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cadtm.org | Centenario de la revolución rusa y del repudio de las deudas V
La prensa francesa a sueldo del Zar
08/08/2017 | Eric Toussaint

Con el derrocamiento del zarismo en febrero de 1917 y la llegada al poder de los bolcheviques aliados a los socialistas revolucionarios de izquierda en octubre, numerosos documentos que hasta ese momento eran confidenciales se pusieron a disposición del público (véase más adelante). Eso permitió a Boris Souvarine, militante comunista franco-ruso, consultar los archivos imperiales rusos. Allí descubrió una vasta operación de corrupción de la prensa francesa que databa de antes de la Primera Guerra Mundial y que tenía por objetivo promover entre los ciudadanos franceses la inversión en los títulos de la deuda zarista. Este asunto, en el que personajes influyentes habían sido corrompidos, aunque también fueron chantajistas, era denunciado por el diario L’Humanité durante varios meses entre 1923 y 1924, por medio de un folletín diario llamado «La abominable venalidad de la prensa francesa».

Cómo el régimen zarista compraba a la prensa francesa para continuar emitiendo títulos de deuda

Desde fines del siglo xix, la plaza financiera de París era privilegiada por el Imperio zarista como lugar de emisión de sus empréstitos. Los títulos eran comprados por numerosos pequeños rentistas franceses. A comienzos del siglo xx, esos empréstitos eran tanto más importantes para el régimen zarista —aunque gran potencia pero económicamente poco desarrollada— puesto que se había quedado atrapado en una guerra con Japón, entre 1904 y 1905, y buscaba contener el descontento, reprimiendo de ese modo el movimiento revolucionario de 1905. En 1906, saliendo de la derrota de la guerra contra Japón, el régimen emitió un importante empréstito en París. Arthur Raffalovich , diplomático y consejero secreto del Ministerio de Finanzas ruso en París, fue el encargado hasta la Primera Guerra Mundial de promover los empréstitos rusos en París. Su correspondencia con la jerarquía del Gobierno del zar, que fue consultada por Boris Souvarine, permitió revelar el entramado de corrupción y de chantaje que implicaba a muchos grandes periódicos, en particular, parisinos (como Le Figaro, Le Petit Journal, Le Temps, o incluso Le Matin), a grandes bancos franceses (especialmente los bancos Crédit Lyonnais y Banque de Paris et des Pays-Bas, futuro BNP Paribas), senadores y ministros franceses. Entre ellos se encontraba Raymond Poincaré, acusado por el papel que tuvo cuando era jefe de Gobierno y ministro de Relaciones Exteriores en 1912 —su ministro de Finanzas, Louis-Lucien Klotz, estaba también acusado—. Poincaré fue luego presidente de la República de 1913 a 1920, y de nuevo jefe de Gobierno y ministro de Relaciones Exteriores cuando estalla el escándalo. Señalemos que ese asunto no le pasó factura: permaneció como jefe de Gobierno hasta junio de 1924, y volvió a serlo en 1926, ocupando como prima… el puesto de ¡ministro de Finanzas! El papel del síndico de los agentes de cambio de París, que vendía los títulos de la deuda a los inversores, fue central en el chantaje al que se sometía al Gobierno del zar. Entre 1900 y 1914, el Gobierno ruso habría pagado 6,5 millones de francos a la prensa francesa.

Cuando estalló el escándalo, la corrupción de la prensa no era algo nuevo en lo que concernía al mundo financiero, ya que otro escándalo, éste de fines del siglo xix, había revelado que el empréstito que debía financiar la construcción del canal de Panamá, y emitido en Francia, había estado promovido mediante los mismos métodos. En el asunto de los empréstitos rusos, el Gobierno zarista y los bancos franceses que emitían los títulos compraban «publicidad» en los grandes diarios, que alababan la situación financiera rusa y la sostenibilidad de la deuda del zar. Según la correspondencia del agente zarista Raffalovich, esa publicidad comportaba también actos de censura, ya que acontecimientos como la mala posición de Rusia en su guerra contra Japón y el movimiento revolucionario de 1905 no daban una buena imagen ante los potenciales inversores. Esos documentos incluso indican pagos ficticios a algunos diarios. El síndico de los agentes de cambio, los directores de los diarios y los responsables políticos corruptos se aprovecharon de esa situación para chantajear al Gobierno ruso, exigiendo pagos cada vez más importantes y así, maximizar sus ganancias.

Las revelaciones de L’Humanité estaban basadas en documentos auténticos. Entre los diarios incriminados solamente Le Matin presentó cargos contra el periódico comunista. Desde el primer día del proceso, Vladimir Kokovtsov, ministro de Finanzas del zar casi sin interrupción desde 1904 hasta 1914 y jefe del Gobierno zarista de 1911 a 1914, fue llamado a comparecer. Reaccionario y exiliado en Francia, no tuvo ningún interés en acusar directamente a la prensa, pero certificó la honestidad de su antiguo colaborador Raffalovich. Hay que señalar que si L’Humanité finalmente fue condenada, fue simplemente por la forma, ya que el tribunal reconoció la autenticidad de la correspondencia desvelada y solamente concedió a Le Matin 10 000 francos en lugar de 1 500 000 que este diario reclamaba a L’Humanité. Precisemos que finalmente en 1924, Maurice Bunau-Varilla, dueño de Le Matin y que estaba directamente acusado en ese entramado, no escondió ya sus simpatías por los nacionalismos autoritarios que se instalaban en Europa con el fin de luchar contra el comunismo. Bunau-Varilla apoyó a la Italia fascista y, algunos años más tarde, a la Alemania nazi. Bajo la ocupación y el régimen de Vichy, Le Matin se convirtió en colaboracionista, y fue prohibido en la Liberación.

1/8/2017

Traducción: Griselda Pinero

http://www.cadtm.org/La-prensa-francesa-a-sueldo-del





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