yo creía coincidir con Pablo Iglesias en la autonomía y la independencia respecto al PSOE, en la necesidad de construir una alternativa al bipartidismo. Digo que creía coincidir porque en los últimos tiempos algo de eso ha cambiado. Coincidí con Iñigo Errejón, por ejemplo, en la importancia de hacer un esfuerzo por evitar un Gobierno del Partido Popular, no necesariamente entrando en un Gobierno con el PSOE pero sí facilitando su investidura porque era fundamental, de hecho lo es ahora, evitar que la gente se acostumbre a vivir sin derechos; hay que derogar todos los ataques brutales a nuestros derechos sociales de los últimos siete años y eso se podía conseguir favoreciendo la investidura de Pedro Sánchez y en aquel momento coincidí con Iñigo Errejón. Si hablamos de democracia interna, participación y descentralización suelo coincidir con mis compañeros y compañeras de Anticapitalistas de forma absolutamente natural. Pero que los partidos tienen corrientes internas es algo natural, ¡Hasta las familias tienen corrientes internas! ¡Hasta las pandillas tienen corrientes internas! La gente se agrupa cuando tiene sensibilidades en común. Lo que hay que hacer es expresarlo de manera sincera y, sobre todo, que los puntos en común sean políticos, no sean espacios de poder. En el PSOE, muchas veces, da la impresión de que las distintas corrientes no se articulan en torno a diferencias políticas sino en torno a familias que se reproducen en todos los niveles orgánicos para garantizar su reinado. ¡Familias digo incluso familias sanguíneas!

Ha hecho referencia implícita al asunto de Castilla La Mancha, de manera directa, ¿qué opina del resultado de la consulta a las bases de Podemos en Castilla-La Mancha?

Lo primero, lógicamente, es respetar el proceso de toma de decisiones de los manchegos. Lo segundo es desearle mucha suerte en esa tarea ímproba de intentar cambiar la realidad con un solo miembro en un equipo de Gobierno de una fuerza política con tanta trayectoria y tanta implantación, también, en Castilla La Mancha en la que ha gobernado la mayoría de los años de la democracia. Siempre puede ocurrir algo inesperado ¿no? A mí me encantaría que ocurriera. Y la tercera es expresar un cierto temor que tengo a que atravesemos en dos años lo que le ha pasado a Izquierda Unida en treinta. Es verdad que Podemos ha sido siempre muy precoz para todo pero espero que no vayamos en esa dirección, de aparecer como el lobby de izquierdas del PSOE.

Se da la circunstancia de que Podemos presta apoyo político al PSOE en algunas Comunidades Autónomas o que el PSOE prestó apoyo a Podemos en otros sitios, como por ejemplo aquí en Cádiz. ¿Cuál es la diferencia para que gobernar con apoyo del PSOE o prestar apoyo a un Gobierno del PSOE sea algo positivo mientras que entrar a formar parte de Gobiernos en coalición sea algo negativo?

Porque entrar en un Gobierno supone limitar tu crítica. En el momento en que entras a formar Gobierno dejas de ser oposición y, por lo tanto, es difícil, y estas eran las dificultades en las que se veían inmersos muchas veces los compañeros de Izquierda Unida cuando estaban en el Gobierno de Susana Díaz. Es complicado criticar los despidos de los cuatro mil quinientos profesores de secundaria que se llevaron a cabo en Andalucía en el año 2010 cuando uno formaba parte de ese Gobierno. Desde la oposición, quizás, se podría haber llegado a un buen acuerdo para desarrollar la Ley de Vivienda que hizo Izquierda Unida y que fue el producto más terminado de esa relación IU-PSOE; ley que lamentablemente está en el Tribunal Constitucional, lo cual es un sacrificio porque podría ponerse en marcha e implementarse y, sin embargo, la crítica se ha limitado al periodo más duro de recortes en Andalucía, a la correlación directa entre los recortes de Rajoy y los que se hicieron en Andalucía en todos los servicios públicos y que ahora dan la cara de forma dramática, por ejemplo, en la sanidad y en la educación.

Entonces, la diferencia entre prestar apoyo o que te presten apoyo y formar parte de un Gobierno está en garantizar una autonomía a la hora de decidir, ¿no?

De poder ser oposición y de poder proponer cosas en torno a cuestiones concretas. Porque luego también se generan lógicas burocráticas alrededor de los Gobiernos. Estar en un Gobierno es volver a engordar, tener más cargos, más asesores…, y eso puede ser un buen anzuelo para quererse quedar. Al final uno encuentra un motivo por el que quedarse, incluso si no lo tiene claro. Finalmente, fíjate lo que pasó, fue el PSOE el que, unilateralmente, decidió romper aquel Gobierno y presentarse a una elecciones. O sea que el PSOE tampoco tiene antecedentes de ser muy respetuosos con sus socios de Gobierno. Además, en no pocas ocasiones hemos visto cómo el PSOE se ha atribuido los logros de la gestión de Izquierda Unida en el seno de su Gobierno; socialmente y en los medios de comunicación se han presentado así. Por tanto, creo que es arriesgado. Tendría que cambiar mucho el PSOE, y espero que pueda ocurrir algo parecido, para que yo crea que son unos socios confiables.

Aquí en Cádiz, el PSOE sí prestó apoyo a PCSSP y GCEC…

Igual que nosotros les prestamos apoyo en Sevilla, Jerez, Marbella… y un montón de pueblos de Andalucía y en la mayoría de las Comunidades Autónomas

Para terminar, en varias ocasiones ha manifestado con rotundidad que va a estar en política durante un periodo limitado de tiempo y que luego volverá a su puesto de profesora. ¿Sigue pensando de esta manera?

Sí, además lo digo todas las veces que puedo precisamente para recordármelo a mí misma. Y para que luego haya tanta maldita hemeroteca que sea imposible decir “No, uno más porque no hay nadie que te pueda sustituir…”. Sí, lo tengo claro.

¿Cómo es que lo tiene tan claro? ¿Por qué lo afirma con tanta seguridad?

Si yo estuviera con los niveles de afectación y compromiso personal actual en mi vida durante más de ocho años creo que o me volvería loca o cínica y dejaría de implicarme tanto en lo que hago. No quiero aparecer como una mártir pero si quieres hacer bien este trabajo conlleva unas implicaciones emocionales, intelectuales y vitales muy potentes. ¡Es una responsabilidad tan grande representar a seiscientas mil personas! Yo no sé cuánto espacio ocupan físicamente seiscientas mil personas, cerca de setecientas mil, pero representarlas y, además, llevar sobre las espaldas las expectativas de cambio vital de tanta gente supone algo tan potente que yo creo que más de ocho años no se soportan. No se soportan o bien uno deja de sufrir por eso, de implicarse, de sentirlo. Y yo no quiero ser una ni cínica ni una depresiva y tener crisis de ansiedad durante mucho más tiempo. Así que creo que por eso hay que limitar los mandatos. Tengo muchas ganas de volver a ser profesora, me gusta muchísimo mi profesión. A nivel personal, cada vez que paso por Bornos, que es un pueblo precioso, me parece el paraíso y, además, el instituto donde tengo destino es súper bonito.

12/08/2017

http://www.eltercerpuente.com/teresa-rodriguez/





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