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Jubilaciones
El matrimonio no consumado de la filosofía y de la política
24/10/2010 | Jean-Marie Harribey (Attac-Francia)

¿Se puede ganar una batalla filosóficamente y perderla políticamente? Otra forma de plantear la cuestión: si se está seguro de perder políticamente cuando se ha perdido anteriormente la batalla de las ideas, no es seguro que ganar ésta baste para vencer políticamente. La lucha contra la reforma de las jubilaciones impuesta por Sarkozy ilustra esta aparente paradoja.
En el mes de enero de 2010, todo parecía decidido: la lobotomía mediático-política del "trabajar cada vez más" estaba en marcha para hacer entrar en las cabezas que vivir más tiempo debía traducirse por permanecer en el trabajo. Nueve meses después, la comida de coco ha fracasado: el 70% de la población juzga injusta la reforma. Todos los argumentos de la patronal y del gobierno han sido desmontados y todo lo que ocultaban se ha mostrado a la luz del día. Sin embargo, hay que ir aún más lejos.

Cruz: victoria de las ideas

El primer tema que ha constituido consenso en el seno de todos los sindicatos, los partidos y las asociaciones comprometidas en el rechazo a esta reforma ha sido el del reparto de las rentas. Éste era en particular el punto de partida del llamamiento de Attac-Copernic "Hacer oír las exigencias ciudadanas sobre las jubilaciones" /1. La mentira inicial de la clase dominante es hacer creer que se puede razonar sobre la evolución demográfica sin poner en paralelo la evolución de la economía y, sobre todo, la forma en que se reparten los frutos del trabajo colectivo. Primera batalla y primera victoria: cuando que el capitalismo ha acentuado hasta un punto indecente las desigualdades y la sociedad ha sido obligada a asumir el coste de la crisis, mientras los que la han provocado continuaban enriqueciéndose, la población ha comprendido que había una estafa a gran escala.
Segundo tema indisociable del precedente: considerando la amplitud del paro y las dificultades de inserción de los jóvenes en el empleo es inaceptable que se mantenga por la fuerza en el trabajo a la gente de más edad mientras que se envía a buscarse la vida a los más jóvenes. El gobierno había apostado por la pasividad y la indiferencia de la juventud, embrutecida por un martilleo incesante: "no tendréis jubilación". Ha perdido su apuesta. Además, se ha mostrado la hipocresía de los discursos sobre la necesidad de aumentar la tasa de empleo de los mayores mientras muchas empresas se libran de ellos a los 59 años es patente. Numerosas víctimas de planes antisociales han venido a gritarlo a las manifestaciones.
Demografía, economía y trabajo no encuentran su resolución más que en el reparto del tiempo de trabajo necesario para satisfacer las necesidades. La reducción del tiempo de trabajo, obsesión de la burguesía en todas las épocas y bajo todas las latitudes, es el pivote de la inversión del sentido del reparto del valor añadido entre el trabajo y el capital. El propio ministro Éric Woerth [ministro de Trabajo] ha señalado cuales eran los fundamentos de su reforma: el retroceso en dos límites de edad de la jubilación y el aumento de la duración de la cotización. Sencillamente. Condenando al trabajo obligado hasta los 62 o 67 años, se alcanza o se supera la edad media hasta la cual los individuos permanecen en buena salud (63 años para los hombres, 64 para las mujeres). No tendrían derecho a la jubilación más que una vez que su salud estuviera demasiado deteriorada para ser juzgados como empleables. Así, el tiempo de vida sustraído a la explotación, a la subordinación y a la alienación sería reducido al mínimo. Esto también ha sido comprendido por la mayoría de los ciudadanos.

No era por otra parte muy difícil. Obligando a las y los asalariados que hubieran comenzado a trabajar pronto a agotarse durante 42 o 44 años, rechazando reconocer la noción de trabajo penoso y subordinando a un control individual el reconocimiento de un desgaste cuyos daños no podrían eventualmente manifestarse más que con posterioridad, los deseos del Medef [patronal] eran completamente satisfechos. ¿Qué mujer, en general, qué ciudadano, no ha sentido intuitiva y visceralmente que las víctimas del trabajo penoso, de la precariedad, de las carreras discontinuas y del tiempo parcial impuesto -forma particularmente perniciosa de la única RTT (reducción del tiempo de trabajo) admitida por los empleadores- serían alcanzadas por una triple pena: trabajos precarios y mal pagados durante la vida activa, derecho a la jubilación retrasado hasta los 67 años y, al final, pensiones encogidas? Este es un punto en el que se cruzan el sentido del trabajo, el pleno empleo de calidad y la justicia social.
¿Quién habría imaginado al comienzo que, tras las jubilaciones, se habría logrado elaborar una crítica del productivismo? No es el menor de los méritos de los múltiples debates cuyo secreto tiene Attac haber permitido desarrollar la idea siguiente: la puesta en cuestión del "trabajar más a lo largo de la vida" es una reafirmación de la aspiración a la emancipación respecto de todas las formas de dominación, particularmente la sufrida en un trabajo condenado a alimentar una acumulación sin fin, que sabemos imposible, lo cual no es ajeno a los límites intrínsecos del capitalismo que revela la crisis actual.

¿Significa que hay que olvidarse de toda mejora económica, de toda ganancia de productividad? Sería el error inverso al cometido por los apóstoles del crecimiento económico eterno. Pero la hipótesis de la ralentización de las ganancias de productividad en el futuro confirma nuestra opción en favor -y refuerza nuestra exigencia- de un reparto justo del tiempo de trabajo y de las rentas, pues, contrariamente a una creencia igualmente extendida entre los liberales como entre ciertos ecologistas, no hay otra fuente de rentas monetarias que aquella cuyo valor añadido es la contrapartida -que proviene ella misma del trabajo- y sólo de ella. En el futuro, no serán aceptables más que las ganancias obtenidas sin intensificación del trabajo y sin punción y daño irremediables sobre los ecosistemas. Y, cualesquiera que sean las ganancias, tanto más si son débiles, será imperativo compartirlas, particularmente dedicándolas a la RTT.
Tirando del hilo de la jubilación, se devana toda la pelota del capitalismo: de lo económico a lo social, de lo social a lo ecológico, y de todo esto a la solidaridad internacional. En efecto, y no es algo sin importancia en la problemática altermundialista, si rechazamos la jubilación por capitalización, no es esencialmente porque sería arriesgada en la Bolsa, es porque implicaría acaparar rentas sacadas del fruto del trabajo de personas más explotadas aún que nosotros en el otro confín del mundo.

¿Qué se puede desear como contribución suplementaria del Consejo Científico de Attac en este período en que están en juego asuntos clave de civilización? Ya, la participación de muchos de sus miembros en el "Manifiesto de los Economistas Aterrados" /2 es la marca de un anclaje en las turbulencias profundas que socavan los dogmas dominantes. Pero hay un dominio en el que el Consejo Científico podría reencontrar un originalidad particular. Los dos últimas Universidades Ciudadanas [de Attac] han planteado la problemática de la superación del capitalismo y de las alternativas emancipatorias a construir, en la doble perspectiva de crítica de la explotación del trabajo y del productivismo. En este contexto de crisis global del capitalismo, que añade a su dimensión clásica de sobreacumulación un carácter inédito que viene de su dificultad insuperable para asegurar una reproducción del sistema a una escala cada vez más grande, la tensión sigue sin embargo fuerte entre quienes intentan integrar estos dos problemas y quienes conceden la prioridad al uno o al otro de estos dos polos. Esta tensión toma a menudo la forma de la pregunta: ¿está obsoleta la "crítica de la economía política" tal como la inauguró Marx?
Algunos lo afirman, pero mi hipótesis es que confunden dos registros de razonamiento. El primero de estos registros establece que la actividad económica se inserta obligatoriamente en relaciones sociales y en una biosfera. No se puede pues ignorar a la naturaleza para producir colectivamente valores de uso y no se la puede sustituir indefinidamente por artefactos. Por eso, ¿se puede concluir de ello que el trabajo no sería ya la fuente del valor monetario que se reparten, mediando una lucha, Trabajo y Capital, y que éste provendría de la naturaleza? Sería negar la inconmensurabilidad de la naturaleza y de la economía y que, si la naturaleza es una riqueza, no ha creado valor, ¡aún siendo indispensable para la creación de valor! Así, el circuito de la riqueza en términos de valores de uso que permiten satisfacer las necesidades liga el trabajo y la naturaleza, mientras que el circuito del valor, por consiguiente estrictamente económico, liga a los seres humanos entre sí y solo entre sí. /3 No hay duda pues de que este último circuito está parasitado, "cortocircuitado" por la exigencia de beneficio planteada por el Capital. Mi conclusión es que, si se abandonaran las categorías de la crítica de la economía política por las exclusivas de la ecología que lo dominarían todo, nos condenaríamos a un planteamiento cojo, inverso al que ha conducido a numerosos fracasos del siglo XX.

Cara: ¿salir del callejón sin salida?

¿Qué relación tiene todo esto con la política? Dicho de otra forma, ¿en qué el avance de la conciencia de la población en lo que concierne a lo que está en juego de forma subyacente a la cuestión de las jubilaciones encuentra lo político? Veo dos aspectos, uno que concierne a las contradicciones a resolver para definir un proyecto alternativo y otro que concierne a la traducción política de una movilización social de muy gran amplitud.
A pesar de la tensión evocada más arriba, un acuerdo progresa, al menos en las familias del altermundialismo y de la izquierda de la izquierda, en torno a la imposibilidad de disociar la puesta en cuestión de la lógica del capitalismo y la del crecimiento económico infinito. Hay entonces que hacer explícitos para la mayoría de la población estos dos combates que tenemos que afrontar, de forma a articular cada vez mejor lo social y lo ecológico. Pero, mientras numerosas propuestas alternativas a la lógica de la ganancia y del productivismo son elaboradas, todo ocurre como si la mayor parte de los intervinientes en el debate participaran en él de malas maneras, un debate en el que el "más ecologista que yo y mueres" aparece como una elaboración teórica.
Si los "economistas aterrados" celebran su primer coloquio, son inmediatamente caricaturizados como "desarrollistas aterrados" (Hervé Kempf, Le Monde, 12/10/2010). La idea de que las ganancias de productividad deben ser compartidas es retocada puesto que debemos decir Adieu à la croissance (Jean Gadrey, Éd. Les petits matins, 2010). Algunos creen percibir un "giro ecologista de Attac" (Mouvements /4, septiembre 2010). Otro adopta una figura crística "Marx, ô Marx, pourquoi m’as-tu abandonné?" (Bernard Maris, Éd. Les échappés, 2010) mientras que un veredicto definitivo se hace contra el "imposible marxismo verde" (Vincent Cheynet, La Décroissance, octubre 2010) en respuesta a L´impossible capitalisme vert de Daniel Tanuro (La Découverte, 2010), que sin embargo abandona el mito del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas. ¿Qué puede hacer el Consejo Científico para ayudar a tener una nueva mirada y a deconstruir este debate lamentable? El libro de Attac Le développement a-t-il un avenir? (Mille et une nuits, 2004) /5 había marcado una etapa. A la luz de las movilizaciones contra la degradación social y ecológica y de las iniciativas que aparecen, sería posible dar una continuidad a esta elaboración teórica de consecuencias políticas primordiales. Por ejemplo, hacer de las propuestas para engranar una transición que permita "bifurcar" en lugar de "relanzar" (Esta alternativa estaba contenida en el título "Relanzar o bifurcar" de la editorial de Lignes d´Attac, nº 72, diciembre de 2008, reproducida más adelante). Se podrían entonces examinar las condiciones para que una sociedad que tiene la ambición de ser solidaria y ecológica abandone la vía del productivismo y que así una producción de calidad, pero en cantidad menor en ciertos puntos, no sea percibida como una regresión. Se vería quizá entonces que se puede deshacer la ilusión del crecimiento infinito y también acabar con las evasivas del "decrecimiento que no es una disminución sino una palabra-obús". Está en ello en juego la convergencia de las fuerzas que han guardado la ambición de la emancipación humana.
Proyecto eminentemente político que, por el momento, se enfrenta al callejón sin salida institucional y político que la lucha contra la reforma de las jubilaciones ilustra. Una lucha social que cataliza sobre el asunto de las jubilaciones el rechazo del conjunto de las políticas económicas y sociales de los treinta últimos años no encuentra salida institucional y política capaz de vencer la obstinación de un gobierno de los ricos. Entre los partidos de izquierda, quienes esperan a 2012, bien creyendo que 2012 les vendrá dado, cuando 2012 se juega ahora, bien pensando que lo que hace la derecha no habrá ya que hacerlo, y quienes, a la izquierda de la izquierda, se disputan el liderazgo o bien no quieren oír hablar de solución institucional, harían bien en pensarlo dos veces. De los dos lados, el riesgo es el callejón sin salida institucional. Si se concreta, no quedan entonces más que dos salidas: la derrota o un salto cualitativo de la movilización para paralizar la economía hasta que el gobierno retroceda. Pero, para que un número creciente de trabajadores se ponga en acción para paralizar la economía, es preciso que tengan el sentimiento de que el desbloqueo político es posible. Volvemos pues al problema precedente.

La batalla de las ideas ha sido ganada. Pero la salida de la batalla política (política en el sentido de elección de sociedad) es incierta. La mayor parte de los análisis (incluso en la derecha) están de acuerdo en interpretar la victoria de Sarkozy en las presidenciales de 2007 como la de un "bloque hegemónico" en el sentido de Gramsci. Estamos en la situación inversa. La victoria en el plano de la filosofía que inspira una concepción de la jubilación diferente de la querida por las fuerzas reaccionarias no ha encontrado todavía el correspondiente que le es necesario en el plano de su expresión política. Marchar sobre las dos piernas, como decía uno….

Jean-Marie Harribey, forma parte de ATTAC-Francia



¿Relanzar o bifurcar?
Editorial de Lignes d´Attac, nº 72 diciembre 2008.
http://www.france.attac.org

Sin duda, el capitalismo no está a punto de morir. Aunque el límite ecológico a la expansión económica se aproxima cada vez más, hay una inmensa reserva de mano de obra que proletarizar puesto que la mitad de la humanidad vive aún en el campo. Pero, como no es seguro que el segundo factor compense al primero, la crisis actual, por su amplitud y su globalidad, muestra la finitud del capitalismo, es decir su incapacidad para hacer retroceder indefinidamente la frontera de la explotación humana y la de la explotación de la naturaleza. El modelo de acumulación financiera que se había impuesto desde hace treinta años ha estallado porque, a fuerza de precarizar la condición salarial, la finanza sin límites ha fracasado. Hoy, cuando los defensores del sistema se dedican a "refundarlo", numerosas voces reconocen que es insostenible a largo plazo y que la cuestión de su superación está planteada de nuevo.
La crisis hace este diagnóstico razonable, pero da al problema de la transición una temible agudeza. Los gobiernos, de los dos lados del Atlántico, intentan relanzar a toda prisa la economía, abandonando por un momento sus dogmas de rigor neoliberales, y pareciendo reconciliarse así con principios keynesianos, en otro tiempo aborrecidos. ¿Qué debe pensar el movimiento social de esta súbita conversión? ¿Son prometedoras las vías de un capitalismo verde, de un crecimiento verde o de un keynesianismo verde?
La recesión que comienza no es de orden cíclico. Relanzar la máquina de forma ciega, aunque fuera para producir coches limpios en lugar de coches que polucionan, no está a la altura de lo que está en juego. La perspectiva de una fracción de la economía que repare lo que destruye la otra quita toda pertinencia a la noción de “capitalismo verde”. Y esto tanto más cuanto que no sería puesta en cuestión la profunda desigualdad de las rentas y del acceso a los recursos naturales.
Puesto que la crisis no es sólo una crisis financiera, sino que es global, mostrando que el modelo de desarrollo fundado en la acumulación del capital ha agotado su promesa de un futuro mejor, una regulación de tipo keynesiano que promoviera políticas presupuestarias y monetarias será necesaria a corto plazo, pero demandará ser inmediatamente englobada en una perspectiva más amplia. Perspectiva mundial, primero, cuando cada estado intenta ahora sacar sus castañas del fuego en detrimento del vecino. Perspectiva sistémica, a continuación, de la que se pueden delimitar al menos tres dimensiones.

- La socialización, es decir, la apropiación colectiva de los bienes comunes de la humanidad, de los que forma parte la moneda, apunta a atacar una de las fuentes del poder: la propiedad de los elementos esenciales de la vida.

- El reparto equitativo de las rentas y de todas las riquezas es el talón de Aquiles del capitalismo: ha llegado el momento de imponer un límite a las altas rentas y una fiscalidad muy progresiva, en cada país y a escala mundial.

- El modo de desarrollo debe ser cualitativo, a base de reducción del tiempo de trabajo, de servicios no mercantiles accesibles a todos, de sistemas energéticos renovables y de equilibrio de territorios.

Esto no se llamaría ya relanzamiento, sino bifurcación, única solución razonable cuando se llega a un callejón sin salida.


Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR

Notas:

1/ http://www.exigences-citoyennes-ret... Disponible en ESSF : Faire entendre les exigences citoyennes sur les retraites

2/Hay versión en castellano:
http://economiacritica.net/web/index.php?option=com_content&task=view&id=219&Itemid=42

3/ Ver J.M. Harribey, Raconte-moi la crise, Le Bord de l’eau, 2009, capítulos 11 a 14.

4/ La revista da este título "Attac, le tournat écolo?" a una entrevista de Geneviève Azam contra la voluntad de ésta.

5/ Agotado pero en libre acceso en http://www.france.attac.org/spip.ph







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